Expediciones

XXI TRAVESÍA RESISTENCIA SUBBÉTICA CORDOBESA

Organizada por el Grupo de Montaña Tiñosa

Desde dentro. De Carcabuey a Cabra, pasado por la espectacular localidad de Zuheros.

Noel Gonzalez | Redacción Alpinismonline Domingo 14 de Octubre de 2018 - 15:12 656 | 0




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Foto de portada: entrada en la localidad de Zuheros, Córboda.

Tiempo de lectura, 10 minutos.

Segunda parte.

El día ya estaba dando señales de que iba a ser uno de esos días de calor típica de estos días de octubre en el sur de España. Dejamos a nuestras espaladas la localidad de Carcabuey antes de las 9. A.M viendo ya como los rayos de sol acariciaban los grandes olivares de la zona. Ahora nuestro objetivo principal estaba a muchos kilómetros de distancia. Y lo que empezaba ahora era uno de los tramos más duros de toda la travesía. Mirando al cielo azul, y viendo que no había ni una triste nube, nuestros cuerpos, o al menos el mío, empezaban a sentir que la jornada hasta el final en Cabra, sería un calvario; y no por los kilómetros no.


Saliendo de la localidad de Carcabuey.

De camino ya al último punto de agua marcado por la organización, en la fuente Bernabé, pasamos por encima de un puente histórico. No es la primera vez que paso, pero esta vez al menos me documenté y pude hacer una foto. Este puente y según algunos estudios, está  datado en la mitad del siglo X. Se caracteriza por tener un solo arco ligeramente peraltado, y por lo que pude ver aún está bien conservado. Si eres un erudito de estos temas, te aconsejo que le eches un vistazo a su historia. Puente Califar del arroyo Palancar.  Nosotros seguíamos nuestro camino con el paso por fin un poco más ligero. La verdad que los que estábamos acostumbrados a hacer pruebas de este tipo se notaba. Pero os recuero que estas pruebas no son competitivas y aquí no se puede correr; o eso es lo que se supone.  


Puente Califar del siglo X sobre el arroyo Palancar.

En el último de los avituallamientos antes de cruzar fuente Bernabé, se recordaba que lo que llagaba desde ese momento no sería fácil, y que hasta en nuevo punto de agua vendría uno de los tramos más técnicos de la jornada. Tengo que reconocer que fue mi tramo favorito de la jornada. Mucho sendero, picos de subida muy pronunciados y veredas que no conocía de años anteriores. Estábamos bajo la mole que nos miraría durante esa parte de la prueba llamada Lobatejo, uno de los picos que con 1380 metros de altura, entra en esa lista de altitudes destacables del parque.  A la vista teníamos por fin la subida, creo que más temida del día, una especie de cañón por la cual pasa una vereda antigua o cañada llamada Marchaniega que unía Zuheros con Priego de Córdoba, según algunos mapas. Un cañón rodeado de cortados y cerros que se elevan por encima de los 1120 metros.


Típicos caminos de enlace.

Ya superado ese sendero llegamos por fin al punto de agua, dejando atrás una de los picos de altitud más alto de la jornada.1109 metros. El merecido descanso, en la fuente del Espino fue una tortura. Ávidos de rellenar agua, aquella fuente se convirtió por un momento en un “abrevadero”. Pero lo peor de todo, aparte de que solo un pequeño chorro de líquido salía del tubo, no había ni una sombra donde poder soportar los rayos del sol. Ahí empezó hacer meya el mal humor de algunos provocados por los kilómetros; y solo fue el principio.


Fuente del Espino. Abrevadero natural.

Zuheros estaba ya muy cerca. La gente en esa bajada por fin con algo de sombra y después de 15 minutos para recuperar, empezó a ver que el ansiado almuerzo estaba a tiro de piedra. Una aguada más en el Llano de Moro nos preparó para la entrada en Zuheros. El último tramo antes de meternos en las calles de esta localidad, la hicimos por asfalto. El laberinto de calles nos dirigió hacia la plaza mirador donde se ubica ese espectacular Castillo Palacio: y la paella.


Después de 38 km, un merecido almuerzo.

Merecido almuerzo; con un buen plato de arroz, con fruta y toda la bebida fresca que la organización ofrecía a cada uno de los participantes en una zona espectacular, reconfortó a muchos de los participantes. Muy a pesar de llevar ya en las piernas 38 km, fue unos de los mejores momentos de la jornada. Ya se podía ver quién de los que estaban buscando algo de sombra para comer, estaban ya con las fuerzas muy justas. Y es que algunos solo de pensar lo que quedaba, se ponían a temblar. No nos pudimos relajar mucho, el cuerpo en estas pruebas no debe de relajarse. El problema viene al arrancar de nuevo con el estómago lleno. Con energía extra en el cuerpo, nos vimos en la parte final de esta travesía. Aquí algunos pagarían la falta de experiencia y la falta de nivel físico. Y por qué no decirlo: el gazpacho.  


Empezaba la parte más dura, el sendero del Río Bailón.

Los casi 6 kilómetros hasta la próxima parada se harían para muchos un suplicio. Estábamos en el tramo con mayor subida prolongada de la jornada. Los senderos y los cruces de arroyos serian la nota predominante hasta que llagáramos a la Fuenfría. Yo tengo que reconocer que fue mi tramo más divertido, lo conocía muy bien, era la cuarta vez que lo hacía y era una ventaja saber por dónde iba en cada momento. La zona de la salida del pueblo con ese camino empedrado, bordeando cada momento el arroyo Bailón para mí es un clásico de esta prueba. Lástima que la velocidad que finalmente adquieres, no te da para hacer muchas fotos. Si alguna vez podéis hacerlo, no os lo penséis, es una zona muy espectacular, aunque necesitas de nivel físico medio, se sobrelleva muy bien.


La fuente del conflicto, Fuenfría.

Con la mirada en el suelo. Así iban más de la mitad de los participantes, exceptos los “sobrados de siempre”. Esto no cambia, ¿no se dan cuenta que nadie los va a aplaudir? Mi adjetivo para estos sobradillos, me lo guardo. Así y todo llegamos a la Fuenfria. Un lugar muy bonito pero donde se formó una especie de follón por culpa del agua. Estas travesías tienen el problema qué, cuando hay un reagrupamiento, los más atrasados son los que peor parte llevan y es que son los que menos descansan: cuando llegan, el resto sale de nuevo. Eso pasó con esa parada, cuando el resto llevábamos allí más de 15 min faltaban más de la mitad de las personas. Si a esto le añades que todos quien beber en el mismo sitio, el corte en el pelotón se hizo muy grande. De ahí las protestas. Pero eso es así. No es una ruta senderista, y muchos creen que sí. Un poco de bosque, entre encinares, nos hace bajar el calor corporal y poder subir el ritmo antes de llegar a Puente Bailón.


Bajando hacia la localidad de Cabra por el sendero de la Sima.

Allí no ofrecen café, algo de dulces, fruta, agua, refrescos, todo para aguantar la bajada por la Sima de Cabra. Una de las bajadas más técnicas del día, donde algunos iban ya con el mínimo de fuerza y donde tuve un encontronazo con un “dominguero”. Pero antes de llegar aguantamos un canchal con piedras como cuchillas. Como digo, muy técnico y menos mal que no llovió días antes. Justo después de dejar el canchal atrás llegó el tramo divertido. Entre olivares el sendero no estaba muy marcado, era más un paso de animales que un sendero. Y eso lo hizo muy divertido…pero no para todos. Aquí tengo que hacer una parada. No sé cuántos años llevo viendo lo mismo una y otra vez. ¿Para qué llevan algunos los bastones? Me explico. Se supone que es una herramienta que te tiene que ayudar, tanto a bajar como a subir. Pero, ¿qué pasa cuando no saben utilizarlo? Más de la mitad de los que utilizan este tipo de material no saben sacarle el rendimiento. Es más, provocan incidentes con ellos. El tema es que, en esa bajada, uno de los que iban delante de mí, su técnica bajando era nula. Al coger el bastón y tampoco saber utilizarlo, me dio con uno de ellos en la rodilla, haciéndome una herida interesante. Pero lo peor de todo fue, que encima cayó rodando, ahí mi teoría. Señores los bastones son muy peligrosos, y no es un complemento. ¿Oído? Hasta que un día no pase algo, no van a poner remedio desde la federación. Una vez que pasamos por el cortijo de la Sima, nos esperaba el último de los pasos con agua. Ya veíamos muy cerca Cabra. Solo 5 kilómetros de carril entre grandes olivares, y llegaríamos a nuestro destino. La ciudad deportiva.


Llegada a la Ciudad Deportiva de Cabra.

Se acabó un día muy largo, muy duro, pero muy divertido. El calor hizo meya. Pero yo esta vez, iba a disfrutar y sobre todo a recordar que se cuece en estas pruebas. Siento decir que no ha cambiado mucho, por no decir nada. La asistencia sigue siendo alta, y eso a los que cada año organizan estas pruebas los motiva para seguir trabajando un año más. No voy a poner ningún pero. Para mí este club hace las cosas muy bien, un recorrido duro en un paraje siempre espectacular.


Noel en el control de llegada.

Ahora una de las cosas que me dio que pensar, fue la edad media de los participantes. Muy alta. Al no ser competitiva, los de mediana edad no asisten. Tengo que agradecer al Club de Montaña la Tiñosa y a todo su equipo, la atención que nos prestó para hacer este reportaje tanto a Yake como a mí. Felicitarlos por el trabajo realizado sin olvidar a los guías. No sé si realmente volveré de nuevo a este tipo de pruebas, pero si tengo claro una cosa, si lo hago será aquí. 


Yake junto a todo el equipo del Club Montaña La Tiñosa.

Fotos: Yake Carrasco & Noel González 



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