Por Mica Militich | Fotografías de Anabella Santiago
A lo largo de la historia de la humanidad, los derechos, la participación y la inclusión de las mujeres fueron algunos de los aspectos por los que debimos luchar. A su vez, los roles y estructuras sociales, los mandatos fueron cambiando. Pero aún hoy en día, la lucha está vigente.
El montañismo y la escalada no están lejos de todo lo nombrado. Mucho tiempo, estas disciplinas tuvieron protagonistas masculinos, no porque no hubiera mujeres que se destaquen en las mismas, sino porque eran invisibles. Sin embargo, es cada vez más frecuente que las mujeres alcen su voz, se abran paso entre los hombres y sean las protagonistas de proyectos y objetivos, que antes eran exclusivos del género masculino.
Así, también más mujeres dan origen a proyectos que permitan a sus pares poder empoderarse, creen en ellas mismas y animarse a cumplir sus sueños.
Mujeres al Top
Mujeres escaladoras. Mujeres y montaña. De esto – y mucho más- se trata Mujeres al top. Esta iniciativa, que comenzó Anabella Santiago, una joven cordobesa, escaladora y profesora de Educación Física, surgió a mediados del 2019 como parte de un proyecto presentado en una de sus últimas materias de la carrera.
Como muchas personas, Anabella llegó a la escalada, hace 10 años atrás, casi que por casualidad. Su compañero de estudio, y además fanático de la escalada, estaba entrenando en una palestra cuando ella fue a buscar un libro que necesitaba pedirle prestado. Como un amor a primera vista, Ana se inscribió inmediatamente en la «pale» y desde ese día la escalada se volvió una prioridad. No era solo un hobbie o un deporte más sino que empezó a ver en la disciplina una forma de proyectar su vida y sus objetivos.
Dos años después, comenzó con entrenamientos y clases en un muro de Córdoba. Y hace cuatro años es profesora de escalada del grupo de adultos y juveniles en el Club Andino de Córdoba (CAB).
Pero ¿cuál es la historia de Mujeres al top? Aunque el proyecto de Ana tomó forma mientras estudiaba, su génesis fue producto de una inquietud que sostuvo a lo largo de los años. «Esa inquietud tenía que ver con el lugar que ocupábamos las mujeres en el deporte. Y también el que no ocupábamos. La forma en la que nos posicionábamos para realizar ciertas cosas, qué pasaba cuando íbamos a la roca, cómo nos relacionábamos con nuestros compañeros y compañeras de escalada», empieza contando.
«Lo que yo veía era que en un montón de situaciones esa acción de nuestra parte quedaba en un segundo plano. No éramos las propias protagonistas, ni de la ruta que hacíamos, ni de la ruta que equipábamos, ni de los boulders que armábamos. Siempre estábamos a merced de protagonistas masculinos», explica Ana.
A través de distintas experiencias yendo a escalar con diferentes grupos, también notó que las dinámicas de aquellos integrados por mujeres eran distintas. Ni mejores ni peores, simplemente distintas. «Parte de mi propia búsqueda tenía que ver con entender que las mujeres tenemos nuestros propios objetivos, al igual que los hombres, porque amamos escalar».
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Trabajando como profesora en el CAC, la escaladora advirtió que la cantidad de escaladores hombres era notablemente mayor a la de las escaladoras mujeres. Esta desproporción numérica, le hizo ruido y comenzó a cuestionar el porqué de esta situación. Qué es lo que hacía que no fueran, si era una cuestión de marketing en cuanto a cómo se presentaba la escalada o si tenía que ver con un imaginario colectivo sobre el deporte, su asociación a lo fuerte, lo masculino.
Estos interrogantes, sumados a sus propias inquietudes, la impulsaron a desarrollar Mujeres al top como un taller de escada para mujeres que tenía el fin de promover la escalada femenina. Así, en octubre de 2019 inició la formación, que propone principalmente el trabajo en técnicas de escalada básicas en palestra «como para poder insertar a las mujeres en la escalada y que luego logren la mayor autonomía posible, a través de un curso más intensivo o específico». Mujeres al top es quizás el trampolín para pegar el salto.
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«También, lo que se trata de lograr es entender que hay cosas que podemos hacer con el cuerpo que no sabíamos y que podemos trabajarlas y aprender técnicas específicas. Que tenemos la seguridad de que podemos lograr las cosas y que, simplemente, es cuestión de intentarlas», asegura.
Históricamente, las mujeres han sido encasilladas en roles puntuales y asociadas a ciertos deportes y disciplinas. Sobre esto, Ana reflexiona: «en general, las mujeres hemos construido cierta pobreza en nuestra motricidad general, caracterizada por la práctica de ciertas actividades deportivas específicas, que nos han sido otorgadas socialmente por la propia construcción de lo que es lo femenino y ser mujer o cosas que tienen que ver con lo corporal».
Trepar es una habilidad básica que nos acompaña desde la infancia y que, para Ana, la cuestión es tratar de redescubrirla mediante la escalada.
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Creer en un proyecto: empoderamiento, perseverancia y convicción
En 2020, Mayra Costa (25), escaladora y kinesióloga, se unió al proyecto. Especializada en el área de traumatología en el deporte, comenzó a incursionar en la escalada, hace tres años atrás, gracias a su compañero.
Al igual que la creadora de Mujeres al top, Mayra comenzó a percibir «distintas realidades vividas por mujeres en su práctica deportiva y en sus vínculos y vivencias con grupos mixtos, en muros, salidas» y fue reconociendo «micromachismos en el ámbito de la escalada», a través de experiencias propias y de relatos de otras mujeres. Además, esas realidades las advertía también en una situación particular: la falta de profesionales femeninas brindando talleres, disertaciones y formaciones, o bien, «mostrándose como figuras públicas de la escalada, siendo nombradas como referentes».
Así se sumaba otra escaladora a la iniciativa con la idea de aportar al crecimiento de la escalada femenina. «La propuesta es estimulante e innovadora acá en Córdoba, diría también en Argentina, y sobre todo necesaria, estamos dando un espacio que no existe a nivel grupo de entrenamiento», asegura.
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Para ella, el taller constituye «un lugar de encuentro para mujeres en este deporte, en donde muchas veces, no inician por temores, vergüenza, comparaciones, falta de iniciativa, o malas experiencias vividas» en determinados espacios o actividades. En ese sentido, agrega que «hay personas que necesitan otro tipo de apoyo para comenzar» y que es importante hacer hincapié en la iniciativa.
Por su parte, Mayra tiene la certeza de que espacios como estos son necesarios en una sociedad donde todavía la igualdad de género no está completa. «Pude ver la diferencia que puede existir entre clases mixtas y clases para mujeres, los programas de movimiento son de otro estilo. Las clases me fueron llevando a especializarlo según la desenvoltura en el muro, los movimientos que elegían o no hacer, para qué tenían facilidad y qué entrenamiento se necesitaba posteriormente».
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«El taller no se trata de un `no hombres´ sino que nos juntamos entre mujeres entendiendo que las dinámicas son distintas, entre mujeres, entre hombres, entre grupos mixtos, desde una cuestión conceptual», aclara Ana. Así, el taller busca que las mujeres puedan sentirse cómodas, expresarse y potenciarse entre ellas.
«Nuestro cuerpo y mente son nuestras herramientas, todos diversos, y ahí se verá reflejado lo que se haga en el muro, qué podemos aprender de la otra, enriquecernos de lo que vemos alrededor y usarlo como recurso. Pero que cada una siga su propia forma de resolver y escuche a su cuerpo», comenta Mayra.
Desarrollar proyectos sociales no es fácil. Ni tampoco siempre es recibido de buena manera. Una iniciativa trae consigo un eco, muchas veces positivo, otras negativo y en ocasiones una mezcla de ambos. Esta propuesta tuvo su repercusión particular. Aunque, por un lado, el proyecto fue apoyado y comentado favorablemente. Por otra parte, la respuesta fue distinta. «Recibí comentarios muy negativos sobre el taller, de gente que no entendía la propuesta, que le parecía innecesario y hasta separatista generar un grupo solo de mujeres. Incluso hubo personas que se sintieron hasta agredidas», contó Ana.
Pese a esto, si algo aprendió la joven escaladora es que es fundamental mantener el objetivo, la visión y no perder la convicción. «Hay que seguir creyendo en lo que una hace y no perder de vista eso».
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Cuestiones de género en la escalada.
Desde icónicas mujeres de montaña y leyendas de la escalada, como Junko Tabie y Lynn Hill, hasta atletas y escaladoras contemporáneas, en su mayoría debieron padecer prejuicios y estereotipos de géneros construidos desde un hegemonía patriarcal. La discriminación, las desigualdades, el sexismo, las barreras -de todo tipo- impuestas desde una sociedad machista fueron algunos de los obstáculos que las mujeres sortearon, no sin una gran lucha sostenida, y que con el tiempo logró acortar la brecha que las separaba de los hombres.
El camino a la igualdad, sin duda, no está totalmente transitado. Aún existen diferencias en la remuneración entre escaladores y escaladoras o falta de difusión de logros femeninos (como primeras ascensiones, apertura de vías, etc). También la diferencia de roles sociales sigue siendo muy marcada: el balance entre una carrera deportiva y la vida personal y familiar recae, generalmente, en el género femenino bajo la arcaica idea de que las mujeres son las encargadas de la crianza y cuidado de lxs hijxs, las tareas del hogar, etc. Lo que muchas veces produce un crecimiento desigual en el desarrollo de las prácticas deportivas para las mujeres, en comparación con el de los hombres.
Por otra parte, los modelos estereotipados del cuerpo de una mujer, la representación de lo femenino también son puntos que todavía hay que deconstruir.
No obstante, la conciencia colectiva cambió en las últimas décadas y la escalada femenina se percibe desde una perspectiva de género distinta. «La mujeres están haciendo historia, dando paso a que se animen más, sacando las excusas de por medio», dice con optimismo Mayra.
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«Más allá de que están escalando más mujeres, lo que está cambiando es la visión de la mujer dentro del deporte en sí. Se está valorando más y se considera posible que las mujeres formen parte importante y tome protagonismo en esos espacios. Porque antes en los 80s, 90s, había mujeres escaladoras muy fuertes y simplemente no eran visibles por la forma de ver la participación femenina», sostiene Ana.
Las desigualdades en relación a las capacidades y habilidades físicas entre mujeres y hombres siempre estuvieron latentes en el ámbito del deporte. La escalada no tiene género ni edad. «Es una actividad que puede hacer cualquier persona», afirma Mayra.
Sin embargo, es común que este deporte se lo asocie, en muchos casos, únicamente a la fuerza física y, aunque es un aspecto importante, también es una disciplina que exige más que eso. «La variabilidad en los estilos que existe dentro del mismo deporte es muchísima. Son distintas las habilidades físicas que demanda y la forma de resolver un boulder o una vía varían respecto al repertorio motriz y estilo de escalada de cada persona. Además se complementa con otros tipos de capacidades, que si o si se deben trabajar, no escalas solamente con fuerza y ni con flexibilidad pura o únicamente con técnica, debe ser un trabajo completo».
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Para Ana, «las mujeres tenemos otra forma de abordar a la escalada y la técnica también. Podemos conseguir iguales resultados o mejores que los hombres, o no, pero tenemos formas propias de escalar y encarar el deporte». Esto retoma la idea de las dinámicas distintas entre grupos de hombres escaladores y también entre grupos femeninos o mixtos. «Me ha pasado, que el hombre en su `rol natural de protector´, te equipe la vía, que te quieran tirar siempre los pasos. Es algo que, mientras no te lleve a la desmotivación, no me parece mal. Pero suele suceder que nos pone en una postura muy pasiva en la que nos genera cierta dependencia con nuestro compañero. Y en algún momento tiene que producirse un quiebre y poder realizar esas cosas por una misma, sin estar dependiendo», plantea.
La motivación, la paciencia, la posibilidad de ceder el espacio de resolución, de búsqueda -siempre y cuando beneficie a quien se enfrenta a la roca o un muro- son aspectos importante para el progreso en el desarrollo de la escalada. La ayuda externa es muy valorada en la primer instancia de aprendizaje o de iniciación al deporte pero un estado permanente de dependencia a otras personas nos provoca un conflicto de seguridad que nos estanca.
«Creo que todos en general tenemos que poder analizarnos a nosotros mismos y poder reflexionar sobre esa situación, sobre qué es lo que producimos en el resto y qué diálogos estamos teniendo con los demás. Sobre todo creo que las mujeres al empoderarnos y tener más herramientas y seguridades podemos enseñarle a nuestros compañeros y cambiar un poco esos roles. Mostrarle que no en todos los espacios necesitamos su ayuda», considera Ana. En sus experiencias, la paciencia y la libertad para resolver las vías es un componente muy presente en los grupos femeninos. «También hay mucha motivación, hermandad y eso es un punto que nos genera, en el corto o largo plazo, la comodidad suficiente y que nos anima a realizar ciertas cosas».
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«En los grupos conformados por mujeres, existe otra complicidad y comprensión», interviene Mayra.
Aunque pueda haber dinámicas diferentes, lo realmente importante es poder potenciarse como escalador o escaladora. «Es un deporte que se desarrolla de manera colectiva. Y en esa colectividad muchas veces no se dividen grupos por sexo, experiencia o edades y llama la atención lo heterogéneos que son y, por lo tanto. lo enriquecedor que se vuelven ciertas vivencias», valora Mayra. «Como deportistas nos apoyamos, escalar te desafía a salir de cierta zona de confort para conocerte de otra manera y disfrutar de la escalada siendo más protagonista tomando decisiones y cumpliendo un rol más activo».
En definitiva, «podemos ser muy diferentes pero estar unidos por un mismo objetivo», sintetiza Ana.
La escalada como forma de vida.
¿Qué es lo que hace tan especial a la escalada? Para algunxs es la excusa perfecta para una escapada a la naturaleza. Para otrxs representa un desafío constante, un camino de aprendizaje, una forma de vida. O, quizás, para otrxs tantxs sea una mezcla de todo eso.
Así lo percibe Ana: «Hace 10 años que escalo y desde ese momento, toda mi vida, mi cotidianeidad, mi profesión ha estado ligado a estar más unida este deporte. Mi estudio se vio orientado a mejorar la escalada, mi escalada, y mantenerme en contacto con eso. Para mi representa la forma en la que vivo».
Para Mayra la escalada «es la combinación perfecta entre una actividad física intensa y la naturaleza». Un juego desafiante y extremo, por momentos, que «te pone al límite» en la resolución de una situación. «Estás constantemente aprendiendo, sobre tu fuerza, tu cuerpo, los movimientos nuevos utilizados. Es un deporte que nunca te aburre porque siempre hay algo nuevo que escalar u otra forma de probar algo que ya hiciste».
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Al ser una actividad con infinitas variables, los obstáculos y retos pueden ser diferentes para cada persona. «Personalmente, uno de los desafíos más grandes que tiene es el trabajo mental que implica la escalada. Me parece alucinante cómo podemos tener muchas condiciones físicas y, a su vez, muchas barreras mentales que pueden hacer que algo suceda o no», expresa la escaladora y profesora.
«Los desafíos dependen de cada persona, y eso se relaciona también con los objetivos. El medio por el cual cada persona llegue también se vuelve personal», dice Mayra, y coincide con su compañera en que se trata de un deporte muy mental. «Te sitúa en un lugar donde tenés que tomar decisiones escalando de manera constante, a veces difíciles, otras sin saber cómo resolverlo, con bloqueos y miedo a las caídas, situaciones que generan ansiedad, inseguridades, miedos, frustraciones y que hay que trabajarlo para que no se vuelvan un limitante al escalar e impidan el avance deportivo», completa.
A su vez, como se dijo antes, la fuerza física también es importante. Y es un aspecto que, junto con la técnica, aumenta a medida que ascendemos de grados. «Es algo a lo que hay que dedicarle tiempo de entrenamiento y preparación, tanto la fuerza del cuerpo y los dedos y de la técnica que se vuelve más dificultosa, variada y específica», explica Mayra. .
Por otro lado, es un deporte que da lugar a fuertes vínculos con los demás y también con uno mismo. La confianza es clave entre cordadas pero también se dan experiencias variadas en los grupos: salidas a la montaña, viajes, juntadas sociales que motivan a pensar nuevos proyectos, nuevas rutas, más ambiciosas, más desafiantes.
La unión de la escalada a la montaña, a la naturaleza es inevitable (aunque existan aquellas personas que solo elijan la escalada indoor). «Es como que me hace retroceder a lo ancestral, a esa carga genética del ser humano que trepa, que te asocia hasta con una idea de lo salvaje. Es un deporte que percibo unido a las raíces, que tienen que ver con la naturaleza», asevera Ana.
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Con la escalada «descubrís que no existe ningún limitante, que sos fuerte, que podes llegar alto, que todo tiene una forma de resolverse y, si no la encontrás, en algún momento llega. Tal vez en otro intento, en otro día o en un momento que estés más preparadx», cuenta Mayra. Y concluye: «Te abre la puerta a un mundo de viajes, otras costumbres, gente de otros paisajes. Aprendes a mirar la roca y la montaña de otra manera, te metes en lugares a donde nadie va y eso te regala los mejores cielos estrellados y musicalizados con alguna guitarreada, calentando los pies en el fogón, teniendo maravillosas charlas e historias que guardar».
Fiebre de montaña y roca.
Ciertamente, quienes disfrutamos de ir a la montaña, escalar con nuestras amistades y estar al aire libre, tenemos fuertes deseos de que se termine el confinamiento social y toda la emergencia sanitaria que atraviesa el mundo y poder escapar a la naturaleza.
Mientras tanto algunxs continúan entrenando puertas adentro, otrxs estudiando y mejorando su escalada en las palestras de su patio, y algunxs más ya planean sus siguientes aventuras en la montañas, explorando nuevas vías por realizar.
Para Mujeres al Top el regreso será más ambicioso. No solo volver con el taller sino también trabajar la participación de mujeres profesionales brindando charlas, cursos y capacitaciones en temáticas relacionadas -directa o indirectamente- con la escalada.
La roca nos espera. Falta menos.
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