Jerzy «Jurek» Kukuczka ha entrado en la historia del montañismo como el «segundo«, después de Reinhold Messner, por el simple hecho de haber ocupado ese lugar en la conquista de los catorce ochomiles. Pero no siempre ser el segundo implica el «estar detrás» de otro. Nada más equivocado, eso aplica a todos las disciplinas.
A ciencia cierta, no puedo ser yo precisamente quién indique eso. Sería un imperdonable atrevimiento el hecho de estar «indagando» alrededor de esas dos enormes figuras que el alpinismo nos ha dejado a lo largo del tiempo, que -junto con otras, que no vamos a enumerar ahora- constituyen los pilares de la historia grande del montañismo mundial.
Pero Jerzy ocupa un lugar en la vidriera. Eso nadie puede discutirlo. El completó el ascenso a los catorce ochomiles en la mitad del tiempo en que lo hizo Messner, con un agregado: intentando nuevas rutas, y algunas en invierno.
Quedó segundo detrás del coreano Young-Seok en cuanto a la rapidez en desplegar todo su poderío en las catorce montañas más altas del mundo. Claro, esto fue hasta que apareció en escena un tal Nirmal Purja, que en 2019 se encargó lisa y llanamente, de pulverizar todos los tiempos. Pero eso es otra historia.
El mayor, quizás único, error de Jurek, fue haber ingresado en una tienda de Kathmandú a comprar unas cuerdas de segunda mano. Quizás hubo otros, no lo sé, pero si sé que ese fue definitorio.
Ahora, hoy, cuando se cumplen 31 años de su trágico «final de carrera», nos surgen varias reflexiones. Indagando en su historia, intento por un momento encontrar algún indicio que me lo haga dejar a un lado, en todo eso que fue «lo más grande del montañismo mundial», y por supuesto, no encuentro ninguno.
Pero navegando por esas reflexiones, me encuentro con un hombre simple, limitado por su propia naturaleza, que no tuvo mejor idea que encarar los grandes desafíos por lugares donde nunca antes había pisado el ser humano. Y eso es lo destacable. El estaba en una carrera, una inevitable carrera convengamos, por ser el «primero» un objetivo clásico, quizás es mayor de los objetivos de montaña, y no se conformaba por conseguirlo a través de los mismos parámetros que sus competidores empleaban.
No estoy aquí dejando ver entre líneas un concepto degradado sobre el mismísimo Messner. De ninguna manera. Podríamos escribir paginas y páginas acerca de los maravillosos e inigualables logros del escalador italiano. Eso no está en discusión.
Yo simplemente trato de poner en relieve algunos aspectos casi insignificantes que hablan acerca de la grandeza de un escalador. Y Jerzy los tuvo.
Jerzy fue muy consciente, e inequívocamente estaba inmerso, casi por obligación, en una carrera que lo podría llevar a la cumbre -vaya paradoja del término- en la historia de la conquista de las grandes montañas del mundo. Eso fue inevitable, pero ese «valor» agregado sin lugar a dudas lo convirtió en grande.
Hace algunas semanas publiqué un libro del montaña, acerca del Everest. Y en él -casi inevitablemente- está Jerzy. No hablamos de él como al pasar. Para nada, destacamos su figura dentro de todo el escenario que implica la montaña más alta del mundo, pero inclusive, un poco más allá, destacando estos conceptos que estoy mencionando en este artículo.
En el libro, he puesto algunos párrafos textuales del propio Jerzy en relación a esa competencia con el mismo Reinhold. Veamos un poco:
«Ayer, el famoso alpinista Reinhold Messner llegó a la cima del Lhotse. Es el primer ser humano que ha subido a las catorce montañas más altas del mundo. En el comedor se hizo el silencio, en medio del cual ya nadie prestaba atención a las siguientes noticias que llegaban de la radio. Como si mis amigos quisieran mostrar su respeto por lo que yo debía estar pasando en estos momentos. Noté todas las miradas clavadas en mí. Tenía que contestar algo. Y dije: Mañana salimos para arriba.
Ese momento se me quedó grabado. Ya sabía que Reinhold estaba en el Makalu, que tenía permiso para el Lhotse. Sabía que no iba a tener problemas de traslado, porque en situaciones así utiliza el helicóptero. Y sabía que no tenía ningún obstáculo para terminar su colección. Subía a los sucesivos ochomiles por la vía normal, era un alpinista excelente. Tendría que haber tenido muy mala suerte para no alcanzar su objetivo. Un objetivo que tenía un enorme valor, y no sólo deportivo. Esperaba la noticia, pero ahora que la había recibido, pese a todo, me puse triste. Y es que él era el primero».
Fíjense ustedes cuantas cosas podemos extraer de este párrafo tan pero tan rico, del propio relato de Jerzy. El hace un distinción casi por obligación, entre su estilo, e inclusive su infraestructura, diferenciándola claramente con la de Reinhold. Menciona el «helicóptero» y la «via normal». Traducido al criollo, eso sería algo asi como: Bueno, tu llegas en helicóptero al bc y vas por el camino más fácil. Yo busco nuevas rutas.
No vamos a abrir ningún tipo de comparación, no es la intención, porque si tuviésemos que hacerlo saltan inmediatamente al escenario los logros casi imposibles del italiano, empezando por el Nanga Parbat y siguiendo por su «solo» inigualable en la cumbre del mundo. Solamente, destacamos la diferencia de estilos, que en definitiva hicieron que hoy estuviésemos hablando de Jerzy.
El propio Reinhold lo supo y le envió un telegrama luego de concretar su propio logro: «No eres el segundo, eres grande».
El 24 de octubre de 1989, Jerzy «Jurek» Kukuczka ingresó en la historia grande del montañismo mundial. La montaña era su pasión, y subirlas una necesidad, tal como el mismo lo expresara:
«No me basta con estar sólo en las montañas, no basta con estar en una expedición. Considero que si se va a las montañas tiene que ser con algún objetivo, y ese objetivo es subirla».
Los catorce de Jerzy
Lhotse, 4 de octubre de 1979, ruta normal.
Everest, 19 de mayo de 1980, nueva ruta por cara sur.
Makalu, 15 de octubre de 1981, nueva variante en solitario, cara noroeste.
Broad Peak, 30 de julio de 1982, ruta normal en estilo alpino.
Gasherbrum II, 1 de julio de 1983, nueva via a través del espolón sudoeste, en estilo alpino.
Gasherbrum I,23 de julio de 1983, nueva ruta, cara sudoeste, en estilo alpino.
Broad Peak, 17 de julio de 1984, repite por nueva vía a través de sus cimas norte y central, en estilo alpino.
Dhaulagiri, 21 de enero de 1985, primer ascenso invernal por ruta normal.
Cho Oyu, 15 de febrero de 1985, primer ascenso invernal a través de nueva ruta pilar sureste.
Nanga Parbat, 13 de julio de 1985, nueva ruta a través del pilar sureste.
Kangchenjunga, 13 de enero de 1986, primer ascenso invernal ruta normal.
K2, 8 de Julio de 1986, nueva via por cara sur en estilo alpino.
Manaslu, 10 de noviembre de 1986, nueva ruta por cara noreste, en estilo alpino.
Annapurna, 3 de febrero de 1987, primera invernal por la ruta normal.
Shisha Pangma, 18 de septiembre de 1987, nueva vía por la arista noreste en estilo alpino.
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