Todas las fotografías de Iker y Eneko Pou | Nota de prensa
Contra todo pronóstico -ya que solo ha dejado de llover dos días en toda la expedición- los hermanos vitorianos y el murciano Manu Ponce, solventan con doblete su aventura al Cao Grande en la isla africana de Sao Tomé y Príncipe, tras conseguir alcanzar su cumbre en dos ocasiones.
Primero se hacen con el objetivo principal que no era otro que el de abrir una nueva ruta a esta preciosa montaña, el segundo cuello volcánico más grande del planeta; además la escalaran en libre con dificultades muy altas de hasta 8b+ -la ruta pasa a ser la más difícil del Cao Grande- y una longitud de 450 metros. La bautizaran como «LEVE LEVE», en honor al dicho popular más famoso de estas islas, que traducido al castellano sería como «Despacio, despacio» o «tranquilo, tranquilo».
Fueron catorce horas de actividad ininterrumpida para finalizar la vía, hacer cumbre con las últimas luces-eran las 18:00 y oscurece a las 19:00- y descender de noche hasta el suelo.
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Envueltos en la niebla, encontraron condiciones muy difíciles por culpa del agua, ya que en general todo el pico se encontraba muy mojado a cuenta de todo lo que había llovido los últimos días.
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A pesar del cansancio acumulado, y que sobre todo, con la apertura de «Leve Leve» y la consecución de la cumbre, daban por logrado su reto dentro del proyecto «THE NORTH FACE 4 ELEMENTOS», tras unos días de descanso, los tres escaladores hicieron un esfuerzo importante, para volver a ascender al Cao Grande por la vía inglesa («NUBIVAGANT» 8b/450m) y conseguir la preciada primera ascensión en libre de esta línea.
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Esta vez fueron doce las horas ininterrumpidas que invirtieron de suelo a suelo para lograr su objetivo; y si durante la primera ascensión el mayor problema fue la roca mojada, durante esta segunda este hándicap se multiplicó por dos, ya que escalaron prácticamente toda la ruta empapada e incluso en algunos tramos tuvieron que seguir una pequeña cascada de agua, con lo que esto conlleva en cuanto al peligro de resbalar y sufrir un accidente.
El otro peligro inminente que sufrieron durante las dos ascensiones fue el de la roca suelta: Tiraron sin querer infinidad de bloques que apunto estuvieron en varias ocasiones de producirles un accidente grave y que en alguna ocasión tras caer encima de alguna cuerda la dejaron inservible.
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Ahora se encuentran muy felices de haber sabido aprovechar los dos únicos días sin lluvia para ascender hasta en dos ocasiones a esta preciosa torre de roca volcánica, que dada la persistente niebla y las continuas lluvias, han bautizado como la «Torre de Mordor».
Además, y lo que todavía es más importante, no volvieron a tener otro encontronazo con la temible cobra negra, con lo que ahora mismo respiran aliviados…
También han quedado gratamente sorprendidos con la belleza del país, la calidez y amabilidad de sus gentes, y prometen volver a esta maravilla de la naturaleza en el momento que tengan oportunidad.
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