El Gobierno de Mendoza prohibió las ascensiones por la Pared Sur del Aconcagua entre el 20 de diciembre de 2026 y el 1 de febrero de 2027, precisamente durante el período central del verano austral. ¿Que justifica su prohibición?
FOTO DE PORTADA: La imponente Pared Sur del Aconcagua, fotografiada en 2008. Su escalada estará prohibida durante el período central de la temporada 2026-2027. Fotografía: Carlos Eduardo González / Alpinismonline.
La medida, fundamentada en la necesidad de preservar los recursos destinados a emergencias y rescates, abre un debate sobre los límites de la regulación del alpinismo técnico. Un antecedente oficial de 2018 demuestra que ya existía un régimen especial para autorizar estas expediciones, con exigencias de experiencia, planes de seguridad y garantías financieras. ¿Qué cambió para justificar ahora una prohibición temporal?
La Pared Sur del Aconcagua, uno de los escenarios más extraordinarios y exigentes del alpinismo sudamericano, quedará fuera del calendario de ascensiones durante buena parte de la próxima temporada estival.
La decisión fue comunicada el 13 de octubre por la Dirección de Áreas Protegidas del Ministerio de Energía y Ambiente de Mendoza. La prohibición comprende las ascensiones por la Pared Sur, además del esquí en glaciares, el parapente, el salto BASE y otras actividades consideradas de alto riesgo.
La restricción se extenderá desde el 20 de diciembre de 2026 hasta el 1 de febrero de 2027, mientras que las ascensiones por las rutas tradicionales continuarán permitidas conforme a las reglamentaciones correspondientes.
Sin embargo, la inclusión de la Pared Sur merece un análisis particular. No estamos hablando de una actividad turística convencional, sino de uno de los grandes desafíos técnicos del montañismo argentino, escenario de expediciones que forman parte de la historia del alpinismo mundial.
La decisión plantea una pregunta inevitable: ¿es necesario prohibir una actividad para gestionar sus riesgos, o existen mecanismos que permitan desarrollarla bajo condiciones rigurosas de seguridad?
Según explicó el director de Áreas Protegidas, Iván Funes Pinter, la decisión responde a la elevada concentración de visitantes que registra el Parque Provincial Aconcagua entre fines de diciembre y comienzos de febrero.
Durante esas semanas, los servicios médicos, guardaparques y equipos de rescate deben atender emergencias en distintos sectores de la montaña.
Las autoridades sostienen que determinadas actividades técnicas pueden demandar operaciones de rescate especialmente complejas, con personal especializado, logística terrestre y eventualmente helicópteros, cuya disponibilidad es limitada.
El argumento merece ser considerado. Un rescate en la Pared Sur puede representar una operación de enorme dificultad, particularmente cuando intervienen factores meteorológicos adversos, desprendimientos de hielo y roca, o la imposibilidad de realizar evacuaciones aéreas.
Pero reconocer esa complejidad no resuelve automáticamente la cuestión central: ¿qué incidencia real tienen las expediciones a la Pared Sur sobre el conjunto de operaciones de rescate que se realizan en el Aconcagua?
Para responder, sería necesario conocer cuántos rescates se efectuaron en esa vertiente durante las últimas temporadas, cuántas expediciones fueron autorizadas y qué recursos demandaron esas intervenciones.
Hasta el momento, Alpinismonline no ha podido verificar estadísticas oficiales recientes que permitan establecer esa relación.
Un antecedente revelador: Mendoza ya había reglamentado las ascensiones a la Pared Sur
La discusión adquiere otra dimensión cuando se examina la propia normativa provincial.
El 30 de noviembre de 2018, la Dirección de Recursos Naturales Renovables de Mendoza aprobó, mediante la Resolución 462, un Reglamento de Uso del Parque Provincial Aconcagua que incluía disposiciones específicas para las expediciones a la Pared Sur.
Aquella reglamentación no desconocía los riesgos de la actividad. Por el contrario, establecía condiciones particulares para autorizarla.
Entre sus exigencias figuraban la presentación de un plan detallado de ascenso, el itinerario previsto, los antecedentes deportivos de los integrantes, la aceptación expresa de los riesgos y una garantía financiera destinada a afrontar eventuales gastos de búsqueda y rescate.
El sistema contemplaba también la posibilidad de presentar seguros que cumplieran objetivos equivalentes a los de la garantía, sujetos a evaluación de la autoridad competente.
Las solicitudes debían presentarse con anticipación y quedaban sometidas a una evaluación individual.
Es decir, la provincia había desarrollado un procedimiento administrativo que reconocía la singularidad de estas ascensiones y permitía analizar cada proyecto antes de autorizarlo.
La existencia de ese antecedente no demuestra que el sistema anterior fuera suficiente, pero obliga a formular una pregunta: ¿por qué ahora se considera necesario sustituir la evaluación individual por una prohibición durante las semanas centrales del verano?
No se trata de una diferencia menor. Una cosa es establecer requisitos exigentes para afrontar un riesgo conocido; otra es impedir directamente la actividad durante un período determinado.
La propia reglamentación reconocía el carácter excepcional de estas expediciones
Hay un detalle especialmente interesante en el Reglamento de Uso de 2018.
Al describir Plaza Francia, punto de partida de las ascensiones por la Pared Sur, el documento señalaba que las expediciones que intentaban esa vertiente eran reducidas tanto en número como en cantidad de integrantes.
También reconocía que Plaza Francia carecía de infraestructura permanente, servicios y control continuo de guardaparques, a diferencia de los principales campamentos de las rutas tradicionales.
Esta descripción es importante porque evidencia que las autoridades ya diferenciaban las características de las expediciones técnicas de aquellas vinculadas al ascenso convencional.
Naturalmente, un número reducido de escaladores no significa necesariamente un riesgo operativo reducido. Una sola emergencia en una pared de semejantes dimensiones puede movilizar importantes recursos.
Sin embargo, tampoco puede establecerse lo contrario sin datos.
Si la justificación actual es preservar la capacidad de respuesta de los servicios de rescate, resulta pertinente conocer cuántas intervenciones corresponden efectivamente a esa vertiente y cómo se comparan con las realizadas en las rutas de mayor concurrencia.
La Pared Sur: un escenario histórico del alpinismo
La historia de la Pared Sur del Aconcagua está profundamente ligada a la evolución del alpinismo de alta dificultad.
Su primera ascensión, realizada en 1954 por una expedición francesa dirigida por René Ferlet, marcó un acontecimiento trascendental en la historia de las grandes paredes de montaña.
La vía francesa, las posteriores variantes y los itinerarios abiertos a lo largo de las décadas convirtieron esta vertiente en un escenario de referencia internacional.
A diferencia de las rutas normales de ascenso al Aconcagua, la Pared Sur exige experiencia técnica específica, capacidad de progresión sobre terrenos mixtos, autonomía y conocimientos avanzados para resolver situaciones de emergencia.
Precisamente por esas características, sus ascensiones suelen ser proyectos cuidadosamente preparados, desarrollados por cordadas con objetivos y capacidades diferentes de los habituales en las expediciones comerciales.
La peligrosidad de la pared es indiscutible. También lo es que las condiciones meteorológicas, la estabilidad del terreno y la experiencia de los integrantes son factores determinantes.
Pero el alpinismo técnico consiste, en buena medida, en reconocer, evaluar y gestionar riesgos que no pueden eliminarse completamente.
Por eso, cualquier decisión que limite su práctica merece fundamentos específicos, transparentes y técnicamente verificables.
¿Qué alternativas podrían existir?
La prohibición durante la temporada alta no es la única herramienta imaginable para gestionar actividades de riesgo elevado.
Entre las alternativas que podrían evaluarse se encuentran los permisos individuales sujetos a antecedentes deportivos comprobables, los planes de contingencia específicos, la exigencia de seguros adecuados, las garantías financieras y las limitaciones temporales fundamentadas en condiciones meteorológicas u operativas concretas.
Algunas de estas herramientas ya estaban contempladas en reglamentaciones anteriores.
Sin embargo, también es necesario reconocer que disponer de una garantía económica no asegura la existencia de un helicóptero disponible, ni permite resolver automáticamente un rescate técnicamente imposible o demasiado peligroso para los propios rescatistas.
La cuestión, por lo tanto, no consiste simplemente en exigir más dinero o documentación.
Consiste en determinar si es posible compatibilizar el desarrollo del alpinismo técnico con una administración responsable de los recursos disponibles.
Para establecerlo hacen falta datos, evaluaciones técnicas y participación de quienes conocen las particularidades de estas ascensiones.
¿Cuándo podrá escalarse la Pared Sur?
La disposición anunciada por Mendoza contempla dos períodos en los que podrán solicitarse autorizaciones excepcionales para las actividades restringidas:
- Del 1 de noviembre al 20 de diciembre de 2026.
- Del 1 de febrero al 30 de abril de 2027.
Las solicitudes deberán presentarse con una anticipación mínima de 30 días hábiles.
Las expediciones deberán declarar sus rutas, cronogramas e itinerarios, y cualquier modificación deberá ser comunicada a la autoridad de aplicación.
Las autorizaciones no serán automáticas, sino que dependerán de la evaluación de cada solicitud.
De esta manera, las expediciones interesadas en la Pared Sur deberán adaptar su planificación a períodos diferentes del núcleo central de la temporada estival.
Una decisión que merece explicaciones
La seguridad en el Aconcagua es una responsabilidad compartida entre las autoridades, los operadores, los guías y los propios montañistas.
Nadie puede desconocer la importancia de los equipos de rescate ni las dificultades extraordinarias que enfrentan cuando deben intervenir en condiciones extremas.
Pero tampoco debería perderse de vista que el Aconcagua es mucho más que su Ruta Normal.
La Pared Sur forma parte de su identidad alpinística, de su historia y de su proyección internacional como escenario de grandes ascensiones.
Prohibir temporalmente su escalada es una decisión de importancia suficiente como para requerir una explicación técnica que vaya más allá de la peligrosidad inherente a la actividad.
¿Cuántas expediciones intentaron la Pared Sur en las últimas temporadas? ¿Cuántos rescates se realizaron? ¿Qué recursos demandaron? ¿Qué evaluación determinó que el régimen anterior de autorizaciones resultaba insuficiente?
Son preguntas concretas cuyas respuestas permitirían comprender mejor los fundamentos de la medida.
Hasta que esos datos estén disponibles, la discusión permanecerá abierta.
Porque gestionar los riesgos de la alta montaña es indispensable. Pero también lo es preservar, dentro de condiciones razonables de seguridad, la posibilidad de practicar el alpinismo.
La Pared Sur del Aconcagua ha sido durante décadas uno de los grandes desafíos de la escalada sudamericana. La pregunta que queda planteada es si su futuro debe definirse mediante prohibiciones generales o mediante una regulación capaz de reconocer las particularidades de quienes eligen enfrentarla.
