Los montañistas argentinos Yemil Sarmiento y Gerardo Ciria conforman una cordada con extensa experiencia habiendo coronado más de 40 montañas unidos por la misma pasión. Su estilo se resume en compromiso y sacrificio. Una filosofía de vida y de montaña que encumbra la plenitud de disfrutar a pleno el camino andado.
Aquí les ofrecemos el relato de su ascenso al Huascarán.
«Ya aclimatados después de nuestra travesía ingresando por la Quebrada de Quilcayhuanca – Tullpacocha / Paso Huapi / Q° Cojup / Paso Col Ranrapalca – Ischica / descendiendo por la Q° Ischinca. Una vuelta digna de «Los Himalayas». Con dos pasos de altura a más de 5.000 m; con dos ascensiones, tres quebradas, 48 km recorridos, rodeados de inmensas montañas de roca, nieve y hielo como el San Juan, Maparaju, Cayesh, Andavite, Tullparaju, Chinchey Pucaranra, Palcaraju, Ischinca, Ranrapalca, Tocllaraju, Urus….
Tras un breve descanso nos trasladamos de Huaraz a la localidad de Mancos que está a una hora al norte. El bus nos dejó con nuestras mochilas en la parada de taxis, donde una mujer con su hija esperaban. Y preguntó ¿A dónde van? A Musho respondimos. Nosotras también, ¿compartimos el viaje? preguntó… El desafío que nos estaba esperando es y era el Huascarán Sur con sus 6.768 m.s.n.m. El cuarto gigante de América, un desafío de altura y técnica. Una montaña en constante movimiento (nieve, hielo, grietas, avalanchas). Y un pronóstico raro, nubes que iban y venían. Debíamos leer muy bien la montaña y sus condiciones. Después de nuestra noche en Musho a 3.020 m, arranco el día 1 (23 de julio) de esta travesía por el Huascarán. Nuestras pesadas mochilas arriba (+ 30 kg) y un sendero que nos llevaría más de 8 horas cargados para llegar al objetivo del día que era el Refugio Huascarán a 4.650 m emplazado al pie del macizo, de frente a la quebrada de Yungay, a la cordillera Negra y a uno de los atardeceres más bellos que íbamos a contemplar al llegar.
Después de un día largo de unos 10 km y 1.600 m de desnivel era hora de armar nuestras carpas. Al otro día, descansamos por la mañana. Esperando ver cómo evolucionaba el tiempo. Para el mediodía realizamos un porteo del equipo técnico hasta el borde del glaciar Raimondi (a 1 h de marcha), para que al día siguiente, salir más livianos. Dejamos el equipo y el agua nieve empezó a caer… Con la travesía que habíamos realizado anteriormente, el tiempo también había estado extraño, noches y parte de la mañana muy lindas pero después de las 11 AM o del mediodía se cerraba (las nubes subían). Sabíamos cuándo debíamos movernos; aparte de noche (madrugada) teníamos las mejores condiciones del glaciar. El día 3 llegó, era hora de movernos al Campamento 1 (+/- 5200 m). Desarmamos el Campo Base. Caminamos de nuevo hasta el borde del glaciar. Nos equipamos (grampones, cuerda, arnés, piqueta en mano) y a montarnos en el Glaciar Raimondi, entre grietas, empezamos a dimensionar este «laberinto». Un día que nos llevó aproximadamente 4 a 5 hs. Y otro campamento soñado sobre una terraza de hielo. En frente a la ruta que habíamos decidido realizar: Una ruta que se tardó 5 días en abrir, la novedad de esta temporada 2019, y fue realizada para la expedición científica que lidera el reconocido glaciólogo y paleoclimatólogo estadounidense Lonnie Thompson, de 71 años, quien estudia los glaciares de todos los continentes.
Los científicos peruanos del Inaigem y los de la Universidad Estatal de Ohio de Estados Unidos se internaron durante dos meses en el Nevado. Un equipo conformado por personas de Perú, Estados Unidos, Rusia, México, Francia, que estuvieron tomando muestras del hielo y comparándolas con un estudio que se realizó en 1993, para ver su profundidad y estado. Esta ruta la abrieron guías peruanos para que los porteadores, equipamiento y el grupo pudieran llegar a instalarse en el Col a 6.000 m; subir con seguridad, y a su vez los porteadores todos los días abastecer el campamento.
Con la salida del sol estábamos listos para cumplir el objetivo del día 4: llegar a armar nuestro campamento 2 debajo del Col a 5.850 msnm. Pero primero teníamos que superar unas profundas grietas, puentes, con nuestras mochilas con 20 kg, ascender una rampa de 100 metros aproximadamente (y cuando estábamos superándola a las 7:05 AM cae una avalancha por la ruta normal «la garganta», nuestras miradas se cruzaron, y la acertada toma de decisión de la elección de la ruta, más larga pero más segura). Y por último una vez sobre el filo, escalar 200 m aprox. de hielo para luego realizar una travesía en dirección al Col entre el Huascarán Norte y Sur.
El día 5 decidimos relajar, recuperarnos y hacer un reconocimiento de la ruta hacia la cima. Pasamos por el campamento científico, vimos el trabajo que estaban realizando, observamos la ruta y las nubes volvieron a invadir. Regresamos a nuestra carpa a preparar todo y esperar que la alarma suene con una gran noche estrellada. El domingo 28 de julio llegó, con una noche despejada, y en este día histórico nos esperaba una gran ascensión. A la 1:05 am estábamos encordados caminando, transitando el glaciar por el Col, tras una hora ya estábamos al pie de la vía. La parte técnica transcurría rápido entre cuerdas y el amanecer nos agarró a las 6 AM; la cara Este del Huascarán Norte empezó a encenderse y nuestros ojos estaban maravillados (estábamos cerca de los 6.300 m). Las 8 AM nos encontraron sobre el filo a la cima pero el sol aún no, los dedos seguían fríos y el sol se acercaba a pasos de tortuga. Y nosotros sobre los 6.500 m abriendo huella en la nieve (30 cm) también. El cansancio se hacía sentir y la cumbre no llegaba. ¿Seguimos o bajamos? Resuena en la cabeza…
Pero la cordada estaba unida, fuerte y motivada, al fin llegó el sol, empezamos a calentar, recuperar los dedos, a ponernos positivos. ¡El coraje siendo dos se multiplica! Se escuchó. Y con unos pasos que cada vez costaban más, ya que veníamos abriendo huellas los dos solos (unos 30 cm que habían dejado, traído las nubes del día anterior); y de pronto aparecían unas grietas inesperadas. Una montaña que te mantiene en alerta constante, y pusimos este equipo en la inmensa Cumbre del Huascarán Sur a las 10:15 AM. En un día histórico ya que es el día de la Independencia de Perú, y nosotros los primeros Argentinos en llegar a la cima en lo que iba de la temporada. Sí, sí, dos argentinos: un Cordobés y un Santiagueño, abriendo huella en la montaña más alta de Perú.
Quedaba descender, más atentos que nunca en este terreno, en estas condiciones… Llegamos exhaustos a nuestra carpa a las 15 horas aproximadamente. El día 6 sería otro día que iba a requerir de nuestra técnica y la exigencia de desescalar de los 5.850 m todo lo ascendido los días previos, para poder salir del glaciar y llegar al Refugio a 4.650 m. A comer rico, dormir, recuperarnos. Quedaba un día más, con nuestras mochilas más livianas, para regresar a Huaraz «sanos y salvos», y a casa. Del refugio bajamos directo a un poblado que se llama Yauyo, donde conseguimos un taxi para que nos lleve a Mancos para tomar un bus de regreso a Huaraz. De pasada compartimos el taxi con la doctora del lugar, de fondo el imponente Nevado Huascarán y de pronto nos dice: este lugar se llama «Huashcao» por dónde estábamos pasando, que significa «cuerdas que llevan al Huascarán».
