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  DOSSIERS PARQUES DEL HIMALAYA
Annapurna Conservation Area

Sexta y anteúltima entrega: El area de conservación del Annapurna como centro de biodiversidad del Himalaya. Les mostramos ademas la historia de la conquista del primer ochomil escalado por el hombre

Martes 11 de Febrero de 2014 - Hora: 11:37
Redacción Alpinismonline
Nepal




   
     
 
 
     
  7 | Pakistan the Northern & NWFP Areas| PROXIMAMENTE  
     
  Por Carlos Eduardo González
Redacción Alpinismonline
 
   
 

El Area de Conservación de Annapurna es un área protegida localizada en la región localizada en el centro norte de Nepal, y constituye de todas, la más extensa de las zonas protegidas del país. Se encuentra localizada en el corazón del Himalaya y alberga una importantísima cantidad de especies autóctonas, tanto en flora y fauna, muchas de ellas en serio peligro de extinción.

La región protegida fue establecida por el gobierno de Nepal en 1992. Tiene una superficie de 7.629 km ² El área de conservación abarca la cordillera del Himalaya conteniendo íntegramente al macizo del Annapurna y también al valle más profundo del mundo, el Kali Gandaki River Valley. Está delimitada por los desiertos alpinos secos del Mustang y el Tíbet (China) en el norte, por el río Kali Gandaki en el oeste, por Marsyandi Valley a las salas de este y por valles y colinas del norte del valle de Pokhara, en la frontera sur.


EL MACIZO DEL ANNAPURNA VISTO DESDE EL POBLADO DE GHANGDRUNG (CLICK SOBRE LA FOTO PARA AMPLIAR)

Se calcula que unas 120.000 personas (datos del año 2010) habitan dentro del Área de Conservación, pertenecientes a distintos grupos étnicos de origen tibetano e indoeuropeo.
La región se encuentra cerca de Pokhara, una ciudad de fácil acceso desde Kathmandu por vía aérea y por carretera. Los servicios de autobús o de taxi están disponibles en Pokhara con destino a Jomsom que se encuentra en la parte norte del Annapurna. Otra ruta alternativa es llegar a Phedi en autobús o taxi y caminar durante un día y medio para llegar a Ghandruk través Dhampus-Landruk. El campo base del Annapurna se encuentra en 6-7 días de caminata desde Ghandruk.


La diversidad biológica de la región de Annapurna se compara quizás solo con la diversidad cultural. Gurung y Magar son los grupos dominantes en el sur , mientras que Thakali , Manange y Loba son dominantes en el norte. Cada uno de estos grupos de habla su propio dialecto , y tienen culturas y tradiciones únicas . Además , también hay brahmanes , Chhetri y otras castas profesionales aunque en números relativamente pequeños. Hindúes, budistas y religiones pre - budistas , junto con una mezcla de todos estos son frecuentes en toda la región . La gente local residen en los 5 distritos de los 57 comités de desarrollo de aldea (CDA ) del Área de Conservación de Annapurna (ACA ) .

Las características naturales y culturales de la ACA han convertido en el destino de trekking más popular del país , atrayendo a más de 60 por ciento de los excursionistas totales del país . El turismo, con los años, se ha establecido firmemente como uno de los rubros más importantes y competitivos de la economía local. Hay más de 1.000 casas de campo, casas de té y cientos de otros servicios auxiliares para atender a los miles de caminantes , peregrinos y su personal de apoyo .

  El alto número de visitantes , cuyo consumo de combustible de madera es dos veces más que la de la población local, ha ejercido una enorme presión sobre los recursos forestales ya se ha destacado en el crecimiento de la población local. Del mismo modo , la basura , sobre todo los desechos producidos por los excursionistas y los hoteleros, es otra preocupación importante. Se estima que un grupo medio de trekking de 15 personas genera unos 15 kgs. de la basura no biodegradable y no combustible en 10 días de caminata, produciendo toneladas de basura al año en las regiones montañosas.

Los problemas multifacéticos de la ACA han sido abordados a través de una conservación integrada, basada en la comunidad y el enfoque de desarrollo, un modelo experimental que ha estado en la vanguardia de la promoción de los conceptos de "Área de Conservación" a través de un enfoque de "Programa de Conservación y Desarrollo Integral" en el país y en el extranjero. ACAP se puso a prueba por primera vez como un programa piloto en el Ghandruk.


MARSYANGDI VALLEY (CLICK SOBRE LA FOTO PARA AMPLIAR)

Además, la ACA es la primera área protegida que ha permitido a los residentes locales que viven dentro de las fronteras, así como dueños de su propiedad privada, mantener sus derechos tradicionales y el acceso a la utilización de los recursos naturales. También es la primera área protegida que ha rehusado servirse de la ayuda del ejército para proteger la base de recursos naturales menguantes de los que la región depende.


CASCADA SOBRE LA RUTA (CLICK SOBRE LA FOTO PARA AMPLIAR)

En lugar de ello , invierte todos los recursos financieros disponibles para el desarrollo comunitario y la construcción de capital social en la región. NTNC no recibe apoyo regular de fondos del gobierno para la operación del ACAP, pero se le ha concedido el derecho a cobrar cuotas de inscripción de los excursionistas que visitan .

El cien por ciento de los ingresos se reinvierten para implementar actividades de conservación y desarrollo en el ACA . Los fondos adicionales se elevan de los donantes nacionales e internacionales. Este es un logro ejemplar de una capacidad Institución no gubernamental para gestionar una parte importante del sistema de áreas protegidas en Nepal.


EL RIO KALI GANDAKI (CLICK SOBRE LA FOTO PARA AMPLIAR)

Características geográficas

El área engloba al Annapurna, un macizo montañoso donde se encuentra un ochomil, el Annapurna de 8091m y varios picos de más de 7.000 m de altitud; y el Machapuchare (6.993 m), la montaña sagrada del dios Shivá, cuya escalada está completamente prohibida. En la zona norte del macizo de ,encuentra el lago Tilicho, uno de los lagos de agua dulce más altos del mundo.
También se encuentra en la zona la garganta del río Gandaki, la más profunda del mundo, con unas dimensiones de casi 5 km de longitud y una anchura de unos 2,5 km.

La zona se caracteriza por presentar una gran biodiversidad, encontrándose en ella 1.226 especies de magnoliofitas, 102 de mamíferos, 474 de aves, 39 de reptiles y 22 de anfibios. Se han distinguido 28 clases de ecosistemas,8 donde habitan 3.430 especies de plantas, 102 de mamíferos, 474 de aves, 39 de reptiles y 22 de anfibios.

Flora

Se han catalogado unas 3.430 especies de plantas, habiéndose reconocido 56 especies de magnoliofitas endémicas de la zona. De ellas, 450 son plantas vasculares.3 Se han distinguido 18 tipos de vegetación en la zona:

" Nieve permanente
" Prados alpinos superiores
" Vegetación alpina trans-himalayana
" Matorrales alpinos húmedos
" Estepas de Caragana del trans-himalaya superior
" Estepas de Caragana del trans-himalaya inferior
" Bosques de abeto y pino azul
" Bosques de abedul y Rhododendron
" Bosques de abeto
" Bosques templados de pino azul
" Bosques de pícea
" Bosques templados de montaña de roble
" Bosques de ciprés
" Bosques mixtos de roble y pino azul
" Bosques inferiores templados de roble
" Bosques del este del Himalaya de laurácea y roble
" Bosques de Schima y Castanopsis
" Bosques de colinas de Shorea robusta


RHODODENDRON (CLICK SOBRE LA FOTO PARA AMPLIAR)

Fauna

En el área de conservación habitan 102 especies de mamíferos, 474 de aves, 39 de reptiles y 22 de anfibios.7 De los mamíferos presentes, 27 están protegidos por el Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre. Trece especies de mamíferos y 3 de aves están en la lista de animales protegidos por la National Parks and Wildlife Conservation. Las especies simbólicas de la zona son el leopardo de las nieves, el mósquido Moschus leucogaster, el argalí tibetano, el lobo tibetano, el águila real y el grúido Anthropoides virgo.8 Los taxones del área incluidos en la Lista Roja de la UICN son: Panda rojo, Lobo gris, Leopardo de las nieves, Sirao común, Cuón , Gato jaspeado, Gato dorado asiático, Tar del Himalaya, Nutria lisa, Macaco Rhesus, Pantera nebulosa, Leopardo , Oso tibetano, Zorro indio, Cerceta del Baikal, Águila imperial, Faisán de Wallich, Cernícalo primilla, Agachadiza del Himalaya, Pigargo europeo y Pigargo de Palas.


MAS DE 470 ESPECIES DE AVES ALBERGA EL ARA (CLICK SOBRE LA FOTO PARA AMPLIAR)

La estrella del ACA: El macizo del Annapurna

El Annapurna en realidad es un macizo que tiene no menos de 55 kilómetros de longitud, localizado en la Cordillera del Himalaya en Nepal. Está compuesto por seis picos principales que son el Annapurna I (8091m), el Annapurna II (7937m), el Annapurna III (7555m), el Annapurna IV (7525m), el Gangapurna (7455m) y el Annapurna Sur (7219m). Paradógicamente fue el primero de los ochomiles en ser conquistado, el 3 de Junio de 1950.

El Annapurna cuenta con una tasa de mortalidad próxima al 40%. ¿Qué significa ello? Bien, que para 10 personas que lo conquistan, hay 4 que no regresan, lo que lo convierte en el mas mortal de los ochomiles.


EL CAMPO BASE (CLICK SOBRE LA FOTO PARA AMPLIAR)

"Es una montaña con una estructura muy compleja, con glaciares y paredes muy verticales. Por la ruta convencional ya es difícil y peligroso y por las demás es más sencillo, pero encierra otros riesgos difíciles de controlar. Pero no sólo sus características geográficas dificultan el trabajo, sino que el viento te puede llevar a 90 grados bajo cero y no tienes protección, a menos que puedas dirigirte hacia la cara norte". Dice Alberto Iñurrategui acerca del Annapurna.

Existen determinadas características particulares que le dan al Annapurna esa peligrosidad. La posición geográfica que recibe de lleno los vientos que vienen desde el océano a miles de kilómetros y que golpean de lleno en la cara sur del Annapurna. La verticalidad de la montaña, que ofrece un caldo de cultivo óptimo para la acumulación de nieve e hielo y la posterior derivación en avalanchas. Este es el panorama para la cara sur.


EL LAGO TILCHO FLANQUEADO A LA DERECHA POR LA GRAN BARRERA (CLICK SOBRE LA FOTO PARA AMPLIAR)

Para la cara norte, la situación no es demasiado mejor, por el hecho de no estar expuesta a los vientos del sur no la hace más accesible, allí reinan las avalanchas, bueno, por lo menos el viento no es protagonista. Tanto Iñurrategi como Iñaki Ochoa de Olza trataron en su momento de evitar la tradicional ruta norte, barrida por esas continuas avalanchas. Una de ellas, por ejemplo, se llevó en 2001 a Anatoli Bukreev, el auténtico referente himaláyico de Iñaki. Así, Alberto Iñurrategi se alzó en 2002 a la larguísima arista Este en compañía de Jean Christophe Lafaille (desaparecido un año después en el Makalu) y el zarautzarra Jon Beloki, que se dio la vuelta antes de la cima. Cabalgaron sobre esa interminable espina helada y regresaron a la vida con la cumbre en la mochila. Fueron cuatro días y tres noches de desconexión con el mundo.

Estos son los principales factores que hacen del Annapurna la mas mortífera de las montañas con mas de ocho mil metros.

 

El Annapurna, una historia de conquistas

El Annapurna I fue la primera cumbre de más de 8.000 msnm en ser escalada por un humano. Maurice Herzog y Louis Lachenal, con una expedición francesa (Louis Lachenal, Gaston Rébuffat, Lionel Terray, Marcel Schatz, Jean Couzy,Jacques Oudot, Marcel Ichac, Francis de Noyelle), lo consiguieron el 3 de junio de 1950.

La primera vez que se consiguió alcanzar la cumbre por la cara sur del Annapurna fue en 1970. Lo logró la expedición del Reino Unido dirigida por Chris Bonington, de la que formaba parte el alpinista Ian Clough, que murió en el descenso.

El 3 de febrero de 1987, Jerzy Kukuczka y Artur Hajzer consiguieron la primera ascensión a un "ochomil" en invierno.

Uno de los hechos mas relevantes de los últimos años que tuvo como protagonista al Annapurna fue la muerte del alpinista español Iñaki Ochoa de Olza.

 

La expedición francesa que venció por primera vez a un ochomil

Maurice Herzog
Louis Lachenal

Gaston Rébuffat
Lionel Terray
Marcel Schatz
Jean Couzy
Jacques Oudot
Marcel Ichac
Francis de Noyelle

 
Maurice Herzog
Louis Lachenal

Maurice Herzog y Louis Lachenal hicieron cumbre por primeravez a un ochomil
el 3 de junio de 1950, esta es la historia de aquella memorable conquista:


"En esta orgullosa y preciosa montaña hemos vivido horas de fraternal, cálida y exaltada nobleza. Durante unos días, aquí hemos dejado de ser esclavos y hemos sido realmente hombres. Es duro volver a la servidumbre".
Lionel Terray

"El Annapurna, al que habíamos llegado con las manos vacías, es un tesoro con el que viviremos el resto de nuestras vidas. Con esto en mente, pasamos página: una nueva vida empieza. Hay otros Annapurnas en las vidas de los hombres".
Maurice Herzog


DE IZQUIERDA A DERECHA: LOUIS LACHENAL, JAQUES OUDOT, GASTON REBOUFFAT, MAURICE HERZOG Y MARCEL SCHANT (CLICK SOBRE LA FOTO PARA AMPLIAR)

El descenso despues de "La cumbre" (Extraído del libro "Annapurna" de Maurice Herzog)

Herzog quiso disfrutar de su momento en la cumbre y saborear el éxito, mientras que Lachenal, más profesional y pragmático, quiso iniciar el descenso de inmediato. El frío era intensísimo y estaba empezando a nevar. No obstante, Herzog echó unas cuantas fotografías, y posó con la bandera francesa para que fuera Louis el que se las hiciera, además de posar con la insignia de su empresa. De Lachenal solo hay una fotografía, sentado en el suelo, impaciente, que además quedó borrosa. Herzog se puso entonces a cambiar el carrete de blanco y negro por uno de color. Lachenal estalló: “¿Estás loco? No tenemos tiempo que perder; debemos descender enseguida”. Estaba muy preocupado por las congelaciones en sus pies. Era un guía de Chamonix: no podía permitirse una amputación. Eso acabaría con su carrera, y solo tenía 28 años. Herzog también notaba sus pies helándose, pero en ese momento de euforia ni siquiera le importaba. Estaba completamente ido.

El horizonte, además, traía malas noticias. Unas nubes grises, mucho más amenazadoras que las que ahora los cubrían, se acercaban. Quizá se tratara del monzón, la implacable fuerza de la naturaleza que engulliría la montaña entre sus nubes, inundándola con nieve y fuertes vientos. El peor enemigo que uno puede tener en el Himalaya.

Aunque para Herzog, en ese momento, el enemigo era él mismo. Presa fácil de la exultación, su cabeza daba vueltas a lo que habían conseguido, sin terminar de creérselo. Recordó los nombres de los alpinistas ilustres que no lograron poner un pie en la cima, su infancia en los Alpes, saboreó la gloria futura, el gran recibimiento que les esperaría en Francia…

Los gritos de Lachenal lo sacaron de su ensimismamiento y finalmente accedió a descender. Una última mirada a la cima, el fin de todos sus sacrificios. Se quitó los guantes para abrir la mochila, aunque luego no recordaría porqué lo hizo. Fundido y drogado, con los dedos rígidos por el frío, un movimiento torpe hizo que sus guantes cayeran a la nieve, se deslizaran ladera abajo y su dueño nada pudo hacer más que mirarlos desaparecer. Un mundo los separaba del campamento base y, sin guantes, era solo cuestión de tiempo que sus manos se congelaran. Estaba tan aturdido que ni siquiera se le ocurrió usar como guantes el juego de calcetines de recambio que llevaba en la mochila, así que inició el descenso sin guantes, condenando sus manos al gélido clima del Annapurna.

Apretó el ritmo para conectar con Lachenal, que le estaba sacando distancia en su descenso. El tiempo estaba empeorando por momentos, el frío se intensificaba y el viento arreciaba. Las oscuras nubes los alcanzaron, y perdió de vista a su compañero entre la niebla. Pasado un tiempo indeterminado, de algún modo consiguió llegar al Campo 5 y descubrió que había una tienda más. Terray y Rébuffat habían ascendido ya hasta ahí, dispuestos a lanzar su propio asalto al día siguiente, tras haber recuperado fuerzas. Recibieron a Herzog con gran alegría, y Terray se lanzó hacia él y lo cogió de las manos para felicitarlo. Entonces se estremeció: sus manos parecían de mármol, duras, heladas y con un tono violeta. Herzog estaba tan ido que se había olvidado incluso de que había perdido los guantes. Los otros dos comprendieron el penoso estado mental y físico de su líder. “¿Dónde está Lachenal?”. Nadie sabía nada. Se les congeló el corazón.

Al cabo de un rato, mientras masajeaban pies y manos frenéticamente a Herzog dentro de una de las tiendas, tratando de restablecer el flujo sanguíneo, oyeron un grito afuera y Terray salió disparado. Volvió a los quince minutos con Lachenal, que se había caído rodando por la ladera durante casi 100 metros, logrando parar su caída milagrosamente con los crampones. Posteriormente diría que no recordaba por qué cayó; quizá perdiera el conocimiento. Físicamente estaba muy mermado, había perdido su piolet, sus guantes y su gorro. Sus pies estaban muy afectados por el frío, pero lo peor era su estado mental: estaba obsesionado con la idea de la amputación y quería bajar de inmediato hasta el Campo 2 para ser tratado por Oudot. Sin embargo, faltaba solo media hora para la puesta del sol, había más de 1.600 metros de desnivel, varios kilómetros de distancia, e intentar tal barbaridad le habría costado la vida. Tras calmar a su amigo, Terray logró convencerlo para que hiciera noche con ellos.

Los héroes de la expedición habían vuelto de la cima al límite de sus fuerzas y completamente enajenados. Terray y Rébuffat supieron que eso suponía el fin de sus aspiraciones de hacer cumbre: tendrían que quedarse con sus compañeros para atenderlos, puesto que era evidente que no podían valerse por sí mismos. Esa segunda noche a 7.500 metros de altura sería incluso peor que la primera: la ventisca era más fuerte que la noche anterior y la nieve se acumulaba sobre la tienda de nuevo aplastando a Herzog, que tuvo que poner los brazos sobre su pecho creándose un pequeño hueco que le permitiera respirar. Terray con Lachenal, y Rébuffat con Herzog, estuvieron toda la noche masajeándoles las extremidades congeladas. Esa tarea ingrata y sacrificada podía significar la diferencia entre una amputación y la salvación del tejido. Por fin, Lachenal recuperó algo de movilidad en los pies. Herzog, sin embargo, no mostraba mejoría alguna. En cuanto amaneció se pusieron en marcha. Pese a que el viento era una tortura y la niebla espesa, debían descender lo más rápido posible, o los dos más débiles quizá no lo contarían. Terray, el más fuerte y fresco de los cuatro, lideró el camino de vuelta. Sin referencias que tomar, era prácticamente imposible orientarse, y se quitó las gafas de sol para poder ver mejor el terreno en búsqueda de posibles peligros que pusieran en peligro a sus compañeros. Cualquier precaución era poca: Herzog y Lachenal llevaban más de 48 horas sin dormir, sin apenas comer, y parecían a punto de desfallecer a cada paso.

El Campo 4b debía estar cerca, en alguna de las grietas del glaciar, pero no daban con él; la pared de hielo que tan bien protegía al campamento ahora les impedía verlo. Además, la niebla había espesado hasta el punto de hacer imposible ver a más de diez metros de distancia, y la nieve recién caída les entorpecía cada paso. Buscaron sobre el serac exasperadamente, pero no había modo de saber si estaban demasiado abajo o demasiado arriba; demasiado a la derecha o a la izquierda. Cayó la noche y aún no había rastro de las tiendas. Empezaron a gritar pidiendo auxilio: Couzy y Schatz estaban en el Campo 4b y tenían la esperanza de que estuvieran lo suficientemente cerca como para oírlos. Pero no fue así: de hecho sus compañeros daban por sentado que, ante un clima tan adverso, se habrían quedado en el Campo 5 y no se habrían aventurado a la montaña. Sin recibir respuesta a sus gritos ni encontrar las tiendas, no les quedó otra opción al grupo de cuatro franceses que dormir al raso, aunque los cuatro sabían que eso les traería horribles consecuencias. Encontraron una grieta en el glaciar de unos cinco metros de profundidad que los resguardaría por lo menos del viento, así que descendieron por ella y se dispusieron a hacer noche. Sin agua, helados, incapaces de tragar comida y con la nieve cayéndoles encima, esa grieta podría convertirse en su tumba. Su única esperanza estaba en que el tiempo mejorara al día siguiente. Los masajes continuaron también toda esa noche, aunque las lesiones habían empeorado y lo que necesitaban era atención médica real. Herzog escribiría:

“Aún había un ápice de vida en mí, pero menguó constantemente con el paso de las horas. Los masajes de Terray ya no me hacían efecto. Pensé que todo había terminado. ¿Acaso no era esa caverna helada la más bella tumba que podría esperar? La muerte no me asustaba, ni me arrepentía de nada. Sonreí a ese pensamiento”.

Con los cuatro hombres sumergidos en sí mismos, sin mediar palabra, la noche más larga de sus vidas llegaba a su fin: apareció el primer rayo de sol. Junto a él, un siseo lejano, que subió progresivamente de volumen hasta convertirse en un estruendo, y una avalancha de nieve los sepultó dentro de la grieta. Tuvieron que luchar para deshacerse de la nieve, jadeando. Entonces Terray y Rébuffat se dieron cuenta de que se habían quedado ciegos: al quitarse las gafas de sol el día anterior para tratar de averiguar el camino hasta el Campo 4b, se habían sobreexpuesto a los rayos ultravioleta, contrayendo lo que se conoce como ceguera de las nieves, una lesión ocular temporal pero muy dolorosa. Peor aún: sus pertenencias habían quedado sepultadas por el alud en la grieta, entre ellas las botas, los piolets, las cuerdas y las cámaras fotográficas. Entre todos las buscaron removiendo la nieve desesperadamente durante una infernal hora, con manos y pies desnudos, hasta que dieron con lo esencial: las botas y los piolets. El resto tenían que dejarlo; necesitaban descender cuanto antes. Incluso la cámara con las fotografías se quedó ahí. El día era bueno: parecía que les iba a dar un último respiro antes del monzón. Pero ahí se acababan las buenas noticias, con dos alpinistas ciegos y otros dos congelados y mentalmente desquiciados, el descenso prometía ser un infierno.

Herzog y Lachenal tenían los pies abotargados, pero con gran esfuerzo Terray logró calzarles las botas, a ciegas. Sin embargo, era imposible para Herzog ascender por la grieta hasta la superficie del glaciar, con los pies y las manos pétreos. Así que tuvo que ser de nuevo Terray, usando hasta el último resquicio de su tremenda fortaleza, el que logró tirar de él hasta la superficie. Por fin, estaban todos arriba, calzados y dispuestos para descender, pero qué maldita pandilla: dos ciegos y dos tullidos, perdidos en la inmensidad de una montaña mortal, gimiendo y resollando, avanzando a un ritmo deprimente camino a una muerte segura.

Pero entonces apareció una figura que rompía el paisaje blanco del Annapurna: era Schatz, que había salido en su búsqueda. Avanzó hacia ellos lo más rápido que pudo y, sin pronunciar una sola palabra, abrazó a Herzog con fuerza. Su presencia les dio fuerzas renovadas, un cálido soplo de esperanza. Aunque seguían tan lejos como antes, de repente parecían estar mucho más cerca de casa.

Pero aún quedaba mucho camino hasta el Campo 2 y la presencia del médico, y el terreno era peligroso: el día caluroso sumado a las nevadas del día anterior se conjuntaban para disparar el riesgo de avalanchas. Couzy se les unió en el Campo 4b y dos sherpas lo harían en el 4a, con lo cual había ya un escalador fresco por cada escalador mermado. Pero Herzog estaba en un estado quizá demasiado crítico: extremadamente débil y con los pies y manos como si fueran de madera helada, su avance era un espectáculo deplorable, y dos sherpas se ataron a él con una cuerda para evitar que un paso en falso le provocara mayores daños. Mientras los demás descendían, Couzy volvió a la grieta en la que sus compañeros habían pasado la noche y logró recuperar la cámara, cuyas instantáneas darían posteriormente la vuelta al mundo.

Al mediodía, bajo un sol de justicia, y con la nieve derritiéndose a ojos vista, un gran crujido se desató bajo los pies de los dos sherpas que escoltaban a Herzog. Enseguida rompió una gran avalancha que se llevó primero a los dos nepalíes y, junto a ellos, tirado de la cuerda, al francés. Rébuffat seguiría después. La tremenda fuerza de la nieve los vapuleó, los golpeó contra el hielo del suelo, los zarandeó como muñecos. Se creyeron muertos.

A Herzog la nieve lo arrastró hasta una grieta en el glaciar, lanzándolo al vacío, donde quedó colgando boca abajo de la cuerda que lo sujetaba a los sherpas, que se habían quedado en la superficie del glaciar. Enseguida apareció por el borde de la grieta la cabeza de uno de los sherpas, y rápidamente lo subieron. La nieve los había arrastrado violentamente durante 150 metros, hasta que la cuerda que los unía se quedó atrapada en una cresta de hielo, lo cual los salvó de una caída 450 metros mayor. Rébuffat, ciego, había tenido la suerte de que el alud lo alcanzara de refilón, con lo cual lo arrastró solo 50 metros. Se llevó sin embargo varios golpes, el más fuerte en la mandíbula, y sangraba por la boca.

Siguieron con el espeluznante descenso, y llegaron a una pared de hielo en la que debían descender usando una cuerda fija. Pero para Herzog, que no podía usar las manos, esto era una tarea imposible. Enrolló la cuerda alrededor de sus manos como pudo y se dejó deslizar. La cuerda empezó a arrancarle la piel de las manos, que se desprendía a tiras dejando a la vista la carne. Apretó los dientes, gimiendo, no había elección: tenía que descender o de lo contrario moriría en esa montaña. No creía poder aguantar mucho más. Cuando por fin llegó abajo sus manos tenían un aspecto tan horrible que no podía siquiera mirarlas. Al tenerlas congeladas no notaba aún dolor, pero se las tapó con una bufanda para evitar verlas. Lo peor había pasado. Siguieron descendiendo, un grupo de muertos vivientes pagando las consecuencias de su osadía. Unas figuras se acercaban desde abajo: eran los sherpas del Campo 2, que acudían para ayudarlos en el descenso. Uno de ellos cargó con Herzog a cuestas, pese a ser mucho más pequeño que el francés, y descendieron hasta el campamento. Todos habían logrado salir de la montaña. Ahora, sus vidas pasaban a estar en manos de Oudot.

El médico empezó por examinar a Herzog, el que estaba en peor estado. Tenía los miembros insensibles hasta más allá de los tobillos y las muñecas. Sus manos eran una visión espantosa: estaban hinchadas, apenas tenían piel y la poca que había era negra o colgaba en jirones. Las plantas de sus pies eran de color marrón y violeta, y no sentía nada.

En cuanto a Lachenal, estaba algo mejor. Sus manos no sufrían daños graves, pero tenía los dedos de los pies, así como los talones, de color negro.

Rébuffat y Terray padecían congelaciones menores que no tendrían consecuencias. En cuanto a la ceguera de las nieves, les dolería horrores durante dos o tres días, pero luego se recuperarían.

Oudot volvió con Herzog para darle el único tratamiento efectivo contra las congelaciones, que había usado en la guerra. Le inyectaría novocaína en las arterias femoral y braquial. El proceso era horriblemente doloroso. Su sangre era negra, incluso Oudot estaba sorprendido; había espesado brutalmente al sobreproducir glóbulos rojos y hemoglobina para transportar el oxígeno más eficientemente, una reacción desesperada del cuerpo tratando de adaptarse a la altura. Sin embargo, esto no ayudaba de cara a inyectarle nada en sangre, y menos aún para restablecer el flujo sanguíneo en sus heladas extremidades.

Al día siguiente, Herzog preguntó al médico qué le quedaría. “No puedo decirlo con exactitud”, contestó, “aún no se ha asentado y espero ganar una pulgada o dos. Creo que serás capaz de usar las manos. Por supuesto, perderás una o dos falanges en cada dedo, pero si conseguimos salvar bastante de los pulgares podrás agarrar cosas, lo cual es de vital importancia”.

Maurice agradeció la brutal honestidad de Oudot, aunque pronto siguió el desconsuelo. Llamó desesperadamente a Terray para confesarse: “Lionel, no puedo soportar más lo que me están haciendo”. Su amigo trató de consolarlo: “La vida no termina aquí. Verás Francia de nuevo, y Chamonix”. Herzog no pudo contener más el llanto: “Nunca podré volver a escalar. Ya no podré hacer el Eiger, Lionel, y sabes que lo deseaba con todas mis fuerzas”. Herzog sollozaba inconsolable, apretando su cabeza contra la de Terray, y notó las lágrimas de su amigo también. Se consoló pensando que quizá podría hacer rutas más asequibles, ascensos más relajados. Las montañas significaban demasiado para él como para dejarlas de lado. Terray trató de inyectarle fuerzas, pero era un caso perdido.

Las sesiones de pinchazos se prolongaron durante días y días, y fueron peores aún. Duraban varias horas, con Herzog aullando y llorando. Terray lo sujetaba mientras Oudot trataba de encontrar las arterias y luchaba por inyectar algo en la espesísima sangre. Pero poco a poco fueron surtiendo efecto, y Herzog empezó a notar de nuevo calor en sus extremidades. Pero el fantasma de las amputaciones planeaba sobre él y, principalmente, sobre Lachenal. No podría volver a ser instructor sin los dedos de los pies. Como definiría Terray, sería “un águila con las plumas cortadas”.

Pasaron cinco semanas así, con toda la expedición pausada a la espera de que sus dos compañeros mejoraran. Cuando por fin los enfermos estuvieron ya estabilizados, emprendieron el camino de vuelta a casa, con el monzón descargando lluvia sobre ellos sin apenas pausa. Los sherpas demostraron nuevamente su legendaria fortaleza al llevar a Herzog y Lachenal a cuestas cruzando grietas, ríos, sobre el resbaladizo barro mojado por la lluvia, desde el frío y las nieves del Annapurna hasta la sofocante selva tropical del sur del Nepal, a través de pasos precarios al borde del abismo… una ruta capaz de poner en serios aprietos a cualquiera, no digamos ya a alguien que lleva a sus espaldas un peso mayor que el propio.

Llegaron por fin a Lete, el primer poblado que pisaban desde que dejaron Tukuche dos meses atrás. Las temperaturas, que llegaban a superar los 40ºC, sumadas a la extrema humedad, presentaban las peores condiciones posibles para la gangrena que carcomía las extremidades de Herzog y Lachenal. Oudot estaba preocupado. Ambos estaban muy debilitados y doloridos. Herzog, un hombre de complexión atlética, era ahora un espectro escuálido: había perdido 20 kilos de peso desde que llegó al Himalaya, y su fiebre alcanzaba los 40’5 grados. “Una dosis alta de penicilina”, ordenó Oudot. Herzog perdió el sentido entre alucinaciones.

Unos días después, estaban ya en Dana, en las llanuras del sur del Nepal. El paisaje, inundado por campos de maíz y bananos, nada tenía que ver con el del Himalaya, y a la expedición se le hacía raro no sentir el acoso constante de las enormes montañas alrededor. La penicilina empezó a hacer efecto y la fiebre remitió para Lachenal y Herzog.


LOUIS LACHENAL EN BRAZOS DE LIONEL TERRAY AL LLEGAR AL AEROPUERTO DE ORLY (CLICK SOBRE LA FOTO PARA AMPLIAR)

Empezaron las amputaciones.

Primero el meñique, luego los demás. No necesariamente el mismo día. Poco a poco, fueron perdiendo dedos y falanges, hasta que Lachenal perdió todos los dedos de los pies y Herzog, además, dos falanges en todos los dedos de las manos excepto los pulgares, en los que perdió una. Era tan irreal, tan absurdo… ¿no es acaso un juego estúpido, el montañismo? ¿Merece la pena pagar un precio tan tangible por un premio tan intangible?

Cuando llegaron a Tansen, volvieron a subir a la colina desde la cual, de nuevo, pudieron ver la cordillera del Himalaya. Volvían así al punto de partida, pero eran personas distintas a las que, el ocho de abril, habían quedado encandiladas por el espectáculo que ofrecía el colosal Himalaya erigiéndose sobre el mar blanco. Ahora todo tenía un tinte melancólico, quizá por la luz del ocaso. ¿Por qué deberían echar de menos esas malditas montañas? Les habían proporcionado los peores sufrimientos de sus vidas.

Aunque también, en esas tremendas laderas cubiertas de hielo y nieve, se habían sentido libres; pletóricos pero humildes. Fue en ese desierto helado en que descubrieron la inquebrantable esencia de su propia humanidad. Una parte de esas montañas les pertenecía, pero, sobre todo, una parte de ellos pertenecía a las montañas, y lo seguiría haciendo el resto de sus vidas. Sí, quizá fuera por eso que todo tenía un tinte melancólico.

 
Maurice Herzog
Tumba de Louis Lachenal

Louis Lachenal falleció el 25 de noviembre de 1955 a la edad de 34 años
al caer en una grieta cubierta de nieve mientras esquiaba en la Vallée
Blanche, en Chamonix (Francia)

Maurice Herzog falleció el 14 de Diciembre de 2012 a la edad de 93 años
en su casa de Neuilly-sur-Seine, Francia

 

Bibliografía y agradecimientos

JotDown - Contemporary Culture Mag
National Trust for Nature Conservation

Department Of National Parks & Wildlife Conservation
Babarmahal, Kathmandu, Nepal. P.O. Box: 860 Tel: 977-1-4220912 / 4220850 Fax: 977-1-4227675 info@dnpwc.gov.np

 

 


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