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Es tanto el afluente
de gente de todas partes del mundo que quiere realizar este ascenso, que
el check in es muy riguroso, te dan las pautas a seguir, y siendo un Parque
Provincial, se hace un estricto hincapié en lo que es el mantenimiento
de la limpieza, con lo cual con todo lo que uno ingresa tiene que salir,
me refiero a los envases de las botellas de agua que llevábamos,
los envoltorios de la comida, etc. También te dan una bolsa numerada
en la cual debés recoger tanto tu basura como tu materia fecal
y traerlos de vuelta hasta el Campamento Plaza de Mulas donde realizamos
el chek out hacia la salida del parque.
Después de
entrar, nos dirigimos hacia el primer campamento denominado Confluencia,
ubicado a 3.400 msnm, en donde acampamos una noche y nos realizamos el
chequeo médico obligatorio que te permite, o no, seguir ascendiendo.
Todos lo pasamos sin mayores inconvenientes. En ese comienzo tuvimos también
un grato encuentro con uno de los más experimentados en esta materia
como lo es Juan Venegas, que también residió en nuestra
ciudad hace unos años. Tuvimos una charla con él y nos dio
algunas pautas basadas en su amplio conocimiento que realmente nos sirvieron
muchísimo.
De allí tuvimos
una travesía de aproximadamente 8 horas por la denominada Playa
Ancha, una superficie relativamente plana de unos 10 Km de terreno muy
árido hasta el segundo campamento, tal vez el más conocido
por el común de la gente, Plaza de Mulas a 4.300 msnm. Allí
tuvimos la 2º revisión médica, de la cual surgió
que todos estábamos aptos para seguir y donde nos quedamos dos
noches.
Uno de los tramos
de ascenso más duros fue el que nos desembarcó en el 3º
campamento; Canadá, con una pendiente muy empinada y pedregosa
en la que tuvimos que marchar muy lentamente ya que, a pesar de nuestra
buena adaptación previa, empezamos a sentir los efectos de la altura,
pero ello no nos impidió llegar a los 5080 msnm donde acampamos
y descansamos. En esa altura ya no se cuenta con agua como en los campamentos
anteriores y por ello se debe caminar un tramo hasta llegar a una pequeña
caída de agua de la cual pudimos proveernos.
A la mañana
siguiente emprendimos nuestro viaje hacia Nido de Cóndores a 5400
msnm donde estuvimos dos días y fue el momento que las inclemencias
del tiempo se hicieron sentir ni bien llegamos ya que soplaba un viento
helado que nos complicó el armado de la carpa, con el agravante
de que se nos rompió una varilla, aunque gracias a que contábamos
con un repuesto se pudo solucionar. Éste fue el primer lugar donde
tuvimos que juntar nieve para derretir y hacer agua tanto para cocinar
como para hidratarnos.
Posteriormente nos
dirigimos hacia al último campamento de nombre Cólera, ubicado
a 6.000 msnm, desde donde atacaríamos intentando hacer la tan deseada
cumbre. Allí permanecimos 2 días esperando una “ventana”
de buen clima que veníamos siguiendo con diferentes guías
de la zona, como así también escuchando el reporte del clima
por radio VHF. Así fue que tuvimos que permanecer 24 horas dentro
de la carpa por las fuertes ráfagas de viento, justamente el día
que teníamos planeado ascender y que postergamos hasta la siguiente
jornada.
Sólo 962 metros
nos separaban de lograr nuestra hazaña, parecía poco, pero
en realidad a esa altura, con la consecuente falta de oxígeno,
es una eternidad, todo el equipamiento parece que pesara más, las
piernas no responden como uno quiere por lo cual también el ritmo
de caminata es mucho más lento y ahí te das cuenta de que
estás cerca en distancia pero muy lejos en la práctica.
Luego de esperar tanto
tiempo, salimos a las 5 de la mañana del 20 de enero, equipados
con la indumentaria y el temple necesario para intentar la hazaña.
Tuvimos un día de inmejorables condiciones climáticas para
el ascenso, el cual duró en total casi 17 horas. Con mucho esfuerzo
y el cansancio propio de la exigencia logramos llegar a los 6.962 msnm
tan deseados.
Fui el cuarto del
grupo en alcanzar la cima lográndolo a las 17.30, un horario poco
aconsejado ya que luego hay que emprender el regreso con un físico
exhausto y la proximidad del ocaso. Estas situaciones harían aún
más difícil el descenso, el cual nos demandó más
de tres horas y media hasta llegar al campamento.
No todos hicimos cumbre,
ni lo hicimos al mismo tiempo, eso no es lo más importante, pero
la alegría y emoción de haber participado de esta increíble
experiencia fue premio suficiente para todos nosotros, sumado al trabajo
en equipo y compañerismo que reinó durante toda la expedición.
Creo que hablo por
mis compañeros también, cuando agradezco el cariño
de todos los que apoyaron este proyecto, desde los familiares y amigos
hasta los compañeros de trabajo y gente en general, que aún
sin conocernos mucho siempre tuvo una palabra de aliento para con nosotros.
En lo personal quiero
hacer una mención especial al Club Andino Ushuaia, del cual soy
socio hace muchos años, por su particular apoyo tanto con materiales
como con recomendaciones y ayuda".
Fuente: El diario
del Fin del mundo (Ushuaia)
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