A cuatro décadas del peor accidente nuclear de la historia, un recorrido completo por la ciudad de Pripyat, la explosión del reactor, sus consecuencias ambientales y el estado actual de la zona de exclusión.
El 26 de abril de 1986 ocurrió uno de los accidentes más graves de la historia de la energía nuclear: el desastre de Accidente de Chernobyl. Cuatro décadas después, sus consecuencias siguen siendo visibles, tanto en el paisaje como en la memoria colectiva.

En este informe, haremos un recorrido completo por su historia: desde la ciudad modelo que lo precedió hasta el estado actual del sitio y su futuro. Arrancamos por Pripyat.
La ciudad de Prípiat fue fundada en 1970 con un objetivo claro: albergar a los trabajadores de la central nuclear de Chernóbil y a sus familias. Diseñada como una “ciudad del futuro” dentro del modelo soviético, Pripyat representaba el ideal urbano de la época: edificios modernos y funcionales, amplias avenidas y espacios verdes, servicios públicos de calidad (hospitales, escuelas, centros culturales), y un alto nivel educativo y técnico de su población.

Antes del accidente, vivían allí cerca de 50.000 personas, en su mayoría jóvenes profesionales, ingenieros, técnicos y sus familias. La edad promedio rondaba los 26 años, lo que le daba a la ciudad una dinámica activa y optimista, con una vida que incluía actividades deportivas y culturales, cines, teatros y biblioteca, y el famoso parque de diversiones, que nunca llegó a inaugurarse oficialmente. Pripyat era un símbolo del progreso tecnológico soviético, profundamente ligado al desarrollo nuclear.
El accidente
Pero todo cambió en un segundo durante la madrugada del 26 de abril de 1986, durante una prueba de seguridad mal ejecutada en el reactor número 4, se produjo una explosión que liberó enormes cantidades de material radiactivo a la atmósfera.

El diseño defectuoso del reactor tipo RBMK, sumado a errores humanos, generó un aumento descontrolado de potencia, explosiones de vapor, y un incendio en el núcleo del reactor, generando una liberación de radiación equivalente a varias bombas atómicas.
Pero el hecho más importante, fue que la evacuación no fue inmediata. Durante casi 36 horas, la población continuó con su vida normal, mientras que los niveles de radiación ya eran peligrosos. Finalmente, el 27 de abril, llegó la orden de evacuar. Para ello se movilizaron más de mil autobuses, y se les dijo que era temporal. Todos dejaron atrás sus pertenencias, mascotas, y toda su vida. Nunca regresaron.
Los liquidadores
Miles de personas participaron en la contención del desastre: bomberos, soldados, ingenieros y voluntarios, conocidos como “liquidadores”. Sus tareas se concentraron en apagar incendios altamente radiactivos, etirar escombros del reactor, y construir un sarcófago de contención. Muchos trabajaron con protección insuficiente y estuvieron expuestos a dosis letales de radiación. Las consecuencias en su salud fueron devastadoras.

Tras el accidente, se construyó un primer “sarcófago” de hormigón para encapsular el reactor destruido. Sin embargo, esta estructura era inestable y con el tiempo comenzó a deteriorarse.
Varias décadas después, en 2016, finalmente se construyó otro sarcófago, para contener completamente al original. Se lo denomina Nuevo Confinamiento Seguro (NSC) y se trata de una estructura metálica arqueada construida para cubrir el reactor número 4 de la Central. Diseñado para contener la radiación y evitar fugas radioactivas, es una de las mayores obras de ingeniería civil jamás realizadas.

Tiene una altura de 108 metros, y una longitud de 162 metros, con un ancho de 257 metros. Tuvo un costo de 1500 millones de dólares.


El NSC está hecho de acero resistente a la corrosión, cubierto por paneles de doble capa que impiden la entrada de agua y la salida de polvo radiactivo. Alberga sistemas de ventilación, monitoreo y grúas teledirigidas capaces de desmontar el antiguo sarcófago desde el interior sin exponer al personal a radiación directa. Su tamaño lo convierte en la estructura móvil más grande del mundo.

En 2025, informes del Organismo Internacional de Energía Atómica señalaron daños en la estructura debido a ataques durante la guerra en Ucrania, lo que comprometió parcialmente su capacidad de confinamiento. Se prevén reparaciones con apoyo del BERD para restaurar su función protectora y garantizar la seguridad a largo plazo.

Chernobyl y el impacto ambiental
La radiación transformó profundamente el entorno, generando bosques contaminados, como el “Bosque Rojo”, alteraciones genéticas en flora y fauna, y una zona aún altamente peligrosa. Sin embargo, ocurrió algo inesperado: la ausencia humana permitió que la naturaleza se expandiera. Hoy la zona de exclusión es un refugio para animales como lobos, alces y caballos de Przewalski.

Uno de los elementos más extremos del desastre es el llamado Pie de Elefante, que se trata de una masa de material fundido (corio) formada por combustible nuclear, hormigón y metal. Está ubicada debajo del reactor. En los primeros años emitía niveles de radiación capaces de matar en minutos. Hoy su radiación ha disminuido, pero sigue siendo extremadamente peligrosa. Aun así, gracias a robots y estudios remotos, se ha podido documentar su estado.


Actualmente, la zona de exclusión de Chernóbil (unos 30 km alrededor del reactor) sigue siendo un área restringida, aunque con ciertas actividades controladas. No obstante, se realizan visitas turísticas guiadas (con protocolos estrictos), y existe personal científico y técnico trabajando de forma permanente.
Algunos antiguos habitantes (los “auto-repatriados”) han regresado a vivir ilegalmente en zonas periféricas, mientras que el reactor 4 continúa en proceso de desmantelamiento, una tarea que llevará décadas.
El futuro de Chernobyl
Está marcado por tres ejes, un desmantelamiento nuclear progresivo, monitoreo ambiental a largo plazo, y uso científico y educativo del área. Se estima que algunas zonas no serán habitables por miles de años, dependiendo de los isótopos presentes (como el cesio-137 y el plutonio-239).

A cuarenta años del desastre, Chernobyl sigue siendo un recordatorio potente de los riesgos asociados a la energía nuclear cuando fallan los sistemas de control, el diseño y la gestión.
Pero también es un laboratorio único para estudiar la resiliencia de la naturaleza, mejorar la seguridad nuclear, y para entender cómo una ciudad entera puede desaparecer en cuestión de horas. Pripyat permanece congelada en el tiempo, como una cápsula de historia, mientras que Chernobylcontinúa siendo un desafío técnico, ambiental y humano que aún no ha terminado.


