Entrevista cortesía
de Diariovasco.com
Autor: Juan Manuel Sotillos
Nos encontramos con Alberto Iñurrategi
en el Valle de Aran, por gentileza de Ternua. Pudimos compartir con él una intensa
jornada, en la que el de Aretxabaleta nos adelantó que su objetivo para el 2014
es regresar al Paiju Peak, de 6.610 metros. El pasado verano, esta montaña del
Karakorum, en Pakistan, se les resistió. «No estuvimos finos en el planteamiento
de escalada», reconoce, aunque entiende que aquello fue debido a la falta de
información de esa montaña, coronada una sola vez en 1976 por la cara Norte.
Alberto señaló que sigue con ganas de acometer las altas montañas y que le sigue
tentando hincarle el diente al Everest.
-¿Cómo ha
evolucionado el montañismo en los últimos años?
– Para mí, sin duda, la mayor evolución
ha sido el cambio que ha habido en las nuevas tecnologías, como el acceso
a internet. Ni el goretex, ni la pluma, ni el Alpha, ni los sacos de dormir,
ni las mochilas, ni los piolets, han proporcionado una ventaja tan clara como
la que en estos momentos ofrece la tecnología con el acceso a internet
y el acceso a los partes meteorológicos. Este ha sido el mayor cambio.
Ello ha permitido hoy en día optimizar muchísimo el rendimiento.
Prácticamente, los intentos fallidos de cumbre cada vez son menos en
rutas normales. Los partes cada vez más son más precisos y fiables
y todo esto te lo da internet.
– ¿Queda algo por
inventar?
– Es cierto que ahora hay cantidad de
tejidos y prendas muy específicas para usos muy específicos. Pero
todavía no se ha inventado la prenda para abarcar las distintas condiciones
que vas a encontrar en una expedición o en una actividad cualquiera de
montaña.
– La tecnología
nos permite estar informados casi en tiempo real de lo que pasa en las expediciones.
¿Cómo ve este progreso?
– Como todo, tiene sus pros y sus contras.
En este país lo más trivial puede ser un notición con el
solo hecho de ponerse a contarlo. Cada uno lo cuenta a su manera sin ser consciente
de que hace cincuenta años quizás ya se había hecho lo
se que está contando ahora como novedad. Se corre el riesgo de contar
las cosas quizás distorsionadas. Si se hace un uso racional de las tecnologías
yo creo que es muy positivo.
– Hay quien dice que,
depende en qué tipo de expediciones, si se usan recursos tecnológicos
deja de ser aventura.
– Todavía hoy en día es
posible hacer aventura y no está reñido con usar la tecnología.
No sé qué pierde una expedición aprovechando la tecnología.
Me cuesta entender la gente que renuncia a llevar un teléfono para usarlo
en caso de emergencia. Ten en cuenta que en cada época, dentro de la
historia del alpinismo, siempre se ha echado mano de lo último en tecnología,
equipamiento, etc. Las primeras expediciones al Everest llevaban topógrafos,
científicos, médicos. En cada tiempo se ha tirado de los recursos
que había en ese momento.
– A veces hay desacuerdos
entre alguien que dice que ha hecho una cumbre cuando en realidad igual no ha
llegado arriba. ¿Podríamos valernos de la tecnología para
demostrarlo, o vale con la palabra?
– Cada vez empiezan a cruzarse más
intereses comerciales y/o económicos. Desde luego yo creo que deberíamos
poder justificar haber alcanzado el punto que se está diciendo que se
ha alcanzado en una ascensión. No me parece tan difícil demostrarlo.
Hay distintas maneras de poder justificarlo. Suena a extraño que a uno
que va en solitario a la cumbre, se le haya perdido la máquina de fotos
o se le estropee no pudiendo enseñar la foto de la cima… A mí
no me ha pasado nunca. Puede ocurrir, pero de ahí a no poder hacer una
descripción de lo que has visto, de dar un detalle… Esto también
va con la conciencia de cada uno.
– Últimamente elige
montañas más técnicas y no tan altas…
– Sigo con ganas de ir a escalar montañas
altas… Estoy enamorado del Everest, que todavía me tienta… Ahora
bien, conviene de vez en cuando salir de las montañas altas.
– Este año no han
conseguido el objetivo en el Paiju Peak y ha reconocido que habían fallado
en el planteamiento, en la estrategia de ascensión. ¿Qué
pasó?
– Hay un componente muy importante, que
es la falta de información. Íbamos al Paiju Peak, una montaña
con mucha falta de información y esto tenía sus pros y sus contras.
Por un lado, lo desconocido realmente le pone emoción a la aventura.
Es novedad. Es un aliciente a la hora de plantear este tipo de expedición.
Y por otro está la falta de información. No es fácil acertar
sin ella y en el Paiju Peak no estuvimos finos en el planteamiento. Quizás
deberíamos haber sido más conservadores para que nos permitiese
hacer más intentos.
– ¿Y por qué
no los hubo?
– Podíamos haber vuelto a los cinco
días pero con el planteamiento que habíamos llevado no se podía,
era irreversible. El Paiju no nos lo permitía. No estuvimos muy acertados.
Es el riesgo que tiene lo desconocido. Puedes pensar que se podía hacer
un viaje de reconocimiento y volver al año siguiente, pero esto vale
mucho dinero y yo ya tengo una edad… En serio, es muy costoso.
– Pues a hacer incursiones
de exploración…
– El Karakorum ofrece gran cantidad de
posibilidades en el caso de que pudiéramos hacer expediciones de exploración.
Se te abre un mundo nuevo de montañas de seis mil, siete mil metros.
Esta cordillera, como escenario de alpinismo, es muy puntera pero muy complicada.
– Llama la atención
esa declaración de amor sobre el Everest. ¿Por dónde iría
usted ahora mismo al techo del mundo?
– Simplemente por la vía normal.
Por ejemplo, ¿sabes cuántas veces se ha subido en alpino el Everest?
Únicamente dos veces (Messner y Loretan/Troillet). ¿Sabes cuánta
gente te vas a encontrar en otoño en el Everest?. Nadie. Si vas ahora,
estas solo, absolutamente solo. Eso es un lujazo y a nadie se le ocurre ir a
la vía normal al Everest en otoño y menos en alpino. El Everest
es un objetivo alpinístico de primer orden. A mí me encantaría
subirlo por el corredor Horbein en la cara norte, pero iría encantado
también a la ruta normal del collado Sur.
– Mucha gente habla muy
mal del Everest, que si un camino de vacas, que si se sube muchas veces.
– El Everest es un tema de mucha envergadura.
Todo el mundo dice eso, que es una cuesta de vacas, una autopista, turismo de
altura. Todo esto puede ser en primavera, pero vete en otoño y sube al
collado Norte, abriendo tú la huella, trazando el camino y luego cuéntame.
Si mandas un ejército de sherpas a que te abran la huella, a que te pongan
las cuerdas fijas, se pierde parte de ese aliciente, de esa emoción que
puedes encontrar haciéndolo de otra manera.
– ¿Puede pasar
que alpinistas que pensaban hacerlo, decidieran no ir porque parece que el Everest
ha caído muy bajo?
– No creo que el Everest haya caído
tan bajo. Los alpinistas más punteros no están en montañas
tan altas salvo excepciones, como ahora Ueli Steck que se dedica al ochomilismo
puntero, pero gente de un gran perfil alpinístico se mueve en montañas
más modestas en altura pero de mayor dificultad y más técnicas.
– ¿Es normal lo
que sucede en el Everest?
– Por una parte me parece una evolución
lógica. La gente quiere hacer ochomiles, quiere ir al Everest. Lo mismo
que ha pasado en el Aneto, en el Mont Blanc, el Aconcagua o el McKinley. Las
montañas más altas y significativas se convierten en un atractivo
para mucha gente, como lo fueron para mí. Yo, con 22 años tenía
una ilusión terrible por saber qué era eso de superar la cota
de los ocho mil metros. Yo entiendo que la gente tenga esas ganas de ir a un
G-II, al Cho Oyu, al Everest. Lo que no puedo entender es a esa gente que llega
al campo base del Everest y tenga que hacer un cursillo de iniciación
para ponerse los crampones por primera vez. Como no entiendo que utilizando
los medios tecnológicos de los que hablábamos antes, cuenten la
experiencia vivida como si lo que han hecho fuese lo más.
– A nivel personal lo
será, pero no deportivamente hablando.
– Para uno mismo será la experiencia
personal muy respetable, pero se tiene que hacer sabiendo dónde estás.
Se ha perdido la medida.
– ¿Qué opina
de los rescates de altura, a 6.000 , 7.000 metros?
– Es un debate que también se está
generando en los Alpes o en Pirineos. Hay gente que se mete en dificultades
que le superan, sabiendo que con el teléfono móvil puede llamar
para que le saquen de la pared. De ahí, a valorar qué actuación
es irresponsable, qué actuación hay que cobrar como servicio de
rescate o no, me parece un terreno complicado y muy resbaladizo.
– ¿Es factible
el rescate a 7.000 metros?
– El riesgo que asumen los pilotos para
el rescate a estas alturas me parece altísimo y muchas veces son para
rescates de actuaciones muy irresponsables. Es un tema complejo.
– Siempre ha escalado
sin oxígeno. ¿Ha sido una renuncia clara al mismo, desde siempre,
o una cuestión de ese montañismo romántico y puro?
– No lo he utilizado nunca y me parece
que ya no lo voy a utilizar, salvo que me ingresen en el hospital y tengan que
ponérmelo. A nivel personal no entiendo evitar una dificultad como pueda
ser la falta de oxígeno y utilizar artificial, pero respeto a la gente
que lo utiliza. No me parece mal, siempre y cuando se baje la botella y no se
deje por ahí. El trabajo que genera en Nepal, en el valle del Khumbu,
me parece muy bien. Hay cantidad de sherpas que se ofrecen para llevarles las
botellas y bajarlas. Me parece estupendo. Aparte de que a mucha gente no le
importa usar oxígeno, si luego no va presumiendo de que ha hecho la gran
ascensión.
– ¿Próximos
proyectos?
– De momento los proyectos están
a la espera. Aunque no tengo ningún problema en adelantar que seguramente
iremos al Paiju Peak. Creemos que merece la pena. Tenemos ya una parte del trabajo
hecho y adelantado. Tenemos información y conocemos la medida de la pared
de la montaña, con lo que tenemos más posibilidades que este verano
pasado. Merece la pena volver a intentarlo.
– Es usted padre de dos
hijos. ¿Esto hace que se valore de otra forma el riesgo?
– Creo que hace reflexionar, pero en momentos
puntuales, porque a veces nos olvidamos, nos calentamos y vuelves a esa dinámica
de buscar emociones, sabiendo que estás asumiendo un riesgo a veces muy
alto. Y la familia tiene su contrapeso, pero al final te vas adaptando y esa
carga ya no te pesa tanto.
– ¿Se aprende más
del fracaso que de los éxitos?
– Yo creo que sí. Una frase sobre
deporte y fracaso que me gustó es que el éxito se despacha rápidamente
con la autocomplacencia. El fracaso te lleva a la autocrítica, a un replanteamiento,
a modificar la estrategia, a extraer enseñanzas de la experiencia vivida.
En ese sentido me parece muy interesante el fracaso. Sin negar que el éxito
nos gusta a todos. El fracaso no lo entiendo como algo negativo.
– ¿Qué le
parece lo de Kilian Jornet, con los récords de ascensión al Mont
Blanc y Cervino y que ahora quiera batir el récord del Everest?
– Esto no es nuevo, cuando Loretan y Troillet
hicieron el Everest en alpino el Horbein lo hicieron en 36 horas. Loretan tiene
varios 8.000 hechos en menos de 24 horas. Sí es cierto que Kilian está
rompiendo con todos los moldes. Esta haciendo cosas increíbles.
– ¿Ha recuperado
esa unidad que tenía en la cordada que formaba con su hermano Félix?
-Después de escalar toda mi vida
con Félix, hasta el año 2000, él era mi compañero
de cordada. Luego tuve la suerte de encontrarme con Jon Beloki. Por circunstancias
de la vida dejó la montaña y empecé a escalar con Juan
Vallejo y Mikel Zabalza y sigo en ese camino de dar un valor muy grande al compañero
de cordada. Al final su trabajo y el tuyo son los que van abrir el camino y
tiene que haber un entendimiento. Me da pena cuando veo que actualmente se ha
perdido el valor más preciado que tiene el alpinismo. La gente va con
el que puede, con quien sea. Se ven circunstancias que te dan que pensar. Uno
se ata con cualquiera y si toca participar en el rescate de un amigo, intentamos
que sean los sherpas los que se impliquen por nosotros. No existe ese componente
del valor de la cordada. Antes esto no pasaba. Escalar con otro que no fuera
de tu cordada era como poner los cuernos a la novia.
