«A las 19.10 dejo la cumbre de la pirámide rocosa. El sol desaparece del
horizonte, y aunque las rocas hayan almacenado el calor, el frío no tarda en
dejarse sentir. Me parece demasiado difícil y peligroso bajar por la arista,
así es que intento una travesía por el flanco de la montaña del lado del Diamir.
He dejado mi piolet en la cumbre, así es que no puedo apoyarme más que en mis
dos bastones de esquí, y esto ha estado a punto de costarme la vida. Me hallo
en medio de la pendiente helada cuando, de pronto, se me suelta un crampón.
Puedo agarrarlo a tiempo, pero se me ha partido la correa.»
La antesala del gran logro
Un lienzo de Rudolf Schlagintweit alla por 1854 dejó ver la existencia de «la
montaña desnuda», que para aquellos tiempos, ni se pensaba siquiera en ese
nombre. Rudolf era oriundo de Munich, y llevó la existencia del Nanga Parbat
a los ojos de Europa. Tres años después de esto, Rudolf moría asesinado en Kashgar,
dando comienzo de esta forma a la «maldición del Nanga Parbat».
No fue hasta 1895, en que el británico Albert Frederick Mummery se lanzó en
busca de la montaña. En aquella oportunidad, logró llegar hasta los 7000 metros
sobre la vertiente del Diamir. Eso fue lo último que hizo Mummery, ya que desapareció
junto con dos sherpas, tras un alud.
El Nanga Parbat, de esta manera, abría una historia nefasta de intentos que
recién culminarían para 1953, con el protagonista de nuestro artículo: Hermann
Buhl. Pero antes de llegar a él, falta un poco todavía
En 1930 y 1931, los alemanes con Paul Bauer a la cabeza, hicieron dos tentativas
infructuosas en el Kangchenjunga. Imposibilitados de acceder al Everest, al
que solo se concedía permisos para los británicos, ponen la mira en el Nanga
Parbat.
De esta manera, organizan una primera expedición en 1932, la cual es liderada
por Willy Merkl, pero tras una planificación bastante pobre, solo logran alcanzar
el pico Rakhiot.
Dos años después, en el 34, el mismo Merkl encabeza otra expedición, esta vez
financiada por el gobierno Nazi, la cual logra alcanzar el punto mas alto del
Nanga hasta ese momento: los 7900 metros, quedando a solo doscientos de la cumbre.
Pero la tragedia aparece nuevamente en esta oportunidad. Obligados a retroceder
por una tormenta, el propio Markl junto con Uli Wieland, Willo Wenzelbach y
seis sherpas pierden la vida.
En 1937 llega el turno de Karl Wien, quien lidera una expedición que por la
misma vertiente del Diamir consigue lamentablemente el mayor desastre del Himalaya
en toda la historia: dieciséis personas pierden la vida, siete alemanes y nueve
sherpas.
En 1940 Heinrich Harrer, vencedor en la norte del Eiger, junto a tres escaladores
mas, buscan una ruta siempre por la vertiente del Diamir, pero son arrestados
al estallar la segunda guerra mundial por el ejército colonial británico, derivándolselos
a un campo de concentración en el Himalaya. Tras cuatro años de reclusión, uno
de ellos logra escapar, y los hechos son relatados en un libro llamado «siete
años en el Tibet», que seguramente ustedes conoces por la película protagonizada
por Brad Pitt.
Llega finalmente el año 1953, y los alemanes regresan al Nanga Parbat. Para
entonces ya es una obsesión, una cuestión de estado. El Nanga ya se ha ganado
la reputación de «montaña asesina». Hasta ese momento, treinta y un escaladores
han perdido la vida en el intento de alcanzar su cumbre.
El verano tan soñado
«Me encuentro, pues, medio desherrado, como una cigüeña sobre una sola pata,en
medio de la empinada pendiente, apoyado sobre mis dos bastones y sin saber cómo
salir de allí. Con infinitas precauciones consigo llegar a un lugar rocoso.
Estoy a 150 metros de la cumbre cuando la noche llega repentinamente. Apoyo
mi cuerpo en la pared, de una inclinación de 50º, y paso la noche en pie.»
En aquella expedición de 1953, Karl Herrligkoffer, cuñado de Willy Merkl, se
erige como organizador. Sin experiencia alpina, no cuenta con el beneplácito
de los grandes clubs alpinos alemanes, teniendo grandes problemas para enrolar
en ella a alpinistas de prestigio, Heckmair y Rebitsch entre otros rehusan aceptar
la invitación, finalmente logra la inclusión en esta de dos grandes escaladores
austriacos, Herman Buhl y Kuno Rainer.
El propio Herrligkoffer, dice respecto a este desafío: «Cuando mi cuñado
Willy Merkl halló la muerte en la arista, bajo la plateada cresta del Nanga
Parbat, yo no tenía más que dieciséis años. Me entristecí haber perdido a un
hermano mayor, al cual tomaba secretamente por modelo, pero no podía comprender
todavía lo que significaba luchar diez días y diez noches con la muerte, para
sucumbir finalmente.
Sólo en 1937, comprendí la trágica grandeza de su sacrificio, cuando otra
vez murieron unos alemanes ante el Nanga Parbat, cuando siete expertos montañeros
perdieron la vida en pocos segundos con sus nueve fieles sherpas. Entonces resolví
desafiar a la suerte y emprender también yo, con un fuerte equipo, la tarea
de vengar a todas las victimas del Nanga Parbat.»
El Nanga Parbat, la novena cima más alta del mundo se muestra majestuosa, imponente,
en el extremo más occidental del Himalaya, en la cordillera del Karakoram. Con
sus 8125 metros, el Nanga guarda bajo su manto una de las más maravillosas e
impresionantes historias de la conquista del montañismo mundial.
El «solo» de Hermann Buhl
«Naturalmente mi equipo de vivac me hace mucha falta. No llevo más que un
pullover ligero, el más grueso, el saco de tienda y todas mis otras prendas
de abrigo han quedado en la mochila que he dejado bajo la primera cima».
Desde la instalación del campo base hasta los campos I a IV todo se desarrollo
sin ningún tipo de problema. Se transportaron las tiendas y el material tal
como estaba planeado. Al igual que las expediciones predecesoras, se intentaba
el ascenso a través de la vertiente del Diamir.
No obstante, los intentos de cumbre se iban posponiendo debido a las condiciones
meteorológicas. Para el 30 de junio y sin haber llegado siquiera a la altura
alcanzada en la expedición de 1932, Herrligkoffer ordenaba descender a todos
los montañistas que se encontrasen en los campamentos de altura.
Un día después, el 1 de Julio todo cambió repentinamente, cuando Buhl, Kampter,
Frauenbergar y el cámara Ertl todavía estaban en los campos de altura. Habían
desobedecido las órdenes del líder de la expedición, ya que no estaban dispuestos
a abandonar la ascensión, al menos no tan pronto. En consecuencia, el 2 de julio
Buhl, y Kempter instalaron el Campo V a 6.900 metros en el Collado cercano a
la Silla de Plata (7.450 m), mientras que Ertl y Fruenberger volvieron
al campo IV.
Las condiciones meteorológicas estaban estables en ese momento. Fue allí, en
ese instante, que Hermann Buhl decidió llevar adelante su propio plan, que consistía
en alcanzar rápidamente la Silla de Plata y el gran Plateau por
encima de ella, para desde allí tener a su alcance la cumbre norte.
Era la 1 de la mañana del 3 de julio, cuando Hermann Buhl abandonaba el campo
V poniendo en marcha su plan. Kempter lo seguiría una hora mas tarde.
Todo esto transcurría con una ladera con buenas condiciones de nieve y una
noche maravillosa con un cielo totalmente despejado. Se estaban dando las condiciones.
Para las 5 de la mañana, Hermann alcanzó la «Silla de Plata» y recorrió
posteriormente los tres kilómetros del «gran plateau».
Tras esto, descansó, luego dejó su mochila en el lugar e inmediatamente continuó
con el ascenso.
Cuando Kempter llegó al plateau, Hermann ya estaba muy lejos. Fue entonces
que entendió que era imposible alcanzarlo, así que decidió retroceder nuevamenta
al campo V y aguardar allí a ver que sucedía con el intento de Buhl.
Para las dos de la tarde, Hermann alcanzó el collado anterior a la cumbre.
Estaba a 7800 metros, el punto mas alto alcanzado hasta ese momento en todas
las expediciones predecesoras. Pero aún faltaba muchísmo.
No eran solo trescientos metros. Era la parte mas técnica y compleja de todo
el ascenso.
Era tarde ya, llevaba trece horas de ascenso y aún restaba lo mas difícil.
Allí tomó un estimulante, Pertvin, y comenzó con el intento. Era una sección
rocosa muy compleja.
Ya lo sabía de antemano. A pesar de todo, continuó.
No sin realizar un esfuerzo verdaderamente supremo, a las 6 de la tarde, Hermann
arribaba al hombro y una hora después, a las 19.10, un ser humano, Hermann
Buhl, pisaba por primera vez la cumbre del ochomil mas asesino, el Nanga Parbat,
y grababa a fuego su nombre en la historia de esta montaña y de todo el Himalayismo.
Su extrema fuerza de voluntad lo había logrado.
Muy poco tiempo pudo permanecer en la cumbre. El sol empezaba a ocultarse tras
las montañas, dándole el tiempo justo para clavar su piolet con las banderas
paquistaníes y tirolesas y hacer algunas fotos.
Emprendió el descenso ya cuando la noche se había hecho presente. Descendió
algunos metros hasta encontrar una estrecha cornisa, aún dentro de la zona de
la muerte, por encima de los ocho mil. Decidió, dadas las circunstancias, pasar
la noche allí. No tenía consigo absolutamente nada. Había abandonado su mochila
a la salida del plateau.
Sobrevivió desde las 9 de la noche hasta las 4 de la mañana, hora en que decidió
retomar el descenso, bajo condiciones extremas. Sin lugar a dudas, Hermann estuvo
en el lugar correcto y en el momento preciso, ya que bajo otras circunstancias,
las mas comunes por decirlo correctamente, no hubiese sobrevivido a esa noche.
Mientras tanto, Kempter y Frauenberger, refugiados en sus tiendas del Campo
V aguardaban preocupados, intentando saber acerca de Buhl.
Durante su noche en el vivac, Hermann había empezado a perder sensibilidad
en sus pies. Apenas pudo reiniciar la marcha, continuó el descenso por el collado,
bajo un esfuerzo agotador, hasta que alcanzó el plateau y su mochila.
En ese momento, su estado se había deteriorado peligrosamente. No pudo ingerir
comida y agotó, la última dosis de Pertvin.
Inclusive, ya bajo un sol ardiente, llegó a tener alucinaciones, todo derivado
del enorme esfuerzo y la altura. Una hora y media después, logró alcanzar la
Silla de Plata. Estaba ahora a 7450 metros, y mas cerca de la salvación.
Kempter por su parte, había descendido al campo IV y Ertl y Frauenberger aguardaron
en el V esperando a Hermann. Tenían planeado esperar un día más antes de subir
a buscarlo, mirando constantemente en dirección a la Silla de Plata, esperando
ver algún «punto» desplazándose.
Y así fue. Ambos habían estado trabajando en una placa instalada conmemorando
la expedición del 38. Frauenberger volvió al emplazamiento en que habían situado
la placa para asegurarla mejor, cuando creyó observar un pequeño punto que se
movía en la Silla…no cabía duda, era Hermann, y estaba vivo.
El legado de Hermann Buhl
De niño Hermann robaba las sogas de la ropa de su madre para ir a las montañas
a escalar. Asi fueron sus primeros pasos en «esto de la montaña». A eso
nos referimos al hablar de «legado».
Un «espíritu» incorrupto, que lo llevó a tomar decisiones extremas y
precisas, en el momento exacto y en el lugar buscado. Su perseverancia, su manera
tan particular de ver y disfrutar la montaña. Con su «solo» al Nanga
Parbat, Hermann Buhl entró por la puerta grande, a la historia grande del montañismo
mundial.
Cuatro años mas tarde, Hermann volvía a demostrar ese «espíritu» en
el Broad Peak, demostrando que se puede escalar un ochomil con perseverancia
y sin la ayuda de porteadores de altura.
Unos días después de este último logro, Hermann Buhl moría en manos del Chogolisa,
un sietemil que decidió guardar para si mismo el espíritu del gran conquistador
de ochomiles.
