Fotos y créditos: Jon Sanz Guías de Montaña.
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Noel. Jon, gestionas desde hace años una empresa de guías de montaña, háblanos de cómo empezó todo.
Jon. Hago montaña desde joven. En los años 80 y 90 en mi tierra de origen, el País Vasco, la montaña estaba muy arraigada entre la población como una práctica deportiva más. Los fines de semana, lo mismo que podías ir a jugar un partido de fútbol con los amigos, te ibas al Pagasarri (monte a las afueras de Bilbao) o al Gorbea a pasar el día. Por tanto, yo crecí conectado con las actividades de naturaleza y montaña. Tras unos años de distanciamiento, recuperé la práctica deportiva de montaña y di el gran salto a los Alpes. Quedé fascinado. Aprendí muchísimo, gané experiencia y crecí como montañero, pero, hasta entonces, siempre había ido a la montaña con amigos, para nada, de modo profesional. Luego, en el 2005 hubo un cambio importante en mi vida y, en ese momento, decidí empezar de nuevo, transformando mi gran afición en una auténtica profesión. Tuve que seguir un proceso de formación en la Escuela Madrileña de Montaña, y luego en Aragón. En total fueron dos años de estudios para obtener la titulación de Técnico Deportivo en montaña, que nos acredita como guías. Desde entonces no he parado.
Noel. Trabajas como guía y también organizas cursos de iniciación a diferentes actividades dentro de la montaña.
Jon. Así es. Durante la formación se nos explicó que nuestro trabajo no solo consistía en ´conducir´ clientes por la montaña. También teníamos una importante labor educadora. Los guías somos, de alguna manera, entrenadores deportivos y un entrenador enseña y dirige a los deportistas amateur (por llamarlo de algún modo) en su práctica deportiva. En esta línea de trabajo, además de hacer las típicas actividades de montaña con clientes, organizo muchas actividades formativas en las diferentes especialidades que conforman nuestro deporte. La formación en montaña es muy importante, pues está directamente vinculada con la seguridad. Siendo nuestro deporte una práctica muy expuesta al riesgo, la seguridad es esencial. Por tanto, la formación en montaña es la mayor garantía de que vamos a realizar actividades seguras y con riesgo mínimo.
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Noel. Tus actividades cubren el total del territorio nacional además de actividades en Europa y Marruecos, ¿qué suelen los clientes demandar más?
Jon. Me gusta moverme por todo el territorio nacional y por otros macizos montañosos en otros países. La diversidad de escenarios en los que desarrollo mi trabajo me mantiene muy motivado. Levantarse cada día para hacer actividad en una sierra diferente me da mucha energía y me mantiene, también, alerta. No me veo acomodado en un único territorio, subiendo cada día la misma montaña y repitiendo las rutas. Además, creo que es la mejor manera de dar lo mejor de mí mismo para mí y para mis clientes. Dicho esto, aunque conozco bastante bien los Alpes (y otras montañas europeas fuera del arco alpino) y el Atlas, los últimos años prefiero dejar ese trabajo a mis colaboradores locales en esas zonas y centrarme más en España. Aquí tenemos unos macizos montañosos espectaculares y que tienen poco que envidiar con otras grandes montañas. Los clientes que confían en mi criterio y me siguen con las actividades que propongo aquí, en España, quedan encantadísimos.
Noel. ¿Crees que la montaña, se ha masificado en exceso en los últimos 10/15 años?
Jon. Si, sin duda. La afición ha aumentado exponencialmente, quizás demasiado. Esto está trayendo algunos problemas. El más evidente y, según mi opinión, el más grave, es la degradación del medio natural. Hasta hace unos años yo mismo no era consciente, pero últimamente, quizás porque el número de deportistas ha aumentado aún más, estoy observando que el Ser Humano está invadiendo los espacios naturales de manera muy irresponsable. La montaña, da igual por donde vayas, está cosida de carriles forestales, caminos, sendas, trochas, atajos,… y todo esto, aunque pueda parecer inofensivo, no lo es. Toda marca humana en el medio tiene sus consecuencias. Los simples caminos senderistas que llenan nuestras montañas desencadenan procesos de erosión. Nuestra ruidosa presencia molesta y desplaza a especies en peligro (como el Urogallo, en extremo peligro de extinción). Y, por muy cuidadosos que seamos allí por donde pasemos, siempre dejamos un rastro de nuestra presencia, en forma de basura.
Por otro lado, la masificación también nos molesta a nosotros mismos. Los montañeros nos convertimos en víctimas de nuestros propios comportamientos. Los senderos más populares ya no son un solitario paseo por la naturaleza, y están contaminados acústicamente con nuestros gritos y risotadas. Últimamente, incluso los lugares más inaccesibles (en la alta montaña), es difícil no encontrar a alguien saliendo de no se sabe dónde. Y los refugios de montaña han dejado de ser, hace ya muchos años, un idílico lugar de descanso del montañero. Durante muchos fines de semana y en los meses de temporada alta, los refugios parecen, más bien, un concurrido punto de encuentro social que una instalación deportiva desde la cual prepararse para la actividad. Están tan demandados que hay que reservar con semanas (incluso meses para los más populares) de antelación. Y, como no se quiere dejar a nadie fuera, acaba habiendo sobreexplotación de estas instalaciones, con el consiguiente perjuicio para todos los usuarios de los mismos.
En tercer lugar, como es lógico, el aumento de deportistas y de actividades ha traído como consecuencia, un incremento en el número de accidentes. Si cada vez hay más gente haciendo montaña, por lógica, hay más posibilidades de que se produzcan accidentes. La accesibilidad del medio, el abaratamiento del material, la existencia de buenos grupos de rescate en montaña (en especial la Guardia Civil de Montaña), y el efecto llamada de las redes sociales y figuras mediáticas de referencia, hace que muchos novatos se animen a calzarse las botas, cargarse una mochila y salir al monte.
Sin embargo, no voy a ser yo quien prohíba el acceso a la naturaleza y montaña. Creo que esta ´democratización´ de nuestro deporte es un reflejo de la democratización que hemos visto en la sociedad, es buena y es como deben ocurrir las cosas. Pero, este mayor acercamiento a la montaña por un, cada vez, mayor número de personas, debe estar acompañado por un esfuerzo en educación en los valores sociales y medioambientales, así como en concienciación por la seguridad en la práctica. Toda la comunidad montañera (deportistas individuales, clubes de montaña, guías de montaña, guardas de refugio, federaciones, etc…) debemos trabajar por enseñar a los nuevos montañeros que la naturaleza es muy sensible a nuestra presencia y que hay que cuidarla. También hemos de concienciarles de los peligros que entraña este deporte, y convencerles de la necesidad de iniciarse de manera progresiva, formándose en la técnica, adaptándose mediante el entrenamiento, aprendiendo a gestionar los riesgos.
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Noel. ¿Cómo ves la situación actual del sector? Hay saturación de empresas que tiran los precios y sobre todo la irrupción de guías que no lo son…
Jon. El sector específico de actividades guiadas de montaña y aventura (conocido como ´Turismo Activo´) está bastante mal. No creo que el problema sea tanto la saturación de las empresas ni el intrusismo sino otras razones más profundas. En general la situación económico-social española no propicia el gasto en actividades que no son consideradas de ´primera necesidad´. Las actividades que proponemos los guías y empresas de Turismo Activo son, al fin y al cabo, actividades de ocio y se realizan en la medida en que sobra ahorro para dedicarlo a ello. Por tanto, nuestros clientes están dispuestos a contratar los servicios profesionales cuando puedan y en la medida en que puedan, que es bastante poco.
Esto choca de lleno con el hecho de que el trabajo de guías y monitores es, realmente, un trabajo altamente técnico y profesional, no exento de riesgos, exposición, francamente, muy sufrido y que, por tanto, debería ser retribuido de manera justa. De manera resumida se podría decir que los clientes no están dispuestos (o no pueden) a pagar el precio justo de los servicios de los profesionales de la montaña. Más cuando, a veces, tienen la idea (muchas veces equivocada) de que ellos mismos podrían realizar esas actividades ahorrándose, así, los servicios del guía. Muchos prefieren arriesgar un poco más y hacer montaña sin los conocimientos ni técnica necesaria, con tal de ahorrarse un dinero. Aquellos guías noveles que están empezando y quieran hacerse un hueco en el sector no tienen más remedio que bajar los precios, aunque esa práctica no sea sostenible a la larga y, a la postre, sea negativa incluso para todo el sector. La bajada de precios no significa, por tanto, que los guías que cobramos un precio más alto estemos inflando los precios. Los precios bajos reflejan, más bien, la desesperación (o el ´canto del cisne´) de algunos pocos. La profesión de guía es, sin duda, algo vocacional, y los que aquí estamos no es para hacernos ricos sino para vivir trabajando en aquello que más nos gusta y haciendo aquello en lo que podemos dar lo mejor de nosotros mismos.
El tema del intrusismo es algo más complejo. Básicamente hay que partir del hecho de que la regulación de la profesión en España no está totalmente desarrollada, ni es homogénea (cada Comunidad Autónoma tiene su propio Decreto de Turismo Activo) y, allí donde hay leyes, están llenas de lagunas, incoherencias,… No hay un marco jurídico claro que regule nuestra profesión. Eso deja muchos resquicios que, personas sin la cualificación y profesionalidad suficiente, utilizan para tratar de ganarse la vida con esto. Por otro lado, la multitud de titulaciones existentes (Técnicos Deportivos, Licenciados en Educación Física, TAFAD, otras formaciones como talleres de empleo, etc…) no ayuda a aclarar nada el sector.
Fin de la pimera parte.
