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UNA HISTORIA DE NAVIDAD

Laguna Vilama: Un oasis en plena puna

Informe de Kike Melgarejo

Kike Melgarejo | Redacción Alpinismonline Martes 25 de Diciembre de 2018 - 10:34 462 | 0




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¡Gracias por el Me Gusta!






Foto de portada: El grupo en la cumbre del Cerro Salle

Todas las fotografías cortesía Pablo Caballero



Si decimos que nuestro país tiene lugares increíbles no estamos descubriendo nada, pero al pensar en la Puna Argentina, lo primero que se le viene a la cabeza al común de los citadinos es, cordones montañosos, salares y aridez. El término puna en la lengua original quechua significa “tierra elevada”, y de hecho es la cercanía al cielo una de las características que mejor define a esta región que tiene una altura promedio de 3.800 metros de altura sobre el nivel del mar, es una gran altiplanicie similar al Tíbet y el desierto de Atacama, y se extiende desde el centro-oeste de la provincia de Catamarca hasta el noroeste de la provincia de Jujuy comprendiendo la mitad Oeste de las provincias de Salta y Jujuy.

No era la primera vez que íbamos a esta región, ya estuvimos a finales del año pasado visitando San Antonio de los Cobres, en la provincia de Salta, donde subimos el Nevado de Acay y el Volcán Tuzgle, para después trasladarnos por la ruta 40 hasta el departamento Rinconada en la provincia de Jujuy, para ascender el Volcán Granada, todo ello en 5 días, en lo que hemos dado en llamar “La trilogía puneña”, pero eso es otra historia.

El viaje a la “Reserva Provincial Altoandina de la Chinchilla o Lagunas de Vilama”, ubicada en el Departamento Rinconada de la Provincia de Jujuy, comenzó a gestarse allá por julio de este año, y fue madurando con el correr de los meses, así como la conformación del grupo, la idea original era repetir la trilogía puneña pero en diferentes cerros, así es que el alma máter del grupo, Marcelo Badra, a quien cariñosamente apodamos “Russell” en alusión al famoso guía neozelandés Russel Brice, propuso el ambicioso proyecto de subir en cinco días, el Cerro Zapaleri (5619 msnm) punto trifinio entre Argentina, Bolivia y Chile, el Cerro Tinte (5849 msnm) y el Cerro Vilama (5678 msnm), estos últimos sirven de hito limítrofe con Bolivia y los tres están localizados en adyacencias de la Laguna de Vilama.

 

El Grupo

Pero partamos desde el comienzo, el grupo estaba conformado por Pablo Caballero, José Aiasa, Diego Heinz y Marcelo Badra, todos del Club Andino Córdoba, después estaba Julio Soria que vino desde Buenos Aires; Ricardo Birn de Córdoba, nuestro contacto y guía local Silvina Cazón de Jujuy, y quien les narra “Kike” Melgarejo oriundo de la tierra colorada (Misiones).

La idea para concretar tan ambicioso proyecto era seguir el plan de aclimatación de Marcelo, el cual consistía en encontrarnos el domingo 2 de diciembre al mediodía en Tilcara (2465 msnm), para dirigirnos luego a Humahuaca (3012 msnm) donde almorzaríamos todos juntos, para finalmente ir a pernoctar a Abra Pampa (3484 msnm), no sin antes pasar por El Hornocal, donde se encuentra el Cerro de 14 colores (como si alguien fuera a contarlos al estar ante semejante obra de la naturaleza), alrededor de las 6 de la tarde llegamos a Abra Pampa, donde tuvimos contacto con el Guardaparque de la Reserva, de nombre Sixto, quien nos brindó algunos datos sobre el estado del camino y gracias a las gestiones realizadas por Silvina ante Biodiversidad, accedió muy gentilmente a prestarnos el modesto pero reconfortante refugio ubicado a orillas de La Laguna de Vilama.




Cerro Salle

 

El viaje

El lunes 3 nos trasladaríamos por la ruta provincial N° 7 hasta la localidad de Lagunillas del Farallón, donde debíamos retirar la llave del Refugio, pero a último momento y por recomendación de Sixto, decidimos subir por la Ruta Nacional 9 hasta La Quiaca donde nos abastecimos de combustible y tomamos primero la RP 5, luego la RP 64 y finalmente la RP 7, llegando alrededor de las 4 de la tarde al pequeño poblado de Lagunillas del Farallón (3684 msnm) para enterarnos que la persona que debía entregarnos la llave del refugio, no se encontraba en el pueblo y retornaría entrada la noche. Ante este contratiempo y luego de solicitar permiso al “comunero” del pueblo (pseudo intendente) para pasar la noche allí, nos ubicaron en lo que sería la comisaría o por lo menos donde vive “EL” policía del lugar. Nos acomodamos en dos habitaciones contiguas, en una de las cuales había dos camas cucheta y en la otra unos colchones polvorientos en el piso, luego nos dispusimos a recorrer la laguna que se encuentra en la parte baja del pueblo, caía la tarde y el sol derramaba sus últimos rayos sobre el espejo de agua en donde se agrupaban algunos flamencos andinos que inquietos ante nuestra presencia se mostraban reticentes a las fotos.




Cerro Salle visto desde la Laguna Vilama




Ascenso al Cerro Salle




Cumbre Cerro Salle

El Martes 4 arrancamos temprano, luego de calentar el agua para el mate y habiendo bebido algunas infusiones acompañadas con galletitas y mermelada, lo usual en este tipo de viajes, alrededor de las 9 de la mañana emprendimos el último tramo del viaje hasta nuestro destino final, sabiendo que estábamos retrasados en un día respecto del plan original de aclimatación fijado por “Russell”. El viaje transcurrió zigzagueante entre farallones y quebradas, de vez en cuando nos deteníamos para tomar algunas fotografías extasiados por la belleza del paisaje, o para ceder el paso a grupitos de Vicuñas que corrían inquietas al ver las camionetas, o las Llamas, algunas ataviadas con coloridas pecheras, que viéndonos pasar se daban vuelta a mirarnos cual vecina curiosa de barrio, pronto el camino se hace cuesta arriba y comenzamos a ganar altura, llegando cerca del mediodía al refugio del guardaparque, localizado estratégicamente al pie de un paredón de piedra a resguardo  de los vientos, ubicado a 4500 msnm y en el borde norte de la Laguna de Vilama, que se descubría ante nuestros ojos como un verdadero oasis en medio de la puna.




Laguna Vilama vista desde la cumbre del Cerro Salle




Llegando a la cumbre del Cerro Salle




Pequeña apacheta cumbre del Cerro Salle

Antes de bajar nuestros petates en el refugio, decidimos hacer un acercamiento al Cerro Vilama (5678 msnm), para lo cual tuvimos que rodear la laguna en sentido suroeste, por un camino que bordea la misma hasta el otro lado, casi frente al refugio, una bandada de flamencos rosados levanta vuelo al oír el ruido de los vehículos, y una llama que se encontraba al borde de la laguna se apresura a salir, resbalando en el hielo que aún no se había derretido de la noche anterior.




Subiendo por el acarreo




Valle de la Luna cusi cusi

Silvina había conseguido algunas referencias del lugar, gracias a sus contactos con biólogos y mineros, y Sixto el guardaparques de la Reserva nos había brindado algunos datos, pero lo cierto es que de ahí en más era todo exploratorio, Marcelo tenía en su GPS detalles de algunos senderos que había conseguido de un sitio de Internet, lo cual fue de utilidad al momento de saber dónde estábamos parados en relación a los cerros circundantes, no obstante ello, no pudimos dar con la ruta de aproximación al Vilama, así que volvimos al refugio, ahora si para instalarnos y recalcular para luego volver a salir, queríamos a toda costa hacer un acercamiento al Vilama para volver al otro día y ascenderlo.




Cerro Vilama




Chinchilla

 

El refugio

De dimensiones similares a un contenedor de 20 pies de los utilizados en el comercio exterior, tenía una pequeña mesada con bacha, que utilizamos para cocinar, un baño interno a medio terminar que no estaba en condiciones de uso, y un par de colchones y frazadas, además contaba con luz eléctrica provista por un panel solar, no tenía agua, pero la suficiente comodidad como para elevar nuestro hospedaje a la categoría de VIP.




Llamas




Refugio guardaparque




Refugio guardaparque

 

El cerro sin nombre

Una vez instalados en el refugio y habiendo comido muy poco, ya que la mayoría acusábamos los síntomas de la altura y estábamos inapetentes o nauseosos, cerca de las dos de la tarde volvimos a salir con la idea de encontrar el camino que nos deposite en la base del Cerro Vilama (5678 msnm), no fuimos todos, algunos no quisieron moverse de la “comodidad” de nuestro albergue, o tal vez sólo reservaban sus fuerzas para el día siguiente. Volvimos a bordear la laguna, pero esta vez por el norte, siguiendo una huella en el GPS de Marcelo que se dirigía hasta la frontera con Bolivia, y que probablemente nos acercaría a nuestro objetivo, la huella se adentraba en un valle hasta que llegamos a un punto en el camino donde dejamos la camioneta y subimos hasta un filo para ver lo que se veía al otro lado, es así que al llegar al filo decidimos seguir subiendo hasta otro punto más elevado que se descubría ante nuestros ojos, eran las 3:30 de la tarde, había viento pero no hacía frío, el cielo estaba totalmente despejado y de un azul intenso, al llegar a ese punto hicimos una parada para reagruparnos e hidratarnos, momento en que divisamos a unos cientos de metros más arriba, una cresta que parecía ser la cumbre del cordón que estábamos ascendiendo, calculamos el tiempo que nos demandaría subir esos metros finales y continuamos empecinados en alcanzar esa cumbre, al cabo de media hora y luchando contra el viento que a esa altura se hacía sentir, alcanzamos finalmente la cima, donde nos sentamos en círculo a medida que fuimos llegando, no había apachetas ni cruces, señal que no estábamos en una cumbre principal, de hecho el Cerro Vilama estaba a nuestras espaldas, bastante más lejos de lo que pensábamos, claramente estábamos en un hombro o cumbre secundaria, el GPS marcaba 5190 msnm, desde allí se apreciaba gran parte de la Laguna de Vilama, con sus diferentes tonalidades de azul, además de los grandes cerros de la zona. Al cabo de unos minutos y luego de sacar un par de fotos emprendimos el descenso, eran cerca de las 5 de la tarde y todavía quedaba un par de horas de luz así que bajamos tranquilos los casi 700 metros de desnivel que habíamos ascendido en poco más de dos horas.




Flamenco andino

De camino al refugio íbamos con una sensación agridulce, ya que, si bien habíamos despuntado el vicio al subir ese cerro, no habíamos dado con la ruta de aproximación al Vilama, y además caímos en la cuenta de que, entre el recorrido exploratorio de la mañana y el que acabábamos de realizar, habíamos consumido más combustible del previsto, y aun teniendo tanques de reserva en las dos camionetas, de ahora en más tendríamos que ser prudentes a la hora de movernos, ya que cualquier gasto innecesario podría dejarnos a mitad de camino al regresar. Una vez en el refugio compartimos con el resto las novedades, algunos querían mantenerse en el plan original y especular con que el combustible alcance para volver, otros tirábamos alternativas de ascenso, fue cuando a Pablo se le ocurre que podríamos ascender el cerro puntiagudo que teníamos frente al refugio, ahí en nuestras narices, así que al cabo de unos minutos de analizar el GPS, llegamos a la conclusión de que era el Cerro Salle, que tenía la nada despreciable altura de 5781 msnm, además recordamos que el Guardaparque nos había comentado que ese cerro no tenía ascensos, o por lo menos no había registros ni relatos de alguien que lo hubiera ascendido, cosa que nos pareció poco creíble, sobre todo por su cercanía al camino y al refugio.




Interior del refugio

 

Recalculando

Así las cosas, decidimos abandonar el plan original y replantearnos los objetivos, incluyendo el factor combustible cómo eje central, ya no podríamos repetir “La trilogía puneña”, así que el miércoles nos levantamos sin condicionamientos ni apuros, luego de desayunar realizamos una caminata de una hora hasta una construcción de piedra sin techo ubicada a orillas de la Laguna, la cual habíamos divisado el día anterior desde las camionetas, aprovechamos para sacar fotos o simplemente contemplar asombrados tanta biodiversidad, Flamencos Rosados, Chinchillas, el Suri o Avestruz Andino, Llamas, Vicuñas  y hasta un Zorro que huía presuroso ante nuestra presencia. Marcelo aprovecho para esconder un “cache” o “tesoro”, para que algún otro aficionado al Geocaching pueda localizarlo con la ayuda de un GPS, el resto simplemente nos sentamos a mirar el paisaje. Por la tarde nos dedicamos a buscar agua de una vega cercana al refugio, compartimos algunas infusiones y preparamos el equipo para el objetivo del día siguiente.

 

El ascenso

El día jueves nos levantamos a las 5 de la mañana, luego de desayunar salimos del refugio una hora más tarde, Julio había decidido quedarse, así que el resto nos dividimos en las dos camionetas y tomamos el camino por el que habíamos llegado cómo volviendo a Lagunillas, mientras comenzaba a amanecer tuvimos que atravesar algunas vegas que estaban congeladas, a medida que nos acercábamos la figura del Cerro Salle se levantaba imponente frente a nosotros, no había viento pero si hacía mucho frío, al cabo de unos 45 minutos encontramos una entrada favorable hacia un valle, que nos permitiría continuar con la aproximación a pie, así es que dejamos las camionetas en un lugar seguro y comenzamos el ascenso. Al principio y hasta entrar en calor, el frío calaba los huesos, nos adentramos siguiendo el desnivel natural del terreno, no había ningún tipo de huellas ni senderos, a medida que íbamos ganando altura por la ladera sureste, comenzábamos a vislumbrar el camino lógico, aunque en ese punto hubo un desacuerdo en la ruta que seguiríamos, al final optamos por montarnos en un filo que teníamos al frente y que se veía bastante escarpado, compuesto de un acarreo de piedras compactas característica de los cerros de la puna, el cual nos depositaría en una travesía final un poco más suave que terminaba en la cumbre, o eso creíamos, al cabo de unas horas de penosa marcha cuesta arriba, el sol y el cansancio se hacían sentir, como suele suceder en un grupo más o menos grande y heterogéneo, se fueron armando subgrupos, así es que alrededor de las 12:30 fuimos llegando de a poco a la cima, primero llegaron Marcelo y José “casi juntos”, luego llego Ricardo seguido de Silvina, minutos más tarde llegué yo y cerrando el grupo lo hicieron Diego y Pablo. Como era de esperar nos encontramos con una pequeña apacheta de no más de 70 cm de alto, que se ve fue hecha sin mucho esmero o con mucho cansancio, así que habiéndonos sacado esa duda, nos dispusimos a disfrutar del paisaje, era un día soleado con el cielo diáfano y se podía ver hacia el norte el Volcán Granada y la Laguna Pululos, hacia el oeste en Bolivia, el Volcán Licancabur y el Uturuncu, hacia el sur se observaban claramente los tres cerros que nos recordaban porque habíamos venido hasta aquí, los Cerros Vilama, Tinte y Zapaleri, y abajo nuestro, una extensa altiplanicie con la Laguna de Vilama dominando el paisaje, luego de las fotos de rigor emprendimos un lento descenso por un acarreo de lajas descompuestas que se hizo interminable. En el montañismo se dice que “La montaña sólo nos pertenece después de que hemos regresado al valle. Antes, somos nosotros los que pertenecemos a la montaña. La parte más difícil es siempre la bajada.”, y esa bajada finalizo a las 6 de la tarde, cuando finalmente llegamos a los vehículos y emprendimos el regreso al campamento, exhaustos pero felices.

 

El regreso

El día viernes 7 levantamos el campamento a media mañana y desandamos el camino matando las horas con música y mates, pasamos por Abra Pampa alrededor de las 2 de la tarde, lugar donde almorzamos, para luego continuar el viaje hasta Tilcara, donde pasaríamos la última noche juntos antes de retornar cada uno a sus respectivas provincias. En la cena de esa noche regada con cerveza artesanal, hubo tiempo para las anécdotas del viaje y también para el análisis. ¿Pudimos haber hecho más? Desde lo deportivo sin dudas que sí. A veces las cosas no salen como uno las planea, pero desde lo individual me quedo con una frase de Geyson Millar “Antes que el esfuerzo, las rocas y el viento, la amistad es el componente esencial en la montaña.” Y a mi entender cumplimos ampliamente con esa premisa, lo demás, lo demás es estadística.




Lagunillas del Farallón



Nota principal: http://www.alpinismonline.com/mz-notas.asp?id=11181
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