Hannelore Schmatz, alcanzó la cumbre del Everest en 1979. Falleció en el descenso, creando tal vez, la escena más inquietante en la historia del Himalaya.

Las historias de los cuerpos del Everest: Hannelore Schmatz
La alpinista alemana alcanzó la cima del Everest en 1979, pero murió durante el descenso. Durante años su cuerpo permaneció sentado en la ruta sur, convertido en uno de los relatos más inquietantes de la historia del Himalaya.
En octubre de 1979, la alpinista alemana Hannelore Schmatz alcanzó la cima del Monte Everest. Tenía 39 años y se convirtió en una de las pocas mujeres que, en aquella época, habían logrado llegar al punto más alto del planeta.
Pero su historia no sería recordada por la cumbre.
Horas después moriría en la llamada Zona de la Muerte, a más de 8.000 metros de altura, y su cuerpo permanecería durante años sentado en la ruta normal del Everest, observado por cientos de alpinistas que pasaban junto a él camino a la cima.
Su historia pertenece a un Everest muy distinto al actual.
El Everest en los años setenta
Para entender la tragedia de Schmatz hay que retroceder a una época en la que el Everest todavía era una montaña mucho menos frecuentada y considerablemente más peligrosa.
El Everest había sido ascendido por primera vez en 1953 por Edmund Hillary y Tenzing Norgay, pero durante las décadas siguientes las expediciones seguían siendo grandes empresas nacionales, con logística compleja, equipos numerosos y largos periodos de aclimatación.
En los años setenta comenzaban a aparecer las primeras expediciones internacionales más pequeñas, pero la montaña aún estaba lejos del modelo comercial actual.
No existían:
- agencias comerciales organizadas
- rutas completamente equipadas cada temporada
- sistemas meteorológicos tan precisos
- comunicaciones constantes con el exterior
Las expediciones dependían en gran medida de la experiencia, el juicio y la resistencia de los propios escaladores.
En ese contexto, cada intento era una apuesta seria.

La expedición alemana de 1979
En el otoño de 1979, una expedición alemana dirigida por el médico y alpinista Gerhard Schmatz obtuvo permiso para escalar el Everest por la ruta del Collado Sur, la misma utilizada en la primera ascensión.
Hannelore Schmatz participaba en la expedición junto a su esposo.
También formaban parte del equipo el alpinista estadounidense Ray Genet y varios sherpas experimentados.
El 2 de octubre de 1979, Schmatz, Genet y otros miembros del equipo lograron alcanzar la cima del Everest. Para entonces, sin embargo, el día estaba muy avanzado.
En el Himalaya, como en cualquier montaña extrema, la cumbre es apenas la mitad del camino.
El error fatal
El descenso comenzó tarde y el agotamiento comenzó a hacerse sentir.
A unos 8.500 metros, los escaladores estaban exhaustos. Los sherpas recomendaron continuar descendiendo hasta el Campo IV, ubicado en el Collado Sur.
Pero algunos miembros del grupo decidieron detenerse y pasar la noche a gran altura.
Era una decisión extremadamente peligrosa.
Durante la noche, el estadounidense Ray Genet murió por agotamiento y exposición.
A la mañana siguiente, Hannelore Schmatz continuó descendiendo acompañada por el sherpa Sungdare Sherpa.
“Agua, agua…”
A unos 8.300 metros, apenas unos cientos de metros por encima del Campo IV, Schmatz ya no podía continuar.
Se sentó sobre su mochila.
Según el relato posterior del sherpa, sus últimas palabras fueron una simple petición:
“Agua… agua…”
Pocos minutos después murió.

El cuerpo en la ruta
El viento, el frío extremo y la altitud conservaron su cuerpo durante años.
Los alpinistas que ascendían por la ruta sur del Everest comenzaron a encontrar una escena perturbadora: el cuerpo de Hannelore Schmatz sentado contra su mochila, con los ojos abiertos y el cabello moviéndose con el viento.
Se encontraba a escasa distancia de la ruta que conduce desde el Collado Sur hacia el Balcony, uno de los puntos clave del ascenso.
Muchos escaladores recordaron ese encuentro durante décadas.
Algunos decían que parecía una persona descansando brevemente antes de continuar el descenso.
Pero todos sabían que no era así.
Un rescate imposible
En 1984, las autoridades de Nepal intentaron recuperar el cuerpo.
Durante la operación murieron dos miembros del equipo de rescate al caer en la montaña.
El intento fue abandonado.
El Everest recordaba una vez más una verdad conocida por todos los alpinistas de altura:
en la Zona de la Muerte, incluso recuperar un cuerpo puede costar más vidas.
El final de la historia
Con el paso de los años, los vientos y las tormentas desplazaron el cuerpo de Hannelore Schmatz fuera de la ruta.
Hoy ya no se encuentra en el lugar donde durante tanto tiempo fue visto por los escaladores.
Pero su historia sigue siendo parte de la memoria del Everest.
En una época en la que el techo del mundo todavía era un territorio mucho menos transitado, su tragedia quedó grabada como una de las más recordadas de la montaña.
Un recordatorio silencioso de que, en el Himalaya, la cumbre nunca es el final de la historia.
Everest en los años 70 vs Everest actual
El contexto en el que escaló Hannelore Schmatz era muy diferente al que existe hoy en el Monte Everest. La montaña, aunque igual de peligrosa, se enfrenta actualmente con una logística mucho más desarrollada.
| Aspecto | Everest en los años 70 | Everest en la actualidad |
|---|---|---|
| Tipo de expediciones | Grandes expediciones nacionales o científicas | Expediciones comerciales organizadas |
| Número de escaladores | Muy reducido cada temporada | Cientos de escaladores por temporada |
| Información meteorológica | Pronósticos limitados y poco precisos | Sistemas meteorológicos satelitales |
| Comunicaciones | Radios básicos y contacto esporádico | Teléfonos satelitales e internet |
| Ruta equipada | Equipamiento parcial según cada expedición | Ruta fijada cada temporada con cuerdas |
| Oxígeno suplementario | Equipos pesados y poco eficientes | Sistemas modernos mucho más livianos |
| Rescate | Prácticamente inexistente en altura | Helicópteros hasta campos avanzados |
| Información previa | Muy poca documentación sobre la ruta | Décadas de experiencia acumulada |
En ese Everest mucho más incierto y menos transitado, la historia de Hannelore Schmatz quedó grabada como una de las tragedias más recordadas de la montaña, un recordatorio de que incluso a pocos metros de la seguridad relativa del campamento, la Zona de la Muerte no concede segundas oportunidades.
Los cuerpos que quedaron en el Everest
La muerte de Hannelore Schmatz no fue la única que dejó una presencia permanente en las laderas del Monte Everest.
Las condiciones extremas de la llamada Zona de la Muerte, por encima de los 8.000 metros, hacen que recuperar cuerpos sea una tarea extremadamente peligrosa. En muchos casos, intentarlo puede poner en riesgo más vidas.
Por esa razón, varios alpinistas fallecidos en la montaña permanecieron durante años —e incluso décadas— en la ruta normal de ascenso, convirtiéndose en referencias involuntarias para quienes pasan camino a la cumbre.
Entre los casos más conocidos se encuentran:
- el escalador conocido como “Green Boots”, en una pequeña cueva de la arista noreste
- el estadounidense George Mallory, cuyo cuerpo fue hallado en 1999 tras desaparecer en 1924
- y el del guía estadounidense Scott Fischer, fallecido durante la tragedia del Everest de 1996
Durante años, el cuerpo de Hannelore Schmatz fue también uno de los más recordados por los alpinistas que transitaban la ruta sur.
Historias como estas forman parte de la memoria del Everest, recordando que, en las alturas extremas del Himalaya, la montaña siempre tiene la última palabra. Profundizaremos sobre estas historias, a partir del próximo artículo de Claves de montaña.

