Notas de Opinión
Me remonto alla, muy lejos
a 1924, cuando unos de los primeros pioneros del himalayismo comenzaban a abrir
huella y fijaban una marca imborrable en la historia de la montaña. Me
estoy refiriendo por supuesto a George Mallory y Andrew Irvine
y el comienzo de la gran epopeya de conquista. Si lograron finalmente aquella
cumbre del Everest, bueno, hoy no debiera importar demasiado. El hecho es que
existieron y establecieron un mito dentro de esta enorme historia que siguió
durante décadas, que tuvo su maximo esplendor -probablemente porque comenzaron
a lograrse los objetivos- alla por la década de 1950.
Luego el montañismo
de aquel estilo siguió, dos o tres década mas, comenzaron a aparecer
los Messner, los Kukuczka con ese montañismo polaco tan
extemo y particular, algunos que quedaron en la historia, como Hermann Buhl,
Günter Messner, o la misma Wanda Rutkiewicz, hasta el mismo
Juanito Oiarzábal podríamos decir que parecía otro
Juanito, adaptado a aquellos tiempos.
Luego, a partir de mediados
a fines de los noventa todo cambió. El espíritu puro del montañismo
pareció volar llevado con el viento que deshilachan aquellos banderines
budistas que acompañan implacables todo este entorno. Y llegó
finalmente el espíritu comercial al himalayismo.
Sin ir mas lejos, hace dos
o tres días, en nuestro medio publicamos una noticia respecto a la primer
cumbre del Everest de esta temporada. En ella se detalla que un grupo de sherpas
de una expedición comercial, alcanzó la cumbre y completó
el tendido de cuerdas desde la base hasta la propia cumbre. Ahora solo falta
que los clientes accedan a ella a traves de esa ruta pre establecida. Podríamos
agregar también si vamos un poco mas al extremo, que solo faltaría
colocar un conjunto de escaleras mecánicas y algunos puestos de hamburguesas
en el camino. Que no les extrañe tampoco que dentro de algún tiempo
se les ocurra instalar un oxígenoducto hasta la mismísima cumbre.
Algo bueno e interesante en todo esto. Una expedición: Extreme Everest
Expedition, Feeling
Nepal, está llegando al Everest para sacar la basura de cincuenta
años de exploración que han dejado las expediciones en la montaña.
En fin, me quedo con lo
que hace Gerlinde del otro lado del Everest. Y paradójicamente,
en la ruta que está del otro lado, en la cara norte, se prepara junto
con Ralf a cubrir una ruta que solo ha sido completada hasta ahora en
una sola oportunidad. Y tengamos en cuenta que la misma Gerlinde está
en esa carrera por ser la primer mujer en completar los catorce ochomiles. Pero
trabaja la montaña de otra forma totalmente distinta, mucho mas cercana
a lo que leímos a traves de las décadas respecto a la verdadera
conquista del Himalaya.
Mientras tanto, hemos escuchado
durante meses decir a las dos, tres o cuatro (ya he perdido la cuenta) mujeres
que buscaban este objetivo, decir que no les importaba esta carrera. Bien, hasta
aquí solo una lo ha demostrado, perdon, la italiana Nives Meroi
tampoco ha dado muestras de su ego extremo (como estas alturas).
Ahora parece que Miss
Oh Eun Sun completó las catorce cumbres. O no. Porque una de sus
contrincantes lo ha puesto en tela de juicio. Con justa razón. O no.
Y ahora parece que interviene la notaria del himalayismo, que es quien mantiene
la base de datos de ascensos mas certeras. Si es que debemos tener en consideración
algún tipo de autoridad en este tema.
Yo creo que la única
autoridad en esto es uno mismo. El sentirse pleno (o plena en este caso) de
espíritu al tener el exacto conocimiento de haber logrado un objetivo.
Y que lo que puedan decir u opinar los demás les importe verdaderamente
un bledo. Eso es montañismo. El decir por ejemplo, "si me quieres
registrar esta cumbre, bueno, va bien, eso vale"; y "si no
lo quieres hacer, bueno, va bien, eso vale para mi también"
… y te retiras con una sonrisa. Pero la necesidad de ser el primero
en algo es muy típica del ser humano.
Me viene ahora al pensamiento
la maravillosa Wanda Rutkiewicz, en cuyo homenaje publicamos hace algunas
semanas una nota.
Y ahora sonrio yo, con una sonrisa de mejilla a mejilla pensando lo que
estaría pensando la propia Wanda en estos momentos. Y así
sigo sonriendo y hasta puedo lanzar una carcajada. … No debes preocuparte
Wanda, algunos vamos a dejar vacío aún por el momento el
escalón mas alto de este podio de las 14. Hasta que aparezca alguien
que sea capaz de hacer honor a tu estilo.
Y bien, siguió cambiando
y cambiando este himalayismo. Como dijimos, ahora por unos cuantos miles de
Dólares o Euros, según en que parte del mundo residas, pueden
llevarte hasta la mismísima cumbre del Everest o la montaña que
mas te plazca, y que de esta forma puedas rememorar y ver si fluyen en tí,
aunque mas no sea, algunos vestigios de ese espíritu conquistador de
George Mallory, Andrew Irvine, Edmund Hillary o Tenzing Norgay.
Pero bueno, como teníamos
poca cosa con todo esto, ahora llegó el sainete a los ochomiles.
Con todo respeto hacia esa maravillosa expresión artística. Lo
que pasa es que el montañismo debiera estar mas próximo a una
ciencia exacta que al arte en si. Porque es exacta cuando debes calcular donde
poner el pie para no dejar allí tu vida. Las matemáticas gobiernan
los pesos que pueden soportar los bloques de hielo. Pero el arte también
tiene participación y radica en el escalador, en su técnica y
en su olfato para saber donde poner el pie sin que ello le cueste su humanidad.
Pero si a toda esta relojería
de precisión y esencia artística le agregamos disputas mediáticas,
denuncias, reclamos de ayudas no provistas y acusaciones de un lado y de otro,
pues bien, esto está mas cercano al sainete que a una interacción
maravillosa entre el hombre y la naturaleza.
Por un lado vemos un despliegue
sin precedentes en la antesala de una cumbre con fecha y hora programada para
cumplir con los avatares de la televisación en vivo, ante el inminente
hecho de conseguir por primera vez un record. Yo me pregunto al respecto, ¿Qué
piensan los Dioses de la montaña en este sentido? O la propia montaña
si la personificaramos en sangre y espíritu, ¿No se sentiría
en cierta forma violada en su intimidad? El montañista debe entender
por sobre toda las cosas que no solo puede llegar a su cumbre por su propia
voluntad y dotes de escalador. La montaña también tiene su parte.
Ella en definitiva es la que le permite hacerlo. Y sino, pregúntenle
a aquellos nativos de esas maravillosas tierras a ver que opinan. Seguramente
algunos de ellos por propia necesidad estarán también sumidos
en este conglomerado de intereses, pero bueno, son seres humanos en definitiva.
También tenemos otros
condimentos. El condimento humano que acabamos de mencionar. Si tu te dedicas
a trabajar tu montaña en busca de tu cumbre, ¿Porqué debiera
importarte lo que hace el otro? O lo que hizo bien o mal el otro anteriormente.
¿Es necesario salir a denunciar que tu contrincante realizó o
no cual o tal cumbre? … por mas pruebas que tengas, que tal vez no sean suficientes
para consolidar tu posición de denunciante.
Pero la montaña es
implacable. Si tu te lanzas a subirla y de pronto te encuentras en circunstancias
extremas de supervivencia. ¿Deberías exigir ayuda a sabiendas
que vas a poner en riesgo la vida de otra persona? Algunos podrán decir
respecto a la utilización de la palabra exigir que acabo de emplear
que no fue así. Pero si al no recibirla luego te lanzas a difundir que
lo has hecho y que el otro no acudió a tu llamado, digo de pronto, ¿Eso
no es exigir?
En fin, la montaña
en definitiva se ha contaminado pero afortunadamente sigue y seguirá
allí, en el mismo lugar y manejando a su criterio las reglas que en todos
los tiempos ha podido gobernar. Habrá que respetarlas siempre si es que
queremos que ella nos respete a nosotros. El que no, sufrirá en mayor
o menor medida sus consecuencias. En la enorme historia de conquistas del Himalaya
tenemos un período de exploración donde los grandes pioneros abrieron
esta historia. Luego sobrevido un período de conquistas que duró
a mi entender hasta comienzos o mediados de los noventa. Luego un período
comercial que se impone sobre importantes pinceladas de puro montañismo
que algunos pocos suelen aplicar y dejar ver lo que es la esencia del montañismo
en el Himalaya.
Ahora, esperemos, que no
estemos entrando en una nueva etapa de mediatización de la montaña,
porque sino estaríamos perdiendo toda esa esencia que aquellos grandes
pioneros dejaron como enseñanza para estos tiempos y los que vendrán,
y que en muchos de los casos debieron pagar con su propia vida.
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