Texto y Fotos Marcelo Scanu
En 1988, con apenas 17 años, me lancé a la aventura en busca de
mi primera cumbre de alta montaña. Solo, ya que un ocasional compañero
desistió a último momento, y con apenas un mapa hecho a mano, recorrí
la hermosa quebrada del Arroyo Arrequintín. Fue un viaje relámpago
de dos días donde logré coronar el Cerro Pata de Indio (5207 msnm)
por una variante de la ruta normal, todo a pesar del precario equipo y casi sin
provisones. Sin embargo, disfruté mucho de la quebrada, con mucha fauna,
restos de antiguas civilizaciones y especialmente muchas ruinas de las antiguas
minas de fluorita del Pata de Indio y de wolframio de El Bronce. Cada tanto, aquí
y allá, encontraba ruinas construidas en piedra, con restos de techos de
troncos y cañas. Dentro aun se veían enseres, zapatos e incluso
diarios de la década del 70.
Con el transcurso de los años, volví varias veces siempre descubriendo
algo nuevo. A pesar de ello me quedó pendiente conocer las dependencias
altas y las galerías de El Bronce. La oportunidad se daría durante
el fin de semana largo de Agosto con una salida relámpago. El grupo se
juntó en Córdoba y manejando de noche llegamos a Jáchal por
la Ruta 150, un magnífico camino nuevo que pasa por Ischigualasto. A la
mañana siguiente nos encontramos con amigos sanjuaninos, que nos acompañarían
en parte del trekking. Llegamos a Rodeo por un camino de cornisa prosiguiendo
hasta Las Flores para tomar el camino que va al Paso de Agua Negra. Treinta kilómetros
después, en Peñasquito, comenzamos la aventura.
Por la quebrada.
Desde el camino descendimos unos 150 metros a la quebrada del Agua Negra y
luego de descalzarnos lo cruzamos. Algunos saltaron para evitar el agua heladísima
de deshielo. Mientras observábamos los picos nevados de la Cordillera
de Olivares, donde se destaca su pico principal de 6266 msnm, comenzamos a subir
por la antigua huella minera que llevaba a las minas. Esta se encuentra destruida
en la mayor parte, más aún luego de unos violentos aludes de barro
y rocas que sacudieron la región una década atrás. Descendimos
a la quebrada de Arrequintín, cuyo arroyo estaba muy reducido por ser
invierno. Arrequintín es palabra india pero su significado es un misterio.
La presencia de antiguos habitantes se observaba en un petroglifo, el cual parecería
ser una representación del terreno, un antiguo mapa. Pasado el mediodía
arribamos al antiguo puesto abandonado del recordado Don Geraldo Flores con
su magnífica vega. El Pata de Indio y el Cerro Agua Negra (5484 msnm)
se veían hermosos, cubiertos de nieve.
Luego de un frugal almuerzo, recorrimos las ruinas donde antaño vivía
el ermitaño. Poco después rodeamos la vega y proseguimos el último
trecho hasta las ruinas mineras. Cruzamos varias veces el arroyo, atravesamos
un cañadón y seguimos por trechos el antiguo camino minero, destruido
por un gran aluvión. Finalmente, a las 17, con algunas ráfagas
de viento, arribamos al complejo minero. Sus sólidas paredes están
construías con bloques de piedra, parte también en adobe y el
techo, actualmente inexistente, de madera y cañas. Como mudos testigos
de sus antiguos moradores aparecen varias inscripciones llegando hasta el lejano
1919. Mientras el sol se iba, las nubes alrededor del Cerro de la Fortuna 4476
msnm parecían incendiarse. Pronto cayó la noche, el cielo sanjuanino
desplegando sus millones de estrellas. Un suculento asado y luego una charla
alrededor del fogón hizo que nos acostáramos tarde. Muy bien no
dormimos, las ráfagas eran violentas, incluso para las carpas guarnecidas
por las antiguas construcciones.
Hacia las galerías
Al día siguiente partimos hacia las galerías y el complejo minero
situado en los flancos del Cerro El Bronce (4033 msnm). Seguimos el antiguo
camino por una altiplanicie. Cerca del mediodía el sol apretaba. A lo
lejos observábamos las minas y la gran acumulación de material
extraído. Poco después de las 13 nos topamos con las primeras
construcciones enclavadas en la ladera. Varias eran viviendas de los sufridos
mineros, otros edificios tenían funciones ligadas a la actividad económica.
Una surgente de agua daba vida al lugar situado a 3400 msnm. Como congelados
en el tiempo se encontraban desparramados antiguos zapatos, latas y utensilios
de cocina. Parte de los techos aun permanecían en su lugar. La vida debe
haber sido muy complicada para los mineros y sus familias, más aún
las que habitaban las ruinas más altas, a 3700 msnm.
Estas minas de wolframio o tungsteno fueron explotadas, según comentan
antiguos trascendidos, por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. El
wolframio era utilizado para darle más dureza a los proyectiles. Precisamente,
como probando esta teoría, encontramos la inscripción E. P. 1-17-43
y un círculo perfecto con una equis. 17 de enero de 1943, plena segunda
guerra. Pocos metros hacia arriba se encuentran las bocaminas. Llegamos justo
cuando pasaba un gran cóndor. El paisaje desde este punto es espectacular.
Las galerías son grandes y profundas, se bifurcan, angostan. La oscuridad
devoraba el haz de luz de nuestra linterna, un mineral (quizás malaquita)
brillaba con colores azulados. Aquí y allá algunos ramales estaban
anulados por paredes.
Al salir, el fuerte sol nos hirió la vista. El resplandor de los neveros
del Pata de Indio nos cegaban. Desde allí se lo observaba magnífico.
Pensaba en los mineros de la mina de fluorita en sus laderas, ellos vivían
y trabajaban a una altura bastante mayor a los del Bronce. Habían sufrido
incluso los grandes sismos de la provincia, las grandes nevadas, los calores,
todo por una mísera paga. Meditando y observando el paisaje volvimos
a nuestro campamento. Esa noche el viento resultó aun más inclemente,
hasta prender un fogón resultó en sumo complicado. Unas fetas
de queso calentadas en la roca precedió el resto del asado animando la
fría noche.
El regreso
La mañana estaba fresca y aun con algo de viento cuando empezamos a
desayunar y levantar campamento. Mientras desandábamos el camino, el
sol sanjuanino comenzó nuevamente a apretar, aun siendo invierno el calor
comenzaba a sentirse. De a poco eliminamos nuestras capas de ropa. Nos cruzamos
con ganado pastando apaciblemente en la vega. Tomamos otro derrotero, hacia
la desembocadura del Arrequintín con el Arroyo de Agua Negra. El agua
casi desaparecía en el suelo desértico. Entre tanta sequedad cruzamos
un cañadón cavado directamente en la roca donde existía
un microclima con mucha humedad y el curso de agua se dividía en dos,
perfectamente paralelos uno al otro. Finalizada esta extraña sección
arribamos a la Vega Redonda, otro paraje idílico donde aprovechamos a
descansar y comer algo. Explorando dimos con unos petroglifos, de los cuales
tenía referencia de los lugareños. Son unas pocas rocas pero con
interesantísimos grabados rupestres representando llamas (incluso uno
con una cría), símbolos y figuras humanas, algunas muy artísticas.
Como mucho tiempo no teníamos apuramos el paso, pasando por un gigantesco
galpón en ruinas, mudo testigo de los años de bonanza de la minería
para luego ascender trabajosamente hasta la ruta. En los autos nos reencontramos
y presurosamente descendimos hasta las magníficas termas de Pismanta,
conocidas desde antes de los incas. En esas maravillosas y cálidas aguas,
las cuales nos vivificaron mientras nos reíamos de uno de nuestros compañeros.
Equivocadamente entró en una de las termas donde se bañaban unas
señoras mayores. Estas lo regañaron, sumando otra anécdota
a las varias ocurridas en tan interesante viaje.
A esta salida fuimos: De San Juan: Miguel Beorchia Nigris, Luis Cáceres
y Germán Pelinacchi. De Córdoba Andrés Zapata,
Martín Rodríguez y Mariano Nicola . Y quien escribe
de Buenos Aires.
Agradezco a Forest y a Front Limit www.forestleather.com por el equipo brindado.
Marcelo Scanu es autor del libro Andes Centrales y Leyendas de los Andes Argentinos.
libroandescentrales@yahoo.com.ar
Todas las fotografías Gentileza Marcelo Scanu
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Foto 1: Volviendo. En segundo plano, a la derecha el Nevado de Pismanta
5400 msnm y al centro el Nevado de Bauchaceta 5100 msnm.
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Foto 2: En la Quebrada de Arrequintín. A la izquierda en primer plano
el Cerro Fortuna 4476 msnm y atrás el Agua Negra 5484 msnm.
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Foto 3: En una de las entradas de las galerías.
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Foto 4: Parte de las ruinas mineras y detrás el Cerro Pata del Indio
5207 msnm.
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Foto 5: En las profundidades de la mina.
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Foto 6 : Uno de los petroglifos prehispánicos.
