El pasado 5 de mayo, Carolina Mourazos, Argentina, de 41 años, se convirtió
en la primera mujer en subir las diez montañas más altas de Argentina
y la octava persona en lograrlo. Queríamos destacar y dar a conocer este
logro, muy importante para nuestro país.
De esta forma, mantuvimos una charla donde Carolina nos contó acerca de
su trayectoria, de cómo surge este proyecto y lógicamente cuáles
son sus objetivos para el futuro dentro de la montaña.
En lo que respecta al proyecto en sí, lo que acaba de cumplir, se tratan
en todos los casos de montañas con más de 6500m, ubicadas todas
en la cordillera de Los Andes. Un proyecto que comenzó allá por
2012, nada menos que en Aconcagua.
Pero la historia no empieza ahí sino mucho antes: "Empecé
a escalar a los veinte años y durante diez lo hice en diferentes partes
del país, Frey, Arenales, Los Gigantes, Vigilancia, Tandil, Barker y realicé
un curso de hielo en el 98 en Bariloche con el CAB. Además, en los veranos
hice muchas travesías por lagos y refugios del sur, Bariloche, Neuquén,
Ushuaia. "
"Después durante casi 6 años me alejé un tiempo de las
montañas y retomé recién en 2009 dónde tuve mi primera
aproximación a la altura haciendo el Penitentes en Mendoza. A mediados
de 2010 decidí retomar con la actividad, pero esta vez más relacionada
con la alta montaña que con la escalada. Comencé a viajar cada vez
que podía a Mendoza."
"El año pasado comencé a escalar nuevamente en la palestra
del CENARD, como una forma de empezar a prepararme, para poder subir por rutas
un poco más técnicas en altura."
¿Qué recordás de aquella primera experiencia en la alta
montaña?
Fue en diciembre de 2010, para entonces se armó un grupo para ir al Plata,
éramos muchos del grupo donde todavía entreno, Mística de
Montaña, más algunos amigos de integrantes de la expedición.
Tuve la suerte de ir con montañistas muy experimentados que habían
estado varias veces en esas montañas que me parecían imposibles.
Ya no era sólo ir un fin de semana, era mi primera expedición. No
pudimos hacer cumbre, pero fue un viaje escuela donde pude aprender muchísimo.
Yo tenía muy poca experiencia ya que no había superado previamente
la cota de los 4500 metros.
¿Y luego se hizo algo habitual?
Si, durante los primeros años iba casi todos los fines de semana largo
a Vallecitos, había quedado fascinada con esa quebrada y con la cantidad
de montañas que había para subir. Fue así que seguí
sumando experiencias, y subiendo más montañas. Mi primer seismil
fue el San Francisco en febrero de 2011.
El San Francisco entonces fue primero. ¿Cómo sigue la historia
con los seismiles?
Mi primer intento al Mercedario fue en febrero de 2013, seguía de a poco
sumando experiencias en altura, ya venía de un intento previo al Incahuasi
unos meses antes. Bajamos del Mercedario y nos fuimos directo a Catamarca a intentarlo
nuevamente, desde ahí comenzó a hacerse realidad la idea de que
era posible, con una buena planificación y organizando bien la logística,
hacer dos montañas en una misma temporada aprovechando la aclimatación
previa y mis tres semanas de vacaciones.
Del Mercedario bajé muy frustrada por no haber podido hacer cumbre, pensando
en que podía mejorar en la próxima expedición que emprendiera,
pero hoy mirando a la distancia, esos días en La Hoyada me sirvieron mucho,
prácticamente no podíamos salir de la carpa por el viento que había,
la comida se nos estaba acabando (habíamos subido hasta el campamento para
un par de días extras pero nos quedamos unos días más) y
teníamos que racionalizarla para que no fuese el motivo de desistir del
intento, había que aguantar a ver si el tiempo mejoraba, todos queríamos
hacer cumbre.
Durante tres días repetíamos el mismo ritual del día de cumbre,
levantarnos de madrugada y prepararnos para salir a cumbre, esperar ver salir
el sol, y rogar que el viento pare. Finalmente desistimos cuando vimos que el
clima no mejoraba. Al cuarto día todos decidimos que la montaña
no quería esta vez que lleguemos a su cumbre y bajamos.
Estar en ese lugar, si fuera hoy lo vería seguramente distinto, pero estar
ahí arriba lejos de todo, solos en esa montaña sin ningún
tipo de contacto con el exterior (no teníamos teléfono satelital
ni spot) y el clima tan hostil, me fortaleció mentalmente.
¿Cuáles son las cumbres que forman parte de este logro?
Arranqué el 21 de febrero de 2012 en Aconcagua (6962m), exactamente un
año después vino el Incahuasi (6638m), luego el Pissis (6795m) el
18/02/2014, el Walter Penk (6658m) el 09/02/2015 y unos días más
tarde el Ojos del Salado (6893m) el 13/02/2015.
¿Qué recordas que te haya quedado de estas primeras cumbres?
La del Ojos del Salado por ejemplo. Accedimos por la Ruta Varsoviana. La temporada
anterior había muerto un español en la montaña, fue muy duro
caminar y ver todas las marcas de los lugares por los que habían arrastrado
la camilla, lugar donde hacía días que no nos encontrábamos
con nadie, los pensamientos te llevan a lugares inesperados.
Cuando bajamos nos encontramos con unos españoles que eran vecinos del
montañista fallecido, tenían la dura carga de llevar una foto de
toda su familia (entregada por ellos) para dejar en el lugar donde lo habían
encontrado, en ese lugar sólo nosotros y ellos en muchos kilómetros
a la redonda, entre lágrimas me contaban lo duro que había sido
ese momento.
¿Cómo fueron las incursiones, solos o en grupos?
En casi todas las montañas, sacando Aconcagua estuvimos solos con mis compañeros
todos los días.
Cuando bajamos del campo 1 al base teníamos que esperar que al día
siguiente vengan a buscarnos (esperar y rezar para que no haya llovido más
abajo y la camioneta pueda cruzar por algunos lugares que a la ida nos había
llevado mucho tiempo y trabajo pasar), tardamos nueve horas, por caminos inexistentes,
desde Fiambala para llegar al campo base Arenal.
Desde que llegué al CB, atrás de nuestro campamento había
una montaña que me encantó, no sólo por su forma sino por
su nombre "Medusa", bajamos del campo 1 al base, comimos algo y un día
después de hacer cumbre en el Ojos me fui sola a subir este 6000 que me
había impactado. Fue mi primera montaña en solitario y un cierre
para unas vacaciones increíbles con muchas montañas.
¿Qué podés contarnos del Tres Cruces?
Lo escalé el 9 de febrero de 2016. El Tres Cruces (6749m) era una de las
montañas que me generaba más inquietud, mucho había escuchado
de la corona y la dificultad para encontrar el paso entre los torreones. Por suerte
con la descripción de la Guía +6500, la cual use en todos los ascensos
y era mi motivación para ver qué próxima montaña iba
a subir, pudimos pasar la corona sin mucha dificultad, pero una vez que la pasamos
los pozones entre torres de material y roca suelta no se terminaban más,
nos enterrábamos en la nieve y parecía que la cumbre nunca se acercaba.
Creo que fue junto con el Llullaillaco una de las montañas más cansadoras
que hice.
Luego del Tres Cruces, me fui al Bonete (6759m) unos días después
alcancé la cumbre. Fue el 15 de febrero del mismo año.
¿Qué vino después?
El Tupungato (6570m). Fue el 8 de febrero de 2017. Esta fue una de las expediciones
que más me gusto, después de mucho debatir con algunos miembros
de la expedición, terminamos haciendo la ruta argentina, yo quería
ir por la ruta chilena por toda la logística que implicaba ir por nuestro
país, pero finalmente fuimos por acá y hoy les agradezco porque
la aproximación fue una de las partes que más disfruté de
esta montaña.
Sentía que estaba en una expedición de las que se hacían
antes, de las que se leen en los libros. Hoy aproximas en camioneta hasta una
gran altura, en casi todas llegas al base en vehículo y eso es una gran
comodidad. En Catamarca suelo ir a aclimatar 4 o 5 días a Las Grutas, hacer
las clásicas: Falso Morocho, Morocho, Bertrand, ir al Paso San Francisco,
la Laguna Verde, bajar a Fiambala y de ahí en camioneta hasta el base.
Pero en esta montaña, la aclimatación y todo el ascenso comenzaba
muy lejos del base, era todo muy gradual. Caminamos 3 días alrededor de
40 km en total para llegar, cruzando 7 u 8 veces a caballo los ríos.
¿Y cómo fue estar en semejante aislamiento?
La primera noche en el campo base muy lejos de todo, estábamos acostados
en la carpa escuchando música y de golpe se movió el piso (literal)
un sismo, después nos enteramos que había sido en Potrerillos. Al
rato, escuchamos enfrente de nosotros un derrumbe y fueron unos minutos que nos
quedamos paralizados esperando ver como seguía todo. Debo reconocer que
me asuste un poco, para alguien que vive en la ciudad no es algo que nos pase
todos los días, por suerte después uno se olvida rápido y
siguió el resto de la expedición tranquila.
Arrancamos de lo de Don Rómulo y los 3 días primeros días
fuimos con los arrieros, algunas mulas y un par de caballos. La experiencia de
compartir campamento y las charlas al lado del fuego con ellos fue increíble.
A la vuelta les habíamos pedido que nos traigan carne y vino para festejar.
Llegaron y como no dijeron nada pensamos que se habían olvidado del encargo.
Nos pusimos a buscar a ver que nos quedaba para comer la última noche en
el Refugio Los Bayos. Nos escucharon y nos llaman para mostrarnos la carne, el
vino y el resto de las cosas que nos habían traído para el asado.
Fue una sorpresa después de dos semanas en la montaña y fue el mejor
asado que comí en mi vida.
Cuando recuerdo lo mejor de esta expedición cuento sobre estos días
y sobre todo lo compartido en la carpa con mis compañeros, superando día
a día el clima que fue bastante duro y cambiante, con una fuerte nevada
y muchos días de viento que también postergaron la previsión
original de cumbre. En definitiva, son esos momentos los que marcan el viaje mucho
más que una cumbre.
Bien, dos con pocos días de diferencia aprovechando la aclimatación
…
Si, y aprovechando esa aclimatación fui al Mercedario. Luego de las dos
semanas en el Tupungato de donde bajamos el domingo 12, festejos en Mendoza con
amigos por la cumbre y a salir al día siguiente para Barreal, el 14 estábamos
haciendo campamento en Piedras Coloradas.
El día planeado para la cumbre, una vez más no pudimos salir por
el viento. Estábamos en La Hoyada y yo pensaba otra vez me va a pasar lo
mismo en este lugar. El viento no paró en todo el día. No dormí
en toda la noche esperando a ver si las ráfagas de viento paraban.
Tenía en dos días pasaje para volver a Buenos Aires, a las 20 hs
salía mi avión y el lunes tenía que estar trabajando, no
teníamos más margen ni para esperar la ventana que sabíamos
era justo el día de mi viaje.
Finalmente no pudimos salir, al día siguiente a la madrugada nos levantamos
y todo seguía igual. Las horas pasaban y yo pensaba que por segunda vez
ni siquiera había podido salir a cumbre, quería por lo menos subir
un poco más. Con el correr de las horas las ráfagas se hicieron
menos frecuentes pero no paraban, igual a las 10:30 decidimos salir, por suerte
unos metros más arriba el viento fue un poco más leve y llegamos
a la cumbre 16:30 hs. Fue el 18 de febrero de este año.
Y finalmente llegamos al Llullaillaco (6739m) …
Exacto. Baje del Mercedario y ya quería volver a la montaña. Programando
la expedición, surgió la idea de Juan Pablo Barone de ir por la
ruta sur, en realidad nunca había hecho una ruta fuera de la normal más
que en el Ojos del Salado, pero subir por una pared sur, nunca.
Tenía ganas de mejorar mi nivel y animarme a más. Esta ruta no presentaba
un nivel técnico alto, así que decidimos subir por esta cara de
la montaña. Llegué el 28 de Abril a Salta y el 5 estábamos
haciendo cumbre. La última parte fue muy dura, sobre todo la parte mixta
que hay hasta el filo cumbrero.
Fue muy emocionante, no sólo por ser la última de las diez, sino
por todo lo que implicaba esta montaña y poder ver los santuarios incas
a unos metros de la cumbre.
Me enteré que había sido la primera mujer dos días después
cuando estaba llegando a Salta para volverme a Buenos Aires y tuve señal
en el celular. Allí, leí un mensaje de Guillermo Almaraz dándome
la noticia.
Fui con la idea de que ya lo habían logrado y fue una gran alegría
poder haber realizado no sólo mi objetivo personal, el que me había
propuesto en 2011, sino que fue aún mayor al saber que me convertía
en la primera mujer en hacerlo.
¿Cuándo surge la idea de este proyecto?
En realidad la idea del proyecto surge de casualidad, en Febrero de 2011, fui
por primera vez a Catamarca a intentar mi primer seismil. Allá conocí
a un montañista quien hoy se convirtió en un amigo, él estaba
haciendo el proyecto de las 10+6500, yo no tenía idea, ni que existían
tantas montañas de esas alturas en Argentina.
Venía de la escalada y no tenía mucho conocimiento de alta montaña.
Y ahí me lo propuse como un objetivo para hacer a lo largo de mi vida,
cómo un incentivo personal. Así fue cómo surgió y
se convirtió en parte de mi vida durante todos estos años, planificar
y entrenar todo el año esperando mis vacaciones, que fueron acomodándose
alrededor de estas montañas.
¿Cuál fue la más compleja?
Creo que todas tienen su complejidad, pero la más difícil fue el
Tres Cruces y ahora la sur del Llullaillaco también fue bastante dura ya
que toda la canaleta tiene bastante inclinación sumado al terreno mixto
que hay hasta el filo cumbrero.
Por lo que hablamos, tuviste que repetir alguna …
Si tuve que repetir tres. El Incahuasi, el Mercedario (Febrero 2013) y el Ojos
del Salado (cuyo primer intento lo hice por el lado chileno en Febrero de 2014).
Cada vez que tuve que bajar, renunciando a la cumbre, lo tomo como un gran aprendizaje
que me dio la montaña (quién en definitiva siempre tiene la última
palabra) y además, el compañerismo en la montaña, cuando
dejas atrás el propio ego por el bienestar del otro. Estas situaciones
me hicieron mejorar como montañista y como persona.
¿Por qué vía hiciste Aconcagua?
Aconcagua la hicimos por la ruta normal. Por suerte justo la ventana nos tocó
para la fecha que teníamos programada con meses de anterioridad.
Me gustaría poder volver y subir por otras rutas como Falso Polacos y mejorando
mi nivel técnico, alguna vez poder ir por el Glaciar de los Polacos.
¿Cuál es el futuro, tu próximo proyecto?
Quiero intentar el Huascarán y al Sajama. Y mi sueño es poder ir
a subir un ochomil. En noviembre de 2015 fui a Nepal a realizar el trekking al
campo base del Everest. Solo tenía dos semanas para ir, pero no quería
perder la oportunidad de a ver con mis propios ojos esas montañas. Fuimos
unos meses después del Terremoto, fueron meses previos de incertidumbre,
pero igual nos animamos a ir.
¿Y qué te dejó ese viaje?
Volví enamorada de la gente y la cultura que tiene ese país. Y con
más ganas que nunca de poder subir alguna montaña en esa zona. Me
encantaría poder hacer un ochomil y también me pareció increíble
el Ama Dablam (6812m), sé que es un viaje muy costoso pero no pierdo las
esperanzas y haré todo lo posible para lograrlo.
¿Qué sentís cuando estas en la montaña?
Siento que estoy haciendo lo que más me gusta en la vida y me siento
feliz. Las montañas son mi lugar en el mundo, donde me gusta soñar
en grande. Sacan lo mejor de mí en cuanto a la perseverancia y al logro
de objetivos.
Es donde mejor puedo sentir como la cabeza lo puede todo, donde poder probar
mi fortaleza mental y plantearme ese desafío en cada ascenso.
Bien. Una trayectoria más que destacable que no queríamos dejar
pasar. Carolina es licenciada en Ciencias de la Comunicación y cuenta
con una Maestría en Investigación de Mercados, Medios y Opinión.
Trabaja desde hace casi dieciocho años en la Industria Farmacéutica
en el área de Marketing y además realiza tareas free lance en
redes sociales para una empresa dedicada a productos de trail running y running.
Pero eso fuera de la montaña.
Y lo mencionamos, porque es interesante ver como intercala su actividad profesional
con su clarísimo amor por la montaña. Como mencionó en
su relato, se toma un vuelo o viaja horas en auto, escala, y al día siguiente
vuelve a Buenos Aires, ciudad donde reside actualmente, a continuar con su día
a día.
También suele correr ultramaratones, como una forma de poder estar mejor
entrenada para la montaña. El año pasado finalizó primera
en su categoría y tercera en la general en la carrera Yaboty cubriendo
por primera vez 75 kilómetros.
Esta es una de las grandes historias de argentinos y argentinas, como en este
caso, que hacen historia y que muchas veces no cuentan con la difusión
que realmente se merece. De allí que es necesario difundirlo y así
lo hacemos, a través de nuestro medio, para que se conozca, un poco más
allá de las fronteras de la montaña.
Todas las fotografìas Gentileza Carolina Mourazos
