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COLOMBIA A LA CUMBRE

La integral al Chimborazo

Una de las rutas más emblemáticas de la montaña: La Arista del Sol pero encadenando todas sus cumbres es decir la famosa Integral del Sol.

Alpinismonline Magazine | Redacción Alpinismonline Jueves 14 de Febrero de 2019 - 17:54 747 | 3




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Por: Anibal Pineda (HT)

Fotografías Anibal Pineda

 

Ecuador se ha convertido para muchos escaladores colombianos en uno de los destinos preferidos después de las consabidas restricciones para ascender las montañas de nuestro país.

Hace dos años visité por última vez una de las zonas más atractivas del Ecuador, caracterizada no sólo por su belleza indiscutible sino también por su inhóspita y lejana geografía. Me refiero al flanco Nor-oriental del Monte Chimborazo, un lugar que desde hace años veníamos explorarando con el ánimo de escalar una de las rutas más emblemáticas de la montaña: “La Arista del Sol” pero encadenando todas sus cumbres es decir la famosa “Integral del Sol”.

En el año 2016 en un intento por llegar a la base de la arista, tomamos el camino equivocado junto con un compañero de Ibagué (Andrés Henao) y 2 escaladores por aquel entonces aspirantes a guía de la Aseguim (Asociación Ecuatoriana de Guías de Montaña); el primer día hicimos un vivac a 4000 metros de altura y fue tan fuerte la nevada que cayó en la noche, que nos obligó regresar a nuestro vehículo hacia las dos de la mañana. Lo importante en aquella ocasión fue que logramos vislumbrar una posible vía al norte de la arista del sol y además pude tomar algunas fotos ilustrativas de la ruta.

En el año 2017 regresamos a la arista; las condiciones de la ruta no nos permitieron realizarla completamente y sólo escalamos con dos compañeros la arista rocosa y nos vimos forzados a retroceder debido a las malas condiciones reinantes en la montaña; la zona de hielo y nieve estaba impasable, lo que nos impidió alcanzar su primera cumbre, la Nicolás Martínez.

Al hacer un estudio más detallado de las posibles entradas en el flanco, concluí que podrían trabajarse dos posibles vías: una a la izquierda y la otra a la derecha y definitivamente me decidí por la de la izquierda ya que podría pensar en la posibilidad de alcanzar todas las cumbres.

Comencé a planear mi posible incursión en la ruta hacia agosto de 2018; mi compañero de cordada sería el experimentado montañista ibaguereño Milton Camelo.

El 2 de enero de 2019 partimos rumbo al sur, después de 15 horas aproximadamente llegamos a la ciudad de Pasto y al día siguiente cruzamos frontera y arribamos a Quito, en donde nos tenían dispuesta una habitación muy cómoda en el Hostal de Luisa Gallardo (conocida  montañista ecuatoriana).

El 4 de enero realizamos las compras y los preparativos para ir como parte de la aclimatación al Volcán Cotopaxi por su cara sur, poco conocida y mucho más difícil que la ruta normal. Nuestro contacto, el señor Eduardo Agama, guía local muy conocedor de la zona y dueño del Refugio alto de carácter privado, acordó con nosotros recogernos el día 5  a la una de la tarde en la población de Lasso; de allí nos dirigimos al refugio ubicado a 4000 metros de altura aproximadamente, donde teníamos alimentación y hospedaje.






A media noche y después de un reconfortante café  ya estábamos en camino, Eduardo nos subió en su camioneta hasta donde podía llegar el carro; eran aproximadamente unos 4450 metros. De allí en adelante iríamos por nuestra propia cuenta sin conocer la ruta y teniendo en contra la oscuridad de la noche.

Ascendimos en silencio y sin distraernos por varias horas, intentando mantenernos en ruta según las indicaciones dadas por Eduardo; en principio el hielo duro y viejo con gran cantidad de grietas prevaleció  hasta cerca de la mitad de la vía  en donde por error escalamos de frente a la cumbre pero unas espantosas grietas obstaculizaban nuestro paso, lo que nos obligó a hacer un giro enorme a la izquierda bordeando este sector tan inestable y agrietado, logramos encontrar un sendero de huella no muy reciente pero el que nos permitió progresar en forma más ágil.






Después de pasar al flanco izquierdo y por debajo de la llamada falsa yanasacha, quedamos a merced de una serie de laderas empinadas que poco a poco conducían al labio inferior del cráter del volcán, cuando llegué allí noté que mi compañero venía con problemas en sus botas y no me acompañaría a la cumbre lo que me obligó a enfrentarme sólo a la última parte de la montaña. Desde allí sólo me restaba ascender unos 100 metros por la arista y estaría ubicado en la cumbre.

Eran las 8:10 de la mañana cuando en medio del júbilo y la emoción llegué a la cumbre. El espectáculo era  abrumador no deja uno de extasiarse al mirar tanta belleza. Luego de unos minutos, las fotos de rigor y el sobrecogedor paisaje empecé el descenso para encontrar a mi compañero, quien con sus dificultades no tuvo más remedio que esperarme y empezar su descenso en forma lenta y cuidadosa. Poco a poco fuimos perdiendo altura observando con cierta incredulidad lo empinado y accidentado del terreno; con la luz del día podía verse claramente lo que habíamos tenido que superar.






Hacia las 12 del día llegamos al comienzo del glaciar a quitarnos los crampones y en un último esfuerzo descendimos la morrena para llegar al sitio donde nos esperaba Eduardo. A las 3 de la tarde ya nos encontrábamos en el refugio donde tomamos un ligero almuerzo, reempacamos nuestras cosas  y proseguimos hacia la carretera Panamericana para tomar un bus que nos llevaría a Riobamba donde arribamos hacia las 7:30 de la noche.

Al día siguiente aprovechamos para descansar un poco, comprar alimentos y hacer ciertas gestiones logísticas; contratamos al conductor del vehículo que nos acompañaría en el acenso al Chimborazo y en general dejamos todo listo para salir al día siguiente.

El martes 8 de enero amaneció lloviendo pero eso no fue un obstáculo para cumplir nuestro deseo. A las 8:30 de la mañana emprendimos el viaje hacia el Refugio Urbina, donde nos esperaba el amigo Rodrigo Donoso, quien nos colaboraría con algo de equipo para Milton.






A las 10 de la mañana ya estábamos ubicados en el portón de entrada comienzo de la ruta de ascenso por la zona; rápidamente comenzamos nuestro acercamiento en medio de un clima nada agradable; la llovizna, la neblina y el frío intentaban quebrarnos la moral  pero pese a ello nuestra determinación nos condujo lenta y pacientemente hacia la morrena de entrada que desemboca sobre los primeros neveros en el flanco Nor-Este.

La llegada al glaciar no fue nada fácil luego de desescalar por una empinada y peligrosa morrena donde sólo encontramos una delgada brecha por la que caían piedras y escurría agua tuvimos que bajar los morrales con la cuerda y luego de delicadas maniobras quedamos a la entrada del glaciar donde acondicionamos un sitio para montar la carpa; estábamos a 4700 metros,  fue lo que mejor que encontramos con la ventaja de poder recoger agua en un lugar cercano.

En la noche nevó y todo se tornó blanco, afortunadamente en la madrugada hizo algo de viento llevándose parte de las espesas nubes, debimos esperar a que saliera un poco el sol para secar la carpa y poder continuar con nuestro ascenso.






El día continuó nublado –cosa que nos favorecía-, ya que a medida que nos internábamos en el glaciar iban apareciendo largos neveros adornados por grietas profundas y con nieve nueva y blanda que sólo nos permitía avanzar por tramos cortos haciendo muy lenta y difícil nuestra progresión. A medida que las horas pasaban, íbamos ganando altura y el agotamiento en tales condiciones también hacía su trabajo; ascendíamos por laderas casi verticales y en algunos sectores expuestos a la caída de piedras, debíamos encontrar el camino menos riesgoso aún con la nieve en contra. Cerca de las 4 de la tarde avanzamos a  un lugar casi a la altura de la cumbre Politécnica; aproximadamente 5500 metros. En un pequeño rellano escondido entre dos seracs montamos el campamento 2 en donde quedamos bien resguardados y protegidos. El clima se sentía estable y nosotros motivados para salir al día siguiente.






Esa noche volvió a nevar y la montaña se cerró; aunque en la mañana todo se veía oscuro, poco a poco fue vislumbrándose el entreverado azul del cielo; lentamente pero sin detenernos fuimos arreglando nuestras cosas hasta que con gran esfuerzo logramos empacar la carpa que por los efectos del frío y de la nieve caída, estaba casi congelada.

Comenzamos a ascender por una ladera muy fuerte con una oscura y profunda grieta a la salida la cual superamos con cierto nerviosismo ya que se veía muy frágil. De ahí en adelante superamos nevero tras nevero con cortas paredes verticales y mucho compromiso debido a la nieve recién caída, nos hundíamos casi hasta la cintura, en las partes empinadas el avance era muy precario ya que tocaba nadar con rodillas y codos para lograr progresar algunos metros; la montaña nos estaba mostrando uno de sus aspectos más intimidantes, estaba cargada de nieve fresca y por consiguiente la formación de placas susceptibles a los aludes.






Todo el día estuvo seminublado lo que permitió trabajar en condiciones menos difíciles, la progresión fue lenta pero el altímetro nos iba informando sobre nuestro avance, hasta que por fin, a los 6050 metros no tuvimos más remedio que detenernos y emplazar el campo 3. En medio de la nieve blanda colocamos la carpa en un sitio desde el cual podía verse ya la línea somital.

Esa noche también nevó y en las horas de la madrugada hizo mucho viento. La altura se sentía y el frío era inclemente; la idea era salir a las 4 de la mañana pero la tenaza del frío nos inmovilizaba y ralentizaba nuestros movimientos. A pesar de despertarnos muy temprano, la preparación nos llevó mucho tiempo y la recogida de la carpa fue desesperante.

A las 6:15 de la mañana nos movilizamos; el frío calaba los huesos y nos entumecía manos y pies, la altura empezaba a jugar en nuestra  contra, con una lentitud pasmosa por la apertura de huella fuimos dejando a lo lejos la cumbre Politécnica (5860 m). Los últimos 100 metros parecían inacabables nos dieron mucha lidia y lo que con buenas condiciones podría hacerse en una hora, a nosotros nos llevó tres. Hasta que por fin a las 11 de la mañana tocábamos la cumbre principal  del Chimborazo. El regocijo era inmenso y la mezcla de emociones nos daba la sensación de haber conquistado el planeta. Era increíble; habíamos logrado lo que parecía inalcanzable después de tanto esfuerzo, insistencia y duda; estábamos en lo más alto del gigante del Ecuador.






Todo se confabuló a nuestro favor en ese instante; un estupendo doble arco iris, cielo despejado, la sensación de triunfo, fotos de rigor, abrazos y sonrisas formaron parte de ese extraordinario momento pero inmediatamente comenzaba  la incertidumbre de nuestro largo descenso.

Comenzamos la travesía hacia la cumbre Veintimilla. Con la nieve en tan malas condiciones nuestro esfuerzo continuaba; una vez llegamos al sector más plano el cielo comenzó a nublarse y rápidamente se oscureció, la nieve y la ventisca hicieron su aparición y seguidamente se dasató una tormenta, perdimos la orientación; la nieve caía horizontalmente y como agujas nos hería los ojos lo que impedía nuestro avance. Tumbados en el suelo no tuvimos más remedio que protegernos pues sorpresivamente la tormenta se convirtió en eléctrica y la estática nos obligó a parar. Fue un período de larga espera y como era lógico nuestro temor aumentaba sobre todo por los antecedentes que teníamos acerca de lo escalofriante y peligroso de este fenómeno en pleno collado. Más de una hora acurrucados hasta que algo desorientados continuamos el avance por instinto hacia la cumbre. Poco a poco fue pasando el mayor peligro y con un esfuerzo adicional, logramos llegar a lo más alto. Allí no nos demoramos; eran las 2 de la tarde e igualmente lo celebramos. Desde  este punto no veíamos ninguna huella pero en la medida en que fuimos descendiendo aparecían  algunos pequeños hitos cuya mágica aparición nos indicaba la  línea de descenso. A medida que bajábamos el cielo se iba despejando y de repente todo se abrió y pudimos ver a lo lejos El Castillo y la zona de los refugios.

Ahora ya sólo deberíamos estar atentos y concentrados evitando los tropiezos y el nerviosismo; el extenso descenso nos acercó rápidamente al punto donde deberíamos decidir si bajar por la antigua ruta del Castillo o por su derecha bordeándolo lo que ocasionaría más demora –aunque era lo aconsejable-. Nos decidimos por la izquierda; la ruta se veía en muy buenas condiciones y el deseo de llegar pronto era muy sugestiva. Efectivamente,  muy de prisa pero con seguridad extrema nos arrojamos por la zona, no tuvimos mayores tropiezos y cerca de las 6 de la tarde arribamos al Refugio Whymper y a las 6:20 al Carrel.  Nuestra celebración: una coca-cola y pastel de pollo. ¡La integral del Chimborazo estaba hecha!








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Comentarios (3)

3 | EDWIN LÓPEZ | 16/2/2019 - 10:30
Felicitaciones, la ruta es La integral por la arista del sol, pero uds han hecho una variante, hacia el norte, muy bien


2 | ANDRES FELIPE NAVAS ARIAS | 15/2/2019 - 10:22
Que buen relato y experiencia... Sin duda unos grandes escaladores...


1 | DIEGO GERMAN URIBE | 14/2/2019 - 22:20
Quiero felicitar a mis grandes amigos que llemandose de valor lucharon como titanes esa cumbre tan anelada.


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