Por Carlos Eduardo González – De la redacción
de Alpinismonline
Hace algunos días llegó a mis manos un archivo fotográfico
de una de las montañas mas bellas e impactantes. Bueno, a mi entender,
por supuesto. También para muchos de los que nos apasiona este
tema.
Claro, cuando lo vi, inmediatamente pensé en publicarlo en Alpinismonline,
pero merecía algo mas. No podía permitirme mostrarlas sin
acompañarla de algunos párrafos que pudiesen ayudar a la
exacta compresión de esta montaña.
Y precisamente, como es mi preferida, lo tomé casi como una obligación,
ya que me causaría mucha satisfacción que a través
de estas imágenes pudiese llegar a serlo para muchas personas mas,
amantes o no del montañismo.
Desde los comienzos de la historia de esta actividad, el Himalaya o el
Karakoram y sus catorce ochomiles, fueron los mas preciados tesoros de
quienes se desvelaron por llegar donde nunca antes alguien lo había
hecho. Por supuesto, entre ellos, la "montaña desnuda"
emergía desafiante y hasta casi impertinente en un territorio donde
inexorablemente se destacaba por su sola presencia. Fue así que
el Nanga Parbat comenzó a ser visto por los montañistas
de las primeras décadas del siglo XX como el gran gigante a vencer.
Y fue así, como desde un primer momento, el Nanga se propuso no
dejarse vencer.
Mas de treinta montañistas dejaron su vida antes que el gran Hermann
Buhl la conquistara por primera vez aquel 3 de juliode 1953, en solitario
y sin oxígeno adicional. Lo que se dice una verdadera hazaña,
teniendo encuenta que en esa misma expedición veintiseis personas
perecieron en pos del Nanga. Y quien otro mas que Hermann podía
hacerlo. Para una montaña por demás soberbia y -como dije
anteriormente- impertinente, era necesario un montañista con las
mismas características. Ahora, a la distancia pienso: ¿Qué
hubiese sido de Hermann si su Nanga Parbat?. En fin, me viene ahora casi
de repente a la memoria el Chogolisa. Voy, como se dice, improvisando
sobre estas líneas. Qué bueno hubiese sido que no hubiera
existido el Chogolisa. Tal vez estaríamos ante el montañista
mas grande de todos los tiempos (con el mayor repeto estimado Reinhold).
Volvamos al Nanga. A la esencia misma del Nanga. A aquello que la hace
tan hermosa, tan asesina. Es la gran estrella del Karakoram y la mas occidental
de los ochomiles. Por lo tanto, si el Karakoram es mas occidental que
el Himalaya, saquemos entonces las conclusiones. Pero esa esencia que
acabo de mencionar radica tal vez en un elemento que conforma su letalidad:
su solitaria presencia. Su aislamiento casi caprichoso del resto de la
cordillera le da su mote de "montaña desnuda" y crea
todo el ambiente de complejidad que le pertenece casi en forma exclusiva.
Y esa soledad, esa mirada hacia el lejano océano hace que reciba
de este toda la gran corriente de vientos que golpean el entorno del imponente
macizo. Y eso alimenta mas aún su espíritu asesino.
En sus dos vertiente, la del Diamir y la Rupal vuelca el Nanga su espíritu
mortal. La primera es por demás compleja. La segunda casi inexpugnable,
el desvarío aún no resuelto de los polacos en época
invernal.
Así el Nanga, el noveno ochomil, en su corta pero larga historia
de ascensiones se lleva el segundo puesto en letalidad; detrás
del Annapurna, por supuesto, el décimo ochomil. Entre ambos, monopolizan
el espíritu asesino de las catorce mas altas, un espíritu
que hace que la subida al Everest sea algo así como un treking
de fin de semana.
Lo importante quizás es que siempre estará allí,
recostada y desafiante en los Territorios del Norte de Pakistan, alerta,
a un costado de Fairy Meadows y la Karakoram Highway, esperando todos
y cada uno de los desafíos. A algunos les será permitido,
a otros no, y los que peor la lleven deberán dejar su vida en alguna
de sus vertientes y alimentarán con sus propios espíritus
la magestuosa esencia de la estrella del Karakoram.
