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Entre esa experiencia
estaban sus nueve ascensos al Aconcagua, importantes cumbres como el Pissis,
el Sajama y Huayna Potosí en Bolivia, el Tocllaraju en Perú,
entre otros.
Ahora bien, esto
comenzó alla por 1996, cuando Nancy interpretó el llamado
de la montaña. Ella alternaba aprendizaje con experiencia, trabajando
para el mismo Fernando Grajales en cada temporada de Aconcagua, hecho
que le posibilitó ir juntando algunos pesos para una «experiencia
mayor», aquella que llegó finalmente en Julio de 2003.
Pero veamos que dicen
de ella aquellos que la conocieron, quienes compartieron su actividad:
«Conocí
a Nancy mientras cursaba la carrera de Guías de Alta Montaña
y Trekking en Mendoza, siempre inquieta, entusiasta a la hora de trabajar.
En los años que duro su paso por la escuela la vi progresar mucho,
trataba de ser buena en todo. Recuerdo que tuvo un accidente esquiando,
se quebró una pierna, pensamos que después de eso no volvía,
pero no fue así, se repuso y terminó la carrera. Le gustaba
mucho salir a la montaña, compartimos salidas a Precordillera,
Cordón del Plata, salíamos bastante.» -decía
Miguel «Lito» Sanchez en aquel tiempo.
Claro, cuando alguien
adquiere esa pasión por la montaña es difícil que
algo se interponga en su camino. Pero hay mas de lo que dice «Lito»:
«Trabajando
en Aconcagua siguió nuestro contacto y así nos hicimos amigos,
era una persona cálida, sencilla para mí fue muy fácil
hacer amistad con ella. Hizo hielo, pero donde mas se notó su evolución
fue en la roca, Fernandito Grajales fue en muchas ocasiones su compañero,
escaló en Chiguído, Valle Hermoso, Frey.»
La montaña
es quizás uno de los medios mas propicios para trabar amistad.
Esa lucha incesante con el medio, con los caprichos de la misma montaña,
hacen necesaria una convivencia desbordande de compañerismo y solidaridad.
«La última
salida que hicimos juntos fue una travesía integral, del San Bernardo
al Colorado; fuimos los dos solos. Llegamos al Centro de Ski de Vallecitos
una noche siendo las 23.00. Vivaqueamos al lado del vehículo y
a las 03.30 de la mañana salimos hacia arriba. Íbamos sin
botas dobles, ni equipo técnico, livianos, así sin nada.
Nuestra intención era hacerlo en el día, pero nos volvimos
por las malas condiciones del tiempo y las dificultades en roca. Estando
en Frey, interrumpe los días de escalada y regresa a Mendoza; el
viaje a Pakistán ya era un hecho. «
Y se avecina
el final, ese final primero desbordante de alegría por el logro
conseguido y luego lo que pasó, por aquellos días de Julio,
hace ya seis años.
«Con un grupo
de amigos le organizamos una fiesta en su casa. Brindamos, charlamos,
nos reímos mucho. Antes de irme nos quedamos unos minutos en la
puerta hablando, le recomendé algunos truquitos para aclimatar
mejor. Nos dimos un abrazo, apretado, cálido, lleno de afecto y
nos prometimos a su regreso concluir aquella travesía. Se veía
feliz»
Aquél 30 de
Mayo, Nancy dejaba su hogar en Guaymallén, sin saber que era para
siempre. Pero partía con toda la felicidad del mundo en sus manos.
Con un sueño
que estaba por cumplirse, estaba yendo a la meca mundial del montañismo
en pos de conquistar una de las montañas mas complicadas del mundo.
Los Gasherbrum, en Pakistan, aquellos «hermanos» de mas de ochomil,
los que ocupan el lugar once y trece en la lista de los catorce mas altos.
Ella iba por el mayor,
el once. Ambos comparten un camino en común, hasta cierto punto,
luego, debes tomar hacia un lado o el otro, según a quién
desees conquistar y por supuesto, como en todos los casos, estará
en el ánimo de la misma montaña el hecho de permitírtelo
o no.
El 1º de Junio
Nancy arribó a Madrid, donde se unió a su equipo de escaladores
que iban en pos del Gasherbrum I. De allí hacia los territorios
del Norte de Pakistan, la esencia misma del montañismo mundial.
Allí Nancy durante unos días estaría en lo mas alto,
en el lugar al cual todo montañista, sin excepción ha soñado
alguna vez con llegar.
«Papi, no
te preocupes que cuando vuelva voy a ser famosa», le dijo Nancy
a Gerardo, su papá al momento de su partida.
«No le importaba
para nada ser la primera. Se fue casi en el anonimato», dijo
Ulises Corvalán, su novio y también montañista. Ella
quería solamente disfrutar de las mas altas montañas del
planeta.
El día
Que distinto hubiese
sido todo de no haber existido ese 5 de Julio de 2003, día de sensaciones
contrapuestas en la vida de Nancy Silvestrini. Por un lado, la cumbre
conseguida junto a uno de sus compañeros de expedición.
Si, lo había logrado, ese «voy a ser famosa» que
al pasar le dijo a su papá, ya era un objetivo cumplido, porque
se había convertido en la primera mujer argentina en coronar un
ochomil, en este caso el Gasher I contaba con ese privilegio … y por
otro lado la tragedia, ese condimento tan temido en el mundo del montañismo,
desatada por una ráfaga de soberbia y fiebre somital interpretada
hábilmente por esas tormentas que suelen aparecer casi misteriosamente
en el momento y lugar menos indicado.
Y la montaña
finalmente se lo permitió, pero en determinado momento, pensando
bien y desbordante de egoísmo, ese egoísmo que muchas veces
aflora en cada montaña, se dijo para si misma: «Tu eres algo
muy preciado, necesito que me pertenezcas».
Según informaron
sus compañeros de expedición, primero fue un viento casi
imposible que provocó una primer caída de la cual Nancy
pudo recuperarse y continuar el descenso. Luego, una segunda que la arroja
al vacío, un lugar de imposible acceso, probablemente una grieta,
esas que uno conoce de haber visto o traspasado, pero que no sabe donde
terminan.
Allí descansa
desde entonces Nancy Noemí Silvestrini, en su pequeño mundo
de 6300 metros de altura, cobijada por el Gasher que pudo arrebatarle
la vida pero no el hecho de haberlo conquistado, eso es algo que nunca
le podrá quitar.
Fuentes y agradecimientos:
Revista Al Borde
Diario Clarín
Argentinos al Himalaya
Diario La Nación
Diario Los Andes
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