Foto de portada: Andreas Heckmair, Ludwig Vorg, Heinrich Harrer y Fritz
Kasparek, luego de conquistar la norte del Eiger el 24 de Julio de 1938
En el año 1932 Hans Lauper, Alfred Zürcher, Alexaner Graven y Joseph
Knubel abrían la ruta noreste de uno de los íconos más
tradicionales de los Alpes: El Eiger. A partir de ese momento, solo quedaba
una cuestión por resolver, la más compleja de todas: La norte.
La antesala al gran logro arrancó tres años antes, en 1935. Allí,
los alemanes Karl Mehringer y Max Sedlmeyer, intentaron un ascenso
que fue seguido por aquél entonces, a través de todos los medios
internacionales y, desde la misma localidad de Grindelwald, a los pies
de la montaña, a través de telescopios. Los dos jóvenes
alpinistas iniciaron la subida y alcanzaron el primer vivac a la altura de la
estación Eigerwand.
Tras dos días en la pared sobrevino una tormenta que dejó totalmente
oculta a la montaña para los ojos de los seguidores, tempestad que se
extendió por el mismo tiempo, tras lo cual hubo una muy breve ventana
de buen tiempo que permitió seguir por poco tiempo el desarrollo de los
escaladores. Pero fue muy efímero. Luego, la tormenta volvió a
caer, tras lo cual, al retirarse dejó ver una cara norte totalmente cubierta
de nieve. Ambos murieron congelados y fueron encontrados posteriormente a 3300m
en un lugar que a partir de entonces se conoce como «vivac de la muerte».
Diez jóvenes escaladores hicieron el intento en 1936. Austríacos
y Alemanes. Todo empezó bastante mal, ya que uno de ellos murió
durante un entrenamiento previo. Aparte, las condiciones climatológicas
fueron bastante malas, lo que provocó que varios de ellos desistieran
del intento. Fueron cuatro los que realizaron la escalada: los alemanes Andreas
Hinterstoisser y Toni Kurz, y los austríacos Willy Angerer
y Edi Rainer. Comenzaron con una rápida evolución, pero
luego, el clima cambió repentinamente, la montaña se cubrió
de nubes y los observadores perdieron la visibilidad desde la base en Grindelwald.
Al día siguiente reanudaron la subida, con algunos altibajos, ya que
se los observó descendiendo desde el «vivac de la muerte»
a consecuencia de heridas graves sufridas por Angerer tras una caída
de rocas. Continuaron con el descenso hasta un punto que ya no pudieron resolver.
Luego, una tras otra comenzaron a sucederse las desavenencias. Una avalancha
los barrió, esto provocó que Hinterstoisser cayera y los
otros tres quedaran pendulando desde una cuerda. Uno de ellos murió asfixiado
por la misma cuerda y el otro por el golpe causado por el péndulo. Toni
Kurz falleció varios días después tras un intento de
rescate fallido con diversas alternativas.
Matthias Rebitsch y Ludwig Vörg fueron quienes lo intentaron en 1937. Pudieron
superar el «vivac de la muerte» pero al poco tiempo una nueva tormenta
se desató y los obligó a desistir del intento. Fueron los únicos
hasta ese momento que regresaron vivos para contarlo.
En 1938, los intentos lo inauguran los italianos Bartolo Sandri y Mario
Berti. Ambos mueren al caer en las proximidades de la «Fisura difícil»,
en la parte baja de la pared.

Vista de la pared norte del Eiger desde la estación
de ferrocarril en la localidad de Grindelwald, Suiza. Autor: De Ch-info.ch –
Trabajo propio, CC BY 3.0
Pero la maldición de la Eigerwand finaliza ese mismo año.
Un día como hoy, 24 de Julio de 1938 a las cuatro de la tarde,
cuatro escaladores alcanzaron la cumbre por la que hoy se conoce como «vía
de 1938» o «Heckmair» y está considerada como la ruta
clásica. Ellos fueron los alemanes Heckmair y Vörg,
y los austríacos Harrer y Kasparek. La expedición
se vio constantemente amenazada por avalanchas de nieve. Ascendieron tan rápidamente
como podían entre las caídas. Al tercer día estalló
una tormenta. Los cuatro hombres se vieron atrapados en una avalancha conforme
subían «la Araña», pero todos tuvieron fuerza suficiente
para evitar ser barridos de la pared.

Los cuatro pioneros tiempo despues del logro
Hoy se cumplen 79 años de aquél día, de un tiempo donde
los medios de comunicación eran otros, los medios técnicos para
escalar eran totalmente distintos, de hecho Harrer subió sin crampones,
y el alpinismo despertaba en pocas personas la misma pasión y ansia de
seguimiento, ya que aquellos días al pie de la montaña siguiendo
las expediciones con binoculares o telescopios, era toda una revolución.
La elite europea se daba cita en el centro mundial, en pleno corazón
de los Alpes suizos.

El alemán Andreas Heckmair(1906-2005) Fotografiado en
2000. Uno de los pioneros en la Norte del Eiger.

