Foto de portada: Simone Moro y Tamara Lunger (Foto Simone Moro)
Todas las fotografías de Simone Moro
La expedición invernal al Gasherbrum que estaban encarando Simone Moro y Tamara Lunger, ha tenido un final repentino, a borde de la tragedia. El pasado sábado, durante un intento de llegar hasta el campo 1, con la intención de pasar la noche allí para luego acceder al siguiente campo, el escalador italiano cayó en una grieta al desplomársele el piso que estaba atravesando en ese momento.
Afortunadamente se encontraba encordado a Tamara, no obstante, debieron realizar ambos escaladores, un esfuerzo extremo para poder sacar a Simone de la situación en la que se encontraba, e inclusive, que no fuera a arrastrar a Tamara también dentro de la grieta, con un final terrible para ambos montañistas.
El mismo Simone brinda un detalle clarísimo a través de una publicación en su FB, luego de salir de aquella montaña invernal que -a esta altura- ya ha quedado en el olvido. Ambos escaladores abandonan el intento. Vamos con su relato:
<*2*>
«Sin dar demasiadas vueltas al tema, ayer llegamos junto a Tamara, a un solo instante de un epílogo trágico. Estábamos dispuestos a pasar dos noches en la montaña, llegar al campo 1, dormir allí y al día siguiente, ir al dos. Por fin habíamos logrado superar la cascada de hielo y la grieta grande y estábamos en al meseta sommital, siempre encordados porque sabíamos que las grietas estaban al acecho. Pero el día no había terminado y lo que nos esperaba era terrible. Cerca de una grieta, me puse en posición para asegurar a Tamara, que primero la cruzó sin inconvenientes, llegando a una zona de seguridad, veinte metros más adelante.
Luego vino mi turno y tras una fracción de segundo, todo se desplomó a mis pies abriéndose un agujero en el cual caí. Tamara sufrió un tirón tan violento que literalmente quedó colgando al borde de la grieta, y yo en caída libre, veinte metros dentro de la grieta y cabeza abajo, golpeando las piernas y glúteos en las hojas de hielo.
<*3*>
Encima de todo, Tamara tenía una de sus manos aprisionada por la misma cuerda, que le causaba un dolor imposible de soportar y adormecimiento. Yo me encontraba en plena oscuridad y ella iba siendo arrastrada de a poco hacia el borde de la grieta. Todo se complicaba más, ya que ella tenía raquetas de nieve en los pies.
En primera instancia pude con una mano poner un precario anclaje y aunque me sentí lentamente bajar hacia el abismo, tuve la claridad de tomar el tornillo de hielo que tenia en el arnes y aferrarlo a la pared. Ese tornillo detuvo mi deslizamiento y la probable caída de Tamara.
Desde allí, sin entrar en detalles, nos inventamos la forma de salir, casi dos horas después del incidente.
Temblando y con mil contusiones abracé a Tamara que también lloraba de dolor. Bajamos al campamento base que ya estaba alertado por el incidente, aunque los tranquilizamos.
Hoy he organizado la evacuación y el pedido de pruebas médicas para ambos. Los dolores ahora son más fuertes y la mano de Tamara se encuentra parcialmente insensible, sin poder moverla»
<*4*>
