Las dos expediciones Argentinas
que operan en la ruta del Collado Sur del Monte Everest se encuentran
instaladas en el Campo base desde hace ya algunos días
en lo que constituye el período de aclimatación antes de inciar
el ascenso propiamente dicho a los campos de altura.
En estos momentos el equipo
de la Expedición Argentina Everest 2010 (CAB – FASA) esta subiendo por
2º vez al Campamento 1, para quedarse un par de jornadas aclimatando a la altura
(6.150 ms), para luego volver al Campo Base (5.300 mts). Distinatas cancelaciones
de vuelos (tema volcán Islandia) hicieron que el director de la Expedición Francisco
Minieri Saint-Béat finalmente viajara en la noche de ayer Lunes 19, vía Miami
– Katmandu. Se calcula que para fin de mes, estarán todos reunidos en el Campamento
Base.
A partir de esta etapa iremos
informando y reproduciendo las principales informaciones publicadas en cada
uno de los dos sitios oficiales, a los cuales referenciaremos, para que aquellos
visitantes que acceden comunmente a nuestra publicación, puedan contar
con el detalle de cada una de las actividades que realizan ambas expediciones
en busca del techo del mundo.
Toda la información
de los partes de expedición, podrán encontrarla en los sitios
oficiales cuyo acceso encontrarán en cada uno de los respectivos apartados.
Toda la información
al instante referida acerca de las posiciones en altura de estas dos expediciones
y del resto de las expediciones que operan en la ruta del Collado Sur
del Everest pueden seguirla desde el Tracking de expediciones provisto
por durbay.com
desde AQUI.
Si quieres conocer mas acerca
de la Ruta del Collado Sur del Everest, no dejes de leer este
atrapante relato, donde podrás ver una descripción detallada
desde el base hasta la cumbre, donde podrás interiorizarte acerca de
cada uno de los puntos que ves en el siguiente gráfico:

Monte Everest – Gráfico de la Ruta del Collado Sur
Ahora te mostramos los últimos
partes de expediciones publicados en cada una de las webs oficiales de las expediciones
Argentinas.
Expedición
Argentina Everest 2010 (CAB – FASA)
Francisco Guillermo Minieri Saint-Béat, Ramón
Chiocconi, Alvar Puente, Marcelo «Topo» Deza, Carlos «Charly» Galosi Y Leonardo
«Cuny» Proverbio
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Por Alvar Puente desde
el Campo Base del Monte Everest
Periche parece el último
bastión de la civilización en el valle del Khumbu, a partir de
este pequeño pueblito las laderas de las montañas se van acercando
paulatinamente unas a otras conformando lo que es un clásico valle glaciar
en U. Los kilómetros van quedando atrás y los metros se van haciendo
sentir en la respiración agitada, el proceso de aclimatación es
una lenta transformación del cuerpo y del espíritu, nada se parece
en la vida cotidiana a estar sometido a la carencia de oxigeno por tiempo prolongado,
desde el más sencillo acto de agacharse para atarse los cordones se puede
convertir en una tarea opresiva para los pulmones y vacilante para la cabeza,
con lo que la concentración es una más de las consignas a tener
en cuenta durante el acercamiento.
Acometemos la ladera este de lo que ya representa el macizo del Everest y después
de un par de horas de ascenso llegamos al caserío de Dhukla en donde
tras una hidratación dilatada nos enfrentamos a una cuesta morrènica
de unos 200 mts de desnivel, la primer muestra concreta del tamaño de
este gran coloso que es el Chomolugma, la morrena frontal no sólo es
descomunal sino que también presenta piedras del tamaño de containers
portuarios, sino más… La caravana, que a esta altura sigue compartiendo
a las expediciones y a los grupos de treking que van hasta el base, es interminable
y bajo los rayos del torturante sol por momentos el acercamiento a Logbuche
se hace costoso. La tarde avanza y con la caída del sol llega el frío
profundo, solo combatible desde las plumas de las espesas bolsas de dormir,
en los hostels la única calefacción es una estufa en el centro
del comedor, donde posteriormente sherpas y porteadores armaran sus jergones
para pasar la noche, mientras las habitaciones son gélidas estancias
de piedra que ayudan a dar una idea de lo que serán las noches en el
campo base y en los campamentos superiores.
La fresca mañana
trae el escenario nuevo de cielos diáfanos y nuevas vertientes y aristas
de gigantescas montañas que hasta ahora sólo reconocíamos
en relatos himalayescos, en este caso es la arista sudeste del Nupse, cumbre
inferior del macizo del Everest, que por pocos metros no se convierte en uno
más de los ochomiles, la que atrae nuestras miradas y nuestras ilusiones;
sabemos que del otro lado de esta inescalada cresta nos espera la tan famosa
y temida cascada del Khumbu, escollo inevitable de la ruta por el collado sur
a la cima del mundo.
Caminamos por escasas horas
sobre la morrena lateral del Khumbu, que ya entre las piedras va mostrando sus
primeros hielos, hasta llegar a nuestro nuevo destino y último antes
de llagar al base, el caserío de Gorak Shep en la base del Pumori a 5200
msnm. La comodidad de los alojamientos previos ya muestra la incomodidad de
vivir y de construir a esta altura del valle. Escaso confort pero como siempre
con muchísima hospitalidad nos reciben a nosotros y a otras alrededor
de 50 personas, almuerzo liviano y sin dilación actividad de aclimatación
subiendo al mirador del Khalapathar, hombro a 5600 msnm camino al campo uno
de la arista sur del imponente Pumori. El viento arrecia y con él el
frio que en esta latitudes puede convertirse en un odioso enemigo que junto
con la carencia de oxigeno hace de un placentero paseo un agónico calvario.
Fotos de rigor, filmaciones para mostrar en casa que seguimos enteros y adelante
y entre mate y mate hacemos pasar las horas antes de irnos a dormir con la excitación
de la llegada al base en la próxima jornada.
Los últimos kms son
intrincados y complejos, el sendero es angosto y los cuellos de botella se suceden
entre caminantes, porteadores y yaks. Ya desde lejos se van viendo los vivos
colores de las decenas de carpas que atestan el campo base; habíamos
tenido la oportunidad de observar desde el Khalapathar la pequeña ciudad
de aluminio y tela que se desperdiga en la margen occidental del glaciar del
Khumbu, por lo que llegar a ella no resultó tan impactante aunque no
deja de ser impresionante. Decenas de carpas y tiendas cocina y comedor se desparraman
entre espolones de hielo, lagunas congeladas y arroyos sumidero del glaciar.
Una pequeña ciudad estacional que ebulle durante los 3 meses previos
al monzón y que desaparece año tras año dejando atrás
algo de basura, centenares de plataformas talladas por el hombre que con el
avance del hielo desaparecerán hasta la nueva arremetida, y por sobre
todo deja en este angosto valle las esperanzas y las alegrías de cientos
de escaladores que lo dejan todo por llegar a la cima del mundo.
Callejuelas talladas en el hielo entre plataformas y tiendas nos van llevando
al pie de la cascada Khumbu, donde se encuentra nuestro campamento, bien al
fondo del base. El idioma de rigor es el ingles y abundan los saludos de cortesía,
desconocemos el lugar de origen del resto de las expediciones, de seguro que
tendremos tiempo de sobra de sociabilizar. Desensillar se hace más fácil
de lo esperado ya que los sherpas han instalado ya nuestras carpas, por lo que
sòlo nos queda ayudar en la instalación de los baños y
el mejoramiento de los caminitos dentro del campamento. Todos damos la espalda
a la inquietante cascada, necesitamos tiempo para sobreponernos a su impactante
presencia, durante las primeras horas espero ansioso, a modo de test, que alguno
de los chicos haga algún comentario al respecto, el silencio es de tumba,
se lo atribuyo a la aclimatación no sólo a la altura sino a la
presencia del coloso, del sueño, del ansiado objetivo desde hace casi
dos años, con su principal escollo, los seracs del Khumbu.
Las jornadas se suceden entre reinstalaciones en el campamento, tensión
de sobretechos, electrónica de paneles solares, cables, movimiento de
piedras, comidas opíparas y largas charlas sobre lo que se viene en los
próximos días. No hay forma de abstraerse de la presencia del
Everest, aunque no podamos ver la cumbre, tanto las avalanchas de nieve como
de hielo y piedras se suceden con el paso de las horas recordando que los riesgos
son reales y que de nuestra estrategia y de nuestra agilidad a la hora de superar
la cascada de seracs va a depender buena parte del éxito de la expedición.
A la caída del sol
nada hay que hacer respecto del violento frío, se zambulle de los más
que soportables 10º C a los torturantes -15 que escarchan hasta el té
dentro de los termos en el interior de las carpas. Los rituales a la hora de
irse a dormir dentro de la tienda de campaña distan bastante de los habituales
en nuestra lejana Patagonia, meterse en la bolsa de dormir demora unos minutos,
levantar la temperatura es crucial y entramos todos vestidos hasta que el plumón
de la bolsa toma temperatura y podemos comenzar a sacarnos capas. Durante el
día el sol es atesorado minuto a minuto, rara vez se sufre de calor pero
se disfruta.
El 12de abril nos encuentra
bastante instalados y a la espera de la Puja, una ceremonia budista por la que
ya pasamos en Pangboche, en este caso con un lama distinto y con tintes más
festivos, en la que se bendice el material de escalada, a los sherpas y a todos
aquellos que pretendan ir a la cumbre, sin esta ceremonia nadie de nuestra expedición
debe salir hacia el campamento 1, los dioses no lo aprueban, lo que podría
traer mala suerte a todo el campamento. Frente a la cascada el lama entona canticos,
el tambor retumba, el Té nepalí circula y las horas pasan, llega
el mediodía y al finalizar la ceremonia comienza el festejo junto con
los sherpas, la cerveza corre y finalmente los bailes tradicionales nos unen
en un solo canto aderezado con un brebaje local llamado CHA, altamente alcohólico,
mezcla de fermento de harina de trigo con fermento de arroz; el dolor de cabeza
y el malestar no se hacen esperar y la tarde nos encuentra cansados y en algunos
casos hasta descompuestos. Sin embargo el intercambio cultural y de tradiciones
dejan un sabor dulce y el agregado de tener la venia de los Dioses para encarar
la siguiente etapa de la expedición, subir a los campamentos superiores,
aporta tranquilidad al grupo, principalmente a los lugareños.
Las prácticas en
la parte inferior de la cascada son acotadas pero sumamente útiles, sabemos
que la aclimatación se mezclará con el apremio de superar los
700 mts de desnivel y de riesgo de caída de seracs, por lo que maniobrar
con agilidad en las cuerdas fijas y las escaleras de aluminio es crucial. Los
doctores de la cascada, experimentados sherpas, definen una línea que
atraviesa los peligros de este afamado glaciar del Khumbu, sorteando grietas
y verticales paredones con rudimentos de cuerdas y escaleras de aluminio.
Finalmente el día 14 planeamos nuestro primer asalto a la cascada de
seracs, el horario elegido es a las 4 de la mañana, el clima lo impide
y como en la noche anterior un manto de nieve fresca cubre el campamento, acompañado
de un arreciante viento que hace que posterguemos la partida para las 9 de la
mañana, con la intención de comenzar el reconocimiento de la ruta,
a sabiendas que se nos hará imposible superar la cascada en toda su extensión.
Pasamos largas horas caracoleando por entre gigantescos y amenazantes bloques
de hielo, recorremos un tercio de la distancia que nos separa del campo 1 y
justo antes del comienzo de una zona más escabrosa detenemos la marcha,
hidratamos y picoteamos algo y emprendemos el regreso al campamento. Si el clima
lo permite encararemos nuevamente a eso de las 4 de la mañana del día
siguiente la ruta hacia al campo 1. Tarde de descanso y de planificación.
La noche nos encuentra viendo una película en una de las computadoras,
un placer de sibaritas que forma parte de una expedición de 2 meses en
la que el presupuesto permite portear objetos que por momentos parecen banales
en la montaña pero que en ésta en particular están permitidos.
Madrugamos nuevamente y
en esta ocasión los cortantes -18º nos reciben con un despejado
cielo que indica que en una hora más hemos de partir hacia los 6150msnm
del campo 1. Ya se ven las luces de las linternas de los sherpas, incansables
trabajadores del Khumbu, que transitan la cascada en dirección al campo
2, nosotros por nuestra parte nos tomamos nuestro tiempo para desayunar abundantemente
y a eso de las 4 de la mañana arrancamos con nuestras botas triples,
abrigo de duvet, crampones, piquetas, arneses y demás objetos que nos
permitan alcanzar nuestro objetivo de la jornada. El frío arrecia y asusta,
el aire escasea y la combinación de ambos castiga la garganta hasta hacernos
toser convulsivamente.
Arrancamos todos juntos
a un ritmo cansino, poniendo a prueba nuestros pulmones y nuestro corazón;
lentamente y con un esfuerzo regulado vamos ganando altura en la tortuosa cascada,
sherpas de otras expediciones van entremezclándose entre nosotros y el
grupo va disgregándose, a medida que se sube y nos acercamos al amanecer
los dedos se van entumeciendo cada vez más a la espera del ansiado sol.
Las dificultades parecen desaparecer en el tramo más empinado de la cascada;
las escaleras más largas y estremecedoras llegan a una esperada planicie,
aunque nada más lejos del deseo de que se termine lo técnico.
La inclinación del terreno disminuye pero no terminan las dificultades,
seguimos avanzando por un mar de grietas, los seracs se hacen cada vez más
esporádicos pero el riesgo no desaparece.
Finalmente el sol hace acto
de presencia y el ánimo cambia lo mismo que cambia el terreno, comienza
a aplanarse paulatinamente y después de media hora de caracolear por
el plano vemos las carpas del campo 1. Durante la espera del disgregado grupo
aprovechamos a probar los jet-boil, calentadores de alto rendimiento, que no
parecen sentir los más de 6000 msnm y que en escasos momentos llevan
el agua a la temperatura justa para los primeros mates de este campamento. La
vista se llena de montañas nuevamente, la arista norte del Nupse destaca
a nuestra derecha, al fondo del valle glacial en el que estamos vemos pronunciado
el Lhotse y asoma tras un filo a nuestra izquierda el tan ansiado Everest. El
sol calienta los cuerpos y el espíritu, y lentamente el grupo se reúne
en el plano de acumulación del glaciar del Khumbu. Filmaciones, fotos,
mates y conversaciones sirven para pasar las horas que sabemos nos ayudarán
a la hora de aclimatar antes de bajar nuevamente al base. La violencia del sol
y los paradójicos más de 30º de temperatura hacen que temamos
lo peor en cuanto a la seguridad de la cascada y aceleramos el ritmo de bajada
con lo que cada uno hace de su camino hacia abajo una carrera por no verse enredado
en ningún incómodo evento, a mitad de camino nos encontramos con
los “Doctores de la cascada” que están trazando una sección
nueva ya que en el transcurso de la mañana se han desmoronado más
de 300 mts del camino original, por suerte sin víctimas que lamentar.
El base nos recibe con el pico de máximo calor, el cansancio es generalizado
y la tarde nos permite unas horas de relajo antes de que la temperatura se zambulla
al atardecer trayendo una nueva nevada. La actividad social de la tarde es una
presentación de fotografías comparativas sobre el retroceso de
los glaciares en el Himalaya a causa del calentamiento global presentada por
David Breashears de la Asian Society . Las horas van pasando y las conversaciones
hacen que olvidemos que nos hemos levantado hace más de 20 hs y ya pasados
de vueltas nos vamos a dormir con la satisfacción subconsciente de haber
alcanzado el campo 1 del Everest y haber vuelto sin mayores consecuencias.
El sol matutino en nuestra
jornada de descanso es un premio sublime a las más de 11 hs de esfuerzo
del día anterior en la cascada a 6000 mts. Tocan tareas del hogar y entre
lavandería, y orden en la carpa comedor se van pasando los minutos; finalmente
instalamos los paneles solares y los 12 voltios se van almacenando en las baterías,
hasta que el ciclo habitual aquí en el valle del Khumbu hace presencia,
la tarde se nubla y una ligera nevada cubre el Campo Base obligándonos
a recluirnos en la carpa comedor, otra jornada más finaliza en la base
del Chomolugma.
Camino al Everest
La aventura de tres argentinos a la cima del mundo
Damián Benegas, Willie Benegas y Leonardo McLean.
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Cuando
la montaña golpea duro

Por:
Leonardo McLean desde el Campo base del Everest
Everest; 6100 metros.- Primer
expedición al campamento 1 … ¡Cuándo la montaña
golpea y duro! Hola cómo andan… yo por suerte ya nuevamente en el
campamento base luego de haber subido al campamento 1 (6100 metros) atravesando
la durísima, y no se cuantas cosas más, Ice Fall (Cascada de Hielo)
del Khumbul…
Nos levantamos a las 3 de
la mañana, por suerte esa noche no nevó como las otras dos noches
anteriores, así que la temperatura no debería estar más
baja de los -10 grados. Con todo, no pase una buena noche, no sé si por
ciertos nervios o, porque, seguramente, aún estoy muy lejos de una buena
aclimatación. Tan sólo pude dormir no más de 2 horas…
pero en la montaña uno en cierta manera se acostumbra a esto.
Por suerte tenía
todo listo de la tarde anterior: la ropa que me iba a poner, la que llevaría
en la mochila por si hacía más frío, o caía alguna
nevadita, guantes abrigados y de cuero para trabajar en las cuerdas, la crema
solar y para los labios (que ya los tengo medio lastimados), preparé
dos cantimploras con agua hirviendo ya que en el camino prácticamente
se congelan… Así que ni bien me desperté me preparé
para enfrentar por primera vez la cascada de hielo que había estado mirando
y relojeando con cierto nerviosismo estos días.
Desayunamos y a las 4, con
nuestras linternas frontales, salimos a encarar la primer parte de la travesía
que es cruzar la parte central del glaciar, subidas y bajadas, rodeos y badeos
a grandes masas de hielo. Estos primeros pasos los dimos sin los grampones y
hasta ese momento me sentía con buenas fuerzas. Todos íbamos marchando
juntos, con Damián a la cabeza, yo lo seguía de cerca.
Ya cruzando el glaciar comenzamos
la ascensión, primero nos pusimos los grampones, salvo Willie que tiene
la capacidad de subir y bajar esta catarata infernal sin grampones: ¡Qué
tipo nacido para esto! La ascensión del Ice Fall se encara inicialmente
en forma transversal de derecha a izquierda, luego se continua sobre la izquierda
hasta cerca de la mitad donde la ruta apunta por el medio; ya arriba en lo que
vendría a ser la boca de la catarata, un estrangulamiento provocado por
el west shoulder del Everest y la pared del Lotshe debe zigzaguearse buscando
evitar las enormes grietas, algunas de ellas de cerca de los 100 metros de profundidad,
subiendo al final por una pared que termina con tres largas escaleras.
Pero volvamos un poquito
atrás. Ya cuando habríamos hecho no más de una cuarta parte
del recorrido me empecé a sentir mal, fatigadísimo, sin fuerzas
y con una respiración muy agitada, no encontraba aire… empecé
a caminar cada vez más despacio, separándome del grupo… Por
suerte en esta expedición tengo a Willie no sólo como guía
sino también como ángel guardián. Así que comencé
a andar sólo intentando dar un paso, el otro, sin pensar en el próximo,
ni en lo que me costó el anterior…
Todo el recorrido dentro
de la cascada se realiza por una ruta fijada anteriormente por los “fabulosos”
sherpas. Ellos un mes antes de nuestro arribo van fijando cuerdas, poniendo
escaleras de aluminio tanto horizontales para atravesar grietas, como verticales
para trepar algunas paredes o bloques de hielo. Gracias a esto siempre vamos
asegurados con una cuerda y mosquetón que están amarrados a nuestro
arnés.
Así iba poniendo
un pie adelante del otro, un escalón, un salto, agarrarme de cuerdas
y con la punta de los grampones en mis botas subir paredes verticales de 3,
4, 5 y hasta 10 metros… Qué laburo, cada avance me sacaba más
y más aire… Mi jadeo era fuerte de a momentos, no encontraba el
aire que necesitaba mi cabeza, mi cuerpo, algunos momentos perdía el
balance y debía parar… Más allá que nos es recomendable
parar nunca en esta cascada ya que está en continuo movimiento, y por
cierto muy peligroso en ese caos de enormes masas de hielo “Seracs”
del tamaño de edificios, todos rotos como después de un cataclismo…
Cruzar las grietas, calcular
bien dónde ponemos cada punta de los grampones para afirmarnos, mientras
hacemos contrapeso para abajo tensando unas cuerdas que están flojas
paralelas a estas escaleras… Y no son unas pocas… Hay decenas de escaleras…
En esos momentos debía poner toda la concentración y respiración
en no pifiar un sólo pie… Mirar para abajo, no sé, a veces
pareciera mas de cien metros, todo se pierde en un intenso oscuro del sin fin
de las grietas…
Willie me aguantaba siempre
unos pasos adelante, dándome aliento en cada subida y bajada…
-¿Hey Willie, cuánto
falta para llegar al tope de la cascada?, le preguntaba no una, sino varias
veces, pero les prometo que traté de hacer tripas corazón y no
caer siempre en la pregunta que nos hacen nuestros hijos menores cada vez que
vamos de viaje… ¿Papá cuánto falta?
Al final de la cascada hay
“Seracs” enormes, gigantescos, los ves y te decís… Bueno
subo esto y ya está… Pero no, siempre otro arriba y cada vez más
grandes… Dios esto no se termina… Dame fuerzas, tengo que llegar,
esto es sólo un mal día, sólo falta de aclimatación…
Todos los tienen…
De tanto en tanto, Willie
iba monitoreando el avance del grupo, que se fue dividiendo en tres grupos;
los chicos de Bariloche (todos ellos guías de montaña, jóvenes
y tremendos deportistas) iban adelante, Damián que iba guiando a sus
dos “clientes” (Joan un canadiense y Daniela una montañista
de Guatemala) y atrás nosotros….
-“¿Y cómo
viene Leo?”, preguntaba Damián…
La respuesta de Willie:
-“En primera baja…
pero marcha…”.
A eso de las 9 de la mañana,
luego de cinco horas de ascenso llegamos al final de la cascada, como les comenté
un real estrangulamiento de este enorme río de hielo…
-“Leo seguimos hasta
el campamento 1, donde ya se encuentran los chicos de Bariloche y Damián
esta a mitad de camino…”, me peguntó Willie… Hay no, no,
no,… Pero no, no puedo ahora aflojar un sólo paso, sé que
sólo es cuestión de tiempo y entrenamiento, para la aclimatación
que deberé tener en un mes para buscar la cumbre… No ahora no puedo
aflojar…
-“Dale vamos, pero
pestare pestare – despacio despacio… que vengo para atrás…”.
El camino del tope de la cascada al campamento 1 es un recorrido en el que hay
que ir sorteando grandes grietas que se forman entre cada una de las olas de
helado hielo que baja suavemente desde la bases de las caras del Everest y el
Nupshe.
Parecía interminable,
ya que todo era suavemente para arriba, pero no podía distinguir donde
estaba el campamento 1, y ya no me animaba a preguntarle a Willie…. “¿Y
cuanto falta?”… Nos llevo una hora… A las 10 estaba sentado sobre
mi campera de gore, tomando cuanta agua podía, unos mates y picando una
viandita que nos habían preparado en el base, ah, y un infaltable Cagnoli.
Esto me recupero un poquito,
pero no me sentía aún del todo bien, sabía que en poco
debía comenzar a bajar y esto es normalmente más peligroso y cansador
en especial al cruzar los 700 metros de desnivel del Ice Fall.
A la voz de mando de Willie
todos comenzamos el descenso a las 11… No quiero hacérselos aburrido
y largo… Pero fue un suplicio, unas 5 horas en bajar, en varias oportunidades
estuve al borde del mareo y principio de perdida de una razón sólida
y necesaria para bajar tremendos bloques de hielo y paredes heladas. Fue interminable,
pero siempre tuve en mi conciencia que sólo es un momento en todo esto,
que debía estar calmo y bajar lo más despacio que sea necesario…
Al base iba a llegar y bien…
Buscaba rezar de a ratos,
pero me cortaba la concentración y la respiración, así
que sólo el tema era ese famoso paso a paso…
Llegué al base y,
de a poco, fui recuperándome, mate tras mate fui hidratando… Un
día largo de 12 horas, pero sobretodo mucho más esfuerzo y sacrificio
del que usualmente estoy acostumbrado en las montañas…
¡Qué grande
es este Everest!
Bueno basta de lamentos…
No soy, ni fui el único en pasar estos momentos en el primer día
de escalada del Ice Fall y llegar al campamento 1… Para muchos de los que
vienen anualmente a esta montaña su límite está abajo del
tope de ella y para muchos más, el tiempo supera ampliamente las 16 horas
de travesía… Así que ahora a aclimatar.
Por suerte al otro día
me levante luego de haber dormido bastante bien y la módica suma de 9
horas. Mientras les escribo estas líneas estoy escuchando un poco de
música y tomando unos mates.
La idea es hacer tres días
de relax, sólo moverse un poco por el campamento base, visitar amigos
de las otras expediciones, preparar el equipamiento necesario para enviar con
los sherpas a los campamentos de altura… Ah y estamos preparando un terrible
campeonato de poker, a mucha gente le gusta este juego… ¡No se dan
una idea la cara de poker que tiene Lakpa Nuru (nuestro sherpa sidar) al momento
de hacer las apuestas, es un verdadero placer!
Mientras Willie y Damián
están preparando todo el equipamiento general para los campamentos de
altura. Es una logística interesante… que la comida, que las carpas,
que la carpa comedor, que la cocina, que la comunicación, que la luz,
que, que, que…
Nuestro próximo movimiento
es arrancar el próximo el lunes -por mañana- bien temprano nuevamente
para el campamento 1. Vamos a pasar el día a esa altura 6100 metros,
dormimos ahí, luego el martes vamos al campamento 2 a los 6400 metros
y bajamos al campamento 1 a dormir nuevamente. Ya el miércoles nos mudamos
al campamento 2, dormimos ahí y temprano el jueves regresamos al campamento
base a tomar otros buenos días de descanso, antes de nuestra tercera
y ultima expedición de aclimatación donde supuestamente iremos
hasta el campamento 3.
Bueno los voy dejando, de
nuevo quiero agradecerle enormemente toda la compañía que nos
están haciendo desde el blog. Hoy pude entrar un poquito y ver los comentarios,
son muchísimos y re-motivantes, por favor sigan que nos hacen mucho bien.
Les pido disculpas por no
contestarles individualmente a todos. Mil gracias de nuevo, a Agus,. Ines (Pablo
me comentó que sos su doctora), Sofía, Cristian, …., Mamá
que lindo e-mail gracias…. Hermanos, hermanas,… Sobrinos/Ahijado saladillenses…
Carlos hacedor del cuchillo que tenemos acá en el base para “filetear”
los Cagnolis…
Gracias a todos.
Fuentes:
Páginas oficiales:
Camino al
Everest
Expedición
Argentina al Everest 2010 (CAB – FASA)
