La Expedición Argentina al Everest 2017, integrada por el cordobés
Ricardo Birn, el tucumano Andrés Pariz y el correntino
Germán Poccard Braillard se encuentra en estos momentos en Kathmandú
a pocos días de emprender el retorno a nuestro país.
Los integrantes están ahora recuperándose de algunas dolencias
-todas ellas bajo control- derivadas de su intento de cumbre al pico más
alto del planeta, realizado entre el viernes y domingo pasados en circunstancias
que a continuación vamos a detallar.
Como consecuencia de dicho intento, los tres montañistas argentinos debieron
ser rescatados desde el campo 2 en la ruta del Collado Sur del Monte Everest
en helicóptero, directamente a la ciudad capital, donde fueron preventivamente
hospitalizados y tratados en algunas leves congelaciones en pies y manos y dificultades
en su visión, como consecuencia de haber estado expuestos a las condiciones
límites durante el intento de cumbre.
En una charla que Alpinismonline mantuvo con Ricardo Birn desde
el sitio de su hospitalización, el montañista cordobés
nos dio detalles precisos de lo acontecido durante el intento de cumbre y cuales
fueron los inconvenientes que debieron sortear, de los cuales, afortunadamente,
pudieron sobrellevar aunque bajo circunstancias realmente extremas.
Durante estos días, por pedido expreso de Ricardo y por sobre todo, por
un tema de sentido común, hemos dejado de brindar información
al respecto, hasta tanto la situación se encontrase totalmente bajo control,
como se encuentra en estos momentos.
Arrancando el día de cumbre
El empuje hacia la cumbre arrancó en las últimas horas del viernes
19. Desde el campo 4 ubicado a 7900m sobre el collado sur. Fueron Ricardo Birn
y Andrés Pariz. Germán, algo mas atrasado, llegó a campo
4 desde abajo justo cuando ellos salían hacia la cumbre. Optó
por tomar algunas horas de descanso.
Posteriormente, tanto Andres como Ricardo, continuaron con el ascenso, durante
el cual, tuvieron algunos inconvenientes con el sumistro de oxígeno y
el guía sherpa que habían contratado previamente para el soporte.
Este hecho hizo que Andrés Pariz, tuviera que desistir del intento aproximadamente
a los 8400m. El último registro posicional que pudimos comprobar nosotros,
fue precisamente a esa cota siendo las 4am hora local.
Ricardo sin embargo, optó por seguir camino hacia la cumbre. Pero finalmente
también tuvo que pegar la vuelta, por debajo de la cumbre sur a unos
8700m debido a las mismas razones, sumado ahora dificultad en la visión
y el hecho de no sentirse seguro con el guía sherpa que hacía
las veces de compañía.
Fue allí que al bajar, se cruza con Germán, el tercer integrante
de la expedición que esta subiendo. Para entonces, son las siete de la
mañana. Ricardo le dice a Germán que podría ya ser tarde
para seguir camino, habida cuenta que aún restaba un largo trecho hasta
la cumbre.
Por su parte, German le dice que va a continuar y que no se hiciera problema,
que iba tomar las debidas precauciones. Luego, Ricardo y Andrés bajaron
hasta C4 primero, C3 después y C2 al día siguiente y esa fue la
última vez que vieron a Germán, con toda la preocupación
que dicho hecho acarrea al no saber nada acerca de la suerte corrida por su
compañero.
En las horas siguientes, mientras ellos eran rescatados en helicóptero
a Kathmandú, un dispositivo de búsqueda se activó para
dar con el paradero de Germán, el cual afortunadamente fue localizado
el lunes por la mañana en C3 y bajado a C2 para ser igualmente rescatado
a un hospital de la capital.
Como dijimos antes, los tres se encuentran ahora recuperándose de sus
dolencias, las cuales seguramente no van a dejar consecuencias.
Una serie de eventos desafortunados
Esto que sucedió con el equipo argentino, va un poco de la mano con los
dichos de Adrian Ballinger que publicamos en una nota precedente, en el sentido
de las responsabilidades y capacidades a la hora de guiar o conducir una expedición.
Las empresas comerciales, que cobran altas sumas -estamos hablando arriba de
los sesenta mil dólares- por subir a una persona al techo del mundo,
debieran contar con todos los elementos que brinden la suficiente seguridad
al cliente que está pagando por ello. Por supuesto que no somos nosotros
los capacitados para juzgarlos. De ninguna manera, cada una de ellas sabe si
lo hace o no.
Pero si es importante tener en cuenta que para determinadas situaciones en la
que existe o puede existir un riesgo de vida, es necesario contar con cierto
control o fiscalización en ese sentido.
El gobierno de Nepal cobra la jugosa suma de 11000 dólares a cada montañista
que sube a la cumbre del Monte Everest. Esto no debe constituír solamente
un permiso de acceso, de hecho no lo es asi, existe un servicio sanitario en
el campo base, que está incluído en esa tarifa. Pero solo hasta
ahi. Mas alla de eso, los organismos gubernamentales debieran ejercer un control
mas estricto en quienes llevan a cabo el servicio, sea sherpas o equipos de
soporte de suministro de oxígeno por ejemplo.
Aca a la distancia, no estamos capacitados a decir que no se lleva a cabo dicho
control. Si estamos capacitados para decir que si se hace, no lo hacen de la
forma correcta. Y lo podemos decir, porque la Expedicion Argentina, nuestra
expedición argentina, estuvo muy al borde del desastre total, de
la tragedia, a consecuencia de la inoperancia de quienes prestaban ese servicio.
Esa inoperancia quedó manifestada en tubos de oxígeno que no contaban
con la capacidad completa o fallas en el sistema de regulación o lo que
es peor, y esto ya va de la mano con la irresponsabilidad total, botellas de
oxígeno que no estaban en los puntos preestablecidos por el proveedor
para su reaprovisionamiento. Los tubos de oxígeno que necesitaban,
venían con un sherpa, por detrás de ellos, junto con Germán.
Aca estamos hablando de un suministro que es primordial para la vida. Tanto
Ricardo Birn como Andres Pariz -no tenemos aún la certeza
de que a Germán le haya sucedido lo mismo- estuvieron durante
un lapso importante, superior a los veinte minutos, sin oxígeno a mas
de 8500m de altura.
Afortunadamente pudieron retornar para contarlo. Mencionamos todo esto, porque,
todos ustedes sabran, mas aun aquellos que practican montañismo en Argentina
y que alguna vez han ido o sueñan con ir al Himalaya, el descomunal esfuerzo
que ello significa, en especial en lo económico, en conseguir el patrocinio,
porque si éste no existiera serían demasiado pocos los que podrían
hacerlo. Y sinceramente echar por la borda semejante esfuerzo, en la mayoría
de los casos de años, por la ineptitud de un grupo de personas que ofrece
ese servicio sin la idoneidad suficiente, mas alla de ser una estafa, el sentido
común nos indica que estamos ante una situación de responsabilidades
donde se pone sobre la mesa el riesgo de vida.
El Everest se presta para todas estas cosas. Ya dejó de ser una montaña,
hoy en día está mas próxima a un centro comercial que a
un sitio de escalada.
Por supuesto que a veces nos deslumbran montañistas que suben y bajan
por sus propios medios, como lo hicieron además Ricardo, Andrés
y Germán, que solo necesitaron del oxígeno por cuestiones
de supervivencia, y que los operadores locales no fueron capaces de suministrárselo.
Entonces, su gesta, su logro, se potencia. Llegaron ahí nomás,
con todos los contratiempos que tuvieron, con toda esa serie de eventos desafortunados,
que mucho mas que ayudarlos contribuyeron a perjudicarlos. De haberlo sabido,
podrían haberles dicho a esta gente: "déjenlo ahí,
no me ayuden, yo me arreglo solo", y tal vez hubiesen llegado.
Y hay muchas cosas mas en el Everest. Muchas que no vemos porque no estamos
allí, pero ojo, otras no las vemos, pero las intuímos con solo
leer las noticias. Cosas que en definitiva siempre se terminan sabiendo.
En los tiempos que corren es muy difícil ocultar determinadas acciones
que quieren ser ocultadas. Malos servicios, montañistas que suben sin
permisos, o inclusive montañistas que dicen que van a una montaña
y terminan en otra, en actitudes que crean suspicacias, porque no es lo mismo
subir un Everest que subir un Lhotse o un Makalu o un Cho Oyu, los permisos
no cuestan lo mismo.
Y en alguno de estos ochomiles, el camino es compartido y uno puede hacer de
las suyas. Hasta el mismo Ivan Vallejo, recuerdo que en sus comienzos habló
de su escalada al Pumori "a hurtadillas", y no lo digo yo eh, yo solo
lo recuerdo, lo dijo aquí,
en Desnivel, hace muchos años.
Por eso, todo vale en el reino de los ochomiles, mucho mas en el del Everest.
Cada uno sabrá si está bien o esta mal. Hay cosas que todos sabemos
que si están mal y otras, que si pasan, pasan, pero generalmente nunca
pasan antes quienes tienen los ojos bien abiertos. Alguno siempre lo va a detectar.
Por eso, este escenario, este montaje que se establece todos los años
entre abril y mayo, esta lleno de pìcaros. Pícaros que dicen prestar
un servicio que no prestan, pícaros que cobran sumas descomunales, que
pueden o no estar bien cobradas, no vamos a entrar en esa discusión,
pero que si deben obligatoriamente cumplir con lo pactado, y pícaros,
que te dicen que van a un lado, y que terminan yendo a otro.
Lejos quedaron los tiempos de conquista, donde todas estas cosas se dirimìan
entre un puñado de gente de montaña en pos de un único
objetivo. Por eso, cuando surgen escaladas superadoras, de esas que ya quedan
pocas, y el escalador se te muere en pleno escenario, pues bien, esas cosas
duelen. Esta temporada, que esta llegando a su fin, se la va a recordar porque
tuvo muchas muertes que pudieron haberse evitado, como dijo Ballinger. Pero
mas aún, como dijimos en una nota hace algunos días, porque se
llevó a uno de los mayores exponentes contemporáneos de ese montañismo
puro. Criticado por muchos por su estilo, pero único en lo que hacía.
Respecto al equipo argentino, bueno, no es necesario destacar su logro. Porque
fue un gran logro, al que le faltó la cumbre cierto, pero llegaron hasta
ahi arriba, a pocos metros, casi al alcance de sus manos, con sus propios medios
y con el enorme peso de ese ancla que les impusieron los servicios locales,
que les quitaron el sueño de una cumbre, y por poco les quitan el sueño
de una vida.
