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El Nanga Parbat, el noveno ochomil, es sin
lugar a dudas desde hace ya varias décadas, la materia pendiente
para cualquier alpinista en época invernal. Los polacos, por ejemplo,
se desviven año tras año por el Nanga Parbat. Es un macizo,
de mas de veinticinco kilómetros de base, que emerge solitario
en uno de los extremos septentrionales de la cordillera del Karakoram.
En ésta época, como así
también en la temporada de verano, alla por junio y julio, los
alrededores del Nanga Parbat reciben a los montañistas de todo
el mundo que van a intentar doblegar a la "montaña asesina".
En definitiva, ella no es asesina, simplemente está allí
para defender lo suyo, son precisamente esos montañistas los que
siempre terminan sucumbiendo ante semejante belleza.
Ahora bien, hay un pueblo, un pueblo de esos
paradisíacos, si se quiere, ubicado en una de las faldas del Nanga
Parbat. Un pueblo lejendario, de muy difícil acceso, que deslumbra
visto a la distancia. Imagínense lo que puede ser vivirlo en cuerpo
presente. Vale la pena el esfuerzo de llegar hasta alli.
Ubicado en el alto valle del Raikot en el
Karakoram paquistaní, no es difícil adivinar por qué
este exuberante pueblo de alta montaña, al pie de un pico nevado
majestuoso fue nombrado Fairy meadows (prados de hadas).
Conocido como "Joot" entre la población
local, el lugar recibió el nombre Märchenwiese por los montañeros
alemanes que sin duda quedaron asombrados cuando por primera vez vislumbraron
este idílico paisaje. A 3.300 metros (10.826 pies) sobre el nivel
del mar, la amplia pradera de césped rodeada por un denso bosque
alpino es alimentado por las aguas de un glaciar que nace en el Nanga
Parbat, la novena montaña más alta del mundo (y la segunda
más alta de Pakistán, después del K2) que se eleva
sobre Fairy Meadows desde el sur. Un entorno mágico de hecho -que
se hace aún más maravilloso por el peligroso camino hay
que tomar para llegar hasta alli.
Sólo hay un camino hacia Fairy Meadows,
y no es precisamente una fácil carretera de montaña; en
2013, la Organización Mundial de la Salud la clasificó como
la segunda más peligrosa del planeta. La estrecha carretera que
normalmente sufre de manera constante un fuerte viento, está abierta
exclusivamente a los lugareños que transportan a los visitantes
desde el puente Raikhot a la aldea de Tato, hasta un máximo de
seis personas por Jeep a la vez. Una vez arribados a Tato, todavía
falta una caminata de tres a cuatro horas antes de poder disfrutar de
la esplendor oculto de Fairy Meadows. Pero una vez que estás allí,
la cosa cambia. Ya no querrás irte, principalmente por lo que te
ha de esperar en el camino de regreso.
Los visitantes de Fairy Meadows pueden encontrar
alojamiento en pequeñas cabañas en el lugar o campings habilitados
(el gobierno paquistaní declaró la ubicación de un
Parque Nacional en 1995). El sitio sirve como un punto de partida para
los escaladores de la cara norte del Nanga Parbat.
Los dejo, con estas imágenes de Fairy
Meadows y su joya mas preciada en alta definición: el Nanga Parbat.

El macizo del Nanga Parbat visto desde
Fairy Meadows

La vertiente del Diamir del Nanga Parbat
visto desde las proximidades de Fairy Meadows

Cara sudeste del Nanga Parbat vista con
teleobjetivo desde Fairy Meadows

Rama village con el Nanga Parbat al fondo

Paisaje nocturno en Fairy Meadows

Paisaje nocturno en Fairy Meadows

Paisaje invernal en el Naltar Lake

El macizo del Nanga Parbat visto desde
Fairy Meadows

Vista de la cumbre principal del Nanga Parbat en alta definición
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