"Importa
el camino; no sólo la cumbre. Para mí es importante pensar en
esta empresa como un proceso; un proceso de calidad y excelencia y no como
un simple resultado. Es importante el cómo, de qué manera, con
qué medios y con qué compañeros."
Manel de la Mata
Przemislaw Piasecki, Wojciech Wroz y Peter
Bozik, polacos los dos primeros y eslovaco el último, abrieron en 1986
una de las más complejas vías, de uno -sino el mas- más
complejos ochomiles o mejor dicho, de todas las montañas del planeta,
la Magic Line del K2.
Para graficar un poco de qué se
trata, volvemos los pasos sobre Reinhold Messner, quién años antes
de este suceso, bautizó esta locura. Una línea sobre el espolón
sudoeste, claramente visible, que ni siquiera en aquellos tiempos ni en años
posteriores a alguien se le ocurrió realizar. Messner la señaló,
la bautizó, dijo que "ahí estaba" y se retiró.
No fue hasta 1986 como dijimos al comienzo,
que la Magic Line cobró vida en manos de estos tres arriesgados alpinistas.
Pero bueno, sucedió finalmente, la Magic era posible. Lo que no fue posible
precisamente fue repetirla. Eso recién sucedió dieciocho años
después, en una epopeya digna de ser incluída -a mi modesto entender-
en un artículo especial.
Vamos entonces mucho más cerca
en el tiempo, hace exactamente diez años, que se cumplirán el
próximo 16 de agosto, cinco montañistas españoles, Jordi
Corominas, Jordi Tosas, Oscar Cadiach, Valentí Giró y Manel de
la Matta encaraban una expedición durísima, que daría como
resultado final el triunfo de uno de ellos alcanzando el objetivo planeado,
pero con una durísima cuota cobrada por la montaña: la vida de
Manel de la Mata.
"En junio
del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar
Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró
– partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar
el K2, la Montaña de las montañas, por la vía Magic Line.
Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre
más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el
único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista
que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones,
que es una montaña que empieza donde otras acaban." –
Valentín Giró.
El propio Valentín Giró
relata en diversas notas y artículos, que fue lo que hizo grande a la
Magic Line de 2004. Eso se resume en un gran objetivo en común, donde
el compañerismo, el compromiso, la gran diversidad interna, el saber
escuchar y opinar, la atmósfera amigable de trabajo distendida e informal,
aunque también intensa y absorvente, la predisposición para resolver
inmediatamente los desencuentros y evitar de esta manera futuros conflictos,
el reconocimiento de la interdependencia y la celebración de cada una
de las metas parciales, como instrumento para dar fortaleza en posteriores metas
incluída el gran objetivo final, la rápida evaluación de
los posibles cambios en la estrategia y un funcionamiento modular que permitió
separarse en dos cordadas de trabajo simultaneo.
El hecho de todas estas afirmaciones quedó
confirmado en que asi y todo, con toda esta planificación y desarrollo
realizado a conciencia, solo uno de los cinco integrantes consiguió el
gran objetivo final.
Toda montaña tiene su recelo. No
le gusta que le "entren" y mucho menos por aquellos lugares exclusivo
solo reservados para "espíritus" muy especiales.
La montaña no invita a ser conquistada.
Pareciera que lo hace, es muy cruel de su parte, incita al montañista
a aventurarse, y cuando menos se lo espera, ella decide.
El día de ataque a la cumbre, aquél
16 de Agosto, tres de los cinco, Oscar Cadiach, Manel de la Matta y Jordi Corominas
inician a las 5 de la mañana el ascenso ya que para superar ciertos tramos
de la parte final del espolón, de gran dificultad técnica, es
necesario tener luz.
Cuando estaban en los 8250 metros, Cadiach
y de la Matta deciden pegar la vuelta, no estaban en condiciones de continuar.
Allí Jordi Corominas contrariamente, piensa, más aún está
seguro de poder intentarlo, en consecuencia decide continuar en solitario.
"Primero
iba yo y después Oscar con Manel, hasta un punto que teníamos
ya equipado, y a partir de ahí ellos se plantearon parar. Oscar ya estaba
un poco cansado, y Manel tenía sus dudas, y entonces fue cuando nos separamos."
Las dudas de Manel se centralizaban en
el hecho que no les daba el tiempo.
Según los propios dichos de Corominas:
"Manel era el más consciente y metódico;
mientras yo seguía avanzando; él observaba parado y al final decidió
volver.
Yo empecé
a andar a las cinco de la mañana, y ellos decidieron volverse como a
las siete. Estábamos en una campa de nieve muy grande y ahí fue
donde pararon, lo pensaron y decidieron dar marcha atrás; esta campa
está situada aproximadamente a 8.250 m u 8.300 m."
Jordi Corominas continuó su ascenso
a sabiendas que iba a llegar a la cumbre -en caso de lograrlo- bien entrada
la noche. Era una apuesta demasiado arriesgada. Asi y todo, Jordi tomó
su decisión.
Una vez dejados atrás a Oscar y
Manel, Jordi se lanzó con todo hacia su objetivo. Con absoluta decisión
fue superando una y otra vez cada obstáculo que se le presentaba hasta
que siendo las cuatro de la tarde se comunica por radio con sus compañeros
que habían quedado atrás y les informa que estaba a unos cien
metros por debajo de la cima y que en dos horas iba a volver a comunicarse.
Desde el campo base también era
seguido. Pero transcurrieron las dos horas, luego tres, cuatro y ninguna noticia
de Corominas. Cuando todos había ya empezado a inquietarse vino el contacto,
con la noticia que solo había podido cubrir veinte metros en ese lapso.
La nieve era muy profunda y el progreso
extremadamente lento, pero se encontraba muy bien e iba a continuar. El mayor
problema estaba dado precisamente en la profundidad de la nieve y en la enorme
dificultad para poder avanzar. La nieve en cada paso llegaba hasta la cintura
y bajo esas condiciones y a esa altura y con ese enorme desnivel, el progreso
es prácticamente imposible.
"Llegué
a las doce de la noche a la cumbre, empecé a bajar de noche, y estuve
caminando hasta que salió el sol de nuevo. Cuando haces una escalada
a este nivel, la hora a la que llegas a la cumbre es lo de menos, es secundario.
Lo que sí que te planteas es la táctica de tengo que acabar esto
y salir de aquí".
Cuenta Corominas que en ningún
momento se planteó la posibilidad de volver atrás, ya que a partir
de determinado punto (recordemos que estaba en la Magic Line) era más
fácil llegar a la cumbre y luego retroceder, con lo cual, el hecho de
llegar a la cumbre significaba al mismo tiempo el estar "intentando
salir de allí".
Desde determinado punto del ascenso, ya
se había planificado volver por la ruta normal. Valentí Giró
había subido por los Abruzzos (via normal) hasta el C3 y había
dejado en ese punto una tienda y gas. El objetivo entonces estaba planeado en
retornar por esa vía.
Entre los 8300 metros y los 8400 metros,
Jordi encontró material de otras expediciones previas que habían
intentado la Magic, como ser algunos clavos y cuerdas, pero a partir de los
8400 metros no había nada más.
Luego de su gran objetivo cumplido, Jordi
Corominas desciende por el espolón de los Abruzzos, que el mismo califica
irónicamente como una "rampa" luego de haber subido
por la Magic: "Abruzzos es una rampa. La diferencia
es brutal. Iba un poco agotado pero pude descender bastante bien. Al tramo de
arriba le faltaban cuerdas porque tres días antes hubo un desprendimiento
en el cuello de botella, tenía que bajar de noche y de cara a la pendiente
sin cuerdas. Pero por lo demás bien, el resto de tramos estaban equipados."
"Todo proyecto,
toda empresa o expedición arroja un balance y deja en nosotros un legado.
El balance de nuestro K2 fue tremendamente agridulce; hicimos realidad nuestro
sueño pero regresamos a casa sin la verdadera "foto de cumbre",
la de todo el equipo reunido de nuevo en el Campo Base. De un lado, un gran
logro colectivo, fruto de un proceso exigente y perseverante de trabajo en equipo;
del otro, el drama de un adiós inesperado y desgarrador. Fue un camino
voluntariamente escogido por todos nosotros, un esfuerzo común por hacer
algo de manera fiel a unos valores y a una forma de entender y de amar la montaña,
escalando sin descanso, reabriendo y equipando la vía, progresando metro
a metro, cada vez más desgastados pero también cada vez más
felices por la altura ganada a la montaña. Ese proceso, ese camino compartido
fue nuestra verdadera Magic Line: nuestro sueño hecho realidad, más
allá del éxito final, del broche de oro que puso Coro en la cumbre."
– Valentín Giró.
Tras su cumbre, Jordi Corominas descendió
por los Abruzzos hasta el campo 3. Allí se encontró con la tienda
que había dejado instalada Valentín Giró.
Allí recuperó fuerzas y
continuó con el descenso sin detenerse hasta el campo base.
Paralelamente Oscar Cadiach y Manel de
la Matta deshacían camino montados a la Magic Line.
Para entonces, Manel ya había
manifestado algunos dolores abdominales y en el pecho. Estaba
muy cansado pero no obstante habían logrado descender desde el campo
4 hasta el dos, lentamente pero sin problemas.
Pero entre los campos 2 y 1 finalmente
se desató el drama. Los dolores de Manel se hicieron insoportables. Ambos
alpinistas invirtieron 15 horas en descender los seiscientos metros de desnivel
que hay entre ambos campos. Ya instalados en el campo 1, Manel no pudo soportar
mas los dolores y falleció en los brazos de Oscar Cadiach.
Corminas todavía estaba en el Campo
3 cuando las señales de ayuda emitidas por el walkie de Cadiach, líder
de la expedición, empezaron a llegar al Campo Base. Allí esperaba
Valentí Giró, que enseguida se puso en marcha para salir en busca
de sus compañeros. Tenía que subir hasta el Campo 1, ubicado en
el Collado Negrotto, en pésimas condiciones meteorológicas y con
un elevado riesgo de aludes, así que los dos porteadores de altura con
los que pensaba iniciar el rescate se negaron en redondo a ascender.
Desde Benasque, Jordi Tosas, el quinto
miembro de la expedición, que tuvo que abandonar Pakistán por
motivos laborales, intentó convencer a Giró de que subir en esas
circunstancias era un suicidio. Nada de ir para arriba sin hablar antes con
él, advirtió a su compañero. Pero Giró no hizo caso,
el miércoles a primera hora emprendió el camino por el glaciar
Filippo hacia el Collado Negrotto, hasta que encontró a Cadiach.
"La cara
más agria de nuestro proyecto, la trágica pérdida de un
compañero, fue un zarpazo cruel y en el último momento. Los alpinistas
sabemos lo que hay en juego, conocemos nuestra fragilidad y los riesgos que
conlleva moverse en un medio que es superlativo en todo: en su belleza y simplicidad,
en la provocación que ofrece a nuestros sentidos y también en
la dureza e implacabilidad de sus elementos. A pesar de ello nos adentramos,
con el egoísmo propio de las pasiones, en este universo que tanto nos
llena de sentido, y lo hacemos con toda la cautela, guiados por nuestro juicio,
talento y experiencia, pero dejando detrás de nosotros un rastro de inquietud
en quienes nos aman y gracias a quienes somos lo que somos y hacemos lo que
hacemos.
La pérdida
tornó el sueño de nuestra expedición en una pesadilla hasta
que, poco a poco, el paso del tiempo nos ha permitido aceptar y amar de nuevo
las reglas de las grandes montañas, un territorio emocional donde el
logro convive con la pérdida y al que indefectiblemente hemos regresado
para hacer realidad otros sueños. "¿Volverías a la
Magic Line?", me han preguntado en más de una ocasión. Mi
respuesta es clara: sin dudar regresaría, pero sólo de la mano
de mis compañeros, de Óscar, de Tosas, de Coro y, especialmente,
de Manel"
– Valentín Giró.
Las grandes montañas merecen grandes
historias. Esta es una de ellas. Es una historia de compañerismo, profesionalismo,
decisión, conciencia, inconciencia en algunos casos, todos estos condimentos
fundamentales para concebir una gran historia para una gran montaña.
Tal vez en un futuro existan otras Magic
Lines. Lo que si es cierto que esas futuras Magic Lines necesitarán obligatoriamente
de estos condimentos especiales necesarios para cualquier gran logro destinado
a una gran montaña.
"La
Magic Line és l´espirit de l´alpinisme genuí, de retrobar
les sensacions d´explorar terreyns desconeguts, de cercar espais d´incertesa."
Manel de la Matta – Agost 2004
