Neurociencia – Parte 2 de 4
DecÍamos en la pasada edición cuando presentamos a las Neurociencias, que éstas se componen de un conjunto de ciencias y disciplinas que tienen por objeto investigar al sistema nervioso en su conjunto y al cerebro en particular. Centran dichos estudios en determinar cómo se relacionan con la conducta y el comportamiento. A decir del médico argentino de la ciudad de La Plata, don Mario Vestfrid, especialista en Neurociencias, “es un enfoque de conjunto que incluye tres procesos, los mentales, los emocionales y los comunicativos”. Casi nada, no?!
En esta oportunidad vamos a intentar dejar las bases de la organización del movimiento humano intencionado, para ello nos posicionaremos sobre lo que la Neurobiología Cognitiva tiene para decirnos. Porque podemos asegurar que ya ha nacido un nuevo modo de ver el entrenamiento para un desafío o una competencia o preparación deportiva con miras al rendimiento elevado, el más elevado, inclusive.
Ahora, en esferas de los metodólogos del entrenamiento deportivo se cree que ya es tiempo de hacer. Y hacer, cómo?
Empezemos a explicar por la base, todo acto motor tiene un correlato neural en el cerebro. Hay un soporte anatómico y fisiológico que subyace al proceso completo de concepción y desarrollo del mismo. Está medido, está tasado y se sabe dónde ocurre. Y se sabe que el ciclo completo del acto motor, sin meternos en lo profundo de la neurobiología, tiene sus pasos. Podemos asegurar que entre un acto perceptivo (acto que no deja de ser cognición) como es el que sobreviene al “ver” y la propia acción o acto motor, hay un acto cognitivo o tarea cognitiva. Hay una toma de decisión, entonces el ordenamiento sería:
- Percepción
- Cognición
- Acto motor o montaje de la acción seleccionada entre varias.
Y no vamos a aburrir con la descripción de las zonas del cerebro involucradas en cada proceso o en los subprocesos, aunque adentrarse en la anatomía del cerebro y el correlato con las acciones motoras del ser humano, es no solo básico, sino además apasionante, ya que es abrirse a un mundo de respuestas e interrogantes nuevos sobre el porqué o los motivos que sostienen las empresas deportivas, los retos o desafíos y las competencias, donde superar nuestra propia performance es la meta. Simplemente vamos a decir que estas 3 partes del proceso del acto motor se entrenan, se desarrollan, se potencian y se integran en entrenamiento, ya que aparecen estrictamente unidos en el momento de competir o de ejecutar (sea un actor, un politico en campaña, un deportista o un niño aprendiendo).
El primero. El proceso de percibir implica procesos muy íntimos y específicos, no solo el hecho de ver. Para realmente poder decir “yo veo”, además de los órganos sensoriales implicados, y que trabajan en conjunto con los otros órganos sensoriales, está el proceso de comparación, cotejar lo que se ve con lo que se conoce. Entonces la experiencia es fundamental para poder “ver bien”. Ya que a veces cuando NO se ve bien, el cerebro completa la imagen con “lo ya conocido” (se ve que le molesta la incompletitud). Pensando que como decia Adolf Huxley, “la experiencia no es lo que me ha ocurrido, sino lo que hago con lo que me ha ocurrido”. Y volvemos, este proceso, el percibir, es absolutamente entrenable. Tanto de modo vivencial como referido (a partir de imágenes y relatos). Y cuánto más carga teórica y práctica, mejor la preparación y la posibilidad de tener buenas “representaciones” de lo que podría llegar a ocurrirnos cuando ejecutamos, actuamos, entrenamos o desafiamos un reto. En las próximas entregas, vamos a conocer más acerca de los restantes componentes del ciclo del acto motor. Por ahora nos quedamos con la idea que aprender a ver, representar, imaginar el escenario del desafio y hacerlo bien, es el paso inicial para decidir mejor y hacerlo de la mejor manera.
Hasta la próxima.
