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Los Sentineles del Norte no quieren ser evangelizados
Hace pocos días un ciudadano estadounidense falleció a consecuencia de las flechas de una tribu en completo aislamiento del mundo.

VIERNES 23 DE NOVIEMBRE DE 2018 | ID#11154
Redacción Alpinismonline | Por Carlos Eduardo González

Foto de Portada: Isla Sentinel del Norte (Foto diario Perfil)


La isla Sentinel del Norte es una pequeña isla de 72 kilómetros cuadrados que pertenece al archipiélago de las islas Andamán, en el Golfo de Bengala, y pertenece a la India pese a que las autoridades reconocen el deseo de la tribu que la habita, de no tener contacto con el mundo exterior, por lo tanto, restringen por ley el acceso a la misma.

Esta isla saltó al conocimiento público hace pocos días, cuando un ciudadano estadounidense murió en manos de los mismos indígenas pobladores mientras intentaba realizar un acercamiento a éstos, no autorizado por el gobierno indio, con el fin de evangelizar a sus pobladores.

Dada las características de la isla y esos pobladores, podría considerársela un territorio soberano bajo el protectorado de la India, aunque esta última, internacionalmente es soberana.

El ciudadano de referencia es John Allen Chau, de 26 años, quien el pasado 16 de Noviembre, dejó su bote en las proximidades de la isla y se acercó a los nativos haciendo referencia a sus intenciones. Lógicamente, no fue recibido como él se esperaba. Según dicen las noticias, el primer flechazo atravesó a su Biblia, y el segundo dio en su cuerpo terminando con su vida y su intento de evangelización.



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Ahora, las autoridades intentan recuperar el cuerpo del malogrado joven, aunque reconocen que se trata de algo realmente muy difícil de concretar.

 

¿De qué se trata todo esto?

Pues bien, como podemos ver, existen aún lugares en el mundo, donde la mano del hombre, mejor dicho, el hombre que forma parte de esta sociedad, aún no ha podido llegar. Todo este entorno, sin lugar a dudas, forma parte del mundo que debemos “preservar” tanto por el bien de los seres humanos que lo habitan, como del medio ambiente, que permanece “intacto” y “ajeno” a la presencia del ser humano del mundo “evangelizado” o “sociabilizado” por utilizar un término más apropiado.

Estos habitantes de la Isla Sentinel del Norte no quieren ser molestados. Están ocupando su tierra, la que viene siendo parte de su vida desde hace miles de años, y no desean ningún tipo de contacto con el mundo exterior. En este sentido, luego de haber consultado las fuentes de este problema, pareciera que el gobierno Indio, que cuenta con la soberanía de esta isla, lo ha entendido. De hecho, no es el primer incidente de este tipo que se sucede en el lugar. Hay antecedentes de otras muertes, de allí que se haya legislado y regulado el acceso a la isla, prohibiendo todo contacto con la misma.

Algunos sin embargo atacan al gobierno Indio por permitir lo que ellos llaman “asesinatos” sin juicios condenatorios. Pero la legislación en este sentido es clara y concreta: no se puede acceder a la isla, está totalmente prohibido. Y John Allen Chau lo sabía. No solo accedió, pagando por ello con su propia vida, lo que lo hace exclusivamente responsable del hecho debido al conocimiento previo, sino que mucho peor, expuso a los propios pobladores con su sola presencia.



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Uno de los objetivos del proteccionismo del gobierno Indio para con los Sentineles del Norte, en lo que respecta a la legislación establecida, es mantenerlos alejados de cualquier tipo de enfermedad del mundo exterior, que ellos simplemente desconocen. Se sabe concretamente que esto podría llegar a exterminarlos y acabar con su delicada población que se estima no superior a los ciento cincuenta individuos.

En honor a esta población tan expuesta y endeble, y rememorando todos los atropellos, exterminios y todas esas cosas que conocemos, realizadas por los “hombres del mundo exterior” durante los últimos siglos, contra las culturas originarias, tengamos un poquito de respeto por esta gente que no está pidiendo otra cosa que los dejen vivir a su manera, en su tierra, y dejémoslos en paz y lejos de los males que padecemos en “este lado del mundo”.

Rindamos el debido respeto a John Allen Chau, por su intento, por haber dejado su vida en ello y hagamos honor a esta historia de conservacionismo que tanto hace falta en los días que nos toca vivir.



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