Fuente cortesía
de Noticias de Gipuzcoa
Después de hacer historia y de
convertirse en la primera mujer en coronar las catorce cimas más altas
del planeta, Edurne Pasaban decidió tomarse un tiempo para desconectar.
La alpinista tolosarra, tras varios años
a todo trapo de un campo base a otro, organizando expediciones y analizando
mapas y predicciones meteorológicas para llegar a buen puerto, dijo basta.
Un paréntesis que se prolonga ya durante dos años y que llega
a su fin.
Así lo aseguró ayer ella
misma. Una buena noticia para el mundo de la montaña, que ya espera con
ganas conocer cuáles serán los próximos retos que se marca
la Vasca Universal, uno de los muchos galardones de los que puede presumir Pasaban.
Aunque el mejor premio para ella es el de volver a disfrutar de las cimas sin
la presión que acumuló en sus últimas ascensiones, en que
las polémicas le acompañaron.
"Vuelvo a tener ganas de hacer montaña",
destacó Edurne Pasaban en la presentación de Crónicas del
Everest, de Miguel Ángel Pérez, en una librería de Madrid.
La tolosarra explicó que, tras dejar atrás "un tiempo de
luto", ha recuperado las ganas y la ilusión por afrontar nuevas
ascensiones. Unos objetivos que no tienen por qué estar relacionados
con el Himalaya: "Hacer montaña es lo que me llena. Tras los catorce
ochomiles parece que no hay más retos, pero en el mundo hay muchas montañas
y algunas incluso más bonitas que un ochomil, aunque lo comercial sean
solo los 8.000 metros".
Pasaban remarcó que una gran parte
de su vida se redujo a afrontar las 23 expediciones que le permitieron alcanzar
las catorce cumbres más altas del planeta. "Mi vida era eso, pero
se convirtió en una pesadilla", afirmó. La alpinista vasca,
que el próximo mes de mayo saciará "el gusanillo" buscando
la cumbre de una montaña que no llega a 7.000 metros, recordó
su primer ochomil como un momento que cambió su vida. "Tenía
24 años. No me conocía y tenía miedo a muchas cosas, por
eso decidí utilizar oxígeno para hacer cumbre en el Everest",
explicó. En un segundo intento, ya sin ayuda externa, las condiciones
meteorológicas la obligaron a renunciar a la cima: "Hay otros factores,
más allá de estar fuerte. Las previsiones no eran las que nosotros
queríamos y me volví sin cumbre. El Everest dijo no en aquella
ocasión".
Preguntada por la posibilidad de intentar
una nueva ascensión a la "montaña que todo el mundo quiere
escalar", Pasaban contestó: "No sé si voy a volver".
En caso de hacerlo, la tolosarra se plantearía la ascensión por
el norte ya que "no hay tanta gente y no llevaría una expedición
grande". Sobre las protestas de otros montañeros por la masificación
del Everest, fue clara: "No me parece justo. Si no quieres ir en primavera,
tienes otros diez meses para ir. Hay 17 rutas".
En la actualidad, la montañera
vasca se encuentra inmersa en la grabación de Cumbres, un programa de
televisión donde diferentes personalidades ajenas a la montaña,
como el exfutbolista Julio Salinas, viven la experiencia de pasar la noche en
un refugio y ascender una pequeña cima. No es su primer trabajo al margen
del montañismo, ya que en 2012 presentó Rope Up, una película
en la que Pasaban describió en 50 minutos su expedición sin oxígeno
al techo del mundo.
TENSIÓN TRAS EL ANNAPURNA
La consecución de los catorce ochomiles
por parte de Pasaban no estuvo exenta de polémica. La coreana Miss Oh,
su rival por completar todos los techos del planeta y por convertirse en la
primera mujer en hacerlo, dijo que había coronado la cima del Kangchenjunga
antes de que la tolosarra hiciera lo propio en el Annapurna, el último
coloso que le faltaba en su lista para pasar a la historia. Pero la coreana,
como después certificó Miss Hawley, la encargada de validar las
ascensiones, mintió, algo que la propia Pasaban denunció en su
momento. Unas declaraciones que provocaron un gran revuelo y que, además,
se volvieron en contra de la montañera guipuzcoana, ya que algunos compañeros
la atacaron criticando su oportunismo y Pasaban pasó por momentos amargos.
Finalmente, todos los expertos la dieron la razón y el chaparrón
pasó.
Una carrera por los ochomiles que la acabó
quemando, como el cruce dialéctico con Juanito Oiarzabal tras el rescate
que su expedición hizo del montañero alavés cuando este
descendía el Lhotse.
