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IÑAKI OCHOA DE OLZA - DIEZ AÑOS

"Al Himalaya no se vuelve. Cuando has venido aquí por primera vez, él se queda contigo para siempre"

Entrevistamos a Pablo Ochoa de Olza en el décimo aniversario de la partida de Iñaki

Fernanda Insua | Redacción Alpinismonline Miércoles 23 de Mayo de 2018 - 00:00 2644 | 0




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Por Fernanda Insua y Carlos Eduardo González | Redacción Alpinismonline Magazine

Fotografías cortesía Familia Ochoa

 

El HOMBRE: IÑAKI POR IÑAKI

"Esta vez me gustaría no llevar peso, si me permites la gracia, así que subiré solo lo imprescindible. Todos y cada uno de los que me seguís sois importantes, y enviáis sin cesar una energía imprescindible. Por supuesto que cada uno tendréis vuestro "trozo de Annapurna", con derecho propio, si es que consigo llegar hasta arriba. Un abrazo y muchísimas gracias."



"Alguien definió con acierto al Annapurna como la personificación geológica de la angustia. Yo añadiría sin dudarlo el desamparo y la amarga sensación de ser el último habitante de este planeta. Cuando te plantas debajo, descubres que da igual que pises la cima o que no lo hagas, nada va a cambiar en ambos casos. Esa cima que centellea con rabia sólo mide con exactitud nuestra propia vanidad, nuestra impermanencia irremediable. A veces me gustaría ser libre de mis propios deseos, como un budista cualquiera, y ser feliz sólo contemplando la belleza de lo que me rodea, sin necesidad de escalarla. Pero esta una montaña fantástica, y yo un hombre débil, y el deseo ha crecido tanto que ya es difícilmente controlable sin amenazas".



“Mi lucha: Que no se asuste nadie; no me he vuelto loco del todo, ni estoy peleado con el mundo, ni tampoco me he asociado con lo más granado del nacionalsocialismo. Nada de eso parece haber sucedido, por fortuna. La lucha de la que hablo hoy, mi desesperado anhelo por pisar la cima del Annapurna, es pacífica y espero que noble, apasionada y también quizás algo rebelde, aunque jamás a cualquier precio. La lid a la que me refiero hace que llevemos casi 30 años preparándonos para cuatro días de escalada, muchos meses de entrenamientos específicos con la mente puesta sólo en una cosa, y también ya más de 70 días en Nepal La espera de las condiciones adecuadas está siendo tensa y larga, pero se supone que el objetivo, de primera categoría, así lo merece.”




Expedición navarra formada por Pitxi Eguíllor, Patxi Fernández, Mikel Repáraz, Pedro Tous, Juán Tomás Gutiérrez e Iñaki Ochoa de Olza... (Foto Musutruk.com)

“No hagan mucho caso cuando lean por ahí que pensamos atacar la cima, ya que aquella no nos ha hecho nada, ni tampoco es nuestra intención conquistarla; a lo sumo podremos convivir en paz durante unos cortos minutos, y después continuar nuestro camino agradecidos.”






"Dicen los psiquiatras que nosotros los alpinistas, y más concretamente los himalayistas, sufrimos un síndrome que incluso tiene su nombre científico, el "Complejo de Peter Pan". Nuestro irremediable mal nos hace regresar siempre a los mismos sitios, buscando esa eterna juventud a través de aventuras extremas y, a ojos de los demás, inútiles. Los que supuestamente padecemos semejante desfase siempre estamos haciendo cosas propias de lunáticos, como pilotar aviones o escalar montañas. Además según ellos, siempre nos caracteriza el ser soñadores y huidizos, escapando constantemente de eso que ellos mismos definen como realidad. ¿Qué quieren que les diga? Yo soy feliz aquí, en mi tierra de Nunca Jamás, y si se deja o descuida por un instante lo único que quiero es subirme al Annapurna, y después bajar."



“Al Himalaya no se vuelve. Cuando has venido aquí por primera vez, él se queda contigo para siempre. Habita en ti como una costumbre, quizás como un virus, siempre como una necesidad. Puedes escapar a ratos, hacia casa, pero el resto del tiempo tú le perteneces."



“¿Por qué hacéis esto? Es sin duda la pregunta más repetida en charlas y conferencias. (Aunque curiosamente es una pregunta que sólo formulan los adultos, nunca los niños) Hay gente que no entiende que abandonemos nuestro confort, seguridad y dinero, para venir a hacer algo tan inútil como escalar el K2. La verdad es que aunque pudiera dar una respuesta medio coherente, ellos nunca lo entenderían. Solo sé que no estamos locos, y que allá arriba es la vida precisamente lo que buscamos."



"Yo no soy miope, soy medio bizco, no sé si te has fijado. Digo medio porque solo es un ojo, el derecho, el que se va para donde quiere. Está bien lo del ojo, que tenga toda la libertad del mundo. Como yo. Lo cotidiano es el mayor asesino de masas de la historia, junto con el aburrimiento, la soledad no elegida, el hastío y el consumismo. Pero no por ser "himalayista" está vacunado contra lo anterior. Hay montañeros que caen en todo lo dicho, y hay quien no piso un monte, vive tranquilamente "en sociedad" y está equilibrado como un gurú. Así que mejor no generalizar."



"Resolver el Annapurna me haría pensar en montones de helados y ensaladas, en chicas, en correr en el encierro y en carreras de montaña, pero nunca en el Kangchenjunga... sería una locura, no soy tan tonto. El Kangchen viene el año que viene, un poco de paciencia ... Hay que prepararlo con mimo y hacerle ver que se le quiere mucho ... no se le puede tratar como el último de una lista, a ver si se va a mosquear ... "



"La Diosa está de maravilla (Annapurna, la Diosa de la abundancia), menuda hechura que tiene. Un monte de verdad precioso, aunque nada fácil y lo mires como lo mires comprometido, aunque no suicida. Todo depende de las condiciones, el Manaslu tiene mejor fama pero es peor. La ruta alemana es la más segura de las de la cara norte. La vía francesa, de la primera ascensión es mas fácil pero más peligrosa."



 “..si puedo organizarlo, y si todo va bien en el Dhaula y el Annapurna, (a donde iré la próxima primavera), entonces creo que en diciembre del año que viene (2007) saldré en bicicleta hacia Katmandú, 12000 km en tres meses, después intentaré escalar el Kanchenjunga, que podría ser el que complete los 14, y tras bajar a Katmandú volveré a casa a pie, corriendo 50 km por día, durante los siguientes 6 meses y siguiendo el mismo recorrido que a la ida en bici ¡¡En navidades del 2008 en casa!! La idea no es hacerme muy famoso sino empezar a devolver a los niños de Asia lo mucho que me han dado en forma de aprendizaje, llamando la atención sobre sus necesidades y recaudando dinero para repartirlo por allí, en un orfanato de Katmandú, en un hospital del norte de Pakistán y en una escuela de Dharamshala, donde los niños tibetanos están exiliados... los tres países por donde yo me he movido... El proyecto se llamaría SOS HIMALAYA...






EL LEGADO: LA FUNDACIÓN SOS HIMALAYA

 

Entrevista a Pablo Ochoa de Olza






 “La Fundación SOS Himalaya es una organización de cooperación, con un plan estratégico y unos objetivos que complementan la filosofía que nos inspira, basada en la responsabilidad, la libertad y el compromiso. Valores que el propio Iñaki Ochoa de Olza mantuvo en el desarrollo de su vida deportiva y personal. Iremos, cada vez más sabios, donde nos lleven las fuerzas”.

Entrevistamos a Pablo Ochoa de Olza, hermano de Iñaki y presidente de la Fundación SOS Himalaya. Una charla honesta, para a disfrutar, recordar y celebrar los valores que Iñaki encontró en las montañas y que supo propagar. Porque el espíritu de Iñaki permanece en sus sueños, los que la Fundación SOS Himalaya se atrevió a concretar.     

 

¿Cómo han sido estos diez años para la Fundación? ¿A qué desafíos principales se enfrenta?

Los diez primeros años han sido de un aprendizaje bestial, a veces “a palos”, muy duros y muy desiguales. Nos encontramos de entrada con lo que pensábamos que era un montón de dinero para proyectos humanitarios en Nepal, el sueño de Iñaki, o sea nos encontramos con una Fundación pero sin ningún conocimiento de cómo se hacen las cosas en Nepal. Así que juntamos una cantidad de dinero bastante respetable en la cuenta de SOS Himalaya, de gente que donaba, que organizaba eventos y la recaudación iba para la Fundación, todo lo de Iñaki estaba muy fresco y la gente se movía mucho y de repente nos encontramos con un montón de dinero y sin tener ni idea de cómo se gestiona un proyecto humanitario, obviamente sin ser Iñaki, sin tener su capacidad y sin conocer Nepal como él. Hubo que echar mano de amigos, conocidos, etc. Y nos enfocamos en intentar ayudar a un orfanato que ya estaba en marcha. Esa primera experiencia fue un fiasco porque estuvimos a punto de caer en manos de un estafador de primera línea, que a punto estuvo de quedarse con el dinero. Afortunadamente esto no sucedió pero fue un buen aprendizaje. Después descubrimos que la ayuda humanitaria es el segundo ingreso de divisas de Nepal después del turismo. También descubrimos que es muy difícil repartir ayuda humanitaria de forma que sea eficaz. 






Finalmente una de las personas que trabajaba en SOS Himalaya empezó, con buen criterio, a elaborar proyectos eficaces, a viajar allá y a buscar en el terreno, con la ayuda de otra persona que tomamos allí, que era el cocinero de Iñaki, Mingma Dorjee Sherpa. Empezamos a enfocarnos en proyectos pero ya sin intermediación del gobierno, sin ayuda de nadie, sencillamente por nuestros propios medios y aquello resultó efectivo. Aquello devino en la reconstrucción parcial o casi total de cinco escuelas que estaban en un estado deplorable, en un valle remoto y que se consiguieron llevar a muy buen puerto. Una anécdota curiosa es que cuando se habla con los directores de las escuelas acerca de llevar ayuda humanitaria para reconstruir enseguida se habla de hacer un comité y por supuesto están el alcalde del pueblo, tres o cuatro hombre más, el director de la escuela. Sin embargo decidimos que cada comité debería estar formado en un cincuenta por ciento al menos de mujeres cuyos hijos asistan a la escuela y descubrimos que es un método muy eficaz para conseguir que no se desvíe ni un céntimo.  

Después caímos en la ruina, nos gastamos en proyectos todo el dinero de la Fundación. Empezamos otra campaña de recaudación. Sucede el terremoto de 2015 y comienza a llover dinero, literalmente. Es decir la cuenta bancaria de la Fundación se encuentra mucho más abultada de lo que jamás había estado. Otra vez a buscar proyectos. 

Y así han sido los diez primeros años…aprendizaje. Tenemos ahora mismo una pequeña estructura legalmente constituida en Nepal que se llama SOS Himalaya Nepal de la que es presidente el que fuera cocinero de Iñaki, Mingma Dorjee Sherpa que es un hombre honesto, leal y cabal, una buena y bella persona. Con la ayuda de él y con la necesidad tan palpable y tan acuciante que había en el valle de Langtang, parte del cual está sepultado bajo seis metros de lodo, pues decidimos junto a Kilian Jornet, que ya tenía algún proyecto en marcha, reconstruir unos pueblos que habían quedado sepultados allí. Kilian tiene una capacidad de convocatoria tremenda, es una bellísima persona, así que entre Kilian y su gente y nuestra pequeña estructura de allá, entre fondos nuestros y ajenos y toda la ayuda, logramos reconstruir y en alguno casos volver a construir de la nada ciento veinte casas, de las que estamos orgullosísimos, claro.

Cuando reconstruimos las casas el mayor coste son los tejados de zinc, tiene que ser de este material para que soporten la intemperie y la climatología de allá y tienen que llegar hasta el valle de Langtang…pero no hay carretera. Y el techo de una casa viene prácticamente de una pieza, y aunque no pesa mucho porque es una chapa de zinc, la dificultad del transporte es tremenda. El mayor coste que asumimos nosotros fue el transporte en helicóptero de los techos. 

También hemos hecho campamentos médicos siempre “low cost”. Medicinas recibidas aquí de donaciones de farmacias, de farmacéuticas, de gente de bien se transportaban hacia allá con mucho esfuerzo y con la ayuda de aerolíneas. No podría citar a toda la gente que ha echado capotes, manos y ayudas pero todo absolutamente gratis. Lo único que hacía falta era el servicio de coordinación, que gracias a que teníamos buena gente trabajando, pues se hacía bien. Y así organizábamos los campamentos médicos. Se iba allá, se determinaba la zona donde se iba a establecer el mismo, se comunicaba en la zona y entonces iban Jorge Egocheaga y María Climent, que ha sido la que ha estado llevando muchos aspectos de la Fundación en los últimos años, y bueno, se tiraban allá jornadas de sol a sol, atendiendo a gente de alguna zona remota que de otro modo no tenía acceso a atención médica. No quiero contar casos dramáticos pero yo he visto las fotos de algunos de los pacientes que iban a esos campamentos médicos y se te parte el alma, es directamente desgarrador.

Y una cosa lleva a la otra. En un momento tomamos contacto con la Fundación Montañeros por el Himalaya que constituyó y preside Edurne Pasabán y tenemos firmado un contrato de cooperación y ayuda mutua. Creo que está unión tiene recorrido, que podemos seguir haciendo cosas juntos. Tenemos una estructura fiable allí que es algo inaudito, bastante complicado de conseguir y nosotros, gracias a Iñaki o a los dioses del Himalaya, la tenemos.   

Y en uno de esos campamentos médicos, coincidió que nuestra gente estaba llegando a Katmandú, les pilló el terremoto que destruyó el valle de Langtang en el aeropuerto. La escena de pánico fue indescriptible y obviamente no pudieron salir de la ciudad para establecer el campamento médico. Al cabo de dos días de intentar gestionar la salida hacia las zonas del terremoto se dieron cuenta que iba a ser imposible porque los caminos estaban destruidos parcial o totalmente y entonces decidieron colocar el campamento médico en una esquina de un barrio de Katmandú que también había sido muy afectado. Allá se destinaron los esfuerzos de aquel viaje.

En el siguiente viaje encontramos en el valle del Makalu una edificación grande, casi terminada pero abandonada. Esa construcción la había iniciado una ONG europea que se quedó sin dinero antes de finalizarla y supongo que cundiría el desánimo y la dejaron como estaba, un edificio grande sin terminar. 




Proyecto Makalu. Construcción abandonada que la Fundación decidió tomar como un nuevo desafío. No sólo se trata de finalizar el hospital sino de mantenerlo funcional a través de los años

La idea era que fuese un hospital y nosotros hasta la fecha nunca habíamos acometido un proyecto que fuese prolongado en el tiempo, es decir, nuestra ayuda perdura en el tiempo por sí sola, reconstruimos una escuela o entregamos unos ordenadores a un centro educativo, lo que sea que hagamos no requiere de nuestra presencia para seguir funcionando. Es decir, podemos dejar de existir pero la ayuda permanece. Ese es uno de los pilares básicos  de la Fundación.

Otras de las ideas básicas es no hacer absolutamente nada que Iñaki no hubiera hecho ni dejar de hacer nada de lo que Iñaki hubiese hecho. Mantener el espíritu de Iñaki. Él era un ser esencialmente bueno, aunque fuera un ser humano con sus defectos y sus historias como cualquier otro pero su ser era bueno, era una buena persona. Era agradecido, noble, honesto. Quizás además lo transmitía muy bien y por eso el cariño que despertaba o el que después de diez años todavía haya mucha gente que lo recuerde y que sigan ayudando pensando que este es el proyecto de Iñaki o simplemente ayudan porque el proyecto es bueno, no lo sé ya…

Otros principios de la Fundación son la honestidad y la transparencia. Yo dije muy inocente y muy erróneamente cuando comenzamos la Fundación, “céntimo recaudado, céntimo enviado” y es literalmente imposible pero hemos sobrevivido tan a ras de aquella afirmación como se ha podido. Tenemos una línea de teléfono que le pagamos a una compañía de móviles, eso es inevitable. Entonces hay algunos céntimos que van a pagar esa línea de teléfono. También es cierto que Mingma cobra un pequeño sueldo, pocos euros si se tratase de España pero en Nepal es un sueldo decente. 

Volviendo al proyecto del hospital, este proyecto es un poco distinto de lo que hemos hecho hasta ahora. Es decir, es algo que requiere de ayuda constante porque aunque acabes de construir un hospital y pongas camillas y un mini quirófano, si no hay médicos o enfermeras, alguien que pague la luz, alguien que evite que roben las placas solares del techo, pues en cuanto lo acabes va a servir para absolutamente nada. Será un edificio bonito pero no será un hospital porque no habrá nadie que lo atienda ni lo cuide.






Así que este proyecto hay que enfocarlo de otra manera. La única vía posible era hacer primero un presupuesto. Acabar este hospital (dejarlo equipado y con los servicios de luz y agua) cuesta en torno a los cien mil euros, no es mucho dinero para una economía europea; en Nepal es un dineral de escándalo, y otros cincuenta y cinco mil euros más al año para mantenerlo, pagando los sueldos del personal médico y los insumos. Y cuando hablamos de un hospital allí, no hay que pensarlo en términos europeos. Ahora mismo allí en el valle del Makalu hay una población de unas veinticinco mil personas en el área de influencia de este hospital, no hay asistencia médica de ningún tipo, absolutamente nada. Si un niño camina cuatro horas para ir a la escuela, igual un enfermo tiene que andar dos o  tres días para llegar a un hospital. Allí todo es un poco distinto, relativo.

A la fecha nosotros tenemos la seguridad de recaudar del orden de quince a veinte mil euros al año de cuotas de socios, etc., que tampoco es una gran cantidad porque tampoco tenemos muchos socios. Pero para poder mantener este hospital nos haría falta el compromiso un poco más serio, más constante de una empresa o de un conjunto de empresas o dotarnos de una estructura de recaudación activa, que no dependa de la buena voluntad de la gente. Entonces el reto es re organizarnos para crear esa estructura que garantice que tengamos el dinero que haría falta para mantener el hospital mínimo durante diez años. Tendremos que trabajar haciendo campaña de socios y sobre todo apelar a la contribución de las empresas.  Como estoy convencido que es un buen proyecto tiene muchas posibilidades de conseguir apoyo.

 

¿Cómo se financia la Fundación? ¿Cómo se puede colaborar?

Nos financiamos con la ayuda de la gente, con las aportaciones de nuestros socios, donativos de gente, de empresas, de algún ayuntamiento. Yo personalmente prefiero las aportaciones de dinero privadas y no públicas, aunque si el dinero público se invierte en estas cosas tampoco está mal, pero aquí (en España) también hay muchas necesidades. 

 

¿Podrías mencionar alguna historia que particularmente te haya impactado?

A mí me han impactado las historias de dos niños, una en un campamento médico, afortunadamente yo sólo vi la foto.  Apareció una madre con un niño de seis años en brazos que tenía la nalga desgarrada, muy infectada. Hacía como siete días que le había mordido un perro y probablemente se hubiese muerto si nosotros no lo hubiésemos atendido. A operar de urgencia al aire libre, con el instrumental quirúrgico de campo que se puede llevar a un campamento médico. Hoy el niño camina, corre, juega y ríe…

Hay otra historia. Había un niño un tanto especial, con una inteligencia absolutamente apabullante pero que era sordomudo. Su patología se solucionaba con un implante coclear pero claro ¿quién iba a pagar el par de miles de euros que vale un implante, el cirujano en Katmandú y el hospital? Nadie. Pero aquello nos tocó mucho la fibra. Y aquel niño hoy está oyendo. Son historias pequeñas pero significativas a la vez.  




UBRAJ GURUNG. ¡La operación ha sido un éxito! Después de 6 largos meses haciéndole pruebas de todo tipo, le han realizado un implante coclear. Empezará a recibir clases con los logopedas especialistas que le enseñarán su nueva situación.

La Fundación encarna los valores que Iñaki vivía en la montaña, ¿crees que él se sentiría orgulloso de vuestro trabajo? 

Sí! Intentamos seguir su huella. Iñaki era muy especial en muchas cosas. Iñaki vivía en la montaña, nosotros vivimos en el llano. Yo solía decir que lo más alto a lo que me he subido era al taburete de un bar, no siempre en buen estado…






Intentamos hacer lo que haría él y no hacer lo que él no haría. Si viviera, si pudiera estar aquí un ratito y ver lo que se ha hecho, estaría no orgulloso, estaría feliz! Sí, sí, estaría orgullosísimo, estaría exultante. Supongo que costaría un rato darle un abrazo porque estaría partido de risa por el suelo diciendo “qué cabrón, pero cómo te metes tú en esto, tú eres tonto”, partiéndose de risa y tremendamente orgulloso.

 

Planes futuros…

El hospital del Makalu, un plan sin fisuras, como dice mi otro hermano Dani. Lo vamos a llevar a cabo, vamos a seguir hasta que el hospital esté terminado, incluido personal sanitario. Después, organizar voluntariados y campamentos médicos. Hay que pensar que la carencia de asistencia médica es una de las cosas más terroríficas que existen. 

Iñaki hablaba de un orfanato en Nepal, un hospital en Pakistán y una escuela en Dharamsala, la sede del exilio tibetano en India. No sé, nos ha costado mucho conocer Nepal. No sé si llegaremos a Pakistán. En Nepal estamos ayudando bien, con bastante eficacia, igual es mejor centrarse y ser eficiente en un sitio y no ineficaz en varios.

Los planes futuros son seguir adelante, luchando, buscando gente que nos siga ayudando y nada más…continuar con el sueño de Iñaki…

 

Y UN LEGADO MÁS

Al recordar a Iñaki, hoy a la distancia, se me dibuja una sonrisa. Primero luego de entender y haber visto que Iñaki vive en su Fundación, que está presente a diario bajo lo que en su vida era un proyecto y hoy se ha hecho realidad. Es una sonrisa muy especial, porque todos aquellos que lo amaban, forjaron con su esfuerzo esa realidad que hoy en día puede disfrutar la gente que él tanto quería, donde Iñaki desarrolló su actividad, y que realmente lo necesita. Eso es un regocijo de alegría para el alma.

El recuerdo me lleva inexorablemente a aquellos días de mayo, hace hoy diez años, donde por aquél entonces yo era un lector, como todos ustedes, amante de la montaña, de las lecturas e historias de montaña, siguiendo a quienes desplegaban su arte y trabajo en pos de un objetivo que quienes no aman la montaña, quizás les cueste entender.

Me encontré por aquél entonces con la historia y la lucha de Iñaki por querer salir de esa montaña. Recuerdo que fueron días muy duros hasta que aquél fatídico viernes de mayo su luz fue reclamada para siempre por una montaña que cuenta en su haber el haberse quedado con historias de muchos grandes. Ese día su espíritu pasó a formar parte del Annapurna y nació su proyecto y algunas cosas más.

Poco tiempo después de aquél día de mayo, tal vez horas, días, no recuerdo muy bien, surgió el impulso de hacerse eco de las historias de montaña. Fue una pequeña chispa que me impulsó a crear Alpinismonline. Pocos días después, el 1 de julio de aquél año, nuestra publicación vio la luz y siguió su camino hasta llegar a nuestros días, con lo que ustedes pueden ver al seguirnos al diario.

Y el espíritu de Iñaki tuvo su parte. Su historia, muy triste por cierto, dejó sembrada una semilla muy especial, un impulso quizás, una necesidad de escribir sobre la montaña y sobre quienes hacen esas maravillas tan particulares sobre ellas. Tal vez un legado más de Iñaki. Gracias Iñaki por eso.




La cara sur del Annapurna I, la Diosa de las Cosechas, el lugar donde duerme Iñaki (Foto: De Wolfgangbeyer, CC BY-SA 3.0)


Mas acerca de SOS Himalaya AQUI

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