El Lanín domina
todo el parque nacional que lleva su nombre, en el sudoeste de Neuquén
-límite con Chile- y desde cualquier punto de esta reserva se puede
ver su típica forma cónica, como los volcanes de manuales
escolares, azulado en sus laderas y con el bonete blanco de nieves permanentes
en la cima.
También se lo ve desde la
ciudad más cercana, Junín de los Andes, a unos 60 kilómetros,
por encima de bosques de pehuenes y cerros en cuyo verde resaltan el rojo
y el amarillo de los notros y las jarillas en flor en esta época,
por donde bajan correntosos ríos y arroyos de deshielo que alimentan
los grandes lagos de la zona.
Su cima, a 3.776 metros de altura,
es una tentación para el turista de aventuras, a quien los guías
de la ciudad allanan el camino, ya que para llevarlo sólo exigen
un buen estado físico o entrenamiento como para cargar una mochila
de unos 15 kilogramos durante dos jornadas y trekking de hasta 13 horas
en un día.

No hace falta tener conocimiento
de montañismo, ya que la experiencia la ponen los guías,
en especial aquellos que suben al Lanín desde que comenzaron las
escaladas organizadas para el turismo en la ciudad, hace 18 años.
La expedición es de dificultad
técnica baja o media, pero exigente desde el punto de vista físico,
por lo que los expertos la recomiendan sólo para gente con buen
estado físico o entrenamiento específico para este tipo
de actividades.
La experiencia comienza en la tarde
previa al día de la partida, con la charla a cargo de los guías
y el chequeo del equipamiento, y sigue a la mañana, cuando se recorren
las rutas 23 y 60 hasta el paso Tromen, donde se hace el rápido
trámite de registro en la oficina de Parques Nacionales, que habilita
la escalada.
Pero la adrenalina comienza a fluir
cuando se sale del bosque de ñires y lengas y se enfrenta desde
su base la imponencia el Lanín para subir por su ladera norte,
momento en el que surge una sensación de pequeñez al levantar
la vista hacia la cumbre que parece tan cerca y a la vez inalcanzable.

"El Lanín es una montaña
y una experiencia que genera un antes y un después en la vida gente",
dijo a Télam Andrés Holzmann, un guía pionero en
las escaladas al gigante de Neuquén, quien inició a cientos
de turistas en esta experiencia.
Todo lo que estaba cerca y era inabarcable con la vista -bosques, lagos,
cerros, caminos y los puestos fronterizos- se aleja con la altura y de
a poco entra en las lentes de las cámaras.
Pronto se ven también pequeños
los lagos argentinos y chilenos, como Tromen, Quillen, Huechulafquen,
Epulafquen y Paimun, además de la ruta provincial 60 que en Chile
es la ruta nacional 199.
El trekking es lento, con descansos
de 15 minutos cada hora y culmina al llegar a los domos del refugio, a
2.300 metros del altura, después de casi cinco horas.
Las noches despejadas y en especial
las de plenilunio -como en estos días- son ideales para contemplar
la bóveda celestial con las estrellas al alcance de la mano o el
paisaje iluminado sólo por la natural luz plomiza de la luna.
Sin embargo, esa experiencia conviene
dejarla para el inicio de la segunda jornada, ya que el primer día
se cena temprano y se duerme desde las 19, para poder levantarse entre
las 2 ó 3 y retomar la caminata rumbo a la cima, aún de
noche.
A partir de los 2.600 metros hay
hielo y es necesario calzarse los grampones, en tanto se pueden registrar
nevadas más arriba según el clima del día, que suele
ser cambiante en la altura.
La última jornada, los tramos
a caminar son más extensos y se comienza en la oscuridad, pero
al llegar a los 3.000 metros los expedicionarios son encandilados por
el domo rojo del sol naciente, en unos amaneceres posiblemente irrepetibles.
A veces se descubre que durante
la noche se ha nublado, pero las nubes están más abajo que
el camino, como una gran llanura grisácea y algodonada en la que
sobresalen algunos picos.
La mayoría está hacia
el oeste y -según lo que explica Holzmann- son los gigantes chilenos
Villarrica, Quetrupillan, Osorno, Llaima, Mocho Choshuenco y el Volcan
Puyehue.
Desde entonces se comienza a sentir
la amplitud térmica, ya que al frío de la madrugada le sucede
un calor seco y despiadado, a veces cortado por brisas -o ráfagas-
heladas que corren entre las grietas y se deslizan por la ladera.
La marcha debe ser lo suficientemente
sostenida para llegar a la cima a al mediodía, ya que por reglamentación
de Parques Nacionales el horario límite para iniciar el retorno
-y estar en la base antes de la noche-, es las 12.30.
La meta se cumple en tiempo, después
de pasar las últimas canaletas y una rimaya, y entre abrazos y
risas los expedicionarios celebran haber puesto pie en las nieves eternas
del pico del Lanín.
Desde allí, pueden observar,
en una panorámica de 360 grados que únicamente desde el
pico del Lanín se puede obtener, el paisaje cordillerano y la Patagonia
que se extiende infinita a ambos lados de la frontera.
Fuente: Telam
Fotografías:
FOTO DE PORTADA: Gentileza
Fotopaises.com
MAPA: Gentileza Sanmartindelosandes.gov.ar
PLANO: Gentileza Centro
Cultural Argentino de Montaña
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