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Hace algunos años ya, digamos
como más de cien, el hombre comenzó a sentir esa extrañísima
necesidad de subir montañas, en su afán de alcanzar extremos,
límites que le permitiesen regocijarse de sus propios logros, impulsados
en muchos casos por ese espíritu que llevamos dentro. Esta es indudablemente
una característica humana muy fuerte y que no siempre lleva a que
las cosas terminen muy bien.
El caso del Monte Everest es muy
particular. Existen otras montañas, otros ochomiles también,
mucho más complejos que permitirían al montañista
desarrollar ese espíritu que lleva dentro de sí de manera
mucho más concluyente. De hecho, muchísimos lo hacen y lo
logran, y hasta suelen dejar sus vidas en el intento.
Pero finalmente, muchos van por
el Everest. Simplemente porque es el más alto.
Hace mas de noventa años la prensa británica le preguntó
a uno de los grandes pioneros del Everest, un tal George Mallory, porqué
iba a encarar semejante empresa intentando alcanzar la cumbre de esa montaña.
El hombre les respondió "Porque está allí".
En aquél entonces, la situación
era otra muy distinta. Existían temas políticos -aparte
de ese "espíritu de montaña"- que eran de urgente
atención. El hecho de "estar allí", en todos los
órdenes de la vida, para el ser humano representa un desafío
que debe ser alcanzado cueste lo que cueste.
A través de las décadas,
después de la primera conquista de la cual ya transcurrieron sesenta
años, el perfil del ascenso al Monte Everest fue "evolucionando".
Evolucionar, no significa siempre "mejorar". Sino simplemente
eso, evolucionar, ir hacia un cambio, hacia algo distinto.
Se pasó de una etapa de conquista
a otra de experimentación, donde se buscaron nuevas vías,
nuevos retos por gente que sabía tratar a la montaña. Luego,
esa evolución, de a poco fue llevando el camino hacia otro tipo
de aventuras, que podemos o no estar de acuerdo con ellas, pero que son
una realidad.
Esto existe hoy en día no
solo en el Everest. En infinidad de montañas. El "tema comercial"
es parte de nuestra vida cotidiana y lógicamente, desde hace ya
un tiempo, ha visto que aquellos "logros" que el ser humano
necesita poseer, de los que hablamos al comienzo, podían saciarse
perfectamente encuadrados dentro de un entorno comercial y obtener importantes
beneficios de ello.
Vale una aclaración: que
en nuestro sitio día a día, en especial durante la temporada
himalayística estemos informando acerca de la actividad comercial
en el Monte Everest u otros ochomiles, no implica que estemos o no de
acuerdo con ese tipo de actividad. Ese es un hecho informativo que debemos
cubrir ya que este es principalmente, un medio informativo. Ahora bien,
las opiniones al respecto, también podemos vertirlas en notas como
esta.
Hace un par de años, otro
gran montañista llamado Simone Moro, creo que muchos de ustedes
habrán oído hablar de él, fue al Everest en busca
de desarrollar ese "espíritu de montaña" del que
venimos hablando. Huyó despavorido por el panorama que encontró
en el campo base. De hecho, vaticinó que podrían sucederse
accidentes debido al enorme "trafico" que encontró en
el lugar.
Vemos entonces aquí otro componente derivado de esta "fiebre
comercial". El montañismo tradicional es "desplazado"
por la misma fiebre.
El pueblo Sherpa
Lógicamente que en semejantes
empresas existe la necesidad de que alguien realice el trabajo duro. Aquí
en Argentina tenemos al Cerro Aconcagua. Un "sietemil" (podríamos
considerarlo como tal) que por sus características geográficas
y climatológicas lo convierten en un sitio propicio para "entrenar"
las posibilidades de, en un futuro próximo, alcanzar metas ochomilísticas.
Aquí existen también
esas empresas comerciales, esa necesidad de trabajo duro, que mayormente
son derivadas a animales de carga -después podríamos discutir
también si eso está bien o mal, aclaro que yo, quien escribe,
no está de acuerdo, pero no viene al caso en este artículo-
hasta cierto punto lógicamente. No podríamos considerar
que una mula nos lleve los materiales hasta la propia cumbre, eso sería
una locura.
Allí, en el Himalaya, también
existen esos animales de carga, son los Yaks, que también pueden
realizar esa tarea hasta cierto punto. Luego, si tu estás encarando
tu propia expedición, puedes hacerte cargo de tu propia carga.
Si estas pagando una cifra cercana -en mayor o menor medida, según
la empresa- a los cincuenta mil dólares estadounidenses, pretenderás
que "alguien" realice esa tarea pesada por ti.
Y es asi. Son ellos, los "verdaderos
montañistas" de este tipo de empresas, lo que realizan el
trabajo pesado. Primeramente, unas cuantas semanas antes de la apertura
de la temporada, van al lugar, establecen absolutamente todo, desde el
campo base, las rutas de ascenso, las cuerdas fijas, todo, desde la base
hasta la cumbre, luego suben las cargas, sobre sus espaldas.
Ellos son los verdaderos dueños
de estas montañas. Están en su tierra. Necesitan de ellas
para su sustento. Dos veces al año, se alejan de sus aldeas, de
sus familias para saciar las necesidades de los montañistas occidentales
y así obtener ese sustento.
Ellos nacen entre estas montañas,
y también mueren entre ellas, para ellas y por ellas.
Crónica de una tragedia
anunciada
Resulta sorprendente ver como el
hombre ha llegado al extremo de ver que junto a él yace una persona
que está muriendo, que tal vez tenga la posibilidad de salvarlo
sacrificando su objetivo y que ni siquiera intente hacer algo por ello.
¿Qué eso es imposible? Pregúntenle a David
Sharp entonces, aunque creo que no podrá responderles.
Ésta y otras tantas cosas
similares, van creando el caldo de cultivo de una tragedia.
La mañana del viernes, cuando
escuché las primeras noticias del desastre, al instante me pregunté:
¿Ya sucedió?.
Pero, ¿Porqué sucedió?
… Principalmente porque en esta época del año, al llegar
la primeravera, con el calor, lógicamente, por una cuestión
netamente física, el hielo se derrite. Y cuando el hielo se va
derritiendo, inexorablemente, si el bloque es muy pesado, está
adosado a una pendiente de más se sesenta grados, en algún
momento va a desprenderse y caer. Y va a arrasar con todo lo que encuentre
a su paso. ¿Qué hay que hacer entonces? Minimizar los riesgos.
En consecuencia, si ponemos a más de cien personas en caravana,
circulando despacio por el peso que llevan en sus espaldas, en una época
del año donde suelen sucederse avalanchas de este tipo, por un
lugar peligrosísimo, como lo es la cascada de hielo …
… inexorablemente, tarde o
temprano … ¡Va a suceder! Era solo cuestión de tiempo.
¿Y quiénes pagan el
precio? Los verdaderos montañistas.
El gobierno de Nepal estudia medidas
para ver cómo puede solucionar este problemita que tiene en el
Everest. (?)
Mientras las va "estudiando",
toma la maravillosa medida de establecer que cada persona que suba la
montaña baje con ocho kilos de basura, como para "ir limpiando".
Esto sería como tratar con "aspirinas" a un enfermo de
cáncer.
Mientras va "estudiando",
la gente se muere.
Perdón, pero aparte, me cuesta
creer que una persona que paga cincuenta mil dólares se preocupe
por bajar ocho kilos de basura de la montaña, cuando pasa por al
lado de un
ser humano que se está muriendo y como está por encima
de los ocho mil metros, y la "ley dice" que a esa altura uno
mucho no puede hacer, lo deja morir … en fin, alguien diría,
a confesión de partes, relevo de pruebas. Simplemente, muchos estarán
de acuerdo con pagar la multa por no bajar los ocho kilos y adiós
problema.
No sabemos que sucederá de
aquí en mas luego de esta tragedia. Pero esto, simplemente, no
fue un accidente. Un accidente es algo que no se puede evitar, algo producto
de la fatalidad. Esto para nada encuadra dentro de ese marco.
Si hay un responsable. Y si, seguramente,
como en todos los casos similares. El que regula, el que controla y que
por cuestiones económicas o vaya a saber qué, hace la vista
gorda y se olvida de controlar y regular o tal vez emite resoluciones
absurdas que bien encajan en eventos absurdos como este, el querer llegar
al techo del mundo teniendo como respaldo el haber leído o interiorizádose
acerca de su propio ego.
Pero saben una cosa, ¿Quién
tiene la ultima palabra en todo esto?
Sí, ese protagonista en que
ahora ustedes están pensando. El que permite que alguien acceda
a ella o no, el que deja que le "entren" o no, el que silenciosa
pero certeramente tiene controlada toda la situación, el que guarda
para si los secretos más profundos a los que el ser humano no podrá
llegar nunca, a pesar que a veces se le permite llegar a su cumbre.
Ella tiene la última palabra
y es la que deja claramente escrito ese mensaje. Y en esta oportunidad,
ella dijo ¡NO! Aunque haya sido doloroso, espero que quien tenga
que tomar nota de esto, finalmente la tome.
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