La andorrana Stefi Troguet ya se encuentra en Pokara, donde arribó junto al equipo de Seven Summits Treks. Los detalles.
FOTO DE PORTADA: Stefi Troguet a su llegada a Pokhara (Foto FB Stefi Troguet)
KATHMANDU – POKARA, Sábado 21 de marzo, 2026. Las expediciones que esta temporada abrirán la actividad en el Annapurna, ya están casi totalmente en marcha. Fue Seven Summits Treks, quien el pasado miércoles convocó a sus clientes para el inicio en Kathmandu. Hoy, ya se encuentran recién arribados a Pokhara.
Entre los integrantes de dicho equipo, se encuentra Stefi Troguet, enfocada en su proyecto personal de 14×8000, que ahora va en búsqueda de su cuarto logro en el Annapurna. Recordamos que anteriormente, ha logrado alcanzar la cumbre de Nanga Parbat, K2, y Manaslu. Esto publicaba, hace pocas horas tras su llegada a Pokhara en sus redes sociales:
«Tiempo de aventura: ¡La expedición a Annapurna ha comenzado. Primera parada: Katmandú. Mi séptima vez en Nepal. Recibimos nuestro permiso de escalada del Ministerio de Turismo. Equipo soñado de Annapurna. Llegamos a Pokhara. He comido mucha fruta. Eso es lo que más extraño cuando estoy en las montañas. Si hace buen tiempo, iremos a Tatopani y luego al Campamento Base Annapurna. «
Por su parte, dos expediciones más, van en camino al campo base del Annapurna. Una es la de 14 Peaks Expeditions, que realizó la convocatoria a su equipo el pasado jueves 19. Estimamos que mañana domingo 22, ya estará en camino a Pokhara. Y la otra es 8K Expeditions, también empresa local que ha convocado a su equipo para mañana Domingo en Kathmandu.

Pokhara: antesala del Annapurna
A los pies del Himalaya, donde la montaña todavía parece lejana pero ya impone su presencia, se encuentra Pokhara, el punto de partida natural para quienes se dirigen al circuito del Annapurna y, en particular, al Campo Base.
Ubicada a orillas del lago Phewa y a poco más de 800 metros sobre el nivel del mar, la ciudad ofrece una postal difícil de igualar: las cumbres del macizo Annapurna elevándose abruptamente desde la llanura, visibles en días despejados como un muro de hielo y roca que anticipa lo que vendrá.
Pero más allá de su belleza, Pokhara cumple un rol clave en toda expedición. Es aquí donde los montañistas realizan los últimos preparativos antes de internarse en la montaña: revisión de equipo, organización de cargas, gestión de permisos y coordinación logística. También es el lugar donde se ajustan planes según el clima y se intercambia información fresca entre quienes regresan y quienes están por partir.
Desde Pokhara parten los traslados hacia los accesos clásicos del trekking —Nayapul, Ghandruk o Siwai—, marcando el verdadero inicio de la travesía a pie. A partir de allí, el entorno cambia rápidamente: los caminos se estrechan, la vegetación se vuelve más densa y el relieve comienza a ganar protagonismo.
Sin embargo, Pokhara no es solo un punto de paso. Para muchos, representa una pausa necesaria antes del esfuerzo: uno o dos días para aclimatar el cuerpo, ordenar la mente y asimilar la magnitud del objetivo. Las primeras luces del amanecer desde Sarangkot, con el Annapurna iluminándose en el horizonte, funcionan casi como un ritual previo al ingreso a la cordillera.
En ese equilibrio entre tranquilidad y expectativa, Pokhara se convierte en algo más que una ciudad: es el umbral. El último contacto con la comodidad antes de adentrarse en uno de los escenarios más imponentes del planeta.

Del valle a la altura: Como se llega al Annapurna Basecamp
Desde Pokhara, el ingreso a la montaña comienza con un traslado por carretera hasta alguno de los puntos clásicos de acceso, como Ghandruk o Siwai. Allí, donde el asfalto termina, empieza realmente la experiencia: el paso lento, la mochila al hombro y el contacto directo con el terreno.
Las primeras jornadas transcurren entre aldeas tradicionales y campos en terrazas, donde la vida local marca el ritmo. Pueblos como Ghandruk o Chhomrong aparecen como balcones naturales frente a la cordillera, ofreciendo las primeras vistas claras del macizo Annapurna. Es también en este tramo donde el cuerpo comienza a adaptarse: el ascenso es progresivo, pero constante, y cada jornada suma desnivel.
A medida que el sendero se interna en el valle del Modi Khola, el paisaje cambia. La vegetación se vuelve más densa, con bosques de bambú y rododendros que envuelven el camino en una atmósfera húmeda y cerrada. El sonido del río acompaña constantemente, mientras los puentes colgantes y las escaleras de piedra imponen un ritmo exigente.
La transición hacia la alta montaña es gradual pero evidente. Al dejar atrás zonas como Bamboo o Deurali, el entorno comienza a abrirse. La vegetación desaparece, el aire se vuelve más frío y seco, y las paredes del valle se elevan de forma abrupta. Es la entrada al Santuario del Annapurna, un anfiteatro natural rodeado de algunas de las cumbres más imponentes del planeta.
Antes de alcanzar el destino final, muchos hacen una parada en el Machapuchare Base Camp, a más de 3.700 metros. Allí, la montaña ya no es un horizonte lejano, sino una presencia total, envolvente. El silencio se vuelve más profundo y cada paso empieza a sentirse en la respiración.
El último tramo hacia el Annapurna Base Camp es corto, pero intenso. Al llegar, a más de 4.100 metros de altitud, el paisaje se abre en todas direcciones: un circo glaciar dominado por gigantes de más de ocho mil metros. No hay refugio visual posible; todo es montaña.
Es en ese punto donde el esfuerzo cobra sentido. No solo por la distancia recorrida, sino por la transformación del entorno —y del propio cuerpo— desde el verde del valle hasta el hielo y la roca de la alta cordillera.

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