Desde aquél 15 de mayo de 1995, cuando Tommy Heinrich comenzó a escribir
la Historia Argentina en la cumbre del Monte Everest, el gran coloso
del Himalaya fue tomando nota de todos y cada uno de aquellos montañistas nacionales
que se atrevieron a semejante desafío.
Aunque ciertamente, escalar una montaña no es desafiarla. Para nada. Es todo lo
contrario. Es ante todo pedirle permiso para permanecer en ella, en lo más alto,
donde vive su verdadero espíritu, tan solo unos minutos. Con respeto, con humildad
y preparados para recibir lo que tenga reservado para nosotros.
Esto que acabo de decir, no es ni más ni menos lo que podremos percibir en este
diálogo que hemos mantenido con nuestro invitado de hoy.
En lo que respecta a Facundo, el modo como trata a la montaña, nos da una idea
de la calidad de persona con la que nos toca interactuar.
Pero más allá de ello, quiero detenerme en algo que destaco de toda la entrevista.
Lo que me queda como concepto fundamental de esta escalada, de «su» Everest.
Aquí no estamos hablando de cualquier escalada. Estamos hablando del Monte Everest,
Chomolungma o Sagarmatha para los nativos (quienes tienen más
derecho que nosotros para bautizarlo), la montaña más alta del planeta.
Aquella que desveló durante años a los grandes conquistadores, que vivieron
mucho tiempo antes que el mismo Heinrich; que la buscaron y que dejaron
su vida en ella. Nombres como Hillary o Norgay por ejemplo. O
como Mallory o Irvine, los dos pioneros que dejaron una «espina
clavada« muy cerca de la cumbre y que seguramente nunca nadie
podrá «desclavar» (1).
Volviendo a ese concepto que mencioné, no es más ni menos que producto del propio
espíritu de la montaña, cuya influencia en la persona es directamente proporcional
a su tamaño, a su majestuosidad. Ese concepto es una cualidad que cada montaña
tiene y que provoca en el montañista que la escala un efecto quizás inesperado.
Ella, en algunos casos, nos da permiso para poder «tocar» su cumbre,
tan solo unos minutos. No a todos, solo a algunos. Pero cuando lo otorga, más
allá de la satisfacción que puede dejarle a la persona, le entrega a modo de
legado, algo que ésta no esperaba: el poder mirar en su interior, conocerse
de manera mucho más profunda, y encontrar la paz que quizás no pensaba que había
ido a buscar.
De esta forma, fíjense ustedes lo que el espíritu de esa montaña le ha entregado
como legado al propio espíritu de Facundo:
¿Cómo arranca el día de cumbre Facundo?
Es un día de 48 horas, non stop. Arrancas partiendo del Campo 2 a las
nueve de la mañana, para arribar al Campo 3 que está a 8300m, a eso de
las seis de la tarde.
Aquél día, apenas llegué, viene Tendi y me dice: «Toma, esta es tu comida».
Eran unos salamines que él mismo había hecho llevar desde Argentina.
Esa fue mi cena. Fue tremendamente especial.
En ese momento nos pusimos a hablar acerca de cómo saldría el día de cumbre,
debido a que mi ritmo es muy lento, distinto al de los demás. Él, con absoluta
sapiencia, me recomendó arrancar a las 21 mientras el resto lo haría tres horas
más tarde. Y me dijo que sería mi sombra, que iría conmigo. Tendi fue decisivo
en el progreso de mi ascenso durante toda la expedición.
En definitiva, fueron tres horas de descanso, desde las seis de la tarde en
que llegamos al C3 hasta las nueve de la noche -incluída la cena- en que partí
hacia la cumbre en compañía de Tendi.
Quiere decir que entonces, fuiste el primero en arrancar ….
Así es, a las nueve de la noche. Y finalmente, pude hacer cumbre con todos,
al mismo tiempo.
Y después de salir hacia la cumbre, ¿Cómo fue el tema
de la alimentación?
Después vas con una ración alegre, te, jugos, mucha hidratación. Lali Ulehla
había llevado una comida deshidratada para la altura, algo especial, realmente
impresionante. Es una comida que perfectamente podría comer ahora mismo para
irme corriendo hasta mi casa. Súper. Además como te dije mucha hidratación.
Así lo pude hacer.
«Todos tus afectos suben con vos a la cumbre.
Todas tus aventuras, todos tus fantasmas»
Vayamos un poco más arriba. ¿Qué sentiste cuando llegaste
a la cumbre?
Lo que pasa lo ves venir. A medida que vas acercándote a la cumbre, empieza
a aflorar el hecho que son muchos años de soñar con esa montaña, de mucha preparación.
Aparte yo venía con el peso adicional de lo sucedido en la expedición anterior.
Y menciono esto último porque fue con justicia el golpe que me pegó el Everest
en aquél entonces.
De esta forma, en un instante, yo ya me encontraba ahí, a un paso. Yo ya soy
padre de tres chicos, tengo mi esposa y ya hacían cuarenta y cinco días que
no los veía, y los extrañaba demasiado.
<*2*>
Entonces va apareciendo la idea de poder bajar y algún día contarles a ellos
acerca de una «aventura» que vivió su papá. Y me viene también el recuerdo
de mi esposa, que me dijo: «No te preocupes, que acá vamos a estar esperándote».
Eso es lo que empieza a aflorar cuando estás llegando.
¿Y después?
Y de repente sucede, cuando estoy llegando, algo que no pensé jamás que podía
sucederme. Me acordé por un instante, lo que dijo el Papa Francisco, en el momento
de su nombramiento: «Recen por mí». Pues bien, no bien piso la cumbre
caigo de rodillas, me persigno e inmediatamente empiezo a rezar: «Padre Nuestro
que estas en el Cielo …». Empecé a rezar por él. A rezar por el Papa. Y
lo hice porque.. Bueno, él lo había pedido.
<*3*>
Eso es lo que surgió. Yo soy católico porque me crié en esa religión. Pero para
mí ser católico, musulmán, judío o budista, es todo lo mismo. Se trata del mismo
Dios. Pero como a mí me enseñaron a rezar en cristiano lo hice de esa forma.
Igual hubiese sido en cualquier otra religión.
Le recé a ese Dios, que es el Dios de todos nosotros y le recé a este señor
que había pedido que recemos por él. Apenas terminé de rezar, me puse a llorar
como un chico. Pero lloraba de alegría. Porque solo yo sabía todo lo que venía
conmigo a esa cumbre. En ese momento está con vos toda tu historia. Es inevitable.
Y pensé en mi historia. En cada uno de esos pasos tan cortitos.
Una vez, volviendo
de Fundaleu a casa (eran dos cuadras) yo venía caminando muy muy despacio. Mi
vieja de un lado y mi viejo del otro. Yo venía colgado de ellos, la Dra. Isolda
Fernández acababa de hacerme una linfografía. Así que tenía esos cortes en los
pies. Yo quería volver a casa. Y ahí íbamos, pan-queso, pan-queso.
Desde la cumbre la llamé a Alexia Keglevich, de Assist
Card. Ella coordinaba todo desde Buenos Aires, de hecho, mi presencia
en Everest 2016 es gracias a ella y a su compañía, AssistCard.
Y le dije que le dijera a Mi vieja: «¡Mamá! Dedicado a esos Padres haciendo
pan-queso pan-queso durante dos eternas cuadras, acompañando a su cachorro».
<*4*>
Por eso, todos tus afectos suben con vos a la cumbre. Todas
tus aventuras, todos tus «fantasmas», todas tus bendiciones, todas tus
miserias. Y todas ellas se sientan a conversar entre sí.
Y en ese momento te das cuenta que son amigas entre ellas, aunque piensen diferente,
vale decir que mis miserias y mis virtudes pueden «tomar mate» entre
ellas. Todo eso me dio mucha alegría, y me dio la fuerza para bajar con ganas
de vivir otros cuarenta años.
¿Y tus compañeros de expedición, que podes decir de ellos?
Sobre mis compañeros de expedición, les debo la expedición entera, pues durante
esos dos largos meses de convivencia forzada, salen a la luz todas las buenas
y malas cosas de la gente. ¡Ellos fueron tan extraordinarios!
<*5*>
Todas las cosas se nos dieron bien. Todos teníamos ganas inmensas de que todo
fuera como un gran precioso sueño. ¡Y así fue!
Estoy muy agradecido a cada uno de ellos. Con Uli (Ulises Corvalán),
con Lali (Maria Alejandra Ulhela), con Juan (Juan Manuel Boselli),
con Aldo (Aldo Valencia), con Liz Rose.
Todos ellos fueron y son familia para siempre.
Y nuestros compañeros Sherpas y Tibetanos. No hay en el mundo idioma o palabras
que alcancen para brindarles el agradecimiento suficiente por la entrega, la
pasión, la humildad y la fuerza. La generosidad. La valentía. Me acompañan cada
uno de esos rostros y sonrisas para siempre. ¡Los saludo a través de Alpinismonline!
<*6*>
Sobre todo, me dio mucha alegría ver que llegaron todos. Era la primera vez
que Tendí sherpa llevaba a toda una campaña, que estaba como jefe de una expedición.
Puso ese día a dieciocho escaladores entre guías y clientes, y los bajó a todos
a salvo, sin un dedo congelado siquiera. Miren ustedes el caso de Aldo
(el mexicano Aldo Valencia), fue realmente un lujo que estuviese con nosotros,
porque Aldo empezó a escalarlo sin oxígeno, y cuando vio que podía peligrar
su expedición, a más de 8500 msnm. dijo «denme el oxígeno, voy con ustedes,
no me voy a perder sus caras en la cumbre».Increíble. Inenarrable.
Y una mencion muy especial para la Dra. Verónica Rainone,
que fue parte de la expedición y la unica medica en todo el Campo Base Avanzado,
que atendió a todo el mundo, incluso le salvó la vida a un americano que se
había edemado, que fue bajado por Adrian Ballinger y Cory Richards, y que realmente
estaba muy muy mal. Ella, atendió a todos, sherpas e integrantes de otros equipos,
sin cargo.
Ese día llegaron también dos chicas. La ecuatoriana Carla
Perez y la estadounidense Melissa Arnold. Recuerdo que entonces publicamos una
nota destacando su logro, ya que ambas
hicieron la cumbre sin oxígeno suplementario. ¿Estuviste con ellas?
¡Si lo recuerdo! Carla Perez iba con el marido, ella escaló sin oxígeno.
Estuve con ellos. Me la crucé bajando entre el intermedio y el campo base. Yo
me senté a hacer mi ración alegre y ella llegó. Me dijo entonces que ella debía
llegar al campo base sola. Compartimos ración y al rato llegó su marido y desde
allí seguimos los tres hasta el CB.
«Y es inolvidable el amanecer, alla cerca de la cumbre
… «
¿Qué otra cosa destacas que te haya impresionado ese
día?
<*7*>
Pude ver muchas cosas. Lo vi en un momento a Kari Kobler (2) pasándome
como una locomotora, echando humo, su propio vapor, fuerte, firme. Como te dije
antes, yo fui el primero en salir hacia la cumbre y uno de los últimos en llegar,
porque llevaba mi propio ritmo.
Yo soy así, voy despacito. Y Kobler fue uno de los que me pasó, pero
de una forma contundente. Muy fuerte. Yo iba muy concentrado, además tuve tiempo
de parar en la gran fila que se arma abajo del segundo escalón, allí estuvimos
parados cerca de una hora que se hace eterna por el frío. Tendi me recordaba
todo el tiempo que moviera mis piernas en el lugar para no congelarnos.
«Cualquier ráfaga es un flechazo que te arranca
de la montaña cuando quiere«
Y es inolvidable el amanecer, allá cerca de la cumbre, y la luna llena que nos
acompañó toda la noche.. inolvidable. El ruido de la respiración en la máscara,
el ruido de los grampones y la piqueta sobre el hielo.. el ruido de los mosquetones
contra los anclajes y entre sí.. El calor del pecho contrastando con la nariz
y las extremidades al borde de la congelación.
¿Por qué eligieron acceder por el collado norte?
Mira, íbamos por el norte por Tendí, el guiaba en ese lado de la montaña, por
China. Me entusiasmó la idea porque no conocía el Tibet, entonces era una buena
oportunidad. Además ya había ido por el Nepal, solo me faltaba escalarla, pero
ya conocía todo y me sedujo mucho ir con Tendí, con Ulises Corvalán que
es mi hermano, con Lali Ulehla, que es la primera argentina que está
haciendo las siete cumbres, con Juan Manuel Boselli. Si no hubiese ido
con Tendí no lo podría haber hecho. Solo no. Nosotros contratamos la expedición
de Tendí. Como te dije antes, puso dieciocho personas en la cumbre y los bajo
a todos sin ningún rasguño. Sin un dedo congelado.
<*8*>
Tendi viene habitualmente al Aconcagua ¿No?
Si, viene con Fernando Grajales. En la expedición anterior estábamos
con Fernando Grajales y Tendí estaba allí con él. Ahora montó su propia empresa
y está como guía de expediciones. Ahora, en este momento está allá, creo que
está guiando con Mountain Madness (3) por el sur.
Volviendo un instante al tema de la cumbre. Allá arriba, ¿Te sacaste la máscara
de oxígeno en algún momento?
Sí, me la saque para mandarle el beso a mi familia. Además fue muy lindo poder
mandarle un beso a mi papa y a mi mama.
¿Y el aire?
No hay aire. No podes, hay un 30% del oxígeno.
¿Cómo hacen esos monstruos entonces para ir sin Oxígeno embotellado?
Una cosa es bucear y otra es hacer apnea. Ellos hacen apnea. Son como astronautas.
Los vi, van como si estuvieran en trance. Les tengo un gran respeto. Es una
cosa muy loca verlos. Y vos les das agua, les das paso, les das respeto. Ves
que vienen y te haces a un lado para dejarlos pasar. Eso es respeto. Estas ahí
para eso. Probablemente con el tiempo, todo eso les cuesta carísimo. Se exponen
mucho.
<*9*>
¿Tuvieron problemas con los chinos? Sabemos que son extremadamente exigentes
en el cumplimiento del protocolo …
No, pero tuvimos todo el tiempo un oficial de enlace chino, el señor Yang,
que con nosotros se comportó maravillosamente, fue muy amable. Eso sí, no se
te ocurra hacer nada fuera del libro, porque era «cortita, cortita, la bocha».
Si haces algo que no está contemplado, te van a echar, a vos y a toda tu expedición,
y no hay medias tintas, te vas y te vas. Y no es, «espera, charlemos» ….
No. Te vas, y la próxima vez esposado.
«La vida tiene guardada cartas para enseñarnos
respeto, humildad, dignidad, delicadeza, solidaridad«
¿Tuviste miedo?
No, respeto sí, todo el tiempo. Humildad por sobre todo. Con la humildad siempre
se llega a buen puerto.
¿Estuvo complicado en algún momento, me refiero al
peligro, lo sentiste ahí?
El peligro está todo el tiempo, estas caminando por un lugar, sostenido por
una línea de seguridad que es una soga, tenes abismo de un lado y del otro,
y cualquier ráfaga es un flechazo que te arranca de la montaña cuando quiere.
<*10*>
Vos no sos el dueño ahí, vas pidiendo permiso constantemente. Hay que pedir
mucho permiso. Por ello, fue bueno que me pasara aquello del 2012. En un momento
pensas, ¿Cuantas ganas tenes de volver? ¿Realmente queres volver? Si, ¡Realmente
queres volver!
Vale decir, como vos decis, si no sucedía aquello en
2012 y la cosa venia fácil, capaz que no le tenías el respeto que tenías que
tenerle …
O capaz que no aprendía nada. Aquello fue aprendizaje. El respeto tarde o temprano
sale. La vida tiene guardadas cartas para enseñarnos respeto, humildad, dignidad,
delicadeza, solidaridad.
¿Cómo es la gente de Nepal?
En Nepal existen 102 etnias. Nosotros tuvimos el gusto de conocer a los sherpas,
que es una de las etnias, que viven en la altura, que son la cosa más solidaria
y noble que te puedas imaginar. Para subir son durísimos, los vi subir hasta
los 8300 mts. sin oxígeno. Viven en otra frecuencia distinta a nosotros.
<*11*>
¿Tenes pensado volver por allá?
Quiero hacer el trekking al campo base, quiero ir con Maria, mi mujer,
y llevarla allí nuevamente, donde me casé con ella.
¿Cómo es eso, te casaste allí?
Si, fue en la expedición de 2012. Después del rescate, cuando ya había bajado,
le pedí permiso a los médicos para poder llegar hasta Tengboche (4).
Iba con esa idea. Hay allí un monasterio budista. Allí viven monjes, que están
toda su vida al servicio de su religión. Le consulté a un monje acerca de la
posibilidad de casarnos, habida cuenta que estábamos hablando del mismo Dios.
Y así fue, le propuse matrimonio a Maria y nos casamos en Tengboche.
Ahora, para ir finalizando, vayamos un ratito al Aconcagua,
nuestra montaña. ¿Cómo fueron tus experiencias allí?
Al Aconcagua fui tres veces, en 2003 con Emilio Pizarro, en 2010 con
Ulises Corvalán y 2016 con Toni Ceppi, con quien también fui al
Everest en 2012. En aquella oportunidad él fue al Lhotse, sin
oxígeno. Toni puede hacer el Everest sin oxígeno en cualquier momento.
En 2012, antes del Everest hicimos un documental que iba a tener cuatro emisiones,
pero yo me enfermé antes. Por ello, le voy a estar agradecido toda la vida a
Tomás Yankelevich de Telefé, que me respaldó y me dijo: «Andá
y hacé el documental». Yo le dije que no podía prometerle cumbre. De todas
formas confiaron en mí diciéndome: «Anda igual». Y Betancourt
que iba como documentalista en 2012, que se bajó conmigo para ponerme a salvo
y después volvió con la bandera de Donar Sangre, se subió a la cumbre
y se filmó todo. Esas cosas me dio la montaña.
¿Vas a seguir con la montaña en el futuro?
En realidad no sé bien. Sucede que lo que tenía para resolver conmigo, ya lo
hice. Y es todo lo que acabo de contarte. El hecho que mis miserias y virtudes
puedan convivir, eso es algo resuelto. Es un logro. Ni mis miserias se impresionan
de lo virtuosas de mis virtudes, ni mis virtudes se impresionan de lo malo de
mis miserias, entonces, eso significa que estamos bien.
<*12*>
Fui un chico atacado por un cancer. Y ese chico en el tiempo pudo llevar su
alma hasta la cumbre del Monte Everest. Mi alma es buena entendedora. No necesita
muchas palabras. Pero creo que a mi alma le gusta vivir la vida con todo el
corazón.
Muchas gracias Facundo por este maravilloso testimonio.
Ahora bien, para finalizar, y volviendo a lo que dijimos al comienzo,
antes de la entrevista. ¿Pudieron ustedes comprender lo que le ha dejado como
legado esta montaña? ¿Qué es lo que provocó y dejó sellado a fuego en su propio
espíritu el simple (y tan complejo) hecho de tocar por unos minutos su cumbre?
Eso es el montañismo.
La parte de toda su esencia que habitualmente no se ve. Pues bien, aquí tenemos
un ejemplo clarísimo, que quizás pueda servir a alguno de ustedes para tomar
la iniciativa y ver que podría suceder con vuestro espíritu, en caso de intentarlo.
Referencias
(1) El
gran secreto del Monte Everest
(Alpinismonline, 2014)
(2) Kari Kobler, alpinista suizo, propietario de Kobler & Partner
(3) Mountain Madness, operador de expediciones estadounidense.
(4) Tengboche es una aldea en el Khumbu, en el noreste de Nepal, situada a 3.867
metros. En el pueblo hay un importante monasterio budista, el monasterio de
Tengboche, el más grande de la región de Khumbu. (Fuente Wikipedia)
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