INFORME ESPECIAL

Los inviernos del Nanga Parbat

La montaña solo otorga un breve permiso para acceder a ella. Nadie la posee. Nadie es dueño de ella. Solo tiene un instante de atrevimiento para acariciarla y poder regresar vivo y contarlo.

Carlos Eduardo González | Redacción Alpinismonline Sábado 5 de Marzo de 2016 - 22:44 951 | 0




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Por Carlos Eduardo González | Redacción Alpinismonline

 

En el invierno de 1986, Krzysztof Wielicki y Jerzy Kukuczka escalaron el Kanchenjunga. Kukuczka, descrito como un "rinoceronte psicológico", inigualado en su capacidad de sufrimiento, fue el segundo en escalar los 14 ochomiles. Subió diez de ellos por rutas nuevas y cuatro en invierno. En febrero de 1987, Kukuczka y Artur Hajzer conquistaron la cima de la cadena Annapurna, y Wielicki subió solo el Lhotse el 31 de diciembre de 1988.

En sólo ocho años, los polacos habían conquistado siete primeros ascensos invernales de ochomiles. Fueron llamados los Guerreros del Hielo, una nueva raza de montañistas extremos. "Entonces, repentinamente en 1989, todo se derrumbó -dijo Artur Hajzer, uno de los Guerreros del Hielo. Oigan, yo fui uno de los que salieron a marchar en las calles. Yo luché por la caída del comunismo, pero cuando llegó el fin, también se terminó nuestra forma de vida". Está claro porqué se terminó. Pero no tan asi, fue solo un algo prolongado intervalo.

Los polacos se desvivieron por el Nanga Parbat invernal. Desde aquél entonces. Cuando finalmente se desintegró el Estado comunista, lo mismo pasó con toda la brillante vida que los alpinistas polacos habían imaginado. "Si no hay dinero, no hay posibilidades", dijo Hajzer. Ni expediciones al Himalaya. No se volvió a escalar ningún ochomil en invierno durante 17 años (hasta el ascenso invernal del Xixabangma en 2005, encabezado por Jan Szulc). Y ningún equipo de alpinistas de otra nación o multinacional se ofreció a llenar ese vacío. Los ascensos invernales al Himalaya eran asunto de polacos.

El 18 de diciembre de 2006 arranca el retorno –y desvelo- de los polacos por el Nanga Parbat invernal. Hajzer, Jawien, Zaluski, Wielicki y Szymczak, retornan a la montaña asesina.

Es el 12 de enero de 2007, pleno invierno en la cordillera de Karakoram en Pakistán. Darek Zaluski y Jacek Jawien se acurrucan dentro de su tienda a 6 750 metros en la cuesta suroeste de Nanga Parbat, la novena montaña más alta del mundo. Todo está totalmente congelado -botas, calcetines, protector solar, botellas de agua-, como si fueran los restos de una espantosa era glacial. Sacan unas baterías de su ropa interior, se las ponen a tientas al radio y llaman al Campamento Base. El viento ruge, la nieve azota su tienda de nailon. Sólo pueden entenderse unas cuantas palabras desesperadas. "¡Wiatr... wiatr!"

El viento, el viento, como si fueran sus últimas palabras. Pero Zaluski y Jawien no se están muriendo. Por increíble que parezca, están tratando de decidir si siguen subiendo o si bajan. Llevan dos días sin dormir. El día anterior llegaron al Campamento 3, ubicado en la cresta, y pasaron la noche acurrucados en el interior de su tienda, agarrados a los postes para impedir que el viento los rompiera. La temperatura es de 40 °C bajo cero, con ráfagas de viento de 95 kilómetros por hora. Se han puesto toda la ropa que tienen: capas de tela polar, ropa interior, guantes dentro de los mitones, capuchas y pasamontañas. La piel expuesta se quema rápidamente. Se han envuelto como capullos en sus gruesas bolsas de dormir, pero aun así siguen temblando sin control, arrastran las palabras al hablar y su cuerpo se sacude. En medio de esta escena de desgracia, entienden y aceptan la situación. Después de todo, son polacos y esta es una ocupación típicamente polaca: montañistas de altura invernales.

Esta es parte de la historia de “los guerreros de hielo” que se prolonga hasta el invierno mismo de 2016, personificado en las figuras de Tomek Mackiewicz y la francesa Elisabeth Revol, que toman la posta polaca en la presente temporada, siempre a través de la cara Rupal, la mas compleja, si se quiere.

“Estoy muy muy contento de no haber comunicado mucho durante la expedición, de no haber utilizado helicópteros, oxígeno o calentadores para las botas. Hemos subido en febrero y podemos huir de toda polémica” paradójicamente, no fueron frases surgidas de un escalador polaco, sino del mismísimo Simone Moro, otro magnate de la historia de conquistas del montañismo mundial.

Que me viene a la memoria ahora, luego del logro cumplido. El inmensurable esfuerzo polaco por una montaña, que los dejó con las manos vacías.

Si bien pareciera vencida en un momento, algo importante por recordar siempre: la montaña no es vencida, ella solo le da quien (o quienes) desea, un breve permiso para acceder a ella. Solo hay que saber aprovechar el momento. Nadie la posee. Nadie es dueño de ella. Solo tiene un instante de atrevimiento para acariciarla y poder regresar vivo y contarlo.

A las 15.37 del viernes 26 de febrero de 2016, la historia de conquistas de los ochomiles del Himalaya volvío a abrir sus páginas y escribir a fuego tres nombres que ya permanecerán por siempre en esas páginas: Ali Sadpara, Alex Txikon y Simone Moro. Así fue, en ese preciso instante, el Nanga Parbat, les dio permiso.

“Estoy realmente contento. Era el tercer intento en invierno al Nanga Parbat, una montaña en la que he pasado un año de mi vida entre las tres expediciones de invierno y otra más en verano. Ahora estoy contento porque con cuatro invernales a ochomiles no tengo nada que demostrar, nadie las ha hecho y nadie más puede hacerlas, solo falta el K2 y, con él, Denis Urubko o Adam Bielecki llegarían a tener tres primeras ascensiones. No lo digo con ánimo de competir, lo digo para aclarar que, aunque soy una persona que comunica mucho, hago las cosas antes de hablar. Hay un dicho italiano que dice "hay que hacer fuego antes de tener calor".

Clarísmo, carísmo Simone. Cuatro primeras invernales a ochomiles. El sueño de cualquier alpinista polaco en las manos del italianísmo Simone. Febrero es mes de invierno, sin lugar a ningún tipo de dudas. Unos días más de demora, hubiese abierto sin lugar a dudas la polémica. Pero aquí, en esta cumbre, no es el caso. Febrero es invierno y no hay más que discutir.

“Ha sido una de las mejores expediciones que he hecho y a la vez una de las que me han requerido más esfuerzo para subir y bajar de la cumbre. El Nanga Parbat tiene mil metros más de desnivel que el resto de los ochomiles: del campo base a la cumbre hay más de 4000 metros. El esfuerzo físico ha sido enorme y estoy muy sorprendido de cómo Alex Txikon, Ali Sadpara, Tamara Lunger (casi cumbre) y yo llegamos a la cima sin tener una aclimatación completa. Tamara y yo solo dormimos dos veces en el C2 antes de lanzar el ataque a cumbre, normalmente esto no suele ser suficiente pero teníamos una motivación y concentración tan grandes que pudimos sufrir un poco más de lo normal y llegar sin oxígeno a la cima. Denis Urubko dice que ascender en marzo ya no es hacerlo en invierno. Como lo hemos hecho en febrero tampoco hay duda en este aspecto. Ha sido un éxito completo sin hueco para las polémicas.”

Nada que decir al respecto, verdad? Lo dijo Urubko hace un año atrás y por solo tres días, la cumbre del Nanga Parbat, para los preceptos de Urubko, es plenamente invernal.

“Partimos de un c4 muy bajo porque, sin aclimatación, no podíamos ponerlo más alto y arriesgarnos a tener vómitos, dolores de cabeza y síntomas de mal de altura. Ponerlo a 7.150 significa que el último día teníamos mil metros de desnivel. El parte del tiempo decía que el día iba a estar bien pero que había viento de 45 km por hora, que es fuerte, a lo que hay que sumar los 30 grados bajo cero. Todo junto genera una sensación térmica de -50ºC.  Ahora tengo un poco de congelaciones muy leves en un pie, lo tengo un poco rojo e hinchado.”

Y que decir del Nanga respecto a los otro ochomiles invernales … “El Nanga y el Makalu han sido los más difíciles porque eran también los más grandes. El Makalu es 300 metros más alto pero el último campo estaba a 7.600. El Nanga ha requerido el esfuerzo más grande. Tamara, que ha hecho el K2, dice que el Nanga es más difícil, más técnico, más grande...”

Tamara casi llega. Estuvo a solo sesenta a setenta metros de la cumbre, pero ya no tenía mas fuerzas. Lo cuenta Simone: “Se quedó en un punto desde el que nos podía ver cómo íbamos a la cumbre, se paró porque estaba completamente cansada. Tuvo un problema de estómago esa mañana y vomitó todo el desayuno, así que estaba totalmente vacía y sin energía. La última vez que hablamos, a ciento y pico metros por debajo de la cumbre, dijo que sentía que nos tenía que pedir ayuda para descender. Esa es una mala señal y comprendí que estaba al límite. Se paró a 60 o 70 metros de la cumbre solo para evitar que nosotros la tuviéramos que ayudar a descender. Es un acto de solidaridad enorme. Ninguna persona ha llegado tan alto en el Nanga en invierno. Estoy seguro al 1000% de que ella hubiera podido llegar a la cumbre porque era cuestión de 45 o 50 minutos más. Pero prefirió empezar a bajar para que no tuviéramos que ayudarla. Es un acto de lucidez mental muy fuerte.”

El día de cumbre partieron a las 7 de la mañana de la tienda hacia la cima. A las 15.30 arribaron a ella y a las 19 estaban de vuelta en la tienda: “Estábamos todos muy cansados por la falta de aclimatación completa y también por el esfuerzo. El día después, antes de empezar a bajar, se me rompió un crampón con el frío y lo arreglé con una cuerda muy fina. Hice todo el descenso con el arreglo del cordino.”

¿Porqué se tardó tanto en conquistar el Nanga Parbat invernal? “Porque está mil metros más alta que el resto del ochomiles. El campo base está muy bajo, el resto de montañas tienen 3.000 metros de Desnivel. En el Nanga son 4.000 metros por el Diamir y 4.500 por el otro lado, es una montaña sobre otra montaña y es muy particular.”

Solo falta ahora un solo ochomil invernal, el que casi ninguno se atreve, el K2. Dice Simone al respecto: “Se lo dejo a Adam Bielicki, Denis Urubko y todos los alpinistas jóvenes que vienen por detrás. No me gusta jugar con el presentimiento de mi esposa, que soñó que iba a morir en el K2.”




Galería de imagenes


SIMONE MORO Y ALEX TXIKON EL VIERNES 26 DE FEBRERO DE 2016 EN LA CUMBRE DEL NANGA PARBAT INVERNAL


ALI SADPARA Y SIMONE MORO POSAN PARA UNA FOTO HISTóRICA


ALI SADPARA, SIMONE MORO Y TAMARA LUNGER PREPARADOS PARA INICIAR EL CAMINO HACIA LA CUMBRE INVERNAL DEL NANGA PARBAT EL LUNES 22 DE FEBRERO DESDE EL CAMPO BASE


EL EQUIPO COMPLETO DE LA PRIMERA INVERNAL AL NANGA PARBAT


KRZYSZTOF WIELICKI Y JERZY KUKUCZKA AQUéL INVIERNO DEL 87, INICIANDO LOS INTENTOS AL NANGA INVERNAL QUE DEMANDARíAN 29 AñOS PARA CORONAR LA CUMBRE


EL 5 DE FEBRERO, EL EQUIPO EN EL CAMPO BASE DURANTE UNA DE LAS PROLONGADAS ESPERAS DE LA VENTANA DE BUEN TIEMPO


EN BUSCA DE LA CUMBRE: EL LUNES 22 DE FEBRERO INICIABAN UN CAMINO DE CINCO DíAS HACIA LA GLORIA


KRZYSZTOF WIELICKI, VEINTE AñOS DESPUéS DE SU INTENTO JUNTO AL INOLVIDABLE JERZY, SIGUE MIRANDO CON DESVELO LA CUMBRE DEL NANGA INVERNAL. (EXPEDICIóN POLACA 2007)



Nota principal: http://www.alpinismonline.com/mz-notas.asp?id=10562
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