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Bajo el auspicio
de The North Face, los alpinistas Simone Moro, Denis
Urubko y Cory Richard intentarán en la próxima temporada
el primer ascenso invernal al Nanga Parbat (8.125m).
Luego de la
enorme repercusión alcanzada la pasada temporada con el primer
ascenso invernal a un ochomil del Karakoram, en este caso el Gasherbrum
II, este trio irá por uno de los mas preciados objetivos
del montañismo mundial en invierno.
Aún no
se han brindado demasiados detalles sobre la expedición,
solo que arrancará el 26 de diciembre, probablemente a traves
de la vía mas habitual, la ruta Kinshofer, seguramente y
conociendo el accionar de ellos, lo harán en estilo alpino
como en casos anteriores.
Recordemos que
Moro y Urubko vienen de obtener la primera invernal del Makalu en
2009 y como dijimos, la primera invernal a un ochomil del Karakoram.
Simone Moro
tambien consiguio en 2005, la primera invernal al Shisha Pangma
junto al polaco Piotr Morawski.
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Una historia invernal
de ascensos

El
macizo del Nanga Parbat visto desde Fairy Meadows. Esta es la vista de
la vertiente de Diamir, la ruta mas habitual que seguramente será
por la que optarán Moro, Richards y Urubko.
Los polacos se desviven
por el invierno, los polacos se desviven por el Nanga Parbat. Pareciera
que en sus propios genes llevan inscripta esas tres palabras: Invierno
Nanga Parbat. Cuando cae el invierno ellos se apoderan de la montaña,
por la ruta Kinshofer en algunos casos, por la Rupal los mas aventurados.
Una historia fallida de intentos de conquista polacos que lleva mas de
20 años.
Separado del resto
del Karakoram por el río Indo, el Nanga Parbat es una pirámide
aislada en el extremo occidental del Himalaya. Fue la primera cumbre de
8 000 metros que intentó escalar, en 1895, el inglés A.
F. Mummery y, como si quisiera advertir al mundo, la montaña mató
en breve a Mummery y a sus dos cargadores de altura. Veintiocho personas
más murieron en cuatro infructuosas expediciones antes de que el
austriaco Hermann Buhl lograra alcanzar la cima en 1953.
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Richards,
Moro y Urubko van por el "sueño" polaco en el Nanga
Parbat.
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En el transcurso
de la época comunista, los polacos tuvieron prohibido participar
en expediciones a las cordilleras del Himalaya y de Karakoram, perdiéndose
así los primeros ascensos a todas las cumbres altas, desde
el monte Everest y Nanga Parbat, en 1953, hasta el Shisha Pangma
de 8 012 metros en China, en 1964.
En su lugar,
concentraron su frustración en las cimas de su propio territorio,
las pequeñas montañas Tatras.
El monte Rysy, la cumbre más alta de Polonia, apenas alcanza
los 2 500 metros de altura.
Las Tatras no
tienen glaciares o nieve durante todo el año.
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Pero el montañismo
invernal, que implica más dolor y sufrimiento que el alpinismo
de verano –hipotermia, quemaduras por frío, avalanchas–,
se convirtió en una obsesión para los polacos.
Uno de los primeros
practicantes del montañismo invernal polaco fue un geofísico
alto y de nariz pronunciada llamado Andrzej Zawada. En 1959, completó
el primer encadenamiento de las Tatras, subiendo más de un centenar
de cumbres y peñas en 19 días nevados de ascenso continuo.
Apuesto y carismático, se convirtió en el impulsor del montañismo
invernal más visible y visionario de Polonia. “Dime lo que
has hecho en Kazalnica en invierno y te diré cuánto vales”,
acostumbraba decir a otros alpinistas.
En 1973, cuando la
Cortina de Hierro empezaba a agrietarse, se le permitió a Zawada
visitar Afganistán, donde llevó a cabo el primer ascenso
invernal a una cumbre de 7 000 metros, alcanzando la cima de 7 492 metros
del Noshaq. El siguiente invierno, Zawada escaló arriba de los
8000 metros en Lhotse con Zygmunt Heinrich, convirtiéndose así
en el primero en alcanzar la “zona de muerte” en invierno. Hacia
finales de los setenta, Zawada se atrevió a sugerir que incluso
el Everest podía escalarse en invierno.
Zawada convenció
al gobierno de Nepal para que le expidieran un permiso para intentar subir
al Everest en el invierno de 1979. Fue el primer permiso invernal otorgado
y creó de facto una nueva temporada oficial de montañismo
en el Himalaya. Muchos alpinistas todavía pensaban que el montañismo
de altura en invierno era suicida. Pero Zawada sabía algo que ellos
no: los polacos se habían entrenado para eso durante dos generaciones.
Por carácter, deseo y experiencia, los escaladores polacos estaban
acostumbrados al frío, al viento, a la oscuridad y al peligro.
El 17 de febrero de 1980, Leszek Cichy y Krzysztof Wielicki llegaron a
la cumbre del Everest, el primer ascenso invernal de un ochomil.
Nanga Parbat: el mayor desvelo de los polacos
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En 2006 Wielicki
regresa al Himalaya, encabezando el asalto a Nanga Parbat. Alpinistas
y cargadores suben equipo desde el Campamento Base, establecido
en nieve profunda junto a un arroyo helado. Wielicki está
sorbiendo un humeante tazón de callos, cuando el radio suena.
Levanta el
receptor y responde: hubo un accidente, una avalancha. Hassan Sadpara,
un experimentado cargador de alta montaña, resultó
herido. Wielicki mueve la cabeza con seriedad. Ha visto morir a
mucha gente en las montañas; y ha perdido a una docena de
amigos.
Pregunta con
calma qué tan mal está y se ve visiblemente aliviado
cuando oye que sólo se lastimó el hombro. Wielicki
les indica a sus compañeros que bajen a Sadpara al Campamento
Base tan rápido como sea posible.
Veterano de
37 expediciones a Asia, Wielicki fue la quinta persona en alcanzar
las cimas de los 14 ochomiles. Además del Everest, realizó
los primeros ascensos invernales de Kanchenjunga y Lhotse. Wielicki
es uno de los montañistas del Himalaya más exitosos
del mundo.
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Krzysztof
Wielicki |
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Los polacos están
intentando subir el flanco izquierdo de la cara Rupal por la ruta Schell
de 1976, que asciende por una cresta dentada con fieros gendarmes pétreos
separados por empinadas secciones de hielo. Su plan requiere cuatro campamentos,
quizá un vivac antes de intentar llegar a la cima, y unos tres
kilómetros de cuerda fija.
Pero sólo después
de cinco días en la montaña, ya hay problemas. El día
que llegaron, cayeron 30 centímetros de nieve y desde entonces
se la han pasado sorteando avalanchas. “El invierno suele ser una
época segura para escalar –dice Wielicki–. Pero los Karakoram
son diferentes al Himalaya. Más fríos, más ventosos
y más húmedos”.
También se
han dado cuenta de que su Campamento Base, a los pies de la inmensa cara
Rupal, está demasiado abajo –a apenas 3 535 metros– lo
que significa que el equipo se enfrenta a un ascenso de unos 4500 metros
para llegar a la cima, una distancia casi imposible en verano, no digamos
en invierno.
Este es un brevísimo
resumen de una historia de conquistas de ochomiles invernales, donde el
Nanga Parbat juega un papel fundamental. La obsesión polaca por
esta montaña no ha podido aún ser llevada a la realidad.
Ahora, en 2012, tres
montañistas con importantes antecedentes de conquistas invernales,
fortaleza y espíritu de montaña, van por el preciado desvelo
de los polacos. Veremos si lo consiguen, lo que si podemos decir que cuentan
con importantes razones que nos hacen pensar que otro mito puede ser vencido
la próxima temporada.

Vista
de la cumbre del Nanga Parbat tomada con teleobjetivo desde Fairy Meadows
Fuente: National
Geographic
Notas relacionadas:
Guerreros
de hielo
Simone
Moro y Denis Urubko han entrado en la historia: Primera invernal del Makalu
¡Histórico!
Simone Moro, Denis Urubko y Cory Richards conquistan el GII y logran la
primera invernal en un ochomil del Karakoram
Entrevista
exclusiva de Alpinismonline a Simone Moro
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