
Iñaki
y Horia Colibasanu

Iñaki
abriendo la sur del Annapurna

Anatoli
Boukreev
|
|
"Ayer
por la mañana, mi compañero Horia Colibasanu y yo escalamos durante un
montón de horas antes de tocar por fin la inmensa pared sur del Annapurna.
Fue uno de los días más duros y tensos que puedo recordar, subiendo sin
parar durante casi once horas, rodeados en todo momento por paredes difíciles
de medir a simple vista y sabiendo que de nuestras decisiones hoy dependerán
muchas cosas en un futuro cercano.
Las
dimensiones nos engañan sin parar. Diez días de nevadas constantes y una
mala gripe, en mi caso, nos habían dejado atrapados sin mucha salida en
nuestro campo base. El catarro no ha supuesto mayor problema y lo he curado
como buenamente he podido, pero las nevadas han dejado el glaciar repleto,
y el trabajo es agotador. Nos hemos sentido pioneros, decidiendo cómo
y por donde pasar. Por la mañana el frío te paraliza y, sólo unas horas
después, apenas podemos soportar los 50 grados de temperatura de este
horno. Nos cocemos vivos, nosotros y nuestros sueños.
Por otra parte, ya han llegado los rusos con los que compartimos jugada
y destino, aunque dentro de una cierta independencia que pretende ser
mutua. Vienen ocho de ellos, concretamente, con el mismo aspecto duro
y austero de siempre, aunque ya no nos impresionan tanto como antes porque
nos conocemos bastante y sabemos que bajo tanta fachada tienen un corazón
como cualquiera. Han tenido sus dudas acerca de dónde instalar el campo
base, pero al final se quedan donde estamos nosotros. Entre nuestros camaradas
encontramos viejos amigos como Sergey Bogomolov y Alexei Bolotov.
El
primero de ellos ha subido a tantos ochomiles como yo, 12, más que nadie
en Rusia. Le faltan el Annapurna y el K2 para completar su «colección».
Alexei es, por su parte, uno de los mejores himalayistas del mundo, y
ha escalado vías nuevas en el Lhotse, el K2 y el Jannu, además de un par
de veces el Everest.
Entre
los demás hay de todo, claro, aunque hay una pareja que no habla mucho
pero cuando se ríen te entran ganas de echar a correr, con esos lindos
piños de oro… Tiembla Annapurna. Hablando de rusos, tenía yo un amigo
que había nacido en aquél país, aunque vivía en Kazajistán. Se llamaba
Anatoli Boukreev y era sin duda el mejor escalador del Himalaya de su
generación.
Anatoli
fue, junto con mi añorada amiga Miriam García Pascual, la persona que
más me ha influido en mi manera de ver el mundo y decidir qué rayos hacer
con esta vida que nos ha tocado. Su última expedición se desarrolló aquí,
en el Annapurna, y su vida acabó en una avalancha el día de Navidad de
1997.
Había
escalado 21 ochomiles seguidos sin fallar nunca, y en sólo 8 años. Boukreev
me había invitado a unirme a su última expedición, y tuve serias dudas
antes de declinar la oferta. Tras su muerte, su novia me hizo llegar un
pequeño espejo metálico que Anatoli tenía entre sus pertenencias entonces,
y que yo todavía conservo y utilizo con honor en todas mis expediciones.
Su
espíritu de hombre bueno ronda sin duda estos lugares mágicos, y de vez
en cuando me aconseja y anima. Apenas a cincuenta metros de mi tienda
se halla el memorial budista que honra su memoria, y en una placa en la
piedra pueden leerse algunos datos biográficos y la siguiente frase; «Las
montañas no son estadios donde satisfacer nuestra ambición deportiva,
sino catedrales donde practicar nuestra religión».
Y
yo no podría estar más de acuerdo. Hay gente que vive 39 años y es eterna,
y cuánto nos alegramos de que se hubieran cruzado en nuestro camino. Te
echamos de menos, Toli, y seguimos mirándonos en tu espejo. A veces me
paseo por el memorial, y entonces es tan difícil reprimir alguna lágrima…
»
|