El alpinista italiano regresó al Manaslu con un objetivo que va mucho más allá de alcanzar sus 8.163 metros. Después del grave episodio cardíaco que interrumpió su expedición hace nueve meses, Moro quiere conocer por primera vez la montaña en otoño, evaluar su propio rendimiento en altura y preparar el terreno para aquello que verdaderamente lo obsesiona: volver a intentarla en invierno.
Foto de portada, crédito Instagram Simone Moro
Simone Moro está nuevamente frente al Manaslu. Pero esta vez será diferente. El italiano, una de las figuras fundamentales del himalayismo invernal de las últimas décadas, llegó al Manaslu el 15 de septiembre para afrontar una montaña que conoce bien, aunque nunca de esta manera.
Todos sus intentos anteriores estuvieron vinculados al invierno. Ahora quiere verla en otoño. Y la diferencia no es menor. Moro pretende aprovechar la temporada más favorable para estudiar nuevamente la montaña, comprobar cómo responde su organismo en gran altitud y conseguir una aclimatación que podría convertirse en el primer capítulo de otro intento invernal.
Si las condiciones y su propio rendimiento resultan satisfactorios, el italiano contempla incluso permanecer en la región y enlazar esta experiencia con una nueva expedición durante el próximo invierno.

Volver después de diciembre
El regreso tiene además un significado especial. En diciembre de 2025, Moro se encontraba nuevamente en Nepal preparando otro intento invernal al Manaslu junto con Nima Rinji Sherpa y Oswald Rodrigo Pereira.
La expedición terminó antes de comenzar. Después de ascender el Mera Peak durante la fase de aclimatación, Moro comenzó a sentirse mal y tuvo que ser evacuado urgentemente a Katmandú. Los estudios detectaron una obstrucción coronaria y fue sometido a una intervención.
El propio Moro explicó posteriormente que el episodio estuvo relacionado con una combinación de hematocrito extremadamente elevado, exposición a la altura y una fuerte deshidratación, que habría favorecido la formación de un coágulo.
Después llegaron meses de controles médicos y recuperación. Y una pregunta inevitable para un hombre que ha construido buena parte de su vida alrededor del alpinismo de gran altitud: ¿cómo respondería nuevamente su cuerpo en la montaña?
Denali, el primer examen
La respuesta comenzó a buscarla lejos del Himalaya. Durante junio, Moro viajó a Alaska para intentar el Denali. El objetivo tenía un doble significado. Por una parte, completar las Seven Summits, el conjunto de las montañas más altas de cada continente. Pero también constituía una prueba personal después del episodio sufrido meses antes.
Volver a exponerse progresivamente a la altura permitiría comprobar cómo respondía su organismo después de la recuperación. El Manaslu representa ahora un paso mucho más importante. Porque aquí vuelve al escenario donde todo había quedado interrumpido.
Una montaña conocida y desconocida
Puede parecer extraño hablar del Manaslu como una montaña desconocida para Simone Moro. Ha regresado numerosas veces durante más de una década. Su primer intento invernal se remonta a la temporada 2014-2015 junto a Tamara Lunger. Después llegaron nuevas expediciones y diferentes compañeros.
En 2019 alcanzó aproximadamente los 6.400 metros. También compartió sucesivas temporadas con Álex Txikon y regresó nuevamente en los inviernos posteriores. Pero existe una particularidad: Moro nunca había intentado el Manaslu en otoño.
Eso significa que ahora podrá observar una montaña muy diferente de aquella que encontró durante sus expediciones invernales. Las temperaturas, la cantidad y características de la nieve, el comportamiento del glaciar, las grietas y, fundamentalmente, las posibilidades de progresión son distintas.
Precisamente eso es lo que quiere conocer. No se trata solamente de alcanzar la cumbre. Se trata de entender mejor la montaña.
En medio de una temporada completamente diferente
El contraste resulta extraordinario. Moro ha llegado al Manaslu durante la temporada otoñal más concurrida de su historia. 480 montañistas extranjeros han recibido permisos para intentar la montaña, a los que deben agregarse centenares de guías y trabajadores nepaleses de altura. Campamentos llenos. Cuerdas fijas. Oxígeno suplementario. Grandes operadores comerciales.
Una infraestructura capaz de movilizar alrededor de un millar de personas sobre una misma montaña. En medio de ese escenario, el proyecto de Moro pertenece a otra lógica. Su intención es ascender sin oxígeno suplementario, sin guía personal y sin porteadores de altura. La montaña comercial de otoño y el proyecto de alpinismo invernal conviven así durante algunas semanas sobre las mismas pendientes. Pero sus objetivos son profundamente diferentes.
El verdadero objetivo está en el invierno
Para comprender el regreso de Simone Moro hay que mirar más allá de octubre. El Manaslu continúa siendo una cuenta pendiente. Moro posee cuatro primeras ascensiones invernales a ochomiles, una trayectoria sin equivalentes en este terreno: Shisha Pangma, Makalu, Gasherbrum II y Nanga Parbat forman parte de su historial.
Pero el Manaslu se le ha resistido repetidamente. La nieve ha sido uno de sus principales adversarios. Durante varias de sus expediciones encontró acumulaciones enormes que convertían la progresión en extremadamente lenta o directamente peligrosa.
Avalanchas, grietas ocultas y seracs inestables forman parte de un escenario completamente diferente al que encuentran las expediciones comerciales durante el otoño. Y precisamente la nieve vuelve a ser protagonista estos días.
El Manaslu acaba de enviar una advertencia
Moro llegó al Campo Base el 15 de septiembre y encontró casi inmediatamente malas condiciones meteorológicas. Las fuertes nevadas que afectaron la montaña durante los días siguientes obligaron a numerosos equipos a descender.
Una avalancha afectó las instalaciones por encima del Campo III y destruyó parte de las cuerdas fijas. Y este 20 de septiembre, otra avalancha sepultó una tienda en Campo III y provocó la muerte de dos montañistas. La situación constituye una demostración inmediata de aquello que Moro conoce perfectamente después de tantos inviernos: en el Manaslu, la nieve puede decidirlo todo. Por eso esta expedición otoñal adquiere ahora todavía mayor interés.
Moro no solamente podrá estudiar la montaña cuando las condiciones sean favorables. También está observando su transformación después de períodos de nevadas intensas y la manera en que responden sus pendientes. Información que puede resultar especialmente valiosa cuando regrese el invierno.

Una expedición para obtener respuestas
Al anunciar sus planes meses atrás, Moro explicó claramente qué buscaba. Quería intentar el Manaslu durante la estación más favorable y evaluar dos cosas. La montaña y a sí mismo. La primera significa estudiar condiciones, ruta y comportamiento del terreno. La segunda probablemente sea todavía más importante.
Después de lo ocurrido en diciembre, el regreso a los ocho mil metros representa inevitablemente una prueba. No porque Moro necesite demostrar que puede volver a escalar. Sino porque necesita saber cómo responde su organismo cuando regresa a la altitud extrema.
El otoño ofrece un entorno considerablemente más controlable que lanzarse directamente a otra expedición invernal.
El séptimo capítulo
Si todo funciona como espera, el siguiente paso llegará rápidamente. Moro contempla regresar al Manaslu durante el invierno 2026-2027. Sería un nuevo capítulo de una relación que lleva más de una década.
Una montaña que ha intentado repetidamente y que, paradójicamente, otros alpinistas consiguieron ascender en invierno mientras él se encontraba allí. En enero de 2023, Álex Txikon alcanzó la cumbre junto con seis sherpas durante una expedición que Moro también integraba, aunque el italiano decidió darse la vuelta.
Ese episodio resume en cierta forma su relación con el Manaslu. Ha estado cerca. Lo conoce. Ha pasado meses bajo sus laderas. Pero la cumbre invernal continúa faltando.
Primero, el otoño
Sin embargo, todavía es demasiado pronto para hablar de invierno. Simone Moro está ahora en una montaña que acaba de recibir grandes cantidades de nieve y donde cientos de personas esperan que las condiciones permitan reanudar los movimientos hacia los campamentos superiores. Durante los próximos días comenzará a quedar claro hasta dónde puede progresar.
Una cumbre otoñal tendría indudablemente valor deportivo. Pero para Moro podría tener un significado todavía mayor. Sería la confirmación de que puede regresar a los 8.000 metros después de uno de los episodios más difíciles de su carrera y, al mismo tiempo, la oportunidad de observar el Manaslu desde una perspectiva que nunca tuvo. Después vendrá el invierno.
Y allí desaparecerán las multitudes, buena parte de las cuerdas, los grandes equipos comerciales y la infraestructura que hoy ocupa la montaña. Quedarán el frío, el viento, la nieve y una montaña que Simone Moro lleva más de una década intentando comprender. Quizás por eso este regreso de otoño no sea una expedición aislada. Es el comienzo de su próximo invierno.

