Vamos a exponer primeramente este pequeño extracto que salió
publicado en el diario ABC de Madrid, del cual
mencionamos la fuente que puede verse desde este enlace:
«Temo que mañana sea demasiado tarde», confesó
el miércoles Juanito Oiarzabal, su compañero de cordada, en declaraciones
a El Correo. Y así fue. La noticia la confirmó oficialmente el
propio montañero alavés a primeras horas de la mañana de
ayer. Pocas horas antes, Calafat lanzaba desde las alturas , a través
de su teléfono satélite, un grito desgarrador,: «¡Subir
a buscarme, por mis hijos!», dos niños de 8 años y 18 meses.
En medio del dolor y fruto de la impotencia por ver morir en soledad a un gran
amigo, Oiarzabal arremetió contra todo. Contra la insolidaridad que,
en su opinión, se ha apoderado de las expediciones y contra la ‘reina’
de los ‘ochomiles’, Miss Oh, a quien acusa de no imponer a sus sherpas
que subieran en ayuda de Calafat. «Les llegamos a ofrecer hasta 6.000
euros a cada uno». Y, a continuación, explotó: «Si
la pillo (a la coreana), le arranco la cabeza».
Luego, algo más tranquilo, añadió que la coreana
«no ha estado a la altura» y que que ayer había ido a la
tienda comedor de su expedición «a disculparse o no sé a
qué, porque ha estado media hora ahí, de pie, sin abrir la boca».
«Estamos llegando a unos parámetros que no sé a donde nos
van a llevar», en referencia a la insolidaridad en la grandes montañas.
Y ejemplarizaba esa deshumanización del montañismo. «La
coreana, con cinco millones de euros de presupuesto, no ha puesto un metro de
cuerda en la montaña. No ha hecho nada», declaraba. Y respecto
a sus sherpas, continuó: «había cuatro a los que les llegamos
a ofrecer seis mil euros a cada uno para que subieran a bajarlo. Un camino de
seis horas u ocho horas con botellas de oxígeno… pero nada»,
indicó Oiarzabal. «Hay que asumirlo –afirmaba el vitoriano–
pero lo pasas verdaderamente mal. Y más cuando te da la sensación
de que podíamos haber salvado la vida de Tolo con más solidaridad»,
insistía.
…
Es comprensible la ira de Juanito Oiarzábal. Perfectamente porque acaba
de perder un amigo en la montaña. Probablemente si los sherpas que asistían
a Miss Oh hubiesen accedido al pedido, tal vez -o no- Tolo Calafat hubiese podido
ser rescatado. Es probable que como también él lo dice, no existe
en estos días esa solidaridad que quizas debiera existir.
Independientemente que Miss Oh haya o no puesto un metro de cuerda en la montaña
o que su expedición ultra mediática y comercial haya invertido
cientos de miles de euros o cinco millones para ser mas precisos como señala
Juanito, en todo este tema a mi entender, entran a jugar otros factores que
trataremos de exponer de la forma mas clara y precisa.
El montañismo, alpinismo, andinismo, himalayismo o tantos otros nombres
que recibe esta maravillosa actividad está catalogado -y de hecho lo
es así- como un deporte extremo de alto -por no decir altísimo-
riesgo. Con lo cual, el que decide ingresar en este mundo maravilloso deberá
tomar como primer premisa precisamente esto que acabamos de enunciar. Teniendo
en cuenta siempre esta premisa como la primera, podemos comenzar a analizar
otros tipos de factores que van a sucederse en la montaña mientras una
persona decida por propia voluntad escalarla.
Debe saber primeramente que durante cierta cantidad de días está
hipotecando su vida, entregandola como garantía de algo, que podría
ser quizas su derecho a escalarla o cualquier otra cosa, no importa cual. El
montañista sabe entonces, tiene pleno conocimiento que desde el momento
en que arriba al campo base hasta que se retira de él con o sin cumbre,
tiene marcada en su frente una fecha de vencimiento. Deberá salir de
ese campo base antes que llegue dicha fecha, la cual -paradójicamente-
él no conoce, solo Dios (para los creyentes) o bien llámese destino
o cualquier otro factor, la tiene bien presente.
Con esto quiero subrayar que cada montañista que se aventura a este
tipo de actividad debe tener bien presente esa primer premisa y en consecuencia
saber -por mas duras que parezcan estas palabras- que el proceso de su partida
de este mundo ha comenzado, hasta que finalmente se detendrá el día
que no se exponga mas a los avatares de la montaña. O sea, debe tener
bien presente que es por su propia voluntad que está allí, y no
deberá nunca esperar que otros montañistas, que también
son personas y poseen su propia fecha de vencimiento, tengan que salir en su
ayuda.
Por supuesto que en el ambiente del montañismo el compañerismo
y la solidaridad es un factor importantísmo que hace del propio montañismo,
pero debemos evaluar cada caso en particular, de cada una de las personas que
pudiesen participar de un determinado rescate, y ver si su fecha de vencimiento
está próxima o no.
Asi y todo y de acuerdo a la primera de las premisas, cada montañista
podrá colaborar si considera que eso es su principal prioridad o no hacerlo
si considera que no está en condiciones de hacerlo por cualquier factor.
Aquí no debiera ponerse sobre la mesa el tema del dinero ya que estamos
hablando de la propia vida de una persona que deberá exponerla en pos
de rescatar otra.
Por eso, a mi humilde entender, no debieramos mezclar las cosas. Miss Oh puede
tener millones de euros para su expedición y hacer uso de ellos de la
forma que mas crea conveniente en la montaña, puede extender o no cuerdas,
puede aprovechar otras cuerdas, puede tener cinco, diez o quinientos sherpas
en la montaña, puede ordenarle o no a sus sherpas que colaboren con un
rescate, y tantas cosas mas; después podemos analizar si eso es montañismo
o no, sin duda lo es, tal vez sea otro tipo de montañismo, pero es su
propia voluntad el hacerlo de esa manera y gastar su dinero como mas le plazca.
Lo que no puede quizas, es ordenarle a sus sherpas que expongan su vida para
rescatar a otra persona, esa decisión quedará en cada uno de los
sherpas y será su propia voluntad el hacerlo o no.
Particularmente me costaría creer que Miss Oh ordenara a sus sherpas
que no acudiesen en la ayuda de otro montañista. Si realmente hubiese
sido así, pues bueno, quedará en la voluntad y el sentido de solidaridad
de cada uno de ellos el hacerlo o no.
Estos tipos de cosas, creo que no pueden juzgarse de una forma tan condenatoria
como lo ha hecho Juanito Oiarzábal, ya que como hemos intentado describir
en esta nota, entran a jugar infinidad de factores y quizas debamos volver a
poner sobre la mesa como dijimos al comienzo, la primera de las premisas.
Es lamentable y hasta desgarrador los relatos que hace Juanito e inclusive
otros integrantes de la expedición. Es muy lamentable el fallecimiento
de Tolo Calafat, como lo fueron a lo largo de la historia cientos y cientos
de montañistas que dejaron su vida alla arriba. También es cierto
que la solidaridad es un condimento fundamental para quien desarrolla esta actividad.
Pero esto es parte de las reglas del juego y debieramos -si queremos llegar
a conocer la verdad en este u otros tantos casos- realizar un análisis
exhaustivo de cada uno de ellos, y generalmente, la mayoría de los hechos
quedan allá arriba, en lo alto de la montaña.
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