No podíamos dejar pasar esta maravillosa oportunidad que está rondando
en estos días para dar un golpe de vista a uno de los lugares mas hermosos
de la geografía argentina, esa que está en perfecta comunión
con la montaña. El hecho que por segundo año consecutivo, la caravana
del Rally Dakar pase por estos lugares, nos brinda entonces la posibilidad de
recordar alguna nota que hemos publicado algún tiempo atrás acerca
de los seismiles de Catamarca. Por ello, vamos a brindarles a ustedes un poquitito
de historia y recorrido, conjuntamente con algunas imágenes que nos hacen
elevar el espíritu hacia este maravilloso obsequio de la naturaleza.
La llamada Ruta de los seismiles es probablemente uno de los itinerarios más
sorprendentes que esconde la geografía argentina, un lugar ideal para los
amantes de los escenarios vírgenes y de la naturaleza en estado puro. Integrado
por 14 picos que superan los 6.000 metros de altura sobre el nivel del mar, el
circuito se despliega en el oeste de Catamarca, pegado a la frontera con Chile
y ofrece una combinación de pequeños pueblos llenos de encanto y
una sucesión increíble de paisajes.
Hasta no hace mucho, la Ruta de los seismiles sólo era frecuentada por
montañistas argentinos y extranjeros, que llegan cada año a esta
zona para desafiar las complicadas cumbres catamarqueñas, pero en los
últimos tiempos se ha convertido en un destino muy visitado por toda
clase de viajeros.
Viajando hacia el oeste desde San Fernando del Valle de Catamarca, el camino
transcurre por la solitaria ruta 60, que conduce hasta el Paso de San Francisco,
el punto cúlmine de la travesía. Cuando la silueta de la cordillera
ya es una presencia insoslayable en el horizonte, se impone una primera parada
en Tinogasta, la localidad más importante del oeste catamarqueño.
Fundada en el siglo XVIII, la ciudad ofrece una amplia gama de servicios para
turistas y cuenta con dos excelentes museos que atesoran objetos de las culturas
indígenas que habitaron en esta región.
Justo antes de ingresar al último tramo del recorrido, donde están
los dominios de los majestuosos seismiles, aparece la localidad de Fiambalá.
Fundada en 1702, la ciudad es un sitio ideal para pasar la noche, ya que tiene
varios hoteles y vale la pena dedicar una jornada para pasear por sus calles
y visitar los oasis de cultivos que hay en sus afueras.
Después de pasar por Fiambalá, la ruta 60 gira abruptamente hacia
el oeste y se coloca de cara a la cordillera. Tras dejar atrás el pequeño
poblado de Chaschuil, la carretera vuelve a colocarse en paralelo a las montañas
y se convierte en una fabulosa vidriera de espectáculos naturales.
El primer pico en aparecer es el monte Pissis, que se halla justo en la frontera
con la provincia de La Rioja. El Pissis, que tiene una altura de 6.882 metros,
no solamente es el volcán inactivo más alto del mundo, sino que
también pelea con el cercano Ojos del Salado para ocupar el segundo lugar
en la lista de montañas más altas de toda América. El debate
sobre cuál de las dos es el escolta del Aconcagua tiene que ver con que
muchos especialistas no se ponen de acuerdo en la altura definitiva de cada
una, que es una diferencia de apenas unos pocos metros, insignificante y fundamental
al mismo tiempo.
En la capital catamarqueña se pueden contratar excursiones que llegan
hasta varios de los salares que hay por toda esta región. Entre los más
impactantes se cuentan los salares de la Laguna Negra y el del Hombre Muerto,
donde se puede disfrutar de paisajes increíbles, compuestos por la inmensidad
blanca de los mares de sal, las montañas de fondo y grupos de guanacos
correteando en diferentes direcciones.
Otro gran espectáculo lo constituyen las solitarias lagunas que se encuentran
delante de varios de los grandes picos de esta ruta, como la laguna del Peinado
y la laguna Verde. Todos estos parajes transmiten la sensación de ser
territorios absolutamente vírgenes y se hallan bastante aislados, por
lo que se llega a ellos por medio de vehículos 4×4.
En el corazón de la cordillera, haciendo frontera con Chile están
varios de los más importantes seismiles, como el cerro de los Patos y
el cerro Tres Cruces. Entre estos, el que mejor se ve desde la ruta es el Incahuasi,
que se divisa justo antes del ingreso al último tramo del viaje. El Incahuasi
es uno de los picos favoritos por los andinistas y allí se encontró
una famosa estatuilla de un ajuar funerario indígena.
Al girar la ruta 60 hacia el oeste aparece el majestuoso cerro San Francisco,
que es probablemente el más conocido y visitado de los seismiles, ya
que se encuentra muy cerca de la carretera y del Paso de San Francisco.
Este paso, que une el territorio argentino con la localidad chilena de Copiapó
es el punto final de un recorrido de casi 200 kilómetros prácticamente
desiertos, en los que la presencia imponente de los seismiles invita a reflexionar
sobre la real medida del hombre frente a la naturaleza. Desde el hito limítrofe,
situado a 4.700 metros de altura, no es posible dejar de mirar hacia atrás
y observar en silencio la imagen de los colosos, transmitiendo todo su poder
y su paz.
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