Un montañista fuerte, duro, que ha demostrado ampliamente que sabe como tratar
a la montaña, la cual en mas de una oportunidad ha intentado ponerle los puntos,
pero él, lejos de acobardarse la ha vuelto a encarar una y otra vez y demostrado
que está dispuesto a darle siempre una dura batalla, como sucedió en 2003 en
el Kangchenjunga, cuando durante varios días se lo dio por desaparecido.
Y Carlos, tal como ustedes podrán ver en esta maravillosa entrevista que nos
ha concedido en los días previos a esta Navidad de 2009, nos habla de la montaña.
Pero no solo de su experiencia en las distintas expediciones que le ha tocado
hasta el momento encarar, dentro de un proyecto en el cual quiere convertirse
en el primer aragonés en escalar las catorce mas altas del mundo, nos habla
de la montaña en la forma en que mas nos gusta que nos hablen los protagonistas
-por lo menos en mi caso- de un aspecto que va mas allá de una expedición: lo
que le deja espiritualmente su contacto con ella.
Y de una forma muy precisa, con varios «bocadillos» diseminados a lo largo
de la entrevista, que dejan ver claramente lo que produce la montaña en el espíritu
de este gran montañista.
Quiero destacar antes de dejarlos frente a frente con Carlos Pauner, su enorme
predisposición ante nuestra requisitoria respondiendo en forma muy amable a
nuestro pedido, hecho que demuestra una vez mas, como en muchos otros casos
anteriores, su enorme humildad y deseo de mostrar a quienes gustan de la montaña,
sus experiencias de vida dentro de ella y sobre todo, las «huellas» que ella
deja en el interior de la propia persona, y por supuesto el vívido detalle de
cada experiencia en particular.
Bueno Carlos, he visto tu enorme trayectoria en la montaña y me remonto
alla por tus comienzos, a aquella primera salida al himalaya y mucho antes aún.
¿Cómo surge en ti esa atracción por subirlas?, aquello que aún mucha gente no
puede comprender.
Desde pequeño me inicié en el mundo de la montaña, concretamente en el de la
escalada. A los 15 años tuve la fortuna de toparme con un libro titulado «Hielo,
nieve y roca» del alpinista francés Gastón Rebuffat y quedé prendado por ese
reino mágico que mostraba en su obra. Hice varios cursillos de escalada y comencé
a subir paredes, cosa que no he dejado nunca. Poco a poco apliqué esa técnica
en las montañas, Pirineos, Alpes, etc y se podría decir que el Himalaya era
un paso lógico en la búsqueda de nuevas cordilleras y de nuevas aventuras. Toda
mi vida he escalado.
¿Cómo definirías tu estilo?
Mi estilo creo que es rápido y concreto. De las 16 expediciones que he realizado
hasta la fecha, sólo en 4 he usado Sherpas de altura y lo he hecho cuando los
planes de filmación han exigido una estrategia diferente y mucho más complicada.
He intentado utilizar los menos medios posibles, ir rápido y en ocasiones, como
en el Kangchenjunga, abrir nuevas rutas en grandes montañas. Pero lo más importante
creo que es que siempre he sido un hombre de honor en el Himalaya, que ha dado
la cara, que ha planteado las expediciones de forma noble y que he cuidado de
mi grupo al máximo.
¿Qué recuerdos guardas de aquellos momentos, hace ya bastante tiempo, en
tus primeras experiencias?
Los mejores. Recuerdos como los de la primera vez que vas al Himalaya, ya no
vuelve a haber.
Todo es nuevo, te sorprende, te emociona y no estás bajo la presión de que
sea tu trabajo. Era diferente y guardo unos recuerdos muy muy buenos de aquella
primera etapa.
¿Quién o quienes han sido tus mayores exponentes del montañismo? Aquellos
que sirvieron de inspiración para tu actividad.
Cuando era joven, me inspiraron mucho alpinistas como Walter Bonatti, Gastón
Rebuffat, Patrice de Belefon y Messner. Fueron alpinistas que se enfrentaron
a retos desconocidos, en un estilo muy limpio, sin ayudas artificiales y que
heredaron una cultura alpina que ha prevalecido durante mucho tiempo y que ahora,
poco a poco, se va perdiendo. Fueron gentes con una gran personalidad, con unas
ideas muy claras y que no les importaba mucho lo que dijeran de ellos y sí lo
que ellos habían decidido hacer en un momento dado.
¿Que siente Carlos Pauner cuando se encuentra en pleno contacto con la montaña?
Entro en un mundo diferente, donde las reglas son muy simples, pero extremadamente
duras. Allí nada depende de si conoces a alguien, de si caes bien o de si eres
guapo o feo o si estás de moda o no. No, allí todo depende de tu fortaleza,
de tu intuición a la hora de leer la montaña y de tu capacidad para afrontar
una logística que en ocasiones es muy difícil. Allí van las personas y se enfrentan
a sus más profundos temores, extraen toda la esencia de su personalidad y para
bien o para mal, sale lo mejor y lo peor de cada uno de ellos. Es un mundo de
lucha, de entrega, de búsqueda de poder personal y se regresa distinto, con
experiencias inolvidables y con un carácter forjado a fuego en ese campo de
batalla que es el Himalaya.
Ahora me remonto nuevamente al comienzo de tus ochomiles y nada menos que
el K2, digamos una que todos quieren conquistar y que muchos dejan para los
últimos desafíos por su complejidad. ¿Qué recuerdas de aquél ochomil?
Bueno, efectivamente el K2 es una montaña especial. Su forma, su espíritu y
su grandeza la hacen diferente a todas las demás. Probablemente sea la montaña
más hermosa que existe y cuando consigues poner tu pie en su cima, logras uno
de los sueños de cualquier alpinista. Tienes todo el Karakorum a tus pies, la
fiera está dormida bajo ellos y comprendes que la montaña te ha respetado y
que te ha permitido compartir su cima durante un tiempo. La experiencia del
K2 fue muy gratificante. Eramos un grupo pequeño, de 4 españoles y sólo éramos
3 expediciones en total. No se había subido el K2 hacía 2 años ( y no se subió
más en otros 2) y luchamos todos muy duro para equipar buena parte de la montaña.
Unos cuantos conseguimos su cima y nos sentimos orgullosos de haber trabajado
sin descanso, en un estilo apropiado y respetando la montaña. Esas expediciones
masivas, como la del 2004, donde se fijaron varias líneas de cuerda, se utilizaron
ejércitos de Sherpas y oxígeno por doquier, acaban con el espíritu del alpinismo
y rebajan artificialmente esta grandiosa cima. Mucha gente hizo cima de esa
forma ese año y ellos saben, en el fondo, que de otra forma no hubieran subido
nunca. Si les compensa, mejor para ellos..
Yo siempre hago referencia a una montaña, que particularmente es mi favorita
y en tu caso, que ya la has conquistado, me gustaría saber tu opinión acerca
de ella: El Nanga Parbat.
El Nanga por el muro Kinshofer es una gran sinfonía de montaña. Tiene un desnivel
espectacularmente grande, de casi 4.000 m y en ella el alpinista tiene que hacer
de todo. Pasar grietas, subir un grandioso corredor de nieve y hielo, escalar
un empinado muro de roca, atravesar aristas afiladas, encaramarse por largas
palas de nieve helada y como colofón, trepar por un terreno mixto hasta la misma
cima. Hay de todo y esto la hace ser a esta montaña una de las más bellas. Además,
a su retorno, el alpinista se siente satisfecho con un trabajo bien hecho y
muy variado. Se encuentra en un entorno muy hermoso y además las gentes de sus
valles son nobles, duras y tienen un sentido del deber y de la amistad como
no es fácil de encontrar en otros lugares.
Quisiera preguntarte por aquella expedición al Kangchenjunga junto a Mondinelli,
Merelli y Kuntner, cuando durante varias horas no se supo nada de ti. ¿Qué recuerdas
de aquella experiencia tan complicada?¿Ha sido este el momento mas difícil que
te ha tocado vivir en la montaña?
Sin duda fue un momento muy complicado, porque realmente estuve más muerto
que vivo en ese dramático descenso. Luche bravamente por salvar mi vida, por
volver con los míos y aprendí una lección muy importante: en muchas ocasiones
y aunque todo parezca perdido, la lucha sin cuartel y la entrega dan sus frutos
y nunca se puede dar nada por sentado hasta que la pelea ha terminado. Fueron
momentos muy íntimos, de comunión con la montaña, de aceptar unas duras reglas
del juego y de sacar todo aquello que llevaba dentro y que me permitió aguantar
esos tres días sin ayuda de nada ni de nadie. Me hice más poderoso, comprendí
que era capaz de soportar cosas que no creía ni que pudiesen existir y también
aprendí a valorar la vida de una forma mucho más pragmática.
Vivimos un suspiro de tiempo y no deberíamos perder ni un segundo lamentándonos
por todo aquello que nos va mal. Hay que actuar, cambiar sin dudar lo que no
queremos y disfrutar de las cosas buenas de la vida. Nuestro tiempo en este
mundo es muy breve y sobre todo, nunca sabemos cuando se acaba.
De todos los ochomiles que has conseguido hasta el momento, ¿Cuál ha sido
a tu entender el mas complejo?
De los que he conseguido hasta la fecha, sin duda, creo que es el Kangchenjunga.
Es una montaña muy alta, la tercera, muy técnica y con una climatología especialmente
mala. No da tregua y sólo asumiendo unos riesgos importantes se sube a ella.
El K2 es también muy parecida, pero su parte final no es tan delicada y compleja
como en el Kangchen y además, su enorme belleza compensa mucho más que en la
otra montaña, que realmente no tiene unas líneas simples y puras como el K2.
De entre las que he intentado y no he podido escalar todavía, destacaría el
Annapurna. Esta montaña es dura, salvaje y muy peligrosa. He perdido a muchos
amigos ahí y creo que de las que me quedan, es una de las más difíciles y arriesgadas.
Respecto a tu última experiencia en el Shisha Pangma, ¿Qué sucedió con esa
caída?¿Ya has logrado recuperarte plenamente de las lesiones?
En el Shisha tuve muy mala suerte realmente. Una caída tonta, en un sitio guarro
de hielo y rocas, hizo que aterrizara sobre una piedra muy afilada y en ese
impacto me fracturé 3 costillas y tuve hundimientos en otras 2. La lesión no
fue grave porque, afortunadamente, no se vio afectado ningún órgano interno.
Pero el dolor fue tremendo y para mi, las posibilidades en esta montaña acabaron
en ese mismo instante. El regreso fue muy largo, duro pero ahora ya casi estoy
recuperado del todo. Me duelen todavía un poco, pero nada que ver con el dolor
insoportable de los primeros días.
Finalmente Carlos y para que la gente vaya palpitando lo que viene, ¿Cuáles
son los planes de Carlos Pauner para el 2010 en esa importante meta de convertirte
en el primer aragonés en conquistar los 14?
Ya estoy en marcha para el año que viene. Ya he comenzado a entrenar de nuevo,
a prepararme concienzudamente para el reto de esta primavera. Vuelvo al Annapurna,
a una montaña que creo que es muy difícil y peligrosa, pero también creo que
es el proyecto más adecuado en unos momentos en que las cosas no han salido
como esperaba. Este gran objetivo me hará olvidar una temporada mala y sin duda
me hará prepararme de una forma muy intensa y con una gran ilusión.
¿Repetirás la misma ruta que en 2002?
No repetiré la ruta del 2.002. Me apetece cambiar de vertiente, de estar en
el otro lado, porque de alguna forma es como visitar una montaña distinta, desconocida
y eso motiva mucho más que volver a una ruta que ya conoces en parte.
¿Y luego en otoño?
Luego en el otoño, pues no lo se aún. Puede que el Manaslu, puede que el Shisha.
Por ahí andará la cosa. Ahora ya he estado en todas las montañas, así que ya
son todas viejas conocidas.
Muchas gracias Carlos por este maravilloso testimonio.
