El 3 de febrero de 1959, dos alpinistas de clase mundial de aquél entonces,
los italianos Cesare Maestri y Toni Egger relizaron un intento de alcanzar
la cumbre del Cerro Torre. La cumbre lograda -tal lo informado por Maestri-
quedó bajo un manto de duda, debido a que Egger fallecío en el descenso y en
su caída se habría llevado la prueba irrefutable de cumbre en su cámara fotográfica.
A pesar que Maestri explicó como habían logrado el objetivo, la comunidad de
escaladores, tanto de Italia, como del resto del mundo lo puso en duda, debido
a la falta de pruebas.
«Estoy cansado, abatido y deprimido. Estoy aquí,
sentado en nuestra casa de piedra cerca de la pila de clavos y los soportes.
Por encima de este material, tiré mi martillo. Es un gran martillo, sólido,
hecho de madera, hierro y cáñamo, con una tira desgastada de cáñamo que se
utiliza para atarlo en el pecho. Para mí, esta herramienta es el fusil del
soldado, el bisturí del cirujano, minero dinamita. Con ella le gané uñas hasta
la exasperación, los que se plantó después de horas de búsqueda.»
Maestri regresó para escalar de nuevo Cerro Torre en 1970, junto con Ezio
Alimonta, Daniele Angeli, Claudio Baldessarri, Carlo Claus y Pietro Vidi,
intentando una nueva ruta en la cara sudeste.
Pero la vedette de esta cordada no fue precisamente Maestri y su equipo, sino
el compresor a gasolina que utilizó para equipar más de 350 metros de cuerda,
que le sirvió para instalar clavos de expansión en la roca viva.
Esto le posibilitó llegar al final de la zona rocosa, justo por debajo del
llamado «champigñon de hielo» (debido a su forma), dando por conseguida la cumbre
de esta montaña tan compleja, considerada por muchos una de las más difíciles
de acceder.
Para Maestri, el «champignon» no forma parte de la cumbre.
«Es sólo un trozo de hielo,
no es realmente parte de la montaña, se volará uno de estos días.»
En su descenso, dejó abandonado el compresor, de 180 kg, cien metros por debajo
de la cresta de hielo somital.
Aquí comenzaban las controversias que incluso persisten hasta nuestros días.
Para muchos esta escalada causó una «profanación del cerro» y todavía causa
una gran controversia en los círculos de montaña por ser el primer ascenso en
que se utilizó un taladro compresor con el que colocaron un total de 360 clavos
de presión que se perforaron en la roca, además en muchos lugares esta ruta
no se sigue la línea natural.
Hay dos aspectos a considerar en la labor de Maestri en el Cerro Torre. Por
un lado tenemos la escalada de 1959 junto a Toni Egger. Eso constituye otro
capítulo, del cual también se ha tejido y teje muchas opiniones y análisis de
expertos en el tema, muchos del lado de Maestri, confirmando su logro y otros
tantos defenestrando sus dichos.
Por otro lado, el tema del famoso compresor. ¿Existen dudas en ese sentido
respecto a la «poco convencional» por así decirlo, de la metodología utilizada
para lograr el fin propuesto?
Maestri sabia muy bien que en la subida habrían sido necesarios los clavos
a presión, es decir aquellos clavos que no se meten en las fisuras naturales
sino que requieren efectuar una perforación hecha expresamente en la roca compacta.
Para realizar esta operación manualmente, se necesita tiempo y esfuerzo. Al
menos son necesarios quince minutos para cada perforación.
La utilización de una herramienta que facilite esa tarea, reduciría ampliamente
esos tiempos, sobre todo teniendo en cuenta el factor importante que el tiempo
constituye bajo ese clima tan adverso.
«Debo hallar una máquina que me permita perforar
la pared más velozmente; podría ser un perforador a aire comprimido. Procuro
perforar un bloque de granito. La punta entra como un dedo en la manteca.
Expele el aire automáticamente. Hace un agujero redondo, bello, sin rebabas.
Sin más, es mi máquina. Tiene solamente un pequeño defecto: bastidor, motor
y compresor pesan setenta kilos. Agregando dos pistolas perforadoras, las
piezas de recambio, los tubos para el aire, la gasolina y el cabrestante para
levantar el conjunto la cuenta se hace pronto: ciento cincuenta – ciento ochenta
kilos»
El 2 de diciembre de 1970, Cesare Maestri y dos de sus compañeros de cordada,
alcanzan la cumbre del Cerro Torre, o mejor dicho, lo que para ellos era la
cumbre. En el descenso, Maestri quiebra algunos clavos a presión y deja abandonado
el compresor de 180 kilos en la pared de la montaña.
«Abandonamos la cumbre enseguida.
Teníamos que enfrentamos con un descenso peligroso, todavía más insidioso, si
cabe, por la energía negativa que se suele apoderar de los alpinistas al haber
conquistado una cumbre. Nos esperaban unos sesenta largos de cuerda, de rápeles
llenos de imprevistos y de incógnitas, con la circunstancia agravante del mal
tiempo. El primero en alejarse de la cumbre fue Carlo, le siguió Ezio y yo fui
el último. Una vez más no había felicidad en mí, sino sólo un profundo odio
hacia la montaña que, por segunda vez, tenía bajo los pies. Era estúpido odiar
una montaña. Y entonces me odié a mí mismo. Odié mi egoísmo. Mi afán de protagonismo.
Odié mi odio y mi irracionalidad. Y henchido de tales sentimientos, horribles
cuanto se quisiera, abandoné la cumbre que, en cambio, hubiera debido llenarme
de alegría y de orgullo.
En el momento en que estábamos empezando el descenso
nos llegó por radio la noticia de que en la zona había una expedición española
que parecía querer repetir nuestra vía. Los alpinistas que la componían formaban
parte de aquel grupo de «campeones» que, tras haber sido rechazados por el Torre,
se habían permitido poner en duda mi ascensión de 1959. Y en pocos segundos
todo mi odio se transformó en venganza. Eliminaría por completo los seguros
de toda la ascensión. ¿Querían repetir nuestra vía? Pues bien, tendrían que
equipada de nuevo. A costa incluso de jugarme el pellejo, no les dejaría ninguna
posibilidad de usar mis clavos.
Descendiendo en último lugar y sin poner en peligro
a los demás, disminuiría la velocidad de mis rápeles para poder bajar destrozando
todos los buriles haciendo tabla rasa de mi paso por allí. y así lo hice. Llegado
a la pared de roca rompí unos veinte buriles dándoles unos rabiosos martillazos
de forma que obturasen definitivamente los agujeros. En cuanto llegué al compresor
lo dejé inservible, rompiendo a martillazos el carburador, la bujía, el magneto
y la puesta en marcha. Habría sido más fácil echado abajo, pero decidimos dejado
allí donde estaba para que constituyese un testigo mudo de nuestro camino.
Mis compañeros, contagiados con mi rabia, echaban
al vacío todo lo que se les ponía al alcance de la mano, al tiempo que yo, con
mucha atención, iba eliminando todo lo que pudiera facilitar la tarea a futuros
repetidores. En tan absurdo trabajo de «limpieza» puse en peligro mi vida varias
veces. Mis compañeros, dándose cuenta de lo alterado que estaba, intentaron
hacerme razonar para que me diera cuenta de que mi conducta les hacía correr
riesgos que podían terminar con la vida de todos. Interrumpí pues el trabajo
de romper los seguros, pero mientras descendía iba cortando las cuerdas fijas
y las iba echando al vacío.
El tiempo estaba empeorando por momentos. De golpe,
cambió la dirección del viento y empezó a soplar del sur, regalándonos el frío
helado de la Antártida, que convirtió la pared en un muro de cristal. Un enorme
bloque de hielo, que acababa de desprenderse de la cima, me embistió con tan
mala suerte que se llevó por delante los crampones que me estaba poniendo..Abatidos
por el cansancio, corriendo más de una vez el riesgo de estrellamos contra el
suelo, seguimos descendiendo por aquella pared, que en pocos instantes se había
transformado en una pista de patinaje mortal»
Los periódicos italianos han seguido día por día la evolución de la subida
y han hecho partícipes a millones de personas de un acontecimiento que sus crónicas
han tornado un poco semejante a una conquista espacial.
¿Como calificar este expedición de Maestri? Ya de por si, sin llegar a emitir
ningún tipo de opinión personal -eso se lo dejo a cada uno de ustedes- vamos
a decir ciertamente que Cesare Maestri ha sido en todos sus aspectos una «astilla»
en toda la historia de conquista del Cerro Torre.
Tanto la primera expedición de 1959, que no hemos tratado tan en profundidad
en este artículo, como la de 1970, han gozado ampliamente de una enorme cuota
de cuestionamiento.
Existen muchos casos en que a los montañistas se les requieren distintos tipos
de «prueba» para demostrar fehacientemente sus logros. A otro no. Para ellos
no es necesario. Al menos es lo que está establecido tácitamente, independientemente
si debiera o no ser asi.
Creo que en el caso específico de Maestri son ampliamente necesarias estas
pruebas. Pero no porque se dude o no de los dichos de su primer intento. Sino
por los métodos utilizados en el segundo.
En su afán por demostrar que su cordada de 1959 había sido exitosa, Cesare
Maestri empleó todos los métodos a su alcance -válidos o no- para lograr el
objetivo en 1970, sin ningún tipo de dudas. Pero estos métodos, no hicieron
otra cosa que sembrar más duda, llevando al extremo de recordarlo en toda su
trayectoria por el «compresor» y dilapidando de esta manera, cualquier otro
tipo de accionar en la montaña, que indudablemente lo hubiese colocado en uno
de los lugares más destacados en la historia de conquistas del alpinismo mundial.
