En el año 2014 cae en mis manos un libro que cambia por completo mi forma de ver el mundo de la montaña tal y cómo hasta ese momento lo veía. Caer en las garras de un libro es una cosa, pero caer en las garras del que lo ha escrito es otra. No sólo me cambió el concepto, sino que, mentalmente abrió la caja de pandora oculta en mí. El país azafrán fue la dinamita y, Javier Campos, el que prendió la mecha. Vamos a conocer en esta entrevista al humano, al explorador que hay detrás de este almeriense afincado en Granada.
Noel. Explorador, documentalista, escritor, fotógrafo, alpinista, conferenciante y motivador. ¿Cómo te definirías?
Javier. Bueno… Todas esas palabras me definen. Si fuera científico me consideraría un «divulgador» de todo aquello que me apasiona. En cualquier caso, me gusta la calificación profesional de freelance por el concepto de libertad de elección que le otorga a mis proyectos…
Noel. Naces en Barcelona. Sin embargo tu padre era de Almería y tu madre aragonesa. ¿Cómo terminas finalmente en Andalucía?
Javier. Soy hijo de emigrantes en el mejor sentido del concepto. La cultura del esfuerzo forma parte de mi educación. Y también gestionar las crisis, como la que me llevó al sur y me afincó en Granada, que es tanto como vivir en el paraíso.
Noel. ¿Qué recuerdas de tu infancia? ¿Fueron tus padres quienes en parte te iniciaron en la montaña?
Javier. A veces bromeo con la idea de que salí montañero por genética. Mi padre era de un pueblo de Sierra Nevada y mi madre de cerca de los Pirineos… Sin embargo, a ninguno le gustaba la montaña. Creo que fue precisamente eso, el ver el monte como algo inaccesible, lo que me hizo enamorarme de él. El resto es pura adicción. Ya lo dice el proverbio tibetano… «aquel que ha oído la voz de la montaña no podrá olvidarla jamás. Ésta le llamará día y noche, le atraerá, y acabará por devorarle». Espero escapar a lo último…
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Noel. Hablamos de tus inicios más serios. Hay un dato que he podido recabar, el Club Cóndor y tus primeras cimas en la Sierra Nevada almeriense a los 14/15 años de edad, ¿hay alguien o algo que te empuja a esa corta edad a descubrir ese otro mundo?
Javier. La verdad es que no. Creo que estaba escrito que ese sería mi camino. Sin más. Me gustaban todos los deportes, pero cuando probé por primera vez el sabor de las noches estrelladas, el viento en la cara, el placer por el esfuerzo… entendí que ya nada sería igual.
Noel. Con esa edad por los dos miles y tres miles de Sierra Nevada, ¿hay algún inconveniente por parte de tu familia a tus primeras incursiones?
Javier. Mi familia me dio siempre mucha libertad. He crecido en un entorno lleno de amor y respeto, así que mi pasión por la montaña nunca les supuso un problema. Ni siquiera cuando dejé de estudiar para poder viajar más a menudo. Conocer el mundo es una de las mejores maneras de adquirir cultura y valores, de modo que mis padres entendieron que el camino elegido no era un problema.
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Noel. En los años que siguieron a tus primeros contactos con las cimas y las grandes distancias, ¿en qué momento dice Javi, «me puedo dedicar a esto profesionalmente»?
Javier. Ufffff. Eso no se decide. Al menos no en aquella época. Hoy en día te puedes plantear el guiaje como una carrera más. Hace 20 o 25 años era una utopía fuera de los países alpinos. A mí el profesionalismo me llegó por casualidad y combinando la montaña y los medios audiovisuales. En el fondo, para vivir de esto soy un poco «hombre orquesta», pero me divierte tanto que lo doy por bueno aunque a veces sea agotador, sobre todo desde el punto de vista emocional.
Noel. Dejamos tus inicios en la montaña. Vamos a centrarnos en una parte del Javi que en realidad, poca gente conoce. Háblanos del Javier que hay detrás de una cámara, y cómo has llegado a trabajar para grades empresas audiovisuales.
Javier. Esa es la cuestión clave que cambió mi vida. Empecé con más valentía (por no decir inconsciencia) que conocimientos, grabando un documental de 50 minutos en el Polo Norte junto a Sergi Mingote. A penas sabíamos para qué servían los botones de las cámaras, pero salió tan decente que empezaron a encargarme trabajos y el resto fue cuestión de querer aprender. Como no es fácil encontrar operadores de cámara que se muevan cómodamente en condiciones difíciles encontré mercado para mis habilidades. Al final, los buenos clientes vienen solos si haces las cosas bien. Como cuando Mike Horn me vió trabajando con la cámara a más de 7.000 metros en el Karakorum y me reclutó durante dos años para su proyecto Pangaea, una auténtica universidad de la exploración…
Noel. En realidad, las primeras inyecciones económicas como cámara, imagino que fueron parte de tu apoyo económico para empezar con tu vida de explorador.
Javier. Claro. Ser alpinista o explorador profesional es casi imposible. Sin embargo, el mundo audiovisual sí ofrece salidas económicamente viables. Cuando planteas un proyecto, no te compran el proyecto, te compran el resultado audiovisual que el patrocinador podrá convertir en imagen corporativa. Los acuerdos económicos tienen más lógica. Eso sí, este planteamiento exige capacidad de adaptación y debes dejar de considerarte deportista para pasar a ser comunicador o, como digo a menudo, «cuenta cuentos»…
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Noel. He disfrutado de varios trabajos tuyos cómo cámara y realizador, sin embargo hay otra pasión con la que tus viajes no serían lo mismo, la fotografía.
Javier. La fotografía es la base de cualquier trabajo audiovisual. Y aunque sé que algunos no estarán de acuerdo conmigo, creo que las claves son la intuición y la oportunidad. Estar en el lugar y el momento perfecto es media foto. Y saber qué hacer con eso, la otra media. En el fondo, cuando disparas, lo que estás intentando es que otras personas disfruten lo que estás viendo tú.
Noel. ¿Crees que en estos momentos un profesional de la imagen como tú, está bien remunerado viendo que hoy día, con la tecnología que hay, cualquiera hace un montaje o un documental?
Javier. Supongo que es una pregunta retórica… Obviamente no. Cuestión de intrusismo. Entiendo que todo el mundo quiera contar sus historias o buscar su minuto de gloria y, tal como dices, todos tenemos en casa una edición en el portátil y una buena cámara por dos duros. El problema es que entregar un trabajo profesional cuesta dinero y la gente prefiere comprar barato o, directamente, no pagar. Pero volvemos al tema de la capacidad de adaptación. Toca inventar algo que los «no profesionales» no puedan ofrecer.
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Noel. Y hablando de documentales, en las últimas semanas has dejado tu sello en otro de tus trabajos: Mustang. Mi reino interior. Yo hace unos días que lo vi, pero háblanos que podemos ver en esta especie de peregrinación por el Reino del Mustang junto a Alberto Ayora.
Javier. Es un viaje interior en el que el protagonista (Alberto Ayora) nos lleva de la mano hacia un lugar profundo, repleto de reflexiones incómodas, en busca no solo de respuestas, sino también de las preguntas adecuadas. El guión es una auténtica lección de vida. La música, a mi gusto exquisita, y una fotografía impresionante, completan un documental digno de disfrutar en pantalla grande…
Noel. Volvamos al Javi explorador y sobre todo al escritor. La faceta que en realidad todos empezamos conociendo de ti, es la de escritor. Hay una pregunta que suelo realizar siempre en estos casos. ¿Cuáles han sido tus mayores influencias como escritor a la hora de documentar parte de tus experiencias como explorador?
Javier. Yo crecí leyendo a Messner y, más allá de la imposibilidad de emular sus hazañas, sí me considero un seguidor fiel de su manera de contar las cosas: directa, honesta, a veces descarnada… Creo que el verdadero valor de una historia reside en su honestidad. El estilo puede gustar más o menos, pero si entregas el alma en lo que cuentas, el lector lo puede sentir.
Fin de la primera parte.
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