La
cara sur del Aconcagua goza de una fama internacional tal que la convierte
en la más conocida de nuestro país. La ruta normal asciende
por la cara noroeste, de un aspecto predominante dado por la piedra
suelta marrón; la cara sur en cambio es mayormente blanca, todo
el año cubierta de glaciares colgantes y generando temibles avalanchas
que, sumadas a la dificultad técnica la convirtieron en un objetivo
que atrajo a los mejores montañistas del mundo y de Argentina.
Posados en el mirador de su base (Plaza Francia) se levanta ante nosotros
con 3 km de altura, como un gigantesco paredón de hielo y rocas,
que uno puede quedar mirando y estudiando con asombro durante horas.
Durante años se la consideraba imposible de escalar.
La
primer ascensión mundial realizada hace 50 años tuvo repercusión
internacional y pertenece a una expedición francesa que en febrero
de 1954 alcanzaron la cumbre luego de siete duros días de escalada.
Algunos de sus integrantes vinieron recientemente al Aconcagua, a volver
a visitarlo con sus esposas habiendo transcurrido medio siglo de aquella
primer hazaña.
En febrero de 1966 la escalan los argentinos Jorge Aikes y Omar Pellegrini
abriendo la ruta argentina y José Luis Fonrouge la asciende pocos
días después entrando a la vía francesa por un
área de mayor exposición a las avalanchas y empalmándola
en el glaciar superior.
En 1974 el mismo Reinhold Messner vino y la ascendió haciéndole
una variante a la salida en el tercio superior, saliendo por la izquierda
al Filo del Guanaco. El verano anterior, en enero de 1973 se concretó
la primer repetición argentina de la vía francesa. En
recuerdo, el año pasado algunos de sus integrantes proyectaron
las diapositivas en la sede del Centro Andino Buenos Aires. Lo que sigue
son apuntes de esa charla dada por Héctos Cuiñas, Eliseo
Bustos y Jorge Vitón.
Cara Sur Foto: Santiago Storni
Integrantes
(Eliseo Bustos) En ese tiempo nosotros éramos instructores del
CABA y andábamos bien físicamente y técnicamente.
Fue una expedición que anduvo muy bien no sólo en lo técnico
sino también en el aspecto humano, en la relación entre
los integrantes. Nadie mezquinó nada, todos hicimos el esfuerzo;
y tuvimos suerte y las cosas salieron bien. De los nueve integrantes
seis hicimos cumbre, en dos cordadas con un día de diferencia.
(Jorge Vitón) Fuimos la 5ª ascención de la pared
sur por esa ruta, muy linda, muy fuerte y muy dura. Veníamos
de un curso de hielo en el Tronador, y vinimos de Bariloche por la ruta
40. El jefe de expedición era Guillermo Vieyro, fallecido en
el Tupungato en el año 1983.
(Héctor
Cuiñas) Otro integrante fue Pipo Frasón, fallecido en
el Fitz Roy; fue presidente del CABA, gran compañero y gran amigo,
escalador muy fuerte y muy técnico, que hacía escaladas
en solitario, y dentro del club encabezó un gran cambio; un tipo
muy querido.
JV: Otro integrante fue Francisco Perri alias "Pancho"; compañero
ideal para pasarla bien, cocinero, compañero para disfrutar la
vida; falleció en Estados Unidos.
Otro compañero fue Ernesto Colombero, que no fue para alcanzar
la cumbre pero sí para acompañarnos; italiano muy talentoso,
fabricante de sus piquetas y de sus clavos de hielo.
EB: Había hecho cumbre por la ruta normal anteriormente y había
alcanzado la cumbre del Huascarán en Perú.
JV: Ulises Vitale, es el escalador argentino que ha estado en más
expediciones al Himalaya: Dhaulagiri, Everest, Xixa Pagma, Manaslú.
Por falta de tiempo no pudo hacer cumbre con nosotros, pero ayudó
mucho especialmente en los transportes del campamento base al C1 y al
C2.
HC: Fermín Olaechea, ahora está en Bariloche, fue integrante
de la primer cordada que llegó a la cumbre con Pipo Frasón
y Guillermo Vieyro.
El
equipo
HC: Los equipos de entonces… El anorak, las antiparras… eran del
ejército; te hacían "hervir" las pupilas porque
los rayos UV pasaban y te lastimaban los ojos. Si las metías
en un bolsillo se resquebrajaban.
EB: Teníamos una carpa hecha en Argentina por un muchacho de
Andes Camping, que para nosotros fue extraordinaria. El sobretecho era
todo entero, no tenía cierres sino mangas como se usaba entonces
en la Antártida, y adentro iba una carpa canadiense. Tenía
dos ábsides donde podíamos cocinar. Bien dormíamos
tres, pero nos metíamos cuatro.
Axel Miguez rumbo al campo 1, por el canal de avalanchas
HC:
Otra carpa que llevamos era tipo los iglú que se usan ahora,
pero cortada al medio, como media carpa (para pared). Era ideal para
usarla en el campamento 4. Acá no había nada de equipo
técnico. Recién empezaba la importación y algo
se empezaba a conseguir. Los zapatos que se usaban eran los Marasco
Speziale, zapatos simples de cuero. Y en el cuello se usaba un pañuelo;
había varios "gauchos" en esa expedición.
JV: Eliseo usaba casco. Era el único. Un casco de moto que había
reformado. Y para portear carga en la espalda nos habíamos fabricado
unos armazones.
EB: Y Guillermo Vieyro era el único que tenía botas dobles,
del Everest: las Dolomites; eran la primeras. Los demás con zapatos
de cuero. El ejército colaboró con mulas. Habíamos
llevado una garrafa de 10 kg, un anafe de dos hornallas y olla a presión,
porque cocinar en altura cuesta mucho. Bagley nos dio latas de Criollitas
que luego nos venían bien para guardar equipo.
La
expedición
EB: Una camioneta Ford F100 de Pancho con motor V-8 a nafta la cargamos
con 800 kg. Con toda la carga se fueron a Bariloche al curso de hielo.
Pipo y yo nos quedamos en Buenos Aires y luego fuimos la avanzada de
la expedición para ocuparnos de los trámites en Mendoza.
JV: En Mendoza nos ayudó muchísimo Ulises Vitale.
HC: La ruta no era toda asfaltada como ahora. El asfalto terminaba 100
km después de la ciudad de Mendoza.
La ascensión hecha por los franceses en el «54 había sido
repetida por los japoneses en el «66 y nosotros fuimos los terceros
en el «73. De toda la pared, considerando las avalanchas, es la ruta
más segura porque siempre se va por el filo. Y a nosotros nos
tocó buen tiempo, entonces una sola vez tuvimos que bajar por
una tormenta. Armamos equipos de a dos. Siempre había dos de
punta equipando y otros dos llevando la carga. El día de la tormenta
empezó a nevar tipo tres de la tarde. Nevó toda la noche
y a la mañana siguió nevando, y Jorge y yo que estábamos
en el C1 decidimos bajar para no consumir raciones. No había
pasado una hora y aparecieron los del C2, y al rato bajaron los otros,
todos con la misma idea; sin radio ni celular ni nada. Nos manejábamos
de esa manera. Había sido un invierno muy nevador y eso nos facilitó
la pared, aunque el hielo no era muy bueno. Hay grandes acarreos de
piedra toda suelta y de mala calidad. El campamento base lo emplazamos
en un lugar que después mucho no nos gustó; había
mucho viento y en un día de descanso por votación decidimos
cambiarlo de lugar. (En una montaña con avalanchas, de la ubicación
del campamento puede depender la vida de sus ocupantes)
Avalancha
vista desde Plaza Francia
EB:
Aunque nos tocó buen tiempo hubo días de viento, y a la
noche había 25º bajo cero. La carpa amanecía llena
de hielo. Pero tormenta fuerte tuvimos esa sola de dos días,
que nos vino bien para recuperarnos en el campamento base. Un día
llegamos a contar catorce avalanchas. La pared tiene 7 km de ancho.
Una de esas avalanchas llegó a subir con el envión parte
del cerro de enfrente: El Mirador.
La roca del Aconcagua es siempre quebradiza, suelta. Nosotros subíamos
mochilas de 10 kg y en un día de porteos subimos nueve, o sea
que transportamos 90 kg. Armábamos el C1 y se quedaban dos de
una cordada. Los demás subían al C2. Al otro día
bajaban esos dos y subían otros dos cargados. Y así hacíamos
los transportes; 50 ó 60 kg por día promedio. Un día
hubo que salir a buscar a Ernesto Colombero y Francisco Perri porque
eran las doce de la noche y no aparecían. Pancho se la bancó
pero Ernesto se enojó porque los fuimos a buscar; era un descrédito
para Italia! (risas)
HC: Veníamos de instalar el C1 en el filo y encontramos la escalera
de los japoneses del «66. Estaba medio cortada, pero mandamos primero
a Fermín, que era el más flaco y livianito, a ver si se
caía… y anduvo. Nos vino bien. Igualmente después subíamos
por la roca por la derecha, e hicimos una pequeña tirolesa. En
otra ocasión hicimos una tirolesa como de 60 metros. Para asegurarla
hubo que meter clavos por todos lados. Uno tiraba de una soga y así
íbamos subiendo la carga todos los días. Fuimos instalando
los campamentos. El C1 sobre los 4.700 m. De ahí a la base de
las "grandes torres" (uno de los principales obstáculos
de la pared). El C2 a 5.500 m. De noche se escuchaban las avalanchas
caer a ambos lados con fuerza. Llegamos al serac que daba acceso al
glaciar superior. Encima del glaciar superior, el C3. Después
encontramos una pared larga como una biblioteca y ahí nos desencordamos,
y bueno, a suerte y verdad. Porque encordados se cae uno y caen los
tres. Pero no pasó nada. Después tuvimos algo de mal tiempo
hasta el C4. Luego el filo cumbrero. Hacía frío y nos
pusimos las camperas de duvet. Primero llegaron tres a la cumbre, el
16 de enero. Vieyro, Pipo y Olaechea. Y bajamos al C3.
EB: Nosotros con Jorge Vitón y Héctor Cuiñas subimos
al C4 y nos encontramos con los que bajaban. Hacía mucho frío;
se veía el Pacífico. Habremos llegado a las 13.15 hs.
Encontramos el testimonio de nuestros compañeros del día
anterior. Ellos habían encontrado el de una expedición
ecuatoriana.
HC: Bajamos por la misma cara sur, no sólo para dejar la pared
limpia sino también por una cuestión económica,
para recuperar el equipo!
JV: La expdición demoró 18 dias en alcanzar la cumbre
y 4 en bajar la misma pare, cosa que hasta entonces nadie habia hecho
