MARIANO GALVÁN RESCATISTA - IN MEMORIAM

Nos sentamos juntos la montaña y yo, hasta que solo está la montaña

A dos años de su última expedición lo recordamos a través de esta faceta de su vida montañera

Fernanda Insua | Redacción Alpinismonline Lunes 24 de Junio de 2019 - 00:00 1307 | 0


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Por Fernanda Insua | Redacción Alpinismonline Magazine

Foto de portada: Crédito Alejandra Melideo

 

 

Aún suenan entre sombras y el mismo asombro los primeros sonidos y llamados de aquél día, cuando nos costaba admitir, mucho menos creer, que algo importante había sucedido. Las primeras señales de incertidumbre golpeaban nuestro pensamiento y entendimiento sin dar lugar de ningún modo a lo que se avecinaba.

Esas dos figuras que aún hoy continúan transitando por ese filo nefasto casi perteneciente a un mundo imaginado, al que pocos se han aventurado. Es como entrar en un reino irreal, reservado para gente con coraje.

Y seguirán transitando año tras año, cada vez que los recordemos porque han dejado una huella marcada allí arriba, en ese espacio ajeno al entendimiento creado por una montaña muy particular, mezquina si se quiere, de las más.

Siempre dejamos un párrafo reservado para el Nanga Parbat, porque tiene la cualidad de ser una de las más bellas, imponentes y todos los adjetivos de admiración que podamos suponer, pero que guarda sin lugar a dudas algún tipo de recelo con aquellos que pretenden desafiar sus adjetivos.

Y esas dos figuras entonces, nos traen siempre en esta fecha su recuerdo y el homenaje muy especial a una de ellas, que tuvimos cerca durante los últimos tiempos. Que fue protagonista de logros singulares para nuestro montañismo.

Dos años. Una forma de recordarlo de la manera más apropiada es la de resaltar una de sus facetas más destacadas. Él iba a la montaña a satisfacer su espíritu, pero cuando tocaba dejar a un lado esa actitud personal y acudir en la ayuda de otros, pues bien, tocaba y era el primero. De allí que es muy importante recordar el perfil de Mariano Galván en el escenario del rescate, y hemos encontrado en esto una hermosa manera de recordarlo y conmemorarlo.






Vamos entonces con la primera historia, la de Batman y Robin …

 

Batman y Robin

Mi nombre es Ramón Otero, también me llaman Mon. Vivo en un pequeño pueblo de la montaña leonesa, en la comarca de El Bierzo, España. Trabajo en una pequeña Administración comarcal y me dedico a la gestión y protección del medio natural y rural.                                                                      

De niño, en la televisión española se emitía un programa llamado “Al filo de lo imposible”, el cual ha contribuido a motivar una de mis principales pasiones: la montaña. Desde entonces he realizado actividades en diferentes sistemas montañosos del mundo. Nunca a nivel profesional.






A Mariano Galván me gusta recordarle como alguien solidario, alegre y sencillo, al fin y al cabo así procuró vivir la vida y en cierto modo es como creo que vivía él.

No llegué a conocerle personalmente, más allá del tiempo que estuvo conmigo ayudando a salvarme la vida después del accidente que sufrí descendiendo la canaleta en Aconcagua, en febrero de 2017, pocos meses antes de su desaparición en la Mazeno.

En estos dos años he podido leer sobre él y mantengo contacto con personas de su entorno que si le conocieron bien, personas con las que compartió vivencias, inquietudes y proyectos. Puedo afirmar que me ayudó un gran alpinista y una gran persona, de esas que te reafirman en los valores de la montaña.






A parte de la evolución en las condiciones climatológicas u otros posibles factores que se llegaran a producir, no siempre se es consciente y se toman las decisiones adecuadas. El accidente que sufrí el 13 de Febrero de 2017, en la canaleta, fue el resultado de un cúmulo de cosas y decisiones previas por lo que mi agradecimiento a Mariano no solo tiene que ver con ayudarme a no perder la vida en aquel momento; también le agradezco el haberme ayudado a poder seguir teniendo la oportunidad de evolucionar y llegar a tener más consciencia, siendo posible así poder corregir determinadas cosas, seguir cometiendo errores y seguir aprendiendo. Además de tener la posibilidad de poder seguir haciendo actividades en la montaña.






Recuerdo una anécdota con Mariano. En el accidente llegué a perder el conocimiento y lo primero que vi cuando me iba recuperando fue su cara diciéndole a Fernando Colobini “¡¡el gallego es duro!!” Qué grande también Fernando.

En seguida se organizó el descenso a Plaza Cólera, y así, atado con una cuerda por la cintura entre Mariano y Fernando, iniciamos el camino. En aquel momento yo no sabía quiénes eran aquellos dos tipos y esto unido al aturdimiento y la altitud contribuyó a que hablase cosas poco coherentes y llegase a preguntarles en varios momentos por su identidad, a lo que Mariano me respondió entre risas que eran Batman y Robin por lo que la cosa quedó así. Llegamos a plaza Cólera, donde recibí atención médica y vi por última vez a Mariano. Allí personal del parque me estaba esperando para continuar descendiendo a pie hasta Nido de Cóndores donde estaba previsto que pasara esa noche.

A la mañana siguiente, después de haber pasado la noche acompañado por personal del parque y el Doctor Ignacio Rogé (gracias Doc) yo le preguntaba a Rogé insistentemente por Batman y Robin y él, desconocedor de la respuesta que me había dado Mariano el día anterior, pensaba que era consecuencia de la conmoción por el golpe y de la altitud; aun así yo sabía por quién preguntaba. No sé a quién le atribuyó Mariano las identidades de uno u otro, lo que sí sé es que durante unas horas llegué a pensar que aquellas dos personas se llamaban Batman y Robin.

Siempre he pensado que una persona no desaparece del todo mientras alguien le siga recordando. Tú siempre serás recordado.                                                                                                                

Un placer y un abrazo Mariano, allá donde estés.

 

Aunque lejos de las figuras estereotipadas de superhéroes, los rescatistas, tanto los pertenecientes a cuerpos profesionales especializados como los voluntarios, son seres humanos que reúnen ciertas características comunes que parecieran estar encima del común de los mortales, y aunque a veces idealizadas, evidencian una capacidad superior de toma de decisiones y de evaluación de riesgos, autocontrol y tranquilidad frente a las adversidades, resistencia física y mental frente a situaciones extremas, difíciles o peligrosas, desinterés y una actitud de gran responsabilidad frente a los accidentados/víctimas.  

Altamente comprometidos con la actividad que ejercen, una labor eminentemente humanitaria y solidaria. En el caso de Mariano siempre ejerció su actividad de rescatista de forma voluntaria y absolutamente desinteresada.

 

Ahora toca su montaña, el Aconcagua ….

 

Pared Sur de Aconcagua (2012)

Si hay un rescate emblemático que se recuerda por múltiples razones en el Parque Provincial Aconcagua, ese es el de la Pared Sur.






Mariano lo recuerda así:

“Todo comienza, cuando los guardaparques de Plaza Argentina, me comunican que hay dos personas de nacionalidad argentina que emitieron un llamado de alerta y que se encuentran sin poder seguir progresando ni bajar en la Pared sur del Aconcagua. Más exactamente en las grandes torres a unos 5300 msnm. Conocía bien el lugar porque había escalado la pared sur en solitario hacía un par de años.

Rápidamente me puse en coordinación con los guardaparques, para tratar de que juntos, recopilemos la mayor cantidad de información acerca de la situación en la que se encontraban estas dos personas.

Con tranquilidad, sabiendo que no se podría entrar a la pared antes de la medianoche, preparé mi  equipo técnico, (cuerdas piquetas, tornillos, clavos de roca, etc.) y me dispuse a que el helicóptero me llevara hasta Plaza Francia, desde donde comenzaría a escalar la pared sur con un par de cuerdas para evacuar a ambos andinistas por vía terrestre y por medio de rapeles, ya que sabía que se encontraban un poco deshidratados pero en perfecto estado físico para cooperar en la bajada.

Afortunadamente me enteré que Damián Benegas también se iba a poder sumar al rescate y que juntos íbamos a escalar hasta donde se encontraban estos dos andinistas. No me agradaba nada la idea de volver a escalar la pared sur en solitario, ahora tenía un compañero con mucha experiencia en rescate, y un experimentado escalador, y eso me tranquilizaba bastante, éramos dos para compartir las dudas y los desafíos que pudieran surgir.

Llegadas las 19:00 hs. me trasladaron a Plaza Francia donde me junté con el resto del equipo de rescate. Un par de guardaparques habían establecido un campamento, con carpas, comida y todo lo necesario para abastecernos antes y después de la escalada y asistir a los evacuados.

También nos reunimos con dos integrantes de la patrulla de rescate: Gonzalo Fuertes y David Leiva, con quienes he tenido el agrado de poder haber trabajado en una operación de búsqueda de un andinista en los nevados del Aconquija.

Damián Benegas ya estaba ahí, también llevado por Horacio “el Duro” Freschi. Ver caras conocidas me tranquilizaba. Ahora quedaba establecer qué medidas íbamos a tomar para poder extraer a estas personas de la pared.

Gracias a los sobrevuelos y a las buenas condiciones climáticas, establecimos, que era posible una extracción con helicóptero, el lugar no era tan vertical como para que se pusiera en peligro el helicóptero, aunque son sabidas las caídas de piedras en toda la pared sur, por tal motivo no se podía desestimar el peligro real que existe en este tipo de operaciones.

Segundo debíamos establecer si  se usaría una eslinga larga con o sin operario, para la extracción. Si se llevaba a alguien colgado, se corría el riesgo de que impactara contra las paredes o el piso antes de poder hacer contacto con los rescatados. Por lo que rápidamente se desestimó esta idea.

Deberían ser ellos mismos los que se engancharan a la línea, que tan hábilmente debería colocar “el  Duro” en un espacio tan reducido. Y confiar en que ambos escaladores realicen esta maniobra de manera correcta y que se pudieran enganchar correctamente. Deberíamos confiar en ellos.

Nos relajamos ante la idea de que “el Duro” realizara la operación y pusimos en las manos del piloto casi toda la responsabilidad. La idea de escalar la pared sur hasta donde estaban ellos no era ahora tan seductora, ante la posibilidad de que el helicóptero los sacara de ese lugar tan difícil. Es ahí cuando una llamada de Tony Ibaceta, nos devolvió con un poco de pesar a una cruda realidad.

Deberíamos subir hasta ellos, tan solo por si acaso de que el helicóptero no pudiera realizar la maniobra, es decir, si debido a las condiciones del día siguiente no eran las favorables, nosotros lo deberíamos extraer por tierra, mediante el uso de sucesivos rapeles.

La temperatura era un poco alta en esos días, y junto con Damián sabíamos los riesgos que eso implicaba. Pero no lo dudamos, preparamos el equipo necesario, nos tiramos un par de horas antes de salir y a eso de la 1:00 AM nos dispusimos a caminar junto a los oficiales de la patrulla, que nos acompañaron hasta la base de la pared, para portearnos parte del equipo y de esta manera salvar un poco de energías, que luego necesitaríamos para escalar la pared. Pero los peligros no se hicieron esperar, y cuando nos estábamos poniendo los arneses para comenzar la escalada, una avalancha, cayó muy cerca nuestro, siendo tragada por la gran rimaya que se encuentra en la base de la pared.

Eso nos hablaba de lo que nos esperaba en las primeras horas de aquel día.

Comenzamos la escalada y otra avalancha se desató muy cerca, esta vez de nieve polvo. Nosotros prácticamente no la notamos, íbamos muy concentrados en nuestros primeros metros de escalada. Luego nos lo contarían los oficiales David y Gonzalo.

Lo que si sentimos todo el tiempo fueron las piedras, que con sus incesantes silbidos, nos estresaban a cada paso. Los cascos se lucieron esa noche.

A medida que amanecía, nos acercábamos rápidamente a los andinistas Gustavo Lisi y Julio Altamirano, a la vez que abandonábamos la zona de más exposición en la pared.

Al mismo tiempo que se aprecian las primeras luces, “el Duro”, realizaba vuelos de prueba y soltaba una carga con provisiones para los andinistas, que se encontraban en un ligero estado de deshidratación.

Todo parecía indicar que el helicóptero iba a poder realizar la faena. Disminuimos nuestra escalada, para no exponernos a las caídas de piedras producidas por las aspas.

En caso de que el piloto no pudiera colocar la eslinga en la mano de los andinistas, deberíamos contactarlos e intervenir para completar la maniobra. Pero no fue necesario. La muñeca de Horacio Freschi  y otra parte de su anatomía (los huevos), realizaron una impecable tarea.

Uno a uno los fue sacando de la pared, y nosotros quedamos a unos 60 m de ellos, aguardando.

Felizmente recibimos la noticia en la radio de que también nos sacarían a nosotros colgando. Así que rápidamente nos alistamos, y antes de que nos diéramos cuenta estábamos en Plaza Francia.

Lo que nos había llevado unas 7 horas  de  escalada de unos 900 m, lo bajamos en menos de 5 minutos, qué lujo.

Final feliz de historia y agradecimiento para todos los participantes directos e indirectos de este rescate, y que como en todos los casos de rescate, sirva para reflexionar acerca de nuestro accionar en la montaña”.

El disfrute de Mariano colgando de la eslinga se puede ver en este video: https://www.youtube.com/watch?v=9-L0T-pFmV0











Ahora en el Gasher I …

 

Alfredo en el GI (2013)

En 2015 Mariano viajó desde Alaska donde había hecho cumbre en el Denali, a Pakistán a intentar el GI y el GII.

 

“Es 14 de julio, son las 9:30 de la mañana y estoy en la cumbre del GII. Siento una inmensa alegría y gratitud. La montaña me ha regalado una cumbre hermosa. Agradezco a todos los que hicieron posible ese momento tan bonito, en silencio y contemplando un horizonte perfecto”.

 Pero ahora nos interesa el GI. Así narraba Mariano su ascenso…

“A las primeras horas del día 18 de julio, a eso de las 2:30 AM, dejo nuevamente el campo base y su seguridad para dirigirme a campo 1, el viejo y querido campo 1. Atravesar el glaciar lleno de grietas no deja de ser siempre estresante y agotador. Pero llegar y estar rodeado por las montañas de luz, como algunos suelen llamar a los Gasherbrums, no tiene precio.

El día se muestra perfecto, después de las intensas nevadas de los días anteriores. A partir de ahora, transitaba camino nuevo para mí, no había tocado ninguno de los campamentos del GI. Temprano por la mañana del 19, tipo 4 AM, dejo la calidez de mi carpa y salgo hacia el campo 2, paso por allí y decido saltarme el campamento, creo que ya estoy aclimatado.

Son las 7 de la mañana y me encuentro en la base del corredor de los japoneses. Es intimidante estar parado ahí debajo, pequeños desprendimientos, me hacen salir de mi modorra, y me lanzo sin pensarlo demasiado por el corredor. Nuevamente con todo en mi espalda, no he realizado porteos previos ni empleo porteadores de altura.






Pasada la una de la tarde, me encuentro en campo 3, a unos 7.080 m (me compré GPS, así que ando con todas las medidas ahora). Pero ese no va a ser mi destino ese día. Decido continuar unos 200 m pero el sol se está poniendo y no encuentro un buen lugar para poner la carpa. Improviso una terraza.

Nuevamente el atardecer me roba las palabras, y la soledad y la incertidumbre se hacen sentir, no tengo bien claro hacia dónde me tengo que dirigir mañana, esa incertidumbre también es linda. Hoy he ascendido unos 1300 m de desnivel positivo, me encuentro cansado.

Ahora a 7500 m, dejo mi mochila, marco el waypoint en el GPS y tras un breve análisis de la ruta a seguir, me voy con tan solo lo puesto. Dos piolets y mis grampones técnicos. Es hermoso poder escalar un 8 mil así. El día es mejor aún que en la cumbre anterior, en cuanto a la temperatura, pero comienzan a aparecer nubes amenazantes en el horizonte.

Los últimos trecientos metros son duros, no dejo de hundirme en la nieve y de resbalar sobre rocas. La cumbre está ahí nomás, puedo olerla. Luego de revolcarme un poco por la nieve, accedo a la cumbre, en ella encuentro unas banderas de oración y otras cosas dejadas por montañistas. Nadie ha accedido esta temporada a la cumbre, mis huellas son las primeras que permite la montaña esta temporada. Otra linda sensación.

La estadía en la cumbre se extiende por unos 45 min, no me quiero bajar. Veo la cumbre del GII y pienso que tan solo 6 días atrás estaba en su cumbre. Es hora de bajar, y para ello empleo cuerdas fijas de años anteriores, que trabajosamente logro sacar la nieve. Es un trabajito que hago para que mis amigos españoles tengan menos trabajo, ya que ellos han estado trabajando y bastante en el corredor. Es mi pequeño aporte para ellos, que vienen escalando un día más tarde.

Bajo a campo 3, donde el clima es tan bueno que me permite cambiarme de ropa. Ahora solo me espera un delicado descenso por el corredor y a descansar a campo 2. Las nubes no tardaron en llegar, y dificultaron un poco la visión durante la bajada, pero nada importante. Pero me preocupan mis amigos que estaban subiendo.  Quiero pensar que van a estar bien. Igualmente les aconsejé que se bajaran, el tiempo no viene bueno. El 21, ya estoy temprano en la mañana en campo 1. Creí que al día siguiente, estaría descansando en el campo base. Pero la montaña, me pondría otra prueba...”

 

Oscar Cadiach, que también se encontraba en aquella montaña escribía en su blog “El día ha amanecido triste y plomizo; las banderas de oraciones que los sherpas han colocado sobre este campo base se balancean lentamente y el silencio lo invade todo a esta primera hora de la mañana en la que permanezco de pie, delante de mi tienda, mirando hacia el GI, oculto tras un impenetrable muro de compactas nubes.

Hace dos días que la tristeza se ha instalado en el campo base. Un grupo de cuatro alpinistas españoles está luchando en estos momentos por escapar de una montaña que parece se quiere quedar con ellos”.

La tormenta terminó atrapando a los españoles. Sólo hay noticias de Alfredo García que se dio la vuelta a 100m de la cumbre y que se encuentra en el C3 por encima de los 7000m, donde hay una tienda.

Tres montañeros españoles de la misma expedición, David Polo, Arkaitz Mendia, Álex Galiano y Mariano deciden subir a intentar rescatarlo, dirigiéndose al C2 y a la espera de  una mejoría del tiempo para transitar por el temible Corredor de los Japoneses. 

Finalmente llegan las buenas noticias. El buen tiempo por encima de los 5500m ha permitido a Mariano ascender en solitario el corredor. El padre de Alfredo informa que Mariano ha conseguido llegar a las 7 de la mañana al C3 y ya baja con Alfredo hacia el C2, donde los esperan sus compañeros para continuar el descenso.

Lamentablemente sólo pudo ayudar a Alfredo. Otros tres montañeros, Xevi Gómez, Álvaro Paredes y Abel Alonso quedaron para siempre en aquella montaña. Fue un golpe extremadamente duro y la experiencia marcó para siempre a Mariano. “Hubiese dado mis dos cumbres porque ellos hubiesen vuelto con vida”.






La historia de Malli …

 

Malli en el macizo Tres Cruces (2015)

Malli Mastan Babu, era un montañista considerado un héroe en la India, récord Guinness por haber escalado las Siete Cumbres más altas del mundo en 172 días. Fue el primer surasiático en completarlas, además de haber ascendido las 10 montañas más altas de América.

Malli tenía previsto subir el cerro Tres Cruces  Cruces (en la frontera entre Catamarca y la región de Atacama, en Chile) el domingo 22 de marzo y bajar el lunes 23. Pero pasaron 48 horas y el montañista nunca bajó.

Hernán Parajón, presidente de la Fundación Cumbres Andinas y amigo de Malli, estaba preocupado porque sabía que en esa zona se había desatado una tormenta. Se comunicó con Malli Dorasanamma, la hermana del montañista, en la India e inmediatamente a través de las Embajadas de India en Chile y Argentina, se comenzó a trazar un plan de rescate.

Hernán se hizo cargo de la coordinación y convocó a Mariano que afortunadamente se encontraba en Mendoza. Se sumó así  a un grupo de más de 56 personas de Catamarca, Salta, Santa Fe y Córdoba que finalmente formaron parte de todo el operativo.

Las condiciones climáticas en el paso San Francisco se presentaban crudas. Con vehículos 4x4 y paleando nieve a mano, se fueron abriendo paso a lo largo de 60 kilómetros.

Mariano ascendió solo hasta la zona de la explanada donde los montañistas instalan sus tiendas  antes de hacer cumbre y el helicóptero del Parque Provincial Aconcagua depositó a las montañistas Lis Sable y a Griselda Moreno en otra zona de la montaña, a unos 5.100 msnm con el objetivo de hacer un barrido y encontrarse con Mariano.




Foto Griselda Moreno

El tercer día, el jueves 2 de abril, camina más de nueve horas y, al atardecer, se detiene. Despeja la nieve con la mano y se sienta sobre la roca helada para tomar un respiro. Es un buen sitio para hacer noche. Gira la cabeza y observa, a unos cinco metros de distancia, un trozo de tela de color naranja que sobresale en la nieve. Mariano sabe debe armar su tienda, antes de que caiga el sol, para después ir a ver de qué se trata. Con los últimos rayos de luz llega hasta la tela y despeja la nieve, descubre que se trata de una bolsa de dormir. Dentro se encuentra Malli, congelado a 5.950 msnm. El impacto es mayúsculo y las lágrimas no tardan en brotar.

Así lo sintió Mariano: "Soy guía de montaña y me ha tocado ver cuerpos, pero nadie termina de estar preparado para la muerte. Fue muy duro estar ahí, porque generalmente uno va con un grupo de rescate y, por lo menos, tiene la contención de los demás, pero aquí estaba solo. La imagen del rostro de Malli se mezclaba en mi cabeza con la sensación amarga de que yo también hago lo mismo que él. Fue una noche larga, parecía que el amanecer no llegaba nunca".             

Toma fotografías y marca con GPS el lugar exacto del hallazgo. Al día siguiente, Mariano baja en soledad por el mismo camino. Luego el grupo planificaría la labor de rescate del cuerpo por tierra, ya que las condiciones climáticas hacían inviable la utilización de helicóptero. Finalmente Mariano junto a otros rescatistas vuelven a subir  y logran bajar el cuerpo y las pertenencias de Malli tras 11 de haber permanecido allí.











La magnitud del operativo realizado se puede dimensionar en estos videos: https://www.youtube.com/watch?v=uLORjo0BZL8

https://www.youtube.com/watch?v=kKjUswnYdQo&feature=share&fbclid=IwAR3LCgAgha6UasHLm6LimMhPGKQisaAoT0j8G15GWZH_SA8MuUYQ3zq-kVM

 

Germán Braillard Poccard en Everest …

 

Germán en el Everest (2017)

Descendiendo del Everest… “Había perdido mis mitones pocas horas después de haber iniciado la travesía. Mis manos congeladas, rígidas, necesitaban pronta atención y si me demoraba la situación iba a empeorar".

La noche anterior al descenso hacia Campo 2, Germán Braillard Poccard había dormido en una carpa cedida por el jefe de una expedición que se aprestaba a subir a Campo 4. Como el mismo narra se tiró  en la carpa totalmente vacía. Solamente se había quitado los crampones. Todo lo que tenía era un litro de agua. Sin embargo tenía la intuición que alguien aparecería para ayudarlo.  

Ese alguien fue Mariano, que había salido a buscarlo. "Me alegré hasta las lágrimas y no me sorprendió el gesto viniendo de él, un eximio amigo que jugaba en las ligas mayores del montañismo mundial. Admiraba su completa dedicación al deporte aún a costa de muchas privaciones ya que es una disciplina costosa. Además era terriblemente solidario, siempre dispuesto a salir al rescate de cualquier montañista en problemas, aunque pusiera en riesgo su propia vida".

Cuando se vieron se abrazaron. Mariano le dio de beber a Germán y le dijo: bajamos esa pared y una vez abajo, en un plano más seguro, sin pendiente y sin hielo, descansamos. ¿Vas a poder? "Sí, claro", le dijo Germán. "Pero vos haceme el ocho, no puedo mover los dedos". Así lo narraba Germán en una entrevista concedida al periódico La Nación de Argentina.

Llegados a un lugar más seguro, Germán sació su sed e intentó comer algo de lo que llevaba Mariano, barritas de cereal, turrones, chocolate. Descansaron unos 40 minutos y reiniciaron la marcha de una hora hacia Campo 2. A pesar de que las piernas ya casi no le respondían, Germán se sentía muy seguro del brazo de Mariano. "En Campo 2 descubro que la empresa con la que había contratado el ascenso, había levantado campamento y migrado a Campo Base sin importarles mi suerte. Hacia 32 horas que no sabían nada de mí, me habían dado por perdido en la montaña".    






Mariano puso a Germán en manos de otros argentinos, los hermanos Benegas, quienes se interesaron por las lesiones de las manos de Germán y le realizaron los primeros auxilios. Luego organizaron su evacuación en helicóptero hacia Katmandú. "Me contaron que a mi sherpa lo habían bajado desde Campo 4 con edema cerebral pero que ya estaba mejor. Una vez que me encontraba en el hospital, mi sherpa vino a saludarme, nos abrazamos fuerte y prolongadamente, lloramos".

Por su parte, Alli Pepper narra su versión de estos mismos hechos, ya que se encontraba con Mariano compartiendo su expedición al Lhotse: “Mariano se las había arreglado para llegar a 8050 metros en un empujón hacia arriba en la Cara del Lhotse en aproximadamente 20 horas desde el CB. A esa altura, se dio cuenta que no estaba lo suficientemente aclimatado para continuar subiendo, así que se dio la vuelta. Regresó hasta el C2. Luego, el guía de montaña Willie Benegas le pidió que lo ayudara a rescatar a un escalador argentino llamado Germán que estaba en el C3. Al parecer, había estado desaparecido durante 2 días en la montaña. Nadie estaba disponible para ir a buscarlo porque todo el equipo de sherpas de Willie estaba cansado de haber estado guiando  hacia la cumbre del Everest. Así que Mariano, aunque estaba agotado, se dio la vuelta y volvió a subir la montaña. Encontró a  Germán en el C3 a 7200m, le dio comida y agua y luego lo ayudó a regresar al C2, básicamente salvándole la vida”.

Germán fue evacuado en helicóptero al CB y luego a un hospital en Katmandú.






Este rendimiento sobrehumano de resistencia y también de cuidar a los demás resume bastante bien quién era Mariano. Un escalador que era extremadamente talentoso a gran altura y fuerte. A lo largo de los años, ha sido el único lo suficientemente fuerte como para ayudar en este tipo de rescates a gran altura y ha salvado muchas vidas en las montañas. Estaba agotado, pero igual fue a ayudar a un compañero escalador argentino a pesar de todo. No tenía ego sobre este tipo de cosas, solo quería ayudar a salvar a Germán”, puntualiza Allie.

 

“Nos sentamos juntos, la montaña y yo, hasta que solo está la montaña”.  Li Po




Foto Alejandra Melideo



Nota principal: http://www.alpinismonline.com/mz-notas.asp?id=11337
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