Foto de portada: Tamara Lunger y Alex Gavan, dos de los fuertes escaladores que intentarán esta tan particular invernal al K2. (Foto Alex Gavan)
Nunca me imaginé tener que presenciar seis expediciones a la montaña más compleja del mundo en invierno, a veces creo estar viviendo un sueño. Es más, no estoy muy seguro por ahora, si no se me ha caído alguna otra por allí, y no la contabilicé, o si bien, en las próximas horas aparezca una nueva, y nos hayamos quedado cortos en el registro.
Es que lo último que nos hubiésemos imaginado -permítanme escribirlo en plural- es encontrarnos con mas de setenta personas, entre escaladores y personal de apoyo, en un campo base que, en invierno, no admitiría mas que diez o quince, y todos ellos fuertemente capacitados para semejante empresa.
Pienso que este escenario que se ha planteado en este año como consecuencia de la pandemia del covid, es un hecho muy particular que ha llevado a algunas personas, en todos los ámbitos, a tomar decisiones que rozan con lo estrafalario.
Y la montaña no está exenta de ello. Lo que lamentablemente ha sucedido, es que se alinearon los planetas en el momento y lugar menos indicado. Lo traduzco.
Como dije en una crónica anterior, cuando todo esto empezó, hacia fines de Octubre, se vinieron sucediendo algunas situaciones que inexorablemente desembocaron en el K2 invernal. Primeramente, se canceló la temporada completa de Himalaya 2020. Luego, cuando se pensaba que quizás Karakoram abría, finalmente Karakoram no abrió. El post monzón pasó a ser el gran objetivo, pero de la misma forma, el post monzón, pasó, sin pena ni gloria.
En ese mismo momento, algunos intentos a montañas menores a ocho mil metros de Nepal, pudieron llevarse a cabo, mientras la apertura empezaba a mostrar sus primeros indicios.
¿Pero qué sucedió? Sucedió que todo el conglomerado de escaladores se encontró en un escenario donde ya había concluido todo en el Himalaya, por el presente año, y el ansia y sed de montaña, fue tan pero tan grande, que muchos no pudieron escapar a la tentación. Y digo muchos, de los más experimentados por supuesto, aunque en la nómina podamos encontrar a alguno que otro desconocido, no seré yo quien vaya a objetar la capacidad de cada escalador, no esperen eso. Pero sí voy a recalcar las condiciones de lo que a mi humilde entender, considero que pueden estar a la vanguardia de las posibilidades.
Y voy a ser muy claro y contundente en este sentido, aunque no guste lo que diga. Voy a poner al tope de la nómina a aquellos que ya han estado allí, que ya lo han intentado, y que ahora regresan con un poquito más de experiencia en el objetivo.
De la misma forma, voy a poner en un segundo orden a aquellos que han participado en otras invernales, o que tienen un fuerte antecedente en ochomiles, sin que hayan estado en esta invernal específica.
Tenemos entonces en un primer orden a los sherpas, y el equipo de Mingma G., a Tamara Lunger, que capítulo aparte, huyó despavorida hace algunas semanas cuando se la incluyó en la nómina del equipo de Seven Summits Treks, y ahora la encontramos envuelta en esta particular aventura, junto a Alex Gavan. Y finalmente a Nirmal Purja, por lo fuerte que es, por su experiencia, aunque falto de invierno.
Después tenemos a fuertes escaladores, que van a intentar su primera experiencia en invierno, eligiendo a la peor de las montañas para tomar esa experiencia, en la temporada más inaccesible.
Del equipo de Seven Summits Treks y su gran atrevimiento, no voy a emitir demasiada opinión, ya que lo hice en la nota de Octubre pasado. Solo una breve mención un poco más adelante.
Pero todas estas expediciones y escaladores, calificados o no tanto, convergen en un mismo punto: la ruta del espolón de los Abruzzos. La más accesible, de la montaña más letal de todos los ochomiles, que en distintos tramos, no tiene espacio ni para dos personas al mismo tiempo. A ver, aquí no van a poder hacer uso de esa maravillosa licencia que les otorga el monte Everest en temporada alta, de poder hacer largas filas esperando el paso. De ninguna manera, con vientos de hasta 200 km por hora, allá arriba, tal como lo manifestó hace algunas horas el propio John Snorri, eso es prácticamente imposible.
Eso en el mejor de los escenarios, que sería que el K2 les otorgara una mínima ventana de buen tiempo, cosa que es poco probable.
Volvamos un instante a Snorri. Vean lo que dijo hoy: «Hoy está soleado,-11 Celsius y se siente como una ola de calor, muy bien. Pero el clima sigue siendo duro en la montaña, así que estamos esperando. Actualización del tiempo. 200 km por hora en la cima de K2 en los próximos días y un gran día para cumbre el 28, pero para entonces no estamos listos.»
Respeto mucho lo que hace y piensa hacer Snorri, pero sinceramente hablar del K2 invernal como si estuviera haciéndolo en plena temporada de verano, es, a mi humilde entender, no tener muy en claro la situación en la que se encuentra, cuando históricamente ninguna expedición, a lo largo de los años, y dotada de fortísimos representantes, ha logrado superar los ocho mil metros. Snorri habla de una ventana para el 28 pero dice que no estarán listos, ya que solo equiparon hasta el C1, o quizás un poco más.
Esta frase me ha llenado de preocupación, y me hace pensar que muchos escaladores, quizás, vayan al K2 invernal como si fueran a una expedición tradicional a un ocho mil, sin llegar plenamente a tomar conciencia del enorme problema que acaban de comprar, cuando es muy probable que por allí arriba no se encuentren con temperaturas menores a los cincuenta bajo cero.
Otra situación muy particular la conforman las expediciones comerciales. No me voy a explayar mucho en esto. Muchos de los protagonistas han manifestado que no se tratan de expediciones comerciales. Pues bien, a ellos les tengo malas noticias. Seven Summits treks, Jasmine tours, Rupal expeditions, Bleu sky treks and tours, Lela Peaks, tal vez se me escape alguna otra, son empresas comerciales. Llevan clientes al K2. Concluyentemente, son expediciones comerciales, que, al no tener actividad en sus temporadas habituales, se lanzan al K2 invernal. En la historia de las expediciones comerciales, nadie se animó a tanto.
La excepción quizás sea Imagine treks expeditions, ya que sus propietarios, van al K2 invernal sin clientes, como escaladores. Y precisamente Mingma Gyalje, uno de los integrantes, quizás sea quien esté en el punto más alto de la nómina de aspirantes, sin que ello signifique que tenga posibilidades de lograrlo, ya que tal como lo manifesté en la nota de octubre, como resultado de un estudio realizado por el meteorólogo polaco de la última expedición invernal al K2, debido a aspectos meteorológicos y geográficos, es muy probable que aún no haya nacido la persona que logre conquistar el K2 en invierno.
Y por último tenemos a Pakistán. Ese país que tiene las montañas más altas del mundo, junto con Nepal, y quizás las mas bellas. Pakistán tiene también otras cualidades en lo que al aspecto permisivo se refiere, y a la hora en que aparecen los incidentes, salen inmediatamente a la luz sus propias falencias.
Cuando el mundo ha cerrado, no por capricho, sino por un hecho en particular que se está desarrollando a nivel global, muchas actividades, entre ellas la de la montaña, muchos escaladores anteponen sus deseos personales, sus ansias de desplegar esa tan preciada libertad que todos tenemos, a la propia seguridad.
En este sentido, en mi país, la República Argentina, se ha suscitado una situación particular que voy a traer ahora a la escena para el simple hecho de poder comparar. Hace algunas semanas, el gobierno de la provincia de Mendoza, estableció ciertas reglas, que no vamos a discutir ahora, para la montaña más alta de América: el cerro Aconcagua. Muchos, por no decir la gran mayoría de los montañistas argentinos, con razón, o sin razón objetaron esas decisiones, tardías como siempre, eso es bien cierto, pero que fueron impuestas con el único objetivo de poder tener un control de la situación, para la seguridad de cada escalador, en medio de un evento mundial como estamos viviendo con esta pandemia. Lo que dispuso el Gobierno de Mendoza va acorde a sus posibilidades en el sentido de poder asistir a los montañistas. No veo nada de esto en Pakistán. Y no me sorprende para nada.
Destaco entonces, aunque no tenga mucho que ver con este tema, la actitud de nuestro gobierno de Mendoza, y me pregunto si existe algún tipo de contingencia en Pakistán, si, por ejemplo, algún hecho relacionado con la pandemia se desatara en el campo base a cinco mil metros de altura. Esperemos que nunca suceda.
Si, lo sabemos. Si hay dinero, y el escalador tiene asegurado su rescate, todo bárbaro, siempre y cuando no esté muy alto. El monto del dinero que deberá pagar su familia es directamente proporcional a la altura en que se encuentre. No lo inventé yo, remítanse a la historia.
Tenemos entonces, para ir finalizando, un caldo de cultivo muy denso. Una bomba de tiempo que solo falta que se arme. Un escenario por demás descabellado que toca a la segunda montaña más alta del mundo, donde el hacinamiento y la masividad ha dado cuenta definitivamente en la temporada menos propicia.
No se que pensar. Solo, sinceramente, desearía que todo esto fuese un sueño. Que solo estuviesen allí los grandes y fuertes escaladores que puedan tener alguna posibilidad de éxito, sin grandes riesgos. La vida humana es invalorable. La vida de cada uno de esos escaladores que estarán allí es invalorable. Solo espero que todos puedan volver y contar sus anécdotas y que estén allí por propia convicción, sin que sea una situación extraordinaria derivada de un hecho extraordinario que los privó de lo que tanto gustan hacer. Sinceramente pienso eso. Y los espero a todos, de vuelta, a fines de febrero, para comentar otras historias y difundir su actividad dentro de los parámetros a los que estamos acostumbrados.
Tal vez mi preocupación sea infundada. Es probable, en ese caso, si uno de estos valientes escaladores logra poner su pie en la cumbre del K2 en invierno, allí estaré yo, al día siguiente, destacando su logro, y archivaré todas mis preocupaciones. Con el diario del lunes, será todo más fácil. Sin él, el panorama es complicadísimo.
