Uno de los ochomiles más complejos, y letales. Les contamos las razones, y testimonio de quienes lo han padecido.
El Annapurna en realidad es un macizo que tiene no menos de 55 kilómetros de longitud, localizado en la Cordillera del Himalaya, en Nepal. Está compuesto por seis picos principales que son el Annapurna I (8091m),el Annapurna II (7937m), el Annapurna III (7555m), el Annapurna IV (7525m), el Gangapurna (7455m) y el Annapurna Sur (7219m). Paradógicamente fue el primero de los ochomiles en ser conquistado, el 3 de Junio de 1950.
Y decimos paradójicamente, porque la «Diosa de las cosechas» o la «abundancia» es uno de los más letales de los ochomiles, estadísticamente tiene en su haber los números más intimidatorios. Para la realización de este informe, hemos realizado un relevamiento de los ascensos y fallecimientos acontecidos en el Annapurna.
Annapurna significa en sánscrito “diosa de las cosechas” o “diosa de la abundancia”. En el hinduismo, Annapurna es el nombre de la diosa de la comida y la cocina. El culto local más extendido se sitúa en Kashi, en la ribera del río Ganges. Su asociación con la proveedora de los alimentos la convierte al mismo tiempo en la diosa de la salud, conocida en sánscrito como Lakshmi.
Hasta enero de 2026, fueron 559 las cumbres alcanzadas en este ochomil, y 75 los fallecidos. Ello arroja un porcentaje final del 13 % de mortalidad, vale decir que de diez personas que alcanzaron la cumbre, al menos una perdio la vida.
El montañista español Alberto Iñurrategi (14×8000) alcanzó la cumbre de Annapurna el 16 de mayo de 2002, en compañía del francés Jean-Christophe Lafaille a través de la ruta E Ridge – N Face traverse. Alberto decía en relación al Annapurna:
«Es una montaña con una estructura muy compleja, con glaciaresy paredes muy verticales. Por la ruta convencional ya es difícil y peligroso y por las demás es más sencillo, pero encierra otros riesgos difícilesde controlar. Pero no sólo sus características geográficasdificultan el trabajo, sino que el viento te puede llevar a 90 grados bajo ceroy no tienes protección, a menos que puedas dirigirte hacia la cara norte».
La cara sur del Annapurna es una mole que sobresale por sobre la geografía circundante. Sobre ella impactan de lleno los vientos procedentes del sud-sud este, de la región del Golfo de Bengala, desde donde va avanzando todos los años para la fecha en que se alcanzan las cumbres en plena temporada de Himalaya el tan temido Monzón, que pone un freno inexorable a la temporada estival y literalmente la parte en dos.
Volviendo entonces a los dichos de Iñurrategi, vemos claramente que coinciden con estas características que hemos mencionado. Una vertiente sur totalmente expuesta que contiene toda la furia de los vientos monzónicos a partir de la segunda mitad de Mayo. Una verticalidad que potencia los peligros al exponer a dicha pared al constante riesgo de avalanchas.

Hablamos de la cara sur del Annapurna, considerada la cara mas compleja de todos los ochomiles, que ha dado cuenta de la vida de varios escaladores que intentaron superarla.
En el año 2007, la española Edurne Pasaban tuvo un fallido y complicado intento al Annapurna, el cual conquistaría finalmente tres años después, el 17 de abril de 2010. Pero aquél intento quedó bien marcado en carrera de la escaladora española. Ella dijo al respecto de esta montaña por aquél entonces:
«Ya sabía antes de venir al Annapurna que no iba ser nada fácil. Las cifras de accidentes y los amigos que he perdido aquí imponen mucho respeto, y la sola visión de esa masa monstruosa de hielo y piedras impresiona por sí sola. Pero cómo siempre, cuando empezamos a trabajar y a equiparla ruta, las preocupaciones se tornan más inmediatas: la comida, la bebida,el material, las cuerdas… hasta que llega el momento del ataque a cumbre, la hora de la verdad. Aquél día me encontraba en el Campo 3 a 6.500 m. con Iván, Fernando, Andrew, Asier, Horia, Sergey e Iñaki. El serac que estaba por encima de ese campo no era lo que esperábamos ni mucho menos, y nos costó unas ocho horas superar 50 metros. Durante todo el día el serac fue desprendiendo cachos de hielo, y nosotros estábamos debajo. El temor era constante, y todo el día estuve oyendo el inconfundible rumor de las avalanchas que no cesan de caer a cada lado de esta inmensa pared.
Lentamente se fue superando ese tramo, pero el día iba pasando y poco a poco me iba desmoralizando. Para mi el serac era muy peligroso, no lo veía nada claro y mi estómago empezaba a tensarse. En definitiva, tenía eso tan humano pero que salva tantas vidas: el miedo. Por otro lado también pensaba en el reto de los catorce ochomiles que me he planteado, naturalmente, y que el Annapurna significaría en este momento el paso del Ecuador de este proyecto, un gran salto adelante después del cual todo sería mucho más claro. Así que tenía que tomar una decisión muy difícil, en unas circunstancias y en un entorno muy complicado. Así que opté por lo que mi estómago me dictaba: me voy a bajar porque tengo miedo, me siento sola y éste no es ni el lugar ni el momento para que yo tenga eso, porque me estoy jugando la vida».
Son esos momentos de decisiones que salvan vidas. Ya habría otra oportunidad, que de hecho la hubo. En este caso ese factor tan interesante e importante: el miedo, el gran salvador para muchos montañistas. Existen por supuesto montañas que infunden más miedo que otras. El Annapurna pareciera estar entre las que más. La montaña en general no admite errores, el Annapurna no los perdona.
A algunos montañistas no les gusta llamarlo «miedo». Prefieren utilizar la palabra respeto. Pero por debajo de la piel, la sensación ha de ser la misma.
Tenemos entonces ya sobre la mesa, las principales causas que dan el perfil criminal a esta montaña: Posición geográfica que recibe de lleno los vientos que vienen desde el océano a miles de kilómetros y que golpean de lleno en la cara sur del Annapurna. La verticalidad de la montaña que ofrece un caldo de cultivo óptimo para la acumulación de nieve e hielo y la posterior derivación en avalanchas. Estos son los principales factores que hacen del Annapurna la más mortífera de las montañas con más de ocho mil metros.
Y su cara norte, que por el hecho de no estar expuesta a los vientos del sur no la hace más accesible, ya que allí reinan las avalanchas, porque el tema de la verticalidad también está aquí presente. Al menos el viento no es protagonista. Muchos escaladores tratan de evitar la tradicional ruta norte, debido a esas continuas avalanchas.
Un concepto muy importante a tener en cuenta sobre el Annapurna. Es el ochomil que abre la temporada. Ubicado más al sur que otros ochomiles, el Annapurna recibe antes la estabilización del clima tras el invierno. Las fuertes corrientes en chorro comienzan a debilitarse primero en esta región, generando las primeras ventanas de buen tiempo entre finales de marzo y comienzos de abril. Esto permite que las expediciones se instalen y comiencen su progresión antes que en montañas como el Monte Everest.
Otro factor clave es la nieve: aunque el Annapurna es una de las montañas más peligrosas del mundo por su alta exposición a avalanchas, al inicio de la primavera el manto nivoso suele estar más estabilizado. Con el avance de la temporada y el aumento de las temperaturas, el riesgo crece significativamente.
Por todo esto, el Annapurna no solo es una de las primeras montañas en activarse, sino también un verdadero termómetro de lo que será la temporada en el Himalaya.

Una de ellas, por ejemplo, se llevó en al legendario Anatoli Bukreev.
«Las montañas no son estadios donde satisfago mi ambición deportiva, son catedrales donde practico mi religión. Yo voy a ellas como la gente va a su fe. Desde la altura imposible de sus cimas veo mi pasado, sueño con el futuro y con inusual claridad puedo sentirme en el presente. Mi visión se clarifica, mis fuerzas se renuevan. En las montañas celebro la creación. En cada viaje a ellas renazco».
Anatoli Bukreev perdió la vida aquél 25 de diciembre de 1997 en la vertiente norte de la Diosa de las cosechas. Su compañero de escalada, el italiano Simone Moro, describía de esta manera sus instantes finales:
«Es difícil poner en palabras lo que esos ojos azules me dijeron. Si tuviera que interpretar esa mirada, esa última mirada de Toli, creo que mostraría una mezcla de miedo y de determinación.
No recuerdo aquella fracción de segundo como el colmo de la desesperación. De hecho, Anatoli comenzó a moverse como siguiendo un guion familiar y bien ensayado. No se resignaba pasivamente a lo que estaba sucediendo, luchaba por aplazar la última escena de la película. Esa película en la que todos, algún día, jugaremos un papel como protagonistas.
Anatoli comenzó una travesía hacia un lado tratando de salir de aquella masa diabólica que apuntaba directamente a nosotros como un misil. Luego me sentí arrancado de la pared por una fuerza indescriptible y empecé a caer a una velocidad descomunal.
Puedo recordar la totalidad de esa larga caída, y todavía recuerdo que cuando por fin me detuve me encontraba sentado, y todo a mi alrededor estaba silencioso como una tumba. Vi mi reloj y mi altímetro. Eran las 12.36 del día de Navidad y la altitud señalada eran ahora 5500m.»
Volviendo a escaladas que han quedado en la historia, Alberto Iñurrategise alzó en 2002 a la larguísima arista Este en compañía de Jean Christophe Lafaille (desaparecido un año después en el Makalu) y el zarautzarra Jon Beloki, que se dio la vuelta antes de la cima. Cabalgaron sobre esa interminable espina helada y regresaron a la vida con la cumbre en la mochila. Fueron cuatro días y tres noches de desconexión con el mundo. Fue el 16 de mayo de 2002.
La Diosa de las cosechas, el Annapurna, un ochomil que deja pensando a cada escalador desde el momento mismo de decidir encararlo. Donde afloran al instante esas cifras nefastas que hacen a su perfil de inefable criminalidad.
Fuentes:
Himalayan Database (Estadísticas)
8000er.com (Estadísticas)
La impredecible criminalidad del Annapurna (Nota original – Diciembre 2009, segunda edición 2018)
– Alpinismonline Magazine
El espíritu de los ojos azules (Diciembre 2024) – Alpinismonline Magazine
En memoria de los setenta y cinco escaladores que dejaron su vida en el Annapurna

