Un grupo de astrónomos aficionados en Países Bajos, ha logrado capturar una señal de la sonda. Se trata de la primera vez que esto sucede, fuera de la NASA.

Esta noticia reciente que llega de Países Bajos, indica que un grupo de aficionados a través del radiotelescopio de Dwingeloo, ha logrado captar una muy débil señal emitida por la sonda. Pero para comprender bien esto, y darle verdadera dimensión, vayamos a los orígenes.
La Voyager 1, lanzada el 5 de septiembre de 1977, hace exactamente 48 años, es hoy el objeto humano más lejano, y el primero en cruzar el espacio interestelar. El 25 de agosto de 2012 traspasó los límites de la heliosfera, región del espacio exterior bajo la influencia del viento solar y campos magnéticos. Dentro de 250 años, cruzará la nube de Oort y habrá abandonado para siempre el sistema solar. Pero mucho antes de eso, agotará sus baterías, y ya no emitira señal. Eso sucederá no más allá de los próximos meses o años.
Se comunica a través de la red de espacio profundo de la NASA para recibir órdenes rutinarias y transmitir datos a la Tierra. La NASA y el JPL (Laboratorio de propulsión a chorro) proporcionan datos de distancia y velocidad en tiempo real. A una distancia de 167.45 unidades astronómicas, unos 25000 millones de km de la Tierra. Para tomar exacta dimensión de ello, Plutón, el planeta enano más lejano, se encuentra a 5900 millones de kilómetros. La distancia actual de la Voyager 1, se traduce en 23 horas luz.
La NASA mantiene la comunicación gracias a la Red del Espacio Profundo, un sistema de antenas gigantes repartidas por el planeta. A través de este sistema, durante las últimas décadas, ha logrado actualizar el software de la sonda, enviando nuevas instrucciones, desactivando funciones para ahorrar energía, la cual se obtiene de una fuente de plutonio, que hoy en día, está llegando a su límite de capacidad.
Originalmente emitía con una potencia de 20w, el equivalente -o menos- a una lampara de luz. Hoy en día, ya casi con sus baterías agotadas, lo hace con una potencia muchísimo menor. Asi y todo, es posible escucharla, y solo la Nasa, a traves de la mencionada red, puede «hablarle», estableciendo cambios de sistemas, desactivando funcionalidades, entre otras cosas.
En este último aspecto, el 14 de febrero de 1990, se apagó definitivamente la cámara de la Voyager 1, para ahorrar energía. Y la siguiente, fue la última imagen que se recibió de la misma.

Un punto azul pálido
Asi se llama esta fotografía, tomada a 6000 millones de kilómetros, aquel día tan lejano, hace exactamente 36 años, donde se puede ver La Tierra, a esa distancia. La última imagen tomada por la Voyager.
En el año 2015, un sorprendente anuncio de la NASA, pedía un ingeniero especializado en lenguaje Assembler y Fortran, que son dos lenguajes de programación, que hoy ya no se utilizan. Lógicamente, fue complejo conseguir ese perfil, pero era para poder trabajar en la reingeniería de los procesos de la nave, que maneja ese tipo de lenguajes.
Hoy, ese grupo de astrónomos, ha logrado -más allá del hecho en sí, que es altamente sorprendente- confirmar que la sonda «sigue viva», y puede ser «escuchada» inclusive, desde otras fuentes distintas a la de la NASA. Solo hay que saber «que buscar» y «donde hacerlo», y otras cosas más.
El detalle técnico importa porque explica el mérito y, a la vez, sus límites. El equipo detectó la portadora de la señal en banda X (en torno a 8,4 GHz), una frecuencia para la que el instrumento no fue concebido originalmente. Para conseguirlo, tuvieron que adaptar el sistema con equipamiento específico y, sobre todo, afinar el procesamiento de la señal para separarla del ruido de fondo. En esa distancia, el mensaje llega a la Tierra con una potencia casi imperceptible, y cualquier desajuste en la cadena de recepción arruina la captura.
La verificación no se resolvió con entusiasmo, sino con física. Al tratarse de una sonda en fuga constante, la frecuencia aparente se desplaza por el efecto Doppler y hay que corregir el movimiento relativo entre la nave y el observador. Los aficionados aplicaron ese cálculo para confirmar que lo recibido coincidía con lo esperado para Voyager 1, un paso esencial en un terreno donde el “parece” no basta.
La Voyager 1 es, hoy, un ejercicio de administración del desgaste.Se ha mantenido operativa gracias a tres generadores termoeléctricos de radioisótopos, que como hemos dicho anteriormente, su potencia decae poco a poco.
La NASA ha ido apagando instrumentos y priorizando sistemas esenciales para mantener la orientación, la comunicación y la transmisión mínima de datos científicos. En los últimos años, la sonda también ha atravesado problemas de transmisión y fallos internos que han exigido correcciones complejas desde la Tierra, con tiempos de ida y vuelta que ya son de muchas horas.
Independientemente de todos estos aspectos técnicos, la sonda, sigue su viaje, y lo seguirá, cuando exhale su último suspiro, hasta el fin de los tiempos, o hasta que «alguien» se tope con ella, y se ponga a decifrar lo que lleva en su interior.
