DOSSIER: CUMBRES QUE HICIERON HISTORIA | NANGA PARBAT

El "solo" de Hermann Buhl

Tercera entrega del dossier, la conquista del más asesino de los ochomiles de entonces, en una escalada memorable, donde el austríaco consigue doblegar al gigante, en solitario y sin oxígeno suplementario

Carlos Eduardo González | Redacción Alpinismonline Domingo 30 de Marzo de 2014 - 12:23 7070 | 1




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"A las 19.10 dejo la cumbre de la pirámide rocosa. El sol desaparece del horizonte, y aunque las rocas hayan almacenado el calor, el frío no tarda en dejarse sentir. Me parece demasiado difícil y peligroso bajar por la arista, así es que intento una travesía por el flanco de la montaña del lado del Diamir. He dejado mi piolet en la cumbre, así es que no puedo apoyarme más que en mis dos bastones de esquí, y esto ha estado a punto de costarme la vida. Me hallo en medio de la pendiente helada cuando, de pronto, se me suelta un crampón. Puedo agarrarlo a tiempo, pero se me ha partido la correa."


 

La antesala del gran logro

Un lienzo de Rudolf Schlagintweit alla por 1854 dejó ver la existencia de "la montaña desnuda", que para aquellos tiempos, ni se pensaba siquiera en ese nombre. Rudolf era oriundo de Munich, y llevó la existencia del Nanga Parbat a los ojos de Europa. Tres años después de esto, Rudolf moría asesinado en Kashgar, dando comienzo de esta forma a la "maldición del Nanga Parbat".

No fue hasta 1895, en que el británico Albert Frederick Mummery se lanzó en busca de la montaña. En aquella oportunidad, logró llegar hasta los 7000 metros sobre la vertiente del Diamir. Eso fue lo último que hizo Mummery, ya que desapareció junto con dos sherpas, tras un alud.

El Nanga Parbat, de esta manera, abría una historia nefasta de intentos que recién culminarían para 1953, con el protagonista de nuestro artículo: Hermann Buhl. Pero antes de llegar a él, falta un poco todavía

En 1930 y 1931, los alemanes con Paul Bauer a la cabeza, hicieron dos tentativas infructuosas en el Kangchenjunga. Imposibilitados de acceder al Everest, al que solo se concedía permisos para los británicos, ponen la mira en el Nanga Parbat.

De esta manera, organizan una primera expedición en 1932, la cual es liderada por Willy Merkl, pero tras una planificación bastante pobre, solo logran alcanzar el pico Rakhiot.

Dos años después, en el 34, el mismo Merkl encabeza otra expedición, esta vez financiada por el gobierno Nazi, la cual logra alcanzar el punto mas alto del Nanga hasta ese momento: los 7900 metros, quedando a solo doscientos de la cumbre.

Pero la tragedia aparece nuevamente en esta oportunidad. Obligados a retroceder por una tormenta, el propio Markl junto con Uli Wieland, Willo Wenzelbach y seis sherpas pierden la vida.

En 1937 llega el turno de Karl Wien, quien lidera una expedición que por la misma vertiente del Diamir consigue lamentablemente el mayor desastre del Himalaya en toda la historia: dieciséis personas pierden la vida, siete alemanes y nueve sherpas.

En 1940 Heinrich Harrer, vencedor en la norte del Eiger, junto a tres escaladores mas, buscan una ruta siempre por la vertiente del Diamir, pero son arrestados al estallar la segunda guerra mundial por el ejército colonial británico, derivándolselos a un campo de concentración en el Himalaya. Tras cuatro años de reclusión, uno de ellos logra escapar, y los hechos son relatados en un libro llamado "siete años en el Tibet", que seguramente ustedes conoces por la película protagonizada por Brad Pitt.

Llega finalmente el año 1953, y los alemanes regresan al Nanga Parbat. Para entonces ya es una obsesión, una cuestión de estado. El Nanga ya se ha ganado la reputación de "montaña asesina". Hasta ese momento, treinta y un escaladores han perdido la vida en el intento de alcanzar su cumbre.

 

El verano tan soñado

 


"Me encuentro, pues, medio desherrado, como una cigüeña sobre una sola pata,en medio de la empinada pendiente, apoyado sobre mis dos bastones y sin saber cómo salir de allí. Con infinitas precauciones consigo llegar a un lugar rocoso. Estoy a 150 metros de la cumbre cuando la noche llega repentinamente. Apoyo mi cuerpo en la pared, de una inclinación de 50º, y paso la noche en pie."


 

En aquella expedición de 1953, Karl Herrligkoffer, cuñado de Willy Merkl, se erige como organizador. Sin experiencia alpina, no cuenta con el beneplácito de los grandes clubs alpinos alemanes, teniendo grandes problemas para enrolar en ella a alpinistas de prestigio, Heckmair y Rebitsch entre otros rehusan aceptar la invitación, finalmente logra la inclusión en esta de dos grandes escaladores austriacos, Herman Buhl y Kuno Rainer.

El propio Herrligkoffer, dice respecto a este desafío: "Cuando mi cuñado Willy Merkl halló la muerte en la arista, bajo la plateada cresta del Nanga Parbat, yo no tenía más que dieciséis años. Me entristecí haber perdido a un hermano mayor, al cual tomaba secretamente por modelo, pero no podía comprender todavía lo que significaba luchar diez días y diez noches con la muerte, para sucumbir finalmente.

Sólo en 1937, comprendí la trágica grandeza de su sacrificio, cuando otra vez murieron unos alemanes ante el Nanga Parbat, cuando siete expertos montañeros perdieron la vida en pocos segundos con sus nueve fieles sherpas. Entonces resolví desafiar a la suerte y emprender también yo, con un fuerte equipo, la tarea de vengar a todas las victimas del Nanga Parbat."

El Nanga Parbat, la novena cima más alta del mundo se muestra majestuosa, imponente, en el extremo más occidental del Himalaya, en la cordillera del Karakoram. Con sus 8125 metros, el Nanga guarda bajo su manto una de las más maravillosas e impresionantes historias de la conquista del montañismo mundial.

 

El "solo" de Hermann Buhl

 


"Naturalmente mi equipo de vivac me hace mucha falta. No llevo más que un pullover ligero, el más grueso, el saco de tienda y todas mis otras prendas de abrigo han quedado en la mochila que he dejado bajo la primera cima".


 

Desde la instalación del campo base hasta los campos I a IV todo se desarrollo sin ningún tipo de problema. Se transportaron las tiendas y el material tal como estaba planeado. Al igual que las expediciones predecesoras, se intentaba el ascenso a través de la vertiente del Diamir.

No obstante, los intentos de cumbre se iban posponiendo debido a las condiciones meteorológicas. Para el 30 de junio y sin haber llegado siquiera a la altura alcanzada en la expedición de 1932, Herrligkoffer ordenaba descender a todos los montañistas que se encontrasen en los campamentos de altura.

Un día después, el 1 de Julio todo cambió repentinamente, cuando Buhl, Kampter, Frauenbergar y el cámara Ertl todavía estaban en los campos de altura. Habían desobedecido las órdenes del líder de la expedición, ya que no estaban dispuestos a abandonar la ascensión, al menos no tan pronto. En consecuencia, el 2 de julio Buhl, y Kempter instalaron el Campo V a 6.900 metros en el Collado cercano a la Silla de Plata (7.450 m), mientras que Ertl y Fruenberger volvieron al campo IV.

Las condiciones meteorológicas estaban estables en ese momento. Fue allí, en ese instante, que Hermann Buhl decidió llevar adelante su propio plan, que consistía en alcanzar rápidamente la Silla de Plata y el gran Plateau por encima de ella, para desde allí tener a su alcance la cumbre norte.

Era la 1 de la mañana del 3 de julio, cuando Hermann Buhl abandonaba el campo V poniendo en marcha su plan. Kempter lo seguiría una hora mas tarde.

Todo esto transcurría con una ladera con buenas condiciones de nieve y una noche maravillosa con un cielo totalmente despejado. Se estaban dando las condiciones.

Para las 5 de la mañana, Hermann alcanzó la "Silla de Plata" y recorrió posteriormente los tres kilómetros del "gran plateau".

Tras esto, descansó, luego dejó su mochila en el lugar e inmediatamente continuó con el ascenso.

Cuando Kempter llegó al plateau, Hermann ya estaba muy lejos. Fue entonces que entendió que era imposible alcanzarlo, así que decidió retroceder nuevamenta al campo V y aguardar allí a ver que sucedía con el intento de Buhl.

Para las dos de la tarde, Hermann alcanzó el collado anterior a la cumbre. Estaba a 7800 metros, el punto mas alto alcanzado hasta ese momento en todas las expediciones predecesoras. Pero aún faltaba muchísmo.

No eran solo trescientos metros. Era la parte mas técnica y compleja de todo el ascenso.

Era tarde ya, llevaba trece horas de ascenso y aún restaba lo mas difícil.

Allí tomó un estimulante, Pertvin, y comenzó con el intento. Era una sección rocosa muy compleja.

Ya lo sabía de antemano. A pesar de todo, continuó.

No sin realizar un esfuerzo verdaderamente supremo, a las 6 de la tarde, Hermann arribaba al hombro y una hora después, a las 19.10, un ser humano, Hermann Buhl, pisaba por primera vez la cumbre del ochomil mas asesino, el Nanga Parbat, y grababa a fuego su nombre en la historia de esta montaña y de todo el Himalayismo. Su extrema fuerza de voluntad lo había logrado.

Muy poco tiempo pudo permanecer en la cumbre. El sol empezaba a ocultarse tras las montañas, dándole el tiempo justo para clavar su piolet con las banderas paquistaníes y tirolesas y hacer algunas fotos.

Emprendió el descenso ya cuando la noche se había hecho presente. Descendió algunos metros hasta encontrar una estrecha cornisa, aún dentro de la zona de la muerte, por encima de los ocho mil. Decidió, dadas las circunstancias, pasar la noche allí. No tenía consigo absolutamente nada. Había abandonado su mochila a la salida del plateau.

Sobrevivió desde las 9 de la noche hasta las 4 de la mañana, hora en que decidió retomar el descenso, bajo condiciones extremas. Sin lugar a dudas, Hermann estuvo en el lugar correcto y en el momento preciso, ya que bajo otras circunstancias, las mas comunes por decirlo correctamente, no hubiese sobrevivido a esa noche.

Mientras tanto, Kempter y Frauenberger, refugiados en sus tiendas del Campo V aguardaban preocupados, intentando saber acerca de Buhl.

Durante su noche en el vivac, Hermann había empezado a perder sensibilidad en sus pies. Apenas pudo reiniciar la marcha, continuó el descenso por el collado, bajo un esfuerzo agotador, hasta que alcanzó el plateau y su mochila.

En ese momento, su estado se había deteriorado peligrosamente. No pudo ingerir comida y agotó, la última dosis de Pertvin.

Inclusive, ya bajo un sol ardiente, llegó a tener alucinaciones, todo derivado del enorme esfuerzo y la altura. Una hora y media después, logró alcanzar la Silla de Plata. Estaba ahora a 7450 metros, y mas cerca de la salvación.

Kempter por su parte, había descendido al campo IV y Ertl y Frauenberger aguardaron en el V esperando a Hermann. Tenían planeado esperar un día más antes de subir a buscarlo, mirando constantemente en dirección a la Silla de Plata, esperando ver algún "punto" desplazándose.
Y así fue. Ambos habían estado trabajando en una placa instalada conmemorando la expedición del 38. Frauenberger volvió al emplazamiento en que habían situado la placa para asegurarla mejor, cuando creyó observar un pequeño punto que se movía en la Silla...no cabía duda, era Hermann, y estaba vivo.

 

El legado de Hermann Buhl

De niño Hermann robaba las sogas de la ropa de su madre para ir a las montañas a escalar. Asi fueron sus primeros pasos en "esto de la montaña". A eso nos referimos al hablar de "legado".
Un "espíritu" incorrupto, que lo llevó a tomar decisiones extremas y precisas, en el momento exacto y en el lugar buscado. Su perseverancia, su manera tan particular de ver y disfrutar la montaña. Con su "solo" al Nanga Parbat, Hermann Buhl entró por la puerta grande, a la historia grande del montañismo mundial.

Cuatro años mas tarde, Hermann volvía a demostrar ese "espíritu" en el Broad Peak, demostrando que se puede escalar un ochomil con perseverancia y sin la ayuda de porteadores de altura.

Unos días después de este último logro, Hermann Buhl moría en manos del Chogolisa, un sietemil que decidió guardar para si mismo el espíritu del gran conquistador de ochomiles.

 




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Comentarios (1)

1 | JUAN CARLOS FERNANDEZ | 26/3/2017 - 17:33
Un verdadero montañista acorde a la epoca en que vivió. Sin los equipos que hoy en dia podemos ver en la montaña, ha hecho maravillas. Y murio como muere un montañista de verdad.


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